domingo, 12 de junio de 2016

ACERCARNOS A LA PALABRA CON NUESTRA IMAGINACIÓN



Queridos hermanos y hermanas,

Una manera de acercarse a la Palabra, de hacerla vida, de sentirla más cercana, es imaginando que nosotros somos el personaje central de la escena...

Imaginarnos que somos Pedro, Jaime, Juan cuando son llamados a la orilla del lago. Imaginarnos que somos el ciego Bartimeo cuando es curado. Imaginarnos que somos Zaqueo el día que Jesús se invita a su casa. Y hoy, nos toca imaginarnos que somos la mujer pecadora que está a los pies de Jesús.


¡Nos cuesta! Es más fácil imaginar que somos un personaje más agradable, pero, una pecadora... una mujer “que llevaba una vida pecadora”, y ya sabemos que quiere decir esto. ¡¡Nos cuesta!!

Pero, si la contemplamos bien, descubriremos que nos hace falta identificarnos con ella y sus comportamientos, para vivir actitudes muy necesarias y que hoy en día nos cuestan mucho:

• La vemos a ella pidiendo perdón a Jesús..., buena lección para nosotros... ya sabemos el camino para pedir el perdón a Jesús... el sacramento de la reconciliación, que tanto nos cuesta y que tan necesario es...



        Lo que pasa en la escena que hoy hemos contemplado es lo que pasa en el sacramento de la reconciliación. En el sacramento, también nos ponemos a los pies de Jesús, arrepentidos, pedimos perdón y Él nos perdona. ¡¡Qué fácil que es recibir el perdón!!... Mostrarte como eres de verdad, sin miedo, presentar a Dios la pequeñez para que Él bendiga.

•  La vemos a ella llorando su pecado... buena lección. En esta sociedad que ha perdido totalmente el sentido de pecado, y esto nos afecta más de lo que nos pensamos, nos hace falta saber llorar  nuestro pecado. ¿Lloramos nuestro pecado?... ¡¡Cuántos santos han llorado su pecado!! Y no porque fueran pecados enormes, sino porque es una gracia que Dios da. No se trata de esforzarse para llorar, a ver si cae una lagrimita pensando en mi pecado. Es pedir el don de llorar el pecado, es una gracia, una luz que recibes en un momento al descubrir interiormente la fealdad del pecado. Pidamos la gracia de llorar  nuestro pecado.

•  La vemos a ella arrepentida, dispuesta a que no vuelva a pasar, determinada a que no vuelva a pasar, con ganas de hacer un cambio en su vida y dejar atrás tantas cosas negativas...

   Buena lección para nosotros, que somos un poco indolentes, condescendientes, con nuestras caídas. ¿Nosotros no hemos de dejar nada atrás? ¿No hay nada que nos gustaría quitar de nuestros comportamientos?, pienso que sí...

•  Y, finalmente, la vemos a ella, por lo que dice Jesús, llena de amor, ha experimentado el amor de Dios, de un Dios que perdona siempre, que no se cansa nunca de perdonar, “Porque tiene mucho amor”... Estoy seguro que unas horas antes, o un día, o días antes, había escuchado a Jesús hablando de un Dios que busca la oveja perdida, de un Dios que ha venido a buscar los pecadores, de un Dios médico que se acerca a los enfermos. ¡¡Y ella se lo ha creído!! Ha tenido fe en la palabra de Jesús. Y esta fe la ha salvado. Ha recibido mucho, por esto ama mucho.

Si hacemos el ejercicio de ponernos en la situación de la mujer pecadora, nos descubriremos mirados por Jesús, amados por Jesús, perdonados por Jesús.

Francesc Jordana







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