domingo, 15 de octubre de 2017

ESTÁS EN LA FIESTA? ¡¡PUES PARTICIPA DE ELLA¡¡


Como la parábola de la semana pasada, ésta también nos habla del rechazo de Jesús por parte de los dirigentes del Pueblo de Israel. Pensemos que estamos en el capítulo 22 de Mateo, a pocas semanas de la muerte de Jesús. De aquí el sentido de estas parábolas.

Expliquemos la parábola: ¿Quién es el rey? El rey es Dios. ¿Quién es el hijo? El hijo es Jesús. ¿Y con quién se casa Jesús? Con nosotros, con cada uno de nosotros. La boda es el símbolo escogido para manifestar la alianza de Dios con la Humanidad, con cada uno de nosotros. Dios hace en Jesús una alianza nueva y eterna. Nuestro Dios es el Dios de las alianzas. A lo largo de todo el Antiguo Testamento, Dios ha hecho diversas alianzas, el hombre las ha ido rompiendo todas. Hasta que Dios hace la alianza nueva y eterna (como decimos en las palabras de la consagración). Nuestro Dios es un Dios que hace alianza, que se casa, que se compromete con nosotros = buen pastor.

Los primeros en rehusar la invitación a la boda son los notables del pueblo. Los que acogen la invitación al banquete son gente de toda clase: pobres, ricos, judíos, no judíos, etc.
Hablar de la alianza entre Dios y los hombres, entre Dios y cada uno de nosotros con la imagen de una boda, es muy, muy audaz. Cuatro reflexiones:

1.  La vida cristiana es una invitación que Dios hace a cada uno de nosotros. ¡Hemos sido invitados! Nos ha de ayudar a tomar conciencia de que la vida cristiana es una invitación, un ofrecimiento. Dios no nos pide nada… Dios nos ofrece la vida.

Un Dios que pide cosas es un “dios” un poco latoso, pero un Dios que ofrece, que invita, es una imagen mucho más correcta de nuestro Dios deseoso de comunicar vida. Típico chico o chica que me dice en dirección espiritual: ¿es que no sé que me pide Dios? ¡¡Que Dios no pide nada, que Dios lo que hace es ofrecer!! ¡¡Ofrecer la vida!!

2. En las bodas hay alegría, fiesta, fraternidad. Que sea un banquete de bodas también nos ayuda a entender que la invitación es a un reino festivo, alegre, gozoso. La vida cristiana vivida en profundidad es siempre alegre y gozosa. No hay santos tristes. Sí que hay santos que pasan por dificultades, pero no santos tristes.

Si estamos tristes es porque no llevamos las gafas de la fe bien puestas. Si experimentamos a Jesús como  nuestro buen pastor que siempre nos acompaña ¿cómo podemos estar tristes? ¡¡Si estás triste revisa tu vida!!

Pienso que demasiadas veces vivimos un cristianismo tristón, como si esto de ser cristiano fuese una carga que hemos de ir arrastrando. Y eso no puede ser. La alegría y el gozo debería ser nuestro signo de identidad. En esta parroquia veo bastante alegría y esto es ¡¡muy, muy bueno!!

Se preguntaba el papa Benedicto en su primer libro sobre Jesús: “¿Cómo se ha podido llegar al cristianismo aburrido y que aburre, que vemos en los tiempos modernos y que conocemos por experiencia propia?”. Palabras fuertes del papa “cristianismo aburrido y que aburre”. A la pregunta sólo tengo una respuesta: la superficialidad. Nos hemos quedado en la superficie del cristianismo. Nos conformamos en ir a misa el domingo y ya está, y pasamos de todo. Entonces, no hay alegría, hay cristianismo aburrido y que aburre. Cómo salir de aquí...tercera idea...

3. La tercera idea surge de una pregunta: ¿A qué nos invita Dios? Cuando nos invitan a una boda sabemos muy bien a qué nos están invitando… ¿A qué nos invita Dios? A un encuentro, a un hallazgo, a una relación, a formar los dos ¡¡una sola carne!! Como en el matrimonio.

Y en este encuentro nos hace partícipes de su alegría, de su vida. ¡Participamos de la vida de Dios! Y no es una manera de hablar. Por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, ¡Dios habita en nosotros!, ¡Dios vivifica  nuestra existencia con su presencia! Pero, le hemos de dejar entrar, le hemos de dejar que nos encuentre, ¿cómo lo hace? Cuando rezamos, cuando meditamos la palabra, cuando participamos de la misa, cuando nos confesamos,...

4. En esta parábola hemos contemplado dos rechazos a la propuesta de Dios. De los dos podemos extraer una enseñanza para nosotros. Primero, el rechazo de los dirigentes del pueblo. ¿Verdad que sorprende bastante que los invitados a la boda del hijo del Rey rechacen esa invitación? Y que la rechacen a cambio de seguir con su rutina: sus campos, sus negocios. Esto quiere ser imagen de lo que quiere decir rehusar el don de Dios. ¿Eh que es incompresible que rechacen la invitación a la boda? Pues, igual de incomprensible es que rechacemos el don de Dios ¡¡para seguir con nuestra rutina!! ¡Acojamos el don de Dios!, el Dios que se nos quiere dar...

El otro rechazo es del que no llevaba traje de fiesta. ¿Qué quiere decir esto del traje de fiesta? Está en la fiesta, está en la boda, pero no participa de la fiesta, no va vestido de fiesta. ¡No “se entera” de nada!

Es lo que decía:
No ha descubierto la vida cristiana con una invitación personal de Dios.
Se ha quedado en la superficie y no sabe gozar del cristianismo. Y le suena a chino esto de que participemos de la vida de Dios.

¡¡Que no nos pase como éste!! Que está en la fiesta, pero no participa de ella.

Francesc Jordana



                                     











SOBRE AQUELLAS PALABRAS "DILECTUS MEUS MIHI"





Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí, 
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida
en los brazos del amor,
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida, 
de tal manera he trocado, 
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Tiróme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

Santa Teresa



sábado, 14 de octubre de 2017

ORACIÓN A LA VIRGEN




Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.

Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.
Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo.

Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.


San Bernardo






domingo, 8 de octubre de 2017

¿QUE FRUTOS ESTAMOS DANDO?


El propietario, la viña, los labradores, el encargo de cultivarla, los enviados, los frutos, el hijo,… ¿qué quiere decir todo esto? ¿De qué nos está hablando Jesús?

Jesús utiliza esta parábola para plantear un tema de suma importancia: el Pueblo de Israel no está dando los frutos esperados.

Cuando Jesús habla de:             
*Un propietario
*Tenía una viña
*La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una      torre
*La arrendó a unos labradores para que la cultivasen
*El amo envió a sus servidores
*Les pegan, los matan, los expulsan.
*Envía el amo a su hijo
*Lo cogieron, lo echaron de la viña y lo mataron.

 Se refiere a:
*Dios
*La viña es el Pueblo de Israel, escogidos para llevar la   salvación al mundo.
*Dios se ha preocupado de un modo especial por este pueblo    escogido… (liberados de   Egipto, conducidos por el   desierto,   cuarenta años, hasta la tierra prometida ...
*Escogidos para dar fruto. Para llevar la salvación al   mundo...

*Dios envía los profetas para exhortar a la conversión del   pueblo y den fruto
*Son acciones cometidas sobre los profetas, enviados de   Dios.
*Dios envía a su Hijo, Jesucristo.
*Jesucristo murió fuera de Jerusalén.

A la pregunta de Jesús: “¿Qué hará con aquellos labradores?”. Los judíos le respondieron: “…arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos”.

Son palabras que nos iluminan dos cuestiones: por un lado, la formación del Nuevo Pueblo de Israel que es la Iglesia, y por otro lado, la importancia de dar fruto.

Respecto a la primera cuestión, la formación del Nuevo Pueblo de Israel queda muy clara cuando Jesús acaba este evangelio diciendo: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
Por lo tanto, Jesús con sus palabras está explicando el sentido de la Iglesia, como Nuevo Pueblo de Israel. El Pueblo de Israel no ha respondido a la llamada de Dios a la conversión, a dar fruto, tampoco han acogido a Jesús, el Mesías. Y esto provoca que Jesús constituya el Nuevo Pueblo de Israel, la Iglesia. Y en este nuevo pueblo, él será la piedra angular…
Texto importantísimo que nos ayuda a entender ese rompimiento que hubo entre el judaísmo y el cristianismo. 


La segunda cuestión es el tema de los frutos: En la primera lectura aparece una imagen que habla por sí sola: “Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones” Y más adelante... “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Vemos en la parábola que Jesús explica, a Dios decepcionado por no obtener frutos, ¿estará quizás, Dios decepcionado de nosotros porque no damos frutos? ¿qué frutos estamos dando? Es necesario que cada uno lo piense...

El tema de los frutos no es un tema secundario: Jesús le da mucha importancia hasta el punto que llega a decir: “por sus frutos los conoceréis”. Hay muchos pasajes en los que sale la cuestión de los frutos. 

¿Por qué Jesús insiste tanto? ¡¡Porque es tan, tan fácil, quedarse en una fe teórica…!! En una fe que no compromete a nada… ¿Qué verifica que tu fe no es teórica? Los frutos.

Una cosa es tener una cierta credulidad que no compromete a nada y otra muy distinta una fe viva que da forma a nuestra vida y está llena de frutos.  La fe sin obras es una fe muerta.

Y una aclaración: venir a misa no es un fruto. El venir a misa es el medio, el alimento, para poder dar fruto, y llevar esa vida que Jesús quiere y desea que llevemos.

Es bueno que Jesús nos pida frutos, porque es una exigencia que nos impulsa a crecer, a avanzar, a rezar más, a pensar cómo hacerlo…

En este sentido se expresa la carta de San Pablo. Fijaros qué verbos utiliza San Pablo: “acudid a la oración”, “presentad a Dios...”, “tenedlo en cuenta...”, “ponedlo por obra...”. Son verbos que piden, reclaman, hacer cosas, comportan dinamismo..., denotan acción, caminos nuevos. ¡¡El cristianismo ha de ser muy vital!!

¿Qué frutos podemos presentar a Dios? Este tema, quizás, nos podría ayudar a intensificar nuestra vida cristiana... que así sea...

Francesc Jordana





          



sábado, 30 de septiembre de 2017

MISTERIO DE AMOR


Misterio de amor es éste. La razón humana no alcanza a comprender. Sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad. Sabemos que es un divino secreto. Pero, tratándose de Nuestra Madre, nos sentimos inclinados a entender más —si es posible hablar así— que en otras verdades de fe.
¿Cómo nos habríamos comportado, si hubiésemos podido escoger la madre nuestra? Pienso que hubiésemos elegido a la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Cristo: siendo Omnipotente, Sapientísimo y el mismo Amor, su poder realizó todo su querer.
Mirad cómo los cristianos han descubierto, desde hace tiempo, ese razonamiento: convenía —escribe San Juan Damasceno— que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte. Convenía que aquella que había llevado en su seno al Creador hecho niño, habitara en la morada divina. Convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su Hijo, y que fuera honrada como Madre y Esclava de Dios por todas las criaturas.

Los teólogos han formulado con frecuencia un argumento semejante, destinado a comprender de algún modo el sentido de ese cúmulo de gracias de que se encuentra revestida María, y que culmina con la Asunción a los cielos. Dicen: convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo. Es la explicación más clara de por qué el Señor concedió a su Madre, desde el primer instante de su inmaculada concepción, todos los privilegios. Estuvo libre del poder de Satanás; es hermosa —tota pulchra!—, limpia, pura en alma y cuerpo.



domingo, 24 de septiembre de 2017

TRES IDEAS



Tres ideas a partir del evangelio de hoy:

Primera idea:
En esta parábola aparece un propietario curioso. Lo digo porque su preocupación primera son los trabajadores: desea que tengan trabajo, no quiere que ninguno esté desocupado, quiere que todos se realicen como trabajadores, les sale a buscar repetidamente (¡hasta cinco veces sale a buscarlos, en un día!), y paga a todos un sueldo que les permita vivir, aunque algunos hayan trabajado sólo una hora. ¡Los trabajadores son  su preocupación primera!

Encuentro que esta manera de hacer es una lección muy importante para nosotros, y para nuestra sociedad. La manera de hacer del propietario nos dice: lo primero es el hombre, la persona, el trabajador. La preocupación primera del sistema económico ha de ser el bien de la persona, no los beneficios de las empresas.

Mirar de hacer que la economía funcione, sin mirar el bien del hombre, de la persona, es un grandísimo error que hoy en día el sistema capitalista está cometiendo, y este error es fuente de innombrables injusticias.
El Papa Francisco en Evangelii Gaudium dice: “...hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la iniquidad». Esa economía mata. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte.” (Punto 53).

Punto 55. “…La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!”.

El hombre, el bien del hombre, es necesario que esté situado en el centro del sistema económico. Principio de Doctrina social de la Iglesia.

Segunda idea:
Reconocédmelo: No acabamos de entender a este propietario que da lo mismo a los de la primera hora y a los que sólo han trabajado una hora. No le entendemos.

Esta parábola nos dice que la salvación cristiana no depende del tiempo que hemos estado trabajando, no depende de las muchas o pocas obras buenas que hemos hecho, sino que la salvación cristiana depende del amor incondicional e inconmensurable y generoso de Dios. 
¿Dios es injusto, entonces? En cierta manera sí que lo es... Pero, es injusto por exceso y no por defecto. El conflicto no viene provocado porque Dios haya sido injusto con los trabajadores de la primera hora, sino porque ha sido “demasiado generoso” con los de la última.

Si no descubrimos la maravilla de esta “injusticia divina” que se llama Amor, no gustaremos la salvación de Dios.

Y como colofón de esto, dejo una pregunta en el aire, ¿hago cosas para salvarme,... o porque me siento salvado hago cosas? Si hago cosas para salvarme, me sabe mal que los demás que han trabajado menos reciban lo mismo que yo. Si me siento salvado, experimento alegría ante la suerte de los que han trabajado menos y reciben lo mismo que yo. ¿Hago...?

Tercera idea:
“Id también vosotros a mi viña”... El llamamiento del Señor Jesús «Id también vosotros a mi viña» no cesa de resonar en el curso de la historia desde aquel lejano día: se dirige a cada hombre que viene a este mundo”. Son palabras de San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifideles Laici (Laicos fieles a Cristo).
Jesús hoy nos llama a trabajar en su viña. No podemos desatender esta llamada...

De la importancia de esta llamada nos habla de que el propietario de la viña ha salido cinco veces a buscar trabajadores: “al amanecer salió”, “salió otra vez a media mañana”, “salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo”, “salió al caer la tarde”…

¿¿Nos sentimos llamados a trabajar en su viña?? ¿¿Lo estamos haciendo??

Dice San Gregorio Magno: “Fijaos en vuestro modo de vivir, queridísimos hermanos, y comprobad si ya sois obreros del Señor. Examine cada uno lo que hace y considere si trabaja en la viña del Señor”.

Dice San Juan Pablo II a Christifideles Laici: “Si el no comprometerse siempre ha sido algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aun más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso”.



¡Que el Señor nos dé la luz y la fuerza para trabajar en  su viña!







                                                        
                                                         Francesc Jordana





sábado, 23 de septiembre de 2017

FELIZ Y MIL VECES FELIZ



Feliz y mil veces feliz es en la tierra el alma a quien el Espíritu Santo revela el secreto de María para que lo conozca, a quien este huerto cerrado, para que en él entre, y esta fuente sellada para que de ella saque el agua viva de la gracia y beba en larga vena de su corriente. Este alma no hallará sino a Dios solo, sin las criaturas, en esta amabilísima criatura; pero a Dios, al par que infinitamente santo y sublime, infinitamente condescendiente y al alcance de nuestra debilidad. Puesto que en todas partes está Dios, en todas, hasta en los infiernos, se le puede hallar: pero no hay sitio en que la criatura encontrarle pueda tan cerca y tan al alcance de su debilidad como en María, pues para eso bajó a ella. En todas partes es el pan de los fuertes y de los ángeles, pero en María es el pan de los niños.
Nadie, pues, se imagine, como ciertos falsos iluminados, que María, por ser criatura, es impedimento para la unión con el Creador. 
No es ya María quien vive, es Jesucristo solo, es Dios solo quien vive en ella.

domingo, 17 de septiembre de 2017

PERDÓN.....EL VALLE DE LAS EXCUSAS



Nos cuesta perdonar, a mí el primero. Nos cuesta perdonar pequeñas ofensas y, a veces, nos parece imposible perdonar una gran ofensa.

Y como que vemos que nos cuesta vivir de corazón el perdón, buscamos excusas, justificaciones, para no perdonar. Y, muchas veces, allá nos quedamos “en el valle de las excusas”. Y en este valle no habita el perdón, todo son excusas para no perdonar: “Es que ha sido por culpa suya”, “es que yo no he hecho nada”, “es que lo que ha hecho no tiene perdón”, “es que me la ha hecho demasiadas veces” (y la mejor de todas) “yo lo perdono pero, no le hablo”. Excusas, excusas, y más excusas... para no perdonar. ¿Estás en el valle?

“Ya vendrá él a pedirme perdón...” ¿Sabéis quien hace el primer paso de acercarse al otro cuando ha habido un problema? No el que ha hecho el mal... sino ¡el que más ama! Aunque toda la culpa sea del otro, el que más ama es el que se acerca al otro para buscar la reconciliación.

Esta dificultad para perdonar tan arraigada en nosotros, nos ha de llevar a contemplar con mucha, mucha atención, lo que Jesús nos dice en el evangelio.
Dos ideas:
Primera: Imagino que ha quedado claro que hemos de perdonar siempre. Setenta veces siete, quiere decir siempre. Por tanto, no llevemos la contraria a Jesús. Es preciso perdonar siempre y hacerlo de corazón, y desterrar de nosotros el rencor.  

El rencor es como un cáncer. Nos hace mal a nosotros, crece en nuestro interior hasta el punto de quitar la paz. Jesucristo, el médico de nuestras almas, nos ayuda a extirpar este cáncer. Y lo hace proponiéndonos el perdón.

Dice Santa Teresa de Calcuta: “Perdonar es una decisión, no un sentimiento”. Y es una decisión que tomas ante Dios. El perdón es como el agua sobre un incendio, apaga las irritaciones del alma.

Segunda idea: Sorprende en esta parábola de Jesús la actitud del siervo, incapaz de perdonar unos cuantos denarios cuando él ha sido objeto del perdón de una cantidad  desorbitada de dinero.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido posible esto? Pues, que el siervo no ha hecho experiencia del perdón recibido. Ha sido perdonado, pero él no ha hecho experiencia del perdón recibido.

Esto nos puede pasar a nosotros, irnos confesando un poco rutinariamente y no hacer verdaderamente una experiencia del perdón que estamos recibiendo.

¡Es tan grande lo que pasa en la confesión! Recibimos un perdón que nos limpia, que nos purifica, que reconstruye lo que el pecado ha destruido, que nos da nuevas gracias para no volver a pecar. Es una experiencia única. De qué manera tan fácil se puede comenzar de nuevo. ¡Totalmente de nuevo! Para facilitaros este admirable sacramento miraré de ponerme a confesar un poco antes de cada misa de domingo.

Cuando hacemos experiencia del perdón de Dios, de este perdón tan grande, gratuito, amoroso, entonces somos capaces de llegar a ser personas capaces de perdonar. Cuando a ti te lo han perdonado todo, y ¡¡todo es todo!! Cómo no perdonar a los demás.

Si Jesús sólo nos hubiera dicho que “perdonásemos siempre” habría quedado un poco como una exhortación voluntarista... “esforzaros para perdonar”. Pero, en la parábola nos expone el motor del perdón. El motor del perdón es la experiencia de ser perdonados por Dios...

Cuando hacemos experiencia de lo mucho que hemos sido perdonados, somos capaces de perdonar lo poco que nos hayan podido hacer...

Jesús nos dice hoy a nosotros: “¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” O San Pablo nos dice en una carta: “perdonaos los unos a los otros como Dios os ha perdonado en Cristo”.

Resumiendo:
Hemos de perdonar siempre. San Agustín decía: “No existe culpa alguna en la que debas negar el perdón”.
Y si nos cuesta, si nos parece que es imposible, dos cosas a hacer:
1. tomemos la decisión de perdonar hablando con Jesús. El perdón es un don que hemos de recibir.
2. Recordemos el perdón recibido de Dios, ¿cómo no perdonar, si a nosotros ¡nos lo han perdonado todo!?
Que esta eucaristía nos ayude a perdonar de corazón... cada uno sabrá a quién...


Monición padrenuestro:

Os habéis fijado que en el padrenuestro hay siete peticiones a Dios y un compromiso nuestro: “perdona  nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
¿Cómo puede ser que en la oración que nos enseñó el mismo Jesús, sólo nos pida que perdonemos? Jesús sabe que en el perdón se encuentra la plenitud del amor. Si somos capaces de vivir el perdón, entonces vivimos en el amor. (Si perdonas eres paciente,...eres bondadoso,...no tienes envidia,...no eres orgulloso,...no eres egoísta,...no te irritas,...todo lo excusas,...todo lo esperas,...todo lo crees.). La cumbre de la caridad…

Francesc Jordana






sábado, 16 de septiembre de 2017

TODA PARA TODOS


Nada hay en ella austero, nada terrible; todo es suave. Mira con cuidado los Evangelios, y si acaso encuentras algo  a aquel de dureza o de reprensión desabrida o alguna señal de indignación, aunque sea leve, en María, tenla en adelante por sospechosa y recela el llegarte a ella. Pero si más bien (como es así en verdad) encuentras las cosas que pertenecen a ella llenas de piedad y de misericordia, llenas de mansedumbre y de gracia, da las gracias a misericordia aquel Señor que con una benignísima misericordia proveyó para ti tal mediadora que nada puede haber en ella que infunda temor. Ella se hizo toda para todos; a los sabios y a los ignorantes, con una copiosísima caridad, se hizo deudora. A todos abre el seno de la misericordia, para que todos reciban su plenitud; redención el cautivo, curación el enfermo, consuelo el afligido perdón el pecador...; en fin, toda la Trinidad gloriosa, y la misma persona del Hijo recibe de ella la sustancia de la carne humana, a fin de que no haya quien se esconda de su calor.

San Bernardo




sábado, 9 de septiembre de 2017

AMO A MARÍA


Segundo sábado de septiembre con María en el corazón. María, la Madre amada. No se puede exclamar más alto y más claro. Amo a la Virgen. ¿Cómo no amarla y quererla si es la elegida de Dios, la Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, Madre de la divina gracia, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo y Madre de misericordia. ¿Cómo no acercarse a Ella y buscarla con constancia para dejarse abrazar por sus santas manos?
María es Madre. La que siempre te acompaña. La que nunca abandona. La que, postrada ante la Santísima Trinidad, ruega por cada uno de sus hijos. La que socorre en las dificultades; la que te solventa tantos problemas y te reconduce cuando te extravías.
María es la Madre que te enseña a decir «Sí». María es la que aceptó el rol de corredentora del género humano aquel día que a los pies de la Cruz asintió cuando Jesús, agonizante, dirigiéndose al discípulo amado, le dijo a Juan: «Ahí tienes a tu madre». Ese día estábamos todos a los pies de la Cruz acogiendo en el corazón a la Madre dolorosa.
Yo amo a María por ser la Madre de Jesús. Por su condición de Inmaculada. Por ser la Madre de los creyentes y de los que no creen. Amo a María porque Ella llevó a Jesús a realizar su primer milagro e intercede para que prosiga haciéndolos cada día. Amo a María porque es la que me enseña a conocer y amar a Jesús, la que me acompaña en mis caminos de cruz y me enseña a recibir su Hijo amado. Amo a María porque me enseña el camino de la humildad y la sencillez. Amo a María porque es escuela de oración, de amor, de serenidad, de perdón y de misericordia. Amo a María por su fidelidad. Amo a María porque es la reina del cielo y de la tierra. Amo a María porque es Iglesia viva iniciada en Pentecostés. Amo a María por su dulce nombre. Podría dar más razones para amar a María, modelo, amiga y guía aunque hoy solo puedo exclamar: ¡Gracias, María, por hacer grandes tus desvelos para que pueda crecer en santidad!

Extracto del articulo aparecido en "orar con el corazón abierto"
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/




domingo, 3 de septiembre de 2017

MIRA CON LOS OJOS DE DIOS, PRUEBALO, VERÁS QUE CAMBIO


Hemos de agradecer a los evangelistas que nos presentan a los discípulos de Jesús tal como son: con defectos, con poca fe, cometen errores de toda clase. Esto nos los hace cercanos, porque también ¡nosotros somos así! Esto nos ayuda a entender que tener debilidades no es un impedimento para seguir a Jesús... sino todo lo contrario... Como dice San Pablo: “Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo”. No nos escandalicemos nunca, o no nos desanimemos nunca, de nuestras debilidades, sino que sean una ocasión de apertura a Jesús... “¡¡Jesús no puedo!! Ayúdame”.

Pedro recibe, lo que a mí me parece que es, la amonestación más dura y fuerte que hace Jesús en todo el evangelio. “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar;…” Y la hace a un seguidor suyo. Por tanto, tomemos nota, y miremos de profundizar esta amonestación: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”.

¿Qué quiere decir “tú piensas como los hombres, no como Dios”? San Pablo en la segunda lectura nos lo responde:
“Y no os ajustéis (amoldéis) a este mundo…” que quiere decir: no hagas tuyas, las maneras de hacer del mundo, sus criterios: la importancia del consumo, de la moda, de la belleza… no te amoldes al mundo presente.
El mundo presente te quiere dar una forma, Dios te quiere dar otra... ¡¡no te ajustes al mundo presente!!

“…sino transformaos por la renovación en el modo de ver las cosas”, ¿¿de dónde viene la transformación?? del cambio en la manera de ver las cosas... Nos hace falta mirar las cosas como las mira Dios... Cuántas preocupaciones, cuántos complejos, cuántos desasosiegos y tristezas desaparecerían si mirásemos las cosas como las mira Dios... Probadlo... Aquello que te causa preocupación, tristeza, míralo como lo mira Dios... ya verás qué cambio... Un cambio transformador... que viene de mirar las cosas de otra manera.

“…para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios” todo esto: “no seguir los criterios del mundo”, “mirar de otra manera” ¿¿para qué?? Para descubrir la voluntad de Dios... Y vuelvo a decir hoy, en mi última homilía de domingo, aquella frase que a mí me hizo tanto bien cuando era joven: “la voluntad de Dios en  tu vida y tu felicidad es una misma cosa.” Descubre lo que Dios te ofrece, y estarás descubriendo aquello que te hará feliz. Que es como acaba el texto de San Pablo: “…discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

“Lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”, es lo que dice Jesús hoy:
“negarse a uno mismo”
“cargar nuestra cruz y acompañarle”
“perder la vida por él”

Es un lenguaje duro, que causa respeto y espanta un poco, pero, tranquilos porque sabemos que es el camino de la vida, porque nos lleva a amar.

La vida verdadera va unida a la cruz. La vida verdadera va unida a  entender la sabiduría de la cruz. ¿Cuál es esta sabiduría? Que el amor es donación, y que sólo el amor nos hará felices.

Pero, no es fácil este amor de donación, sólo podremos vivirlo si miramos de vaciarnos de nosotros, para llenarnos de él. Vaciarnos de nosotros, para llenarnos de Jesús. Un buen resumen de lo que es la vida cristiana.

Francesc Jordana








sábado, 2 de septiembre de 2017

MARÍA Y EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN




Primer sábado de septiembre con María, Puerta del Cielo, Refugio de los Pecadores, Madre de la divina gracia, Madre de la Misericordia y Virgen clemente en nuestro corazón. Me reconforta cuando terminada la confesión el sacerdote me pone como penitencia alguna oración dedicada a la Virgen. Nuestra Señora se hace presente en el Sacramento de la Reconciliación como estuvo a los pies de la Cruz. Durante el tiempo de apertura del corazón para reconocer los propios pecados, María ora con el Espíritu Santo para la sanación del alma del pecador arrepentido.
Aunque en el ritual de la Penitencia no hay mención a la Virgen el sacerdote con el que siempre me confieso saluda, cuando te postras de rodilla en el confesionario, con este bellísimo saludo: «Ave María Purísima». En honor a la Señora sin mancha de corrupción, uno responde: «Sin pecado fue concebida».
María está presente junto al sacerdote, acompañándole en la escucha. María participa del dolor del penitente y derrama también su misericordia sobre su corazón. María sabe lo que es abrir el corazón pues lo hizo desde la fe para acoger la llamada del Espíritu Santo. María estimula con su presencia en la confesión llamando a «haced lo que Él os diga» en una clara invitación a romper con las cadenas del pecado, las faltas y las adicciones y acercarse de nuevo a Jesús, su Hijo amado, para renovar interiormente el corazón y la vida. María cercena el orgullo del pecador para que su confesión no se convierta en rutinaria y adquiera un nuevo impulso en su vida de fe con el fin de que sus corazones se colmen de fe, alegría y paz interior.
La confesión, sacramento de curación del alma, es el encuentro con Jesús y renueva la amistad con Dios. Para llegar a Él hay que estar en paz. Y María, que ha vencido al pecado por su condición de Inmaculada, es la que ayuda a que el demonio no pueda robar el corazón del cristiano que acude a Ella buscando su amparo y protección y llevarlo de nuevo a Jesús.

Fuente: Orar con el corazón abierto
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/




miércoles, 30 de agosto de 2017

PAPA FRANCISCO, QUE DESILUSIÓN


 


Al principio era sólo un murmullo discreto, pero luego se convirtió en una queja cada vez mayor, y ahora, sin duda, hay una disidencia abierta contra el Papa que vino del fin del mundo (y hay muchos que lo empujarían de nuevo hasta allí). Artículo de opinión de Alberto Maggi, hermano de la Orden de los Siervos de María.


Francisco en poco tiempo logró decepcionar a todos. Y esa decepción se ha convertido en resentimiento, primero soterrado y ahora a la vista de todo el mundo.
Algunos de los cardenales que lo habían elegido están decepcionados. Era el hombre ideal, sin “muertos” en los armarios, doctrinalmente conservador, pero receptivos a las nuevas ideas. Con él se podría garantizar un período de paz en los escándalos de la Iglesia, un periodo sin “terremotos” y divisiones. Ellos nunca pensaron que Bergoglio tendría la intención de reformar la Curia Romana, de eliminar sus privilegios o que azotaría las vanidades del clero. Su mera presencia, sencillo y espontáneo, es una acusación constante a los prelados pomposos, faraones anacrónicos llenos de sí mismos…
Los obispos de carrera están decepcionados, aquellos para los que una nominación para una ciudad era sólo un escalón más hacia una posición de mayor prestigio. Estaban listos para clonarse con el pontífice de turno, imitarlo en todos los sentidos, desde los gestos externos hasta los doctrinales, cualquier cosa para agradarle y obtener favores. Ahora bien, este Papa invita a los obispos ambiciosos y vanidosos a que tengan el olor de las ovejas … ¡Que horror!
Una parte del clero está decepcionado. Se sienten desplazados. Criados en el estricto cumplimiento de la doctrina, indiferentes a la gente buena, ahora no saben cómo comportarse. Deben recuperar una “humanidad” que el cumplimiento estricto de las normas de la Iglesia ha atrofiado. Pensaron que estaban, como sacerdotes, por encima de las personas, y ahora este Papa les invita a bajar y ponerse al servicio de los últimos…
Decepcionados están los laicos comprometidos en la renovación de la Iglesia y los tradicionalistas, super apegados al pasado. Para estos últimos, el Papa es un traidor que está trayendo la ruina a la iglesia. Para los primeros, el papa Bergoglio no está haciendo lo suficiente, no cambia las reglas y leyes que ya no están en sintonía con los tiempos, no legisla, no utiliza su autoridad como “comandante” de la Iglesia…
Los que están muy entusiasmados con él son los pobres, los marginados e invisibles, y también todos aquellos, cardenales, obispos, sacerdotes y laicos, que durante décadas han sido marginados a causa de su fidelidad al Evangelio, vistos con sospecha y perseguidos a causa de esta “loca mania” por la Sagrada Escritura a expensas de la tradición.

Aquello que sólo habían esperado, soñado o imaginado, ahora se ha convertido en una realidad con Francisco, el Papa que ha hecho redescubrir al mundo la hermosura del Evangelio.

Fuente: Jesuitas.co (Alberto Maggi) Agosto 23 de 2017




martes, 29 de agosto de 2017

TESTIMONIOS DE LOS ÚLTIMOS EJERCICIOS DE AGOSTO



Os dejamos el testimonio de los últimos ejercicios para hombres, celebrados este mes de agosto, y que fueron dirigidos por el Padre Cueto (cpcr). En los mismos también participaron dos Hermanas de nuestra congregación.

Los Ejercicios Espirituales son indispensables. Dos veces no pude venir y no podía aguantar más. Si no, vas bajando. Como los planeadores, necesito los Ejercicios Espirituales para subir.
Yo me he relajado y me he fortalecido. Cada vez hay más cosas que veo claras. Necesito los Ejercicios como el oxígeno. Es absolutamente necesario hacerlos cada año. Si esperas más de un año, los alejas y no de decides.

Ha sido una experiencia muy positiva. Hacía tiempo que no veía al P. Cueto y he guardado buen recuerdo. Hay frases que te impactan. Está vez, fue: el amor. Tenemos que profundizar en el amor. La frase de San Juan de la Cruz: “Al final, seremos juzgados en el amor”, me ha impactado mucho. Tenemos que renovar el amor. Acercarnos a Jesús. Si vamos mejorando en esto, nos abriremos más a los demás. Es en lo cotidiano de la vida que tenemos que mejorarlo: el trabajo, la familia.


 Hice los primeros Ejercicios con 16 años en Sarriá. Luego, los primeros en Caldes, fueron con el P. Sospedra y el P. Bochatay. Me impactaron mucho. Estos me han producido paz y alegría y fue creciendo más y más. Fue una Pascua del Espíritu. Las prédicas me han impactado. Si vas a Ejercicios Espirituales, no puedes salir defraudado, a no ser que hayas venido con mala intención. Esta vez, fueron exuberantes. He visto el amor de Dios en mi vida. Todo tiene sentido. Salgo con el deseo de proponer un apostolado seglar: círculos catequéticos, en parroquias. Para formación permanente y llevar a la gente a Ejercicios Espirituales. Con 4 pilares: formación, comunidad, oración y servicio. Y luego, organizar Ejercicios Espirituales en la parroquia.

Viví muy intensamente estos Ejercicios Espirituales. Con provecho. Fue para mí motivo de reorganizar mi vida familiar y mi vida apostólica. La vida familiar sobre todo, haciendo apostolado hacia ellos, con humildad. La virtud de humildad es la sobre la cual he hecho más propósitos.

Dos Hermanas hicieron también sus Ejercicios Espirituales anuales:

Me cuesta hacer Ejercicios porque soy mayor y me cansan. Pero vale la pena porque es una gracia muy grande. Es como hacer una recolección y esta cosecha te sirve para todo el año. Veo que cada año, los propósitos que tomé son los que tenía que tomar. ¡Si pudiéramos retener todo lo recibido! Pero, ira saliendo…


Me ha edificado el silencio de los Ejercitantes. Las conferencias me han ayudado mucho. Me ha impactado mucho la meditación para alcanzar amor.



domingo, 27 de agosto de 2017

LA DIMENSIÓN HUMANA DE LA IGLESIA





“Tú eres Pedro, y yo sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Pienso que es la frase de todo el evangelio que mejor refleja las dos dimensiones que forman la Iglesia: la Iglesia tiene una dimensión humana: sobre Pedro se edifica la Iglesia. Y, al mismo tiempo tiene una dimensión divina: “yo edificaré mi Iglesia”. Este “yo edificaré” lo dice Jesús, ¡¡un yo importantísimo!!

Es muy, muy importante, tener claro este doble componente para que nos ayude a entender y vivir mejor una realidad no siempre fácil... la Iglesia.

Tres ideas breves de esta dimensión humana:

1.  ¡¡No lo olvidemos!! Si olvidamos que la Iglesia tiene una dimensión humana no entendemos los pecados de los hijos de la Iglesia. Ante estos pecados hay quien pierde su fe, y abandona la Iglesia. La dimensión humana de la Iglesia hace que siempre, siempre, siempre, habrá personas que fallarán, que no harán las cosas bien.

Dejar la Iglesia por el pecado de un hijo de la Iglesia es absurdo. Tan absurdo como dejar de votar porque hay un partido político con un caso de corrupción. O dejar de ir al C.A.P. porque un médico ha cometido un error médico. O sacar un niño del Colegio porque el profe de gimnástica ha abusado de un niño. No podemos abandonar la Iglesia por el pecado de un hijo de la Iglesia.

Nos duelen los pecados de los hijos de la Iglesia, nos escandalizan, pero no nos pueden hacer perder la fe. Y ante ciertas críticas a la Iglesia, también tendremos que ayudar a hacer ver esta dimensión humana de la Iglesia.

2.            Somos Iglesia. Muchas veces hablamos de la Iglesia como si nosotros no formáramos parte. Parece que la Iglesia son ellos: el Vaticano, la curia, los jerarcas, y no nosotros. ¡Es falso!

Nosotros somos Iglesia. Una aplicación práctica: En la misa aparece muchas veces la palabra: Iglesia. Cada vez que sale se está refiriendo a cada uno de nosotros. Esto que decimos de la Iglesia se está diciendo de mí, esto que pedimos por la Iglesia se está pidiendo por mí... Pidamos el don de sentirnos Iglesia.

3.            Amémosla, aunque sea imperfecta y llena de limitaciones. ¿Es que sólo podemos amar aquello que es perfecto? Entonces, no amaremos nada: ni la mujer, ni los hijos, ni los nietos, ni al sacerdote, ni nada. ¡Amémosla!

Todo esto respecto la dimensión humana de la Iglesia. A mí lo que me hace mirar con esperanza a la Iglesia es precisamente su dimensión divina. Esto es: Jesús presente y actuante en la Iglesia. ¡¡Qué misterio!! Cuando Jesús estaba entre nosotros actuaba a través de su cuerpo. Ahora que su presencia corporal no está, actúa a través de un nuevo cuerpo: la Iglesia es el nuevo cuerpo de Cristo que camina a lo largo de la historia. ¡La Iglesia es el cuerpo de Cristo! ¡El contacto con la Iglesia es contacto con Cristo! ¡¡Es necesaria mucha fe!!

En este sentido vale la pena destacar la frase: “yo edificaré mi Iglesia”. “Yo edificaré”. ¡Es él quien edifica! Ahora que hay un cambio de rector: yo a Parets y vosotros aquí, hará falta rogarle que queremos edificar su Iglesia, y queremos hacerlo como él quiere, que nos ilumine qué plan tiene para la parroquia. No se trata de hacer la nuestra, sino de hacer la suya. ¡Porque es él quien edifica! No nosotros.

Continuemos... “Edificaré mi Iglesia”. “Mi Iglesia”. Es  su Iglesia. No es un montaje humano. No es un invento de los hombres. No es como una asociación. No es la Iglesia del sacerdote de turno... Es la Iglesia de Jesús, es instituida por Jesús.

La dimensión humana de la Iglesia nos reclama un mirar benevolente. La dimensión divina de la Iglesia nos reclama un mirar de fe.

Acabo ya. Fijaros que bonito. Primero, Pedro ha hecho la confesión: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. ¡Es el primer credo de la Iglesia! Y sobre esta confesión, sobre este credo, se puede fundamentar la Iglesia.

¡¡Qué teológica es esta escena!! La Iglesia se fundamenta en la divinidad de Jesús. ¡Dejemos que Jesús sea Dios en nuestras vidas y que él edifique  nuestra parroquia!

Francesc Jordana