domingo, 20 de agosto de 2017

PIDAMOS, SI , PIDAMOS....PERO CON FE.

“Si soy creyente y practicante, si estoy pidiendo una cosa buena, ¿por qué Dios no me escucha, por qué Dios no me hace caso?” Pienso que todos hemos pensado así alguna vez... 

O quizás hemos pensado esta otra cosa... “Hace años que le pido al Señor esto, y nada de nada, insisto, ruego y ruego y nada de nada... ¿Cómo puede ser?” Muchas veces nos acaba pasando que dejamos de pedir aquello que pedíamos...

El evangelio de hoy, la actitud de la mujer cananea,  da luces a todo esto. Hoy el evangelio nos presenta en la mujer cananea un modelo para aprender de ella.

Expongo cuatro actitudes que vemos en la mujer cananea que nos pueden dar luz a nuestras vidas:

Se acerca a Jesús con fe. ¿Nos acercamos a Jesús? ¿Lo hacemos con fe? Cuando rezamos... ¿cómo lo estamos haciendo? ¿Tenemos la conciencia de que hablamos con Jesús? ¿Lo hacemos con fe? o ¿es quizás, una oración rutinaria, mecánica, repetitiva? San Ignacio dice que después de rezar has de revisar cómo lo has hecho. ¡Revisémonos!

2)   La mujer cananea le hace su petición. “Pedid y se os dará”, nos dice Jesús. ¡¡Es necesario que pidamos!! Como la mujer cananea que hoy nos es presentada como modelo de la oración de petición. ¡Y que pidamos cosas difíciles! ¡Como ella! ¡Es preciso que nos atrevamos a pedir! Quizás no pedimos porque tenemos poca fe, poca fe en la capacidad de obrar de Dios... Quizás hay cosas que tendríamos que pedir y no pedimos porque tenemos poca fe...

            Hemos de aprender a decir: “Señor, ayúdame”, “compadécete de mí”. Hemos de aprender a pedir ayuda al Señor. ¡Revisémonos!

3)      Ella continúa pidiendo, a pesar que parece que Jesús no le hace caso. Y persevera y persevera en su petición, hasta el punto que los discípulos se cansan. Pedimos cosas al Señor... pero, va pasando el tiempo y la perseverancia en nuestras peticiones se debilita. Un ejemplo: muchos y muchas de vosotros tenéis hijos e hijas, nietos y nietas que no se han encontrado con Jesús. En su tiempo, rezabais por ellos, pero ¿continuáis  perseverando en esta petición? Quizás ya no pedimos porque hemos perdido la esperanza...

            Otro caso: Todos vemos que el sistema económico no funciona; descarta a mucha gente, “esclaviza” muchas personas, empobrece países enteros. ¿Hacemos una plegaria confiada y perseverante para que se transforme? “Esto es muy difícil, padre”.

La URSS y el muro de Berlín, parecía que durarían mil años. Y cayeron. En parte, seguro, por la oración de muchos, el primero de ellos, San Juan Pablo II. Hace falta tener esperanza. ¡¡No nos dejemos robar la esperanza!!. Santa Mónica estuvo 15 años pidiendo la conversión de su hijo Agustín … ¡¡15 años!!

            Es la perseverancia en la petición, que nace de la fe, la que provoca la alabanza de Jesús. “Mujer, qué grande es tu fe”. Y su acción: “Que se cumpla lo que deseas”.  ¡No desesperemos nunca, no nos desanimemos nunca! Confiemos en Él, “con él podemos caminar sobre el agua”, cosas imposibles se pueden volver perfectamente realizables.

4)   La mujer establece un diálogo con Jesús. Todo lo que hemos dicho hasta ahora nace del diálogo con él. Dialogar con Jesús, hablar con él, como con un amigo, esto es la oración.

Acerquémonos con fe a Jesús, pidámosle cosas audaces, perseveremos en la petición, y veremos las maravillas de su gracia.  Que así sea...


Francesc Jordana



















miércoles, 16 de agosto de 2017

HORÓSCOPOS Y ADIVINOS?? (Francisco )



El Papa Francisco ha alertado sobre los peligros de los “horóscopos y adivinos” ya que, a su juicio, si se confía en ellos en lugar de aferrarse a la palabra del Señor “se empieza a tocar fondo”.
Durante el Ángelus celebrado este domingo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice ha comenzado su intervención con el Evangelio (Mt 14.22 a 33) que describe el episodio de Jesús en el que este va al barco de sus discípulos caminando sobre el agua pero Pedro duda de si es él o no. Al ir Pedro hacia él, este empieza a hundirse y Jesús acaba salvándole.
Cuando no nos aferramos a la palabra del Señor, si para tener más seguridad se consultan horóscopos y adivinos, se empieza a tocar fondo”
“Esta historia del Evangelio contiene un rico simbolismo y nos hace reflexionar sobre nuestra fe, tanto como individuos y como comunidad de la iglesia”, ha apostillado el Papa, que opina que la duda que tuvo Pedro con respecto a Jesús en este episodio puede surgir en la actualidad.
“A Pedro, en ese momento, no le pareció suficiente la palabra segura de Jesús, que era como la cuerda floja a la que tenía que sujetarse para afrontar las aguas hostiles y turbulentas. Esto es lo que nos puede pasar. Cuando no nos aferramos a la palabra del Señor, si para tener más seguridad se consultan horóscopos y adivinos, se empieza a tocar fondo”, explica el Papa, que atribuye esta duda a que “la fe no es tan fuerte”.


 Según ha indicado, el Evangelio de este domingo recuerda que la fe en el Señor y en su palabra no abre un camino “en el que todo es fácil y pacífico” pero ha defendido que la fe da “la seguridad de una presencia, la presencia de Jesús” que “incita a superar las tormentas existenciales, la certeza de una mano que se aferra a nosotros para ayudar a hacer frente a las dificultades, señalando el camino, incluso cuando está oscuro”.

En este sentido, ha reconocido que aunque la fe “no es un escape a los problemas de la vida”, sí “sostiene el camino y le da un sentido”. “Este episodio es una imagen de la maravillosa realidad de la Iglesia de todos los tiempos”, ha clamado el Papa Francisco, que sostiene que la salvación se encuentra en “el valor y cualidades de sus hombres” y que “la garantía contra naufragio es la fe en Cristo y su palabra”.


Francisco ( Mensaje dado por el Papa el domingo 13 de agosto)





martes, 15 de agosto de 2017

FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA





“El Nuevo Testamento, aun sin afirmar explícitamente la Asunción de María, ofrece su fundamento, porque pone muy bien de relieve la unión perfecta de la Santísima Virgen con el destino de Jesús. Esta unión, que se manifiesta ya desde la prodigiosa concepción del Salvador, en la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, sobre todo, en su asociación al sacrificio redentor, no puede por menos de exigir una continuación después de la muerte. María, perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, compartió su destino celeste en alma y cuerpo”.




MARÍA NO ES EL CENTRO, PERO ESTÁ EN EL CENTRO


En una de las misas que celebramos en la capilla de las apariciones de Fátima, en la peregrinación que este verano hicimos con los más de doscientos jóvenes de  nuestra diócesis, el sacerdote al acabar dijo unas palabras que nos hicieron pensar a todos: “María no es el centro, pero está en el centro”. Es una frase de un sacerdote católico, Joseph Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.

En esta Solemnidad, en esta misa de Fiesta Mayor, me parece muy oportuno glosar esta afirmación.

María no es el centro. El centro del cristianismo es Jesús. Para los cristianos,
Dios no es invisible
Dios no está escondido
Dios no es el gran desconocido
Dios no es una idea
Dios no es una creencia
Dios no es una entidad abstracta
Para los cristianos Dios tiene un rostro, el de Jesús de Nazaret. ¡Jesús es Dios! Es la gran afirmación, y la más escandalosa de todas, que hace el cristianismo.
En el proceso contra Jesús, los judíos hay un momento que le dicen: “porque tú que eres un hombre te haces Dios”.

Nuestra fe, la Iglesia, los sacramentos, la oración, se fundamentan en que Jesús es Dios. Un Dios, Jesús, que ha acampado entre nosotros (lema de los campamentos de este año), y lo ha hecho no para darnos cuatro consejitos: sed buenos, no matéis, no robéis, no adulteréis... Todo esto ya estaba en los diez mandamientos.

Él viene para hacer de nosotros hombres nuevos y mujeres nuevas. Para hacer en nosotros una nueva  creación, para recrearnos, al comunicarnos su Espíritu, su principio vital, y de esta manera llegar a ser libres de la tendencia al mal que habita en nosotros... Dice San Pablo, a los cristianos de Galacia, haciendo una redundancia curiosa: “Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres” y “Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad” (Ga 5, 1 y 13)…

¿Es este Jesús, tu centro? ¿O quizás, tu centro es una práctica religiosa donde no te encuentras con Jesús?
¿Es este Jesús, tu centro? ¿O quizás tu centro es una praxis moral sin arraigo con él? ¿Es Jesús tu centro? ¿O quizás lo son unas ciertas creencias que no te comprometen a nada?
“María no es el centro, pero, está en el centro”. Jesús es el centro, no María. Pero, María está en el centro:
María nos dio a Jesús
María nos lleva a Jesús
María nos enseña a seguir a Jesús
María con su vida nos ilumina para vivir según el estilo de Jesús
Y, finalmente, y esto podríamos decir que cierra el círculo, Jesús nos da a María desde la cruz como  Madre.

Todo en María remite a Jesús, María nos quiere llevar a Jesús, y, es Jesús mismo quien nos la da como  Madre. Y el círculo se cierra. Sin esta donación final de Jesús faltaría alguna cosa, habría quedado la piedad mariana coja,... Pero, que en el momento culminante de la redención de Jesús, él nos dé a su madre como  madre nuestra, esto tiene una transcendencia vital para la espiritualidad de todo cristiano. Y hace que María esté en el centro...

Y, todo ello nos ha de llevar, a nosotros, a que María esté en el centro de nuestra vida espiritual... No puede haber ningún otro lugar para ella, por esto es asunta al cielo en cuerpo y alma...

Francesc Jordana







lunes, 14 de agosto de 2017

TOCA LAS PUERTAS DE LA ALEGRÍA



“Tú, que quieres dar tu vida a causa de Cristo y del Evangelio (Mc 10,29 y Mt 16,25), has de saber que, incluso en tu propia noche, avanzas con Él hacia la luz.

Así, renunciando a mirar hacia atrás (Lc 9,62), camina tras las huellas de Cristo Jesús. Él te conduce por un camino de luz: “Yo soy”, pero también: “Vosotros sois la luz del mundo” (Jn 8, 12 y Mt 5,14).

Querrías allanar para muchos otros los caminos de Cristo, el Señor (Mc 1,3), encender un fuego incluso en las noches de la Humanidad (Lc 12, 49).

Sabes que Jesús, el Cristo, ha venido para todos (Tit 2, 11) y no solo para unos pocos; resucitado, está presente en cada ser humano, sin excepción. Dios ha depositado en ti esa catolicidad de corazón.
¿Dejarás crecer en ti una vida interior que no conozca ni comienzo ni fin? Ahí tocas las puertas de la alegría del evangelio en ella hunden sus raíces las solidaridades humanas.
Hacer de la tierra un lugar habitable par todos, cerca o lejos: he ahí una de las bellas páginas de evangelio que puedes escribir con tu vida.
El olvido de ti mismo, la gratuidad, te permiten mantenerte en el corazón de las situaciones de la familia humana, con sus continuos flujos y reflujos. ¿Intentarás comprender sin dejarte arrastrar por oleadas sucesivas?
Con casi nada, eres creador de reconciliación en ese misterio de comunión que es la Iglesia.
Estimulado por la convivencia fraternal, alégrate, ya no estás solo, avanzas en todo con tus hermanos. Con ellos estás llamado a construir la parábola de la comunidad.

LAS FUENTES DE TAIZÉ. Dios nos quiere felices. Hermano Roger de Taizé




domingo, 13 de agosto de 2017

MIRANDO A JESÚS PODEMOS HACER COSAS IMPOSIBLES


Recuerdo cuando era seminarista que una de las primeras veces de estar en Poblet, monasterio cisterciense, un amigo y yo le habíamos pedido a un monje que nos hablara de la plegaria. Y nos hizo una charla preciosa y espectacular de cuarenta y cinco minutos. Hace unos años fui por motivos de amistad a una cartuja a pasar unos días. El monje que me atendió me dijo:”si necesita algo o tiene alguna pregunta me lo dice” y  marchó... El segundo día me dije a mí mismo: “ya que estás aquí pregúntale alguna cosa interesante, poder hablar y escuchar a un cartujo no es demasiado habitual”. Me acerqué a él y le pedí lo mismo, le  dije: “¿podría hablarme de la oración?”. Y me dice: “Sí. Escuche a Dios” y se fue.

¡¡Interesantísimo!! De todo lo que se puedes decir de la plegaria, a este monje cartujo, lo más importante le parecía la necesidad de escuchar a Dios.

¿Cómo escuchar a Dios? O dicho de otra manera... ¿Cómo habla Dios?... La primera lectura nos hace una catequesis extraordinaria. Dios no habla en el viento fuerte, Dios no habla en el terremoto, Dios no habla en el fuego...
¿Qué quieren decir estas expresiones? Queremos decir que Dios no habla con acciones y manifestaciones espectaculares y que nos dejan boquiabiertos. Puede pasarnos que a veces, esperamos de Dios unas manifestaciones que no le son propias... Y como que Dios no se manifiesta como yo espero que lo haga, entonces pierdo la fe. Un ejemplo: puede pasar que a veces esperamos de Dios que se manifieste como un gran solucionador de problemas, y cuando no lo hace perdemos la fe.

Dios no habló en el viento fuerte, Dios no habló en el terremoto, Dios no habló en el fuego... “Después del fuego, se oyó una brisa tenue”. ¡¡Aquí Dios sí que habló!!

¡Qué imagen tan sugerente! “se oyó una brisa tenue”... No es fácil captar el sonido de una brisa suave.
Si estás moviéndote no lo captas. Si estás distraído no lo captas. Si estás atareado no lo captas.
Es necesario estar en silencio y atento para captar el sonido de una brisa suave aire suave. Hace falta una actitud de serenidad, de paz, de mirada atenta, para captarlo. Ahora en el verano cuando tenemos más tiempo, miremos de hacer este silencio que nos permite escuchar a Dios. Ante un Dios que habla hace falta un fiel que escuche... y Dios habla...
Pasemos al evangelio. A mí, esta escena me ilumina mucho en mi praxis ordinaria. Mientras Pedro confía en Jesús y mira a Jesús, anda sobre el agua, hace una cosa imposible. “Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús”. En el momento que Pedro presta más atención a la fuerza del viento y deja de mirar a Jesús, se hunde. “Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse”.

Confiando en Jesús, mirando a Jesús, teniendo fe, podemos hacer cosas imposibles, cosas que humanamente no podríamos esperar, cosas sorprendentes. ¡Sí, las podemos hacer!

Pero, si en lugar de mirar a Jesús, de confiar en él, nos centramos en las dificultades, en nuestras limitaciones, en lo mal que está el mundo, entonces, nos hundimos.

No nos hundimos porque haya muchas dificultades, o nosotros seamos poca cosa, o porque el mundo esté fatal, nos hundimos porque tenemos poca fe, miramos poco a Jesús, confiamos poco en él. “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”

Segunda idea del evangelio: para caminar sobre el agua Pedro ha tenido que salir de la barca. Hagamos una interpretación simbólica de este “salir de la barca”. Quiere decir:

  . Abandonar seguridades
.   Salir de la zona cómoda
.  Atreverse a hacer una cosa diferente
.  Hacer un acto de fe, no confiar en uno mismo, sino en Dios.

Se está muy bien en la zona cómoda, en la zona segura, que no pide ningún tipo de esfuerzo. Pero, nos hace falta salir de la barca para poder hacer cosas imposibles… Jesús nos llama como a Pedro, a salir de la barca, de nuestras seguridades... Hace falta pedir mucha luz…

Cada uno sabe de su vida… cada uno conoce sus zonas cómodas y cada uno intuye en qué tendría que mirar de salir de la barca y caminar sobre el agua…


Acabo ya, Dios no habla en el huracán, Dios no habla en el terremoto, Dios no habla en el fuego... sino en un hombre que camina sobre las aguas y que nos invita a salir de la barca, caminar con él y a hacer prodigios con él. 


Francesc Jordana




sábado, 12 de agosto de 2017

NO DESESPERARÁS SI LA RUEGAS




Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a  hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No
se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara.


San Bernanardo