sábado, 16 de abril de 2016

EL MARTIRIO DE MARIA


Si hay una persona exenta de pecado es precisamente la Madre de Jesús, la concebida sin mancha de pecado original.
Sin embargo, toda la historia de María fue una constante prueba de dolor. Desde el anuncio del Ángel, hasta el momento de la crucifixión y muerte de su Hijo.

La bendita y bienaventurada entre todas las mujeres fue herida por la espada del dolor, según expresión del anciano Simeón, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús.
En la cotidianidad de Nazaret, María vivió el sufrimiento de saber el origen de su Hijo a la vez que lo veía en todo semejante a los demás.
La piedad popular venera los Siete Dolores de María. Con ello se significa el continuo crisol al que fue sometida la amada de Dios.
Si hay un momento recio, en el que la Virgen se nos mostró testigo fiel de su Hijo, fue al pie de la Cruz. Su permanencia junto al Crucificado le valió el título de Corredentora.
Hoy es día de consolar a María y de sentirnos acompañados por su actitud silenciosa, amorosa y dolorida.


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