viernes, 15 de abril de 2016

NO VAYAMOS SOLOS

Leyendo un hermoso libro de espiritualidad, insertada en la obra, me he encontrado con esta bella oración. El leerla produce un gozo especial, pero el mensaje y el deseo de la autora, de estar en todas sus acciones diarias en presencia de Dios,interpela y anima a desear a cada uno de nosotros, al menos esa es mi experiencia, a ponernos delante del Señor y hacerle las mismas peticiones.
Ahora más que nunca experimentemos esa presencia constante en nosotros, y pidamos a Dios poder ser, como lo fue Cristo, fuertes en la fe.

 CPCR.
                                                                                                                                                               



“Haced, ¡Dios mío!, que mi alma sea un pequeño paraíso dónde puedas reposarte deliciosamente; ayúdame a quitar de ella todo lo que pudiera herir tu mirada divina. Y después, que viva yo en este cielo pequeño siempre contigo.

Donde quiera que me halle y en cualquier cosa que hiciere. Tú, no me dejes nunca, que siempre quede contigo, que en cada hora del día  y de la noche, en todo gozo y pena, en el trabajo y en cada acción sepa encontrarte en mí.

¡Dios mío, trinidad santa!  Sé Tú mi morada, mi nido, la casa paterna de la que nunca salga. Que quede en ti no por un instante, o por algunas horas pasajeras, sino de modo permanente, habitual. Que ore en ti, en ti adore, ame en ti, sufra en ti, trabaje, obre en ti.

Permanezca en ti al presentarme a cualquier persona o cosa, al entregarme a cualquier deber, introduciéndome más adentro en tus divinas profundidades. Haz,  Señor, que cada día adelante en este sendero que conduce a ti, que me deje deslizar por este declive con confianza llena de amor.


Sor Isabel de la Trinidad  (Francia 1880-1906)

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