YO, YO, YO Y DESPUÉS.......YO!!

Queridos hermanos y hermanas,

Con exigencias como las que hoy nos hace Jesús para seguirlo “que se niegue a sí mismo”, “cargue con su cruz cada día” y “pierda su vida por mi causa”, parece mentira que aún haya cristianos.


En la película “La última cima”, se exponían los cuatro mandamientos del mundo moderno:
1º Tú a lo tuyo. Si una persona te sirve para algo, utilízala y si no, pasa de ella.
2º Aparenta más de lo que eres.
3º Compra cosas, muchas cosas, bonitas y caras, cuantas más mejor.
4º Date prisa en disfrutar que la vida son dos días.

En un mundo guiado por estos “principios” parece mentira que Jesús aún tenga seguidores, cuando para seguirlo nos pide “que se niegue a sí mismo”, “cargue con su cruz cada día” y “pierda su vida por mi causa”. Vamos a valorar un poco estas tres propuestas, con el deseo de entenderlas y de descubrir cómo en ellas está escondida la vida verdadera:

El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo”. ¿Qué hemos de negar en nosotros? Formando parte de nosotros hay una tendencia negativa, la madre de muchos males. Es la tendencia al yo, yo, yo, y después yo. La tendencia a mirar para mí, olvidando a los demás. Esta tendencia está en nuestro ADN, es el pecado original. El otro no es importante, no es digno, no vale como yo. Es una tendencia fuertísima, constante en nosotros. En nosotros descubrimos esta tendencia oscura. Muchas películas; La guerra de las galaxias, El Señor de los anillos, El árbol de la vida,..., han hablado de esta lucha que hay en uno mismo entre el mal (buscarse uno mismo) y el bien (buscar el bien de los demás).

Negarse uno mismo es negar esta tendencia al yo, yo, yo, y después yo. Si la negamos, ¡encontraremos la vida! Os propongo que miremos nuestra vida en la oración, que la miremos como la mira Dios, que miremos  nuestros comportamientos, y, quizás, descubriremos que hay más tendencia al yo de la que nos pensamos. Es una propuesta...

“El que quiera seguirme..., cargue con su cruz cada día y se venga conmigo”. La cruz no nos gusta, queremos huir de ella, la rechazamos. Queremos vivir cómodamente, que todo nos vaya bien, que nada no entorpezca nuestros planes personales,... En el fondo, vuelve a aparecer la tendencia al yo, yo, yo... No nos gusta la cruz porque nos desinstala del yo acomodado... La cruz muchas veces es el otro que nos reclama, los abuelos, los padres, los hijos, el amigo. ¿Qué cruces estamos rechazando? Si miramos nuestra vida, quizás, descubriremos cruces rechazadas... para mantener nuestra comodidad.



En cambio, Jesús te pide acoger la cruz. ¿Qué es la cruz? Es el signo de la donación total a favor de los demás. Ante la fuerte tendencia al yo, yo, yo, y después yo, Jesús nos dice que es necesario acoger aquellos hechos de vida que te llevan a darte a los demás... Si acoges la cruz, encontrarás la vida que tanto deseas. ¡Y no es difícil! Jesús te dará fuerzas para llevarla, con alegría, y te ayudará a descubrir su sentido más profundo.

¿Ante las cruces de nuestra vida... cómo hacemos jugar a Jesús?, ¿cómo entra Jesús en aquel hecho de vida?

“Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”. Esto pide poner a Jesús en el centro de nuestra vida. ¡Perder por Él la vida, darle nuestra vida! Él, el eje central. Que la misión de Jesús llegue a ser nuestra misión. Que todo será vivido desde Él. Si lo hacemos nos encontraremos con un Jesús que nos dice que Él ¡¡es la vida!! la verdadera, la auténtica.

Acabo ya, todo esto parece muy exigente, muy elevado, muy difícil... Pienso que no lo es... Si tenemos presente la primera parte del evangelio de hoy, el que nos habla de la identidad de Jesús como “Mesías, el Ungido de Dios”.


Jesús ha sido muy pedagógico: Primero, nos presenta  su identidad, y, después, cómo lo hemos de seguir. Porque sólo después de saber quién es, ¡¡querremos seguirlo!! Y sólo después de entender quién es, ¡¡sabremos que nos dará su gracia para seguirlo!! Amén.

Francesc Jordana






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