domingo, 15 de octubre de 2017

ESTÁS EN LA FIESTA? ¡¡PUES PARTICIPA DE ELLA¡¡


Como la parábola de la semana pasada, ésta también nos habla del rechazo de Jesús por parte de los dirigentes del Pueblo de Israel. Pensemos que estamos en el capítulo 22 de Mateo, a pocas semanas de la muerte de Jesús. De aquí el sentido de estas parábolas.

Expliquemos la parábola: ¿Quién es el rey? El rey es Dios. ¿Quién es el hijo? El hijo es Jesús. ¿Y con quién se casa Jesús? Con nosotros, con cada uno de nosotros. La boda es el símbolo escogido para manifestar la alianza de Dios con la Humanidad, con cada uno de nosotros. Dios hace en Jesús una alianza nueva y eterna. Nuestro Dios es el Dios de las alianzas. A lo largo de todo el Antiguo Testamento, Dios ha hecho diversas alianzas, el hombre las ha ido rompiendo todas. Hasta que Dios hace la alianza nueva y eterna (como decimos en las palabras de la consagración). Nuestro Dios es un Dios que hace alianza, que se casa, que se compromete con nosotros = buen pastor.

Los primeros en rehusar la invitación a la boda son los notables del pueblo. Los que acogen la invitación al banquete son gente de toda clase: pobres, ricos, judíos, no judíos, etc.
Hablar de la alianza entre Dios y los hombres, entre Dios y cada uno de nosotros con la imagen de una boda, es muy, muy audaz. Cuatro reflexiones:

1.  La vida cristiana es una invitación que Dios hace a cada uno de nosotros. ¡Hemos sido invitados! Nos ha de ayudar a tomar conciencia de que la vida cristiana es una invitación, un ofrecimiento. Dios no nos pide nada… Dios nos ofrece la vida.

Un Dios que pide cosas es un “dios” un poco latoso, pero un Dios que ofrece, que invita, es una imagen mucho más correcta de nuestro Dios deseoso de comunicar vida. Típico chico o chica que me dice en dirección espiritual: ¿es que no sé que me pide Dios? ¡¡Que Dios no pide nada, que Dios lo que hace es ofrecer!! ¡¡Ofrecer la vida!!

2. En las bodas hay alegría, fiesta, fraternidad. Que sea un banquete de bodas también nos ayuda a entender que la invitación es a un reino festivo, alegre, gozoso. La vida cristiana vivida en profundidad es siempre alegre y gozosa. No hay santos tristes. Sí que hay santos que pasan por dificultades, pero no santos tristes.

Si estamos tristes es porque no llevamos las gafas de la fe bien puestas. Si experimentamos a Jesús como  nuestro buen pastor que siempre nos acompaña ¿cómo podemos estar tristes? ¡¡Si estás triste revisa tu vida!!

Pienso que demasiadas veces vivimos un cristianismo tristón, como si esto de ser cristiano fuese una carga que hemos de ir arrastrando. Y eso no puede ser. La alegría y el gozo debería ser nuestro signo de identidad. En esta parroquia veo bastante alegría y esto es ¡¡muy, muy bueno!!

Se preguntaba el papa Benedicto en su primer libro sobre Jesús: “¿Cómo se ha podido llegar al cristianismo aburrido y que aburre, que vemos en los tiempos modernos y que conocemos por experiencia propia?”. Palabras fuertes del papa “cristianismo aburrido y que aburre”. A la pregunta sólo tengo una respuesta: la superficialidad. Nos hemos quedado en la superficie del cristianismo. Nos conformamos en ir a misa el domingo y ya está, y pasamos de todo. Entonces, no hay alegría, hay cristianismo aburrido y que aburre. Cómo salir de aquí...tercera idea...

3. La tercera idea surge de una pregunta: ¿A qué nos invita Dios? Cuando nos invitan a una boda sabemos muy bien a qué nos están invitando… ¿A qué nos invita Dios? A un encuentro, a un hallazgo, a una relación, a formar los dos ¡¡una sola carne!! Como en el matrimonio.

Y en este encuentro nos hace partícipes de su alegría, de su vida. ¡Participamos de la vida de Dios! Y no es una manera de hablar. Por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, ¡Dios habita en nosotros!, ¡Dios vivifica  nuestra existencia con su presencia! Pero, le hemos de dejar entrar, le hemos de dejar que nos encuentre, ¿cómo lo hace? Cuando rezamos, cuando meditamos la palabra, cuando participamos de la misa, cuando nos confesamos,...

4. En esta parábola hemos contemplado dos rechazos a la propuesta de Dios. De los dos podemos extraer una enseñanza para nosotros. Primero, el rechazo de los dirigentes del pueblo. ¿Verdad que sorprende bastante que los invitados a la boda del hijo del Rey rechacen esa invitación? Y que la rechacen a cambio de seguir con su rutina: sus campos, sus negocios. Esto quiere ser imagen de lo que quiere decir rehusar el don de Dios. ¿Eh que es incompresible que rechacen la invitación a la boda? Pues, igual de incomprensible es que rechacemos el don de Dios ¡¡para seguir con nuestra rutina!! ¡Acojamos el don de Dios!, el Dios que se nos quiere dar...

El otro rechazo es del que no llevaba traje de fiesta. ¿Qué quiere decir esto del traje de fiesta? Está en la fiesta, está en la boda, pero no participa de la fiesta, no va vestido de fiesta. ¡No “se entera” de nada!

Es lo que decía:
No ha descubierto la vida cristiana con una invitación personal de Dios.
Se ha quedado en la superficie y no sabe gozar del cristianismo. Y le suena a chino esto de que participemos de la vida de Dios.

¡¡Que no nos pase como éste!! Que está en la fiesta, pero no participa de ella.

Francesc Jordana



                                     











SOBRE AQUELLAS PALABRAS "DILECTUS MEUS MIHI"





Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí, 
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida
en los brazos del amor,
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida, 
de tal manera he trocado, 
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Tiróme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

Santa Teresa



sábado, 14 de octubre de 2017

ORACIÓN A LA VIRGEN




Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.

Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.
Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo.

Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.


San Bernardo






domingo, 8 de octubre de 2017

¿QUE FRUTOS ESTAMOS DANDO?


El propietario, la viña, los labradores, el encargo de cultivarla, los enviados, los frutos, el hijo,… ¿qué quiere decir todo esto? ¿De qué nos está hablando Jesús?

Jesús utiliza esta parábola para plantear un tema de suma importancia: el Pueblo de Israel no está dando los frutos esperados.

Cuando Jesús habla de:             
*Un propietario
*Tenía una viña
*La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una      torre
*La arrendó a unos labradores para que la cultivasen
*El amo envió a sus servidores
*Les pegan, los matan, los expulsan.
*Envía el amo a su hijo
*Lo cogieron, lo echaron de la viña y lo mataron.

 Se refiere a:
*Dios
*La viña es el Pueblo de Israel, escogidos para llevar la   salvación al mundo.
*Dios se ha preocupado de un modo especial por este pueblo    escogido… (liberados de   Egipto, conducidos por el   desierto,   cuarenta años, hasta la tierra prometida ...
*Escogidos para dar fruto. Para llevar la salvación al   mundo...

*Dios envía los profetas para exhortar a la conversión del   pueblo y den fruto
*Son acciones cometidas sobre los profetas, enviados de   Dios.
*Dios envía a su Hijo, Jesucristo.
*Jesucristo murió fuera de Jerusalén.

A la pregunta de Jesús: “¿Qué hará con aquellos labradores?”. Los judíos le respondieron: “…arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos”.

Son palabras que nos iluminan dos cuestiones: por un lado, la formación del Nuevo Pueblo de Israel que es la Iglesia, y por otro lado, la importancia de dar fruto.

Respecto a la primera cuestión, la formación del Nuevo Pueblo de Israel queda muy clara cuando Jesús acaba este evangelio diciendo: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
Por lo tanto, Jesús con sus palabras está explicando el sentido de la Iglesia, como Nuevo Pueblo de Israel. El Pueblo de Israel no ha respondido a la llamada de Dios a la conversión, a dar fruto, tampoco han acogido a Jesús, el Mesías. Y esto provoca que Jesús constituya el Nuevo Pueblo de Israel, la Iglesia. Y en este nuevo pueblo, él será la piedra angular…
Texto importantísimo que nos ayuda a entender ese rompimiento que hubo entre el judaísmo y el cristianismo. 


La segunda cuestión es el tema de los frutos: En la primera lectura aparece una imagen que habla por sí sola: “Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones” Y más adelante... “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Vemos en la parábola que Jesús explica, a Dios decepcionado por no obtener frutos, ¿estará quizás, Dios decepcionado de nosotros porque no damos frutos? ¿qué frutos estamos dando? Es necesario que cada uno lo piense...

El tema de los frutos no es un tema secundario: Jesús le da mucha importancia hasta el punto que llega a decir: “por sus frutos los conoceréis”. Hay muchos pasajes en los que sale la cuestión de los frutos. 

¿Por qué Jesús insiste tanto? ¡¡Porque es tan, tan fácil, quedarse en una fe teórica…!! En una fe que no compromete a nada… ¿Qué verifica que tu fe no es teórica? Los frutos.

Una cosa es tener una cierta credulidad que no compromete a nada y otra muy distinta una fe viva que da forma a nuestra vida y está llena de frutos.  La fe sin obras es una fe muerta.

Y una aclaración: venir a misa no es un fruto. El venir a misa es el medio, el alimento, para poder dar fruto, y llevar esa vida que Jesús quiere y desea que llevemos.

Es bueno que Jesús nos pida frutos, porque es una exigencia que nos impulsa a crecer, a avanzar, a rezar más, a pensar cómo hacerlo…

En este sentido se expresa la carta de San Pablo. Fijaros qué verbos utiliza San Pablo: “acudid a la oración”, “presentad a Dios...”, “tenedlo en cuenta...”, “ponedlo por obra...”. Son verbos que piden, reclaman, hacer cosas, comportan dinamismo..., denotan acción, caminos nuevos. ¡¡El cristianismo ha de ser muy vital!!

¿Qué frutos podemos presentar a Dios? Este tema, quizás, nos podría ayudar a intensificar nuestra vida cristiana... que así sea...

Francesc Jordana





          



sábado, 30 de septiembre de 2017

MISTERIO DE AMOR


Misterio de amor es éste. La razón humana no alcanza a comprender. Sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad. Sabemos que es un divino secreto. Pero, tratándose de Nuestra Madre, nos sentimos inclinados a entender más —si es posible hablar así— que en otras verdades de fe.
¿Cómo nos habríamos comportado, si hubiésemos podido escoger la madre nuestra? Pienso que hubiésemos elegido a la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Cristo: siendo Omnipotente, Sapientísimo y el mismo Amor, su poder realizó todo su querer.
Mirad cómo los cristianos han descubierto, desde hace tiempo, ese razonamiento: convenía —escribe San Juan Damasceno— que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte. Convenía que aquella que había llevado en su seno al Creador hecho niño, habitara en la morada divina. Convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su Hijo, y que fuera honrada como Madre y Esclava de Dios por todas las criaturas.

Los teólogos han formulado con frecuencia un argumento semejante, destinado a comprender de algún modo el sentido de ese cúmulo de gracias de que se encuentra revestida María, y que culmina con la Asunción a los cielos. Dicen: convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo. Es la explicación más clara de por qué el Señor concedió a su Madre, desde el primer instante de su inmaculada concepción, todos los privilegios. Estuvo libre del poder de Satanás; es hermosa —tota pulchra!—, limpia, pura en alma y cuerpo.



domingo, 24 de septiembre de 2017

TRES IDEAS



Tres ideas a partir del evangelio de hoy:

Primera idea:
En esta parábola aparece un propietario curioso. Lo digo porque su preocupación primera son los trabajadores: desea que tengan trabajo, no quiere que ninguno esté desocupado, quiere que todos se realicen como trabajadores, les sale a buscar repetidamente (¡hasta cinco veces sale a buscarlos, en un día!), y paga a todos un sueldo que les permita vivir, aunque algunos hayan trabajado sólo una hora. ¡Los trabajadores son  su preocupación primera!

Encuentro que esta manera de hacer es una lección muy importante para nosotros, y para nuestra sociedad. La manera de hacer del propietario nos dice: lo primero es el hombre, la persona, el trabajador. La preocupación primera del sistema económico ha de ser el bien de la persona, no los beneficios de las empresas.

Mirar de hacer que la economía funcione, sin mirar el bien del hombre, de la persona, es un grandísimo error que hoy en día el sistema capitalista está cometiendo, y este error es fuente de innombrables injusticias.
El Papa Francisco en Evangelii Gaudium dice: “...hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la iniquidad». Esa economía mata. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte.” (Punto 53).

Punto 55. “…La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!”.

El hombre, el bien del hombre, es necesario que esté situado en el centro del sistema económico. Principio de Doctrina social de la Iglesia.

Segunda idea:
Reconocédmelo: No acabamos de entender a este propietario que da lo mismo a los de la primera hora y a los que sólo han trabajado una hora. No le entendemos.

Esta parábola nos dice que la salvación cristiana no depende del tiempo que hemos estado trabajando, no depende de las muchas o pocas obras buenas que hemos hecho, sino que la salvación cristiana depende del amor incondicional e inconmensurable y generoso de Dios. 
¿Dios es injusto, entonces? En cierta manera sí que lo es... Pero, es injusto por exceso y no por defecto. El conflicto no viene provocado porque Dios haya sido injusto con los trabajadores de la primera hora, sino porque ha sido “demasiado generoso” con los de la última.

Si no descubrimos la maravilla de esta “injusticia divina” que se llama Amor, no gustaremos la salvación de Dios.

Y como colofón de esto, dejo una pregunta en el aire, ¿hago cosas para salvarme,... o porque me siento salvado hago cosas? Si hago cosas para salvarme, me sabe mal que los demás que han trabajado menos reciban lo mismo que yo. Si me siento salvado, experimento alegría ante la suerte de los que han trabajado menos y reciben lo mismo que yo. ¿Hago...?

Tercera idea:
“Id también vosotros a mi viña”... El llamamiento del Señor Jesús «Id también vosotros a mi viña» no cesa de resonar en el curso de la historia desde aquel lejano día: se dirige a cada hombre que viene a este mundo”. Son palabras de San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifideles Laici (Laicos fieles a Cristo).
Jesús hoy nos llama a trabajar en su viña. No podemos desatender esta llamada...

De la importancia de esta llamada nos habla de que el propietario de la viña ha salido cinco veces a buscar trabajadores: “al amanecer salió”, “salió otra vez a media mañana”, “salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo”, “salió al caer la tarde”…

¿¿Nos sentimos llamados a trabajar en su viña?? ¿¿Lo estamos haciendo??

Dice San Gregorio Magno: “Fijaos en vuestro modo de vivir, queridísimos hermanos, y comprobad si ya sois obreros del Señor. Examine cada uno lo que hace y considere si trabaja en la viña del Señor”.

Dice San Juan Pablo II a Christifideles Laici: “Si el no comprometerse siempre ha sido algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aun más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso”.



¡Que el Señor nos dé la luz y la fuerza para trabajar en  su viña!







                                                        
                                                         Francesc Jordana





sábado, 23 de septiembre de 2017

FELIZ Y MIL VECES FELIZ



Feliz y mil veces feliz es en la tierra el alma a quien el Espíritu Santo revela el secreto de María para que lo conozca, a quien este huerto cerrado, para que en él entre, y esta fuente sellada para que de ella saque el agua viva de la gracia y beba en larga vena de su corriente. Este alma no hallará sino a Dios solo, sin las criaturas, en esta amabilísima criatura; pero a Dios, al par que infinitamente santo y sublime, infinitamente condescendiente y al alcance de nuestra debilidad. Puesto que en todas partes está Dios, en todas, hasta en los infiernos, se le puede hallar: pero no hay sitio en que la criatura encontrarle pueda tan cerca y tan al alcance de su debilidad como en María, pues para eso bajó a ella. En todas partes es el pan de los fuertes y de los ángeles, pero en María es el pan de los niños.
Nadie, pues, se imagine, como ciertos falsos iluminados, que María, por ser criatura, es impedimento para la unión con el Creador. 
No es ya María quien vive, es Jesucristo solo, es Dios solo quien vive en ella.