domingo, 17 de septiembre de 2017

PERDÓN.....EL VALLE DE LAS EXCUSAS



Nos cuesta perdonar, a mí el primero. Nos cuesta perdonar pequeñas ofensas y, a veces, nos parece imposible perdonar una gran ofensa.

Y como que vemos que nos cuesta vivir de corazón el perdón, buscamos excusas, justificaciones, para no perdonar. Y, muchas veces, allá nos quedamos “en el valle de las excusas”. Y en este valle no habita el perdón, todo son excusas para no perdonar: “Es que ha sido por culpa suya”, “es que yo no he hecho nada”, “es que lo que ha hecho no tiene perdón”, “es que me la ha hecho demasiadas veces” (y la mejor de todas) “yo lo perdono pero, no le hablo”. Excusas, excusas, y más excusas... para no perdonar. ¿Estás en el valle?

“Ya vendrá él a pedirme perdón...” ¿Sabéis quien hace el primer paso de acercarse al otro cuando ha habido un problema? No el que ha hecho el mal... sino ¡el que más ama! Aunque toda la culpa sea del otro, el que más ama es el que se acerca al otro para buscar la reconciliación.

Esta dificultad para perdonar tan arraigada en nosotros, nos ha de llevar a contemplar con mucha, mucha atención, lo que Jesús nos dice en el evangelio.
Dos ideas:
Primera: Imagino que ha quedado claro que hemos de perdonar siempre. Setenta veces siete, quiere decir siempre. Por tanto, no llevemos la contraria a Jesús. Es preciso perdonar siempre y hacerlo de corazón, y desterrar de nosotros el rencor.  

El rencor es como un cáncer. Nos hace mal a nosotros, crece en nuestro interior hasta el punto de quitar la paz. Jesucristo, el médico de nuestras almas, nos ayuda a extirpar este cáncer. Y lo hace proponiéndonos el perdón.

Dice Santa Teresa de Calcuta: “Perdonar es una decisión, no un sentimiento”. Y es una decisión que tomas ante Dios. El perdón es como el agua sobre un incendio, apaga las irritaciones del alma.

Segunda idea: Sorprende en esta parábola de Jesús la actitud del siervo, incapaz de perdonar unos cuantos denarios cuando él ha sido objeto del perdón de una cantidad  desorbitada de dinero.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido posible esto? Pues, que el siervo no ha hecho experiencia del perdón recibido. Ha sido perdonado, pero él no ha hecho experiencia del perdón recibido.

Esto nos puede pasar a nosotros, irnos confesando un poco rutinariamente y no hacer verdaderamente una experiencia del perdón que estamos recibiendo.

¡Es tan grande lo que pasa en la confesión! Recibimos un perdón que nos limpia, que nos purifica, que reconstruye lo que el pecado ha destruido, que nos da nuevas gracias para no volver a pecar. Es una experiencia única. De qué manera tan fácil se puede comenzar de nuevo. ¡Totalmente de nuevo! Para facilitaros este admirable sacramento miraré de ponerme a confesar un poco antes de cada misa de domingo.

Cuando hacemos experiencia del perdón de Dios, de este perdón tan grande, gratuito, amoroso, entonces somos capaces de llegar a ser personas capaces de perdonar. Cuando a ti te lo han perdonado todo, y ¡¡todo es todo!! Cómo no perdonar a los demás.

Si Jesús sólo nos hubiera dicho que “perdonásemos siempre” habría quedado un poco como una exhortación voluntarista... “esforzaros para perdonar”. Pero, en la parábola nos expone el motor del perdón. El motor del perdón es la experiencia de ser perdonados por Dios...

Cuando hacemos experiencia de lo mucho que hemos sido perdonados, somos capaces de perdonar lo poco que nos hayan podido hacer...

Jesús nos dice hoy a nosotros: “¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” O San Pablo nos dice en una carta: “perdonaos los unos a los otros como Dios os ha perdonado en Cristo”.

Resumiendo:
Hemos de perdonar siempre. San Agustín decía: “No existe culpa alguna en la que debas negar el perdón”.
Y si nos cuesta, si nos parece que es imposible, dos cosas a hacer:
1. tomemos la decisión de perdonar hablando con Jesús. El perdón es un don que hemos de recibir.
2. Recordemos el perdón recibido de Dios, ¿cómo no perdonar, si a nosotros ¡nos lo han perdonado todo!?
Que esta eucaristía nos ayude a perdonar de corazón... cada uno sabrá a quién...


Monición padrenuestro:

Os habéis fijado que en el padrenuestro hay siete peticiones a Dios y un compromiso nuestro: “perdona  nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
¿Cómo puede ser que en la oración que nos enseñó el mismo Jesús, sólo nos pida que perdonemos? Jesús sabe que en el perdón se encuentra la plenitud del amor. Si somos capaces de vivir el perdón, entonces vivimos en el amor. (Si perdonas eres paciente,...eres bondadoso,...no tienes envidia,...no eres orgulloso,...no eres egoísta,...no te irritas,...todo lo excusas,...todo lo esperas,...todo lo crees.). La cumbre de la caridad…

Francesc Jordana






sábado, 16 de septiembre de 2017

TODA PARA TODOS


Nada hay en ella austero, nada terrible; todo es suave. Mira con cuidado los Evangelios, y si acaso encuentras algo  a aquel de dureza o de reprensión desabrida o alguna señal de indignación, aunque sea leve, en María, tenla en adelante por sospechosa y recela el llegarte a ella. Pero si más bien (como es así en verdad) encuentras las cosas que pertenecen a ella llenas de piedad y de misericordia, llenas de mansedumbre y de gracia, da las gracias a misericordia aquel Señor que con una benignísima misericordia proveyó para ti tal mediadora que nada puede haber en ella que infunda temor. Ella se hizo toda para todos; a los sabios y a los ignorantes, con una copiosísima caridad, se hizo deudora. A todos abre el seno de la misericordia, para que todos reciban su plenitud; redención el cautivo, curación el enfermo, consuelo el afligido perdón el pecador...; en fin, toda la Trinidad gloriosa, y la misma persona del Hijo recibe de ella la sustancia de la carne humana, a fin de que no haya quien se esconda de su calor.

San Bernardo




sábado, 9 de septiembre de 2017

AMO A MARÍA


Segundo sábado de septiembre con María en el corazón. María, la Madre amada. No se puede exclamar más alto y más claro. Amo a la Virgen. ¿Cómo no amarla y quererla si es la elegida de Dios, la Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, Madre de la divina gracia, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo y Madre de misericordia. ¿Cómo no acercarse a Ella y buscarla con constancia para dejarse abrazar por sus santas manos?
María es Madre. La que siempre te acompaña. La que nunca abandona. La que, postrada ante la Santísima Trinidad, ruega por cada uno de sus hijos. La que socorre en las dificultades; la que te solventa tantos problemas y te reconduce cuando te extravías.
María es la Madre que te enseña a decir «Sí». María es la que aceptó el rol de corredentora del género humano aquel día que a los pies de la Cruz asintió cuando Jesús, agonizante, dirigiéndose al discípulo amado, le dijo a Juan: «Ahí tienes a tu madre». Ese día estábamos todos a los pies de la Cruz acogiendo en el corazón a la Madre dolorosa.
Yo amo a María por ser la Madre de Jesús. Por su condición de Inmaculada. Por ser la Madre de los creyentes y de los que no creen. Amo a María porque Ella llevó a Jesús a realizar su primer milagro e intercede para que prosiga haciéndolos cada día. Amo a María porque es la que me enseña a conocer y amar a Jesús, la que me acompaña en mis caminos de cruz y me enseña a recibir su Hijo amado. Amo a María porque me enseña el camino de la humildad y la sencillez. Amo a María porque es escuela de oración, de amor, de serenidad, de perdón y de misericordia. Amo a María por su fidelidad. Amo a María porque es la reina del cielo y de la tierra. Amo a María porque es Iglesia viva iniciada en Pentecostés. Amo a María por su dulce nombre. Podría dar más razones para amar a María, modelo, amiga y guía aunque hoy solo puedo exclamar: ¡Gracias, María, por hacer grandes tus desvelos para que pueda crecer en santidad!

Extracto del articulo aparecido en "orar con el corazón abierto"
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/




domingo, 3 de septiembre de 2017

MIRA CON LOS OJOS DE DIOS, PRUEBALO, VERÁS QUE CAMBIO


Hemos de agradecer a los evangelistas que nos presentan a los discípulos de Jesús tal como son: con defectos, con poca fe, cometen errores de toda clase. Esto nos los hace cercanos, porque también ¡nosotros somos así! Esto nos ayuda a entender que tener debilidades no es un impedimento para seguir a Jesús... sino todo lo contrario... Como dice San Pablo: “Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo”. No nos escandalicemos nunca, o no nos desanimemos nunca, de nuestras debilidades, sino que sean una ocasión de apertura a Jesús... “¡¡Jesús no puedo!! Ayúdame”.

Pedro recibe, lo que a mí me parece que es, la amonestación más dura y fuerte que hace Jesús en todo el evangelio. “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar;…” Y la hace a un seguidor suyo. Por tanto, tomemos nota, y miremos de profundizar esta amonestación: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”.

¿Qué quiere decir “tú piensas como los hombres, no como Dios”? San Pablo en la segunda lectura nos lo responde:
“Y no os ajustéis (amoldéis) a este mundo…” que quiere decir: no hagas tuyas, las maneras de hacer del mundo, sus criterios: la importancia del consumo, de la moda, de la belleza… no te amoldes al mundo presente.
El mundo presente te quiere dar una forma, Dios te quiere dar otra... ¡¡no te ajustes al mundo presente!!

“…sino transformaos por la renovación en el modo de ver las cosas”, ¿¿de dónde viene la transformación?? del cambio en la manera de ver las cosas... Nos hace falta mirar las cosas como las mira Dios... Cuántas preocupaciones, cuántos complejos, cuántos desasosiegos y tristezas desaparecerían si mirásemos las cosas como las mira Dios... Probadlo... Aquello que te causa preocupación, tristeza, míralo como lo mira Dios... ya verás qué cambio... Un cambio transformador... que viene de mirar las cosas de otra manera.

“…para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios” todo esto: “no seguir los criterios del mundo”, “mirar de otra manera” ¿¿para qué?? Para descubrir la voluntad de Dios... Y vuelvo a decir hoy, en mi última homilía de domingo, aquella frase que a mí me hizo tanto bien cuando era joven: “la voluntad de Dios en  tu vida y tu felicidad es una misma cosa.” Descubre lo que Dios te ofrece, y estarás descubriendo aquello que te hará feliz. Que es como acaba el texto de San Pablo: “…discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

“Lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”, es lo que dice Jesús hoy:
“negarse a uno mismo”
“cargar nuestra cruz y acompañarle”
“perder la vida por él”

Es un lenguaje duro, que causa respeto y espanta un poco, pero, tranquilos porque sabemos que es el camino de la vida, porque nos lleva a amar.

La vida verdadera va unida a la cruz. La vida verdadera va unida a  entender la sabiduría de la cruz. ¿Cuál es esta sabiduría? Que el amor es donación, y que sólo el amor nos hará felices.

Pero, no es fácil este amor de donación, sólo podremos vivirlo si miramos de vaciarnos de nosotros, para llenarnos de él. Vaciarnos de nosotros, para llenarnos de Jesús. Un buen resumen de lo que es la vida cristiana.

Francesc Jordana








sábado, 2 de septiembre de 2017

MARÍA Y EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN




Primer sábado de septiembre con María, Puerta del Cielo, Refugio de los Pecadores, Madre de la divina gracia, Madre de la Misericordia y Virgen clemente en nuestro corazón. Me reconforta cuando terminada la confesión el sacerdote me pone como penitencia alguna oración dedicada a la Virgen. Nuestra Señora se hace presente en el Sacramento de la Reconciliación como estuvo a los pies de la Cruz. Durante el tiempo de apertura del corazón para reconocer los propios pecados, María ora con el Espíritu Santo para la sanación del alma del pecador arrepentido.
Aunque en el ritual de la Penitencia no hay mención a la Virgen el sacerdote con el que siempre me confieso saluda, cuando te postras de rodilla en el confesionario, con este bellísimo saludo: «Ave María Purísima». En honor a la Señora sin mancha de corrupción, uno responde: «Sin pecado fue concebida».
María está presente junto al sacerdote, acompañándole en la escucha. María participa del dolor del penitente y derrama también su misericordia sobre su corazón. María sabe lo que es abrir el corazón pues lo hizo desde la fe para acoger la llamada del Espíritu Santo. María estimula con su presencia en la confesión llamando a «haced lo que Él os diga» en una clara invitación a romper con las cadenas del pecado, las faltas y las adicciones y acercarse de nuevo a Jesús, su Hijo amado, para renovar interiormente el corazón y la vida. María cercena el orgullo del pecador para que su confesión no se convierta en rutinaria y adquiera un nuevo impulso en su vida de fe con el fin de que sus corazones se colmen de fe, alegría y paz interior.
La confesión, sacramento de curación del alma, es el encuentro con Jesús y renueva la amistad con Dios. Para llegar a Él hay que estar en paz. Y María, que ha vencido al pecado por su condición de Inmaculada, es la que ayuda a que el demonio no pueda robar el corazón del cristiano que acude a Ella buscando su amparo y protección y llevarlo de nuevo a Jesús.

Fuente: Orar con el corazón abierto
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/




miércoles, 30 de agosto de 2017

PAPA FRANCISCO, QUE DESILUSIÓN


 


Al principio era sólo un murmullo discreto, pero luego se convirtió en una queja cada vez mayor, y ahora, sin duda, hay una disidencia abierta contra el Papa que vino del fin del mundo (y hay muchos que lo empujarían de nuevo hasta allí). Artículo de opinión de Alberto Maggi, hermano de la Orden de los Siervos de María.


Francisco en poco tiempo logró decepcionar a todos. Y esa decepción se ha convertido en resentimiento, primero soterrado y ahora a la vista de todo el mundo.
Algunos de los cardenales que lo habían elegido están decepcionados. Era el hombre ideal, sin “muertos” en los armarios, doctrinalmente conservador, pero receptivos a las nuevas ideas. Con él se podría garantizar un período de paz en los escándalos de la Iglesia, un periodo sin “terremotos” y divisiones. Ellos nunca pensaron que Bergoglio tendría la intención de reformar la Curia Romana, de eliminar sus privilegios o que azotaría las vanidades del clero. Su mera presencia, sencillo y espontáneo, es una acusación constante a los prelados pomposos, faraones anacrónicos llenos de sí mismos…
Los obispos de carrera están decepcionados, aquellos para los que una nominación para una ciudad era sólo un escalón más hacia una posición de mayor prestigio. Estaban listos para clonarse con el pontífice de turno, imitarlo en todos los sentidos, desde los gestos externos hasta los doctrinales, cualquier cosa para agradarle y obtener favores. Ahora bien, este Papa invita a los obispos ambiciosos y vanidosos a que tengan el olor de las ovejas … ¡Que horror!
Una parte del clero está decepcionado. Se sienten desplazados. Criados en el estricto cumplimiento de la doctrina, indiferentes a la gente buena, ahora no saben cómo comportarse. Deben recuperar una “humanidad” que el cumplimiento estricto de las normas de la Iglesia ha atrofiado. Pensaron que estaban, como sacerdotes, por encima de las personas, y ahora este Papa les invita a bajar y ponerse al servicio de los últimos…
Decepcionados están los laicos comprometidos en la renovación de la Iglesia y los tradicionalistas, super apegados al pasado. Para estos últimos, el Papa es un traidor que está trayendo la ruina a la iglesia. Para los primeros, el papa Bergoglio no está haciendo lo suficiente, no cambia las reglas y leyes que ya no están en sintonía con los tiempos, no legisla, no utiliza su autoridad como “comandante” de la Iglesia…
Los que están muy entusiasmados con él son los pobres, los marginados e invisibles, y también todos aquellos, cardenales, obispos, sacerdotes y laicos, que durante décadas han sido marginados a causa de su fidelidad al Evangelio, vistos con sospecha y perseguidos a causa de esta “loca mania” por la Sagrada Escritura a expensas de la tradición.

Aquello que sólo habían esperado, soñado o imaginado, ahora se ha convertido en una realidad con Francisco, el Papa que ha hecho redescubrir al mundo la hermosura del Evangelio.

Fuente: Jesuitas.co (Alberto Maggi) Agosto 23 de 2017