jueves, 19 de mayo de 2016

TEMPORADA BBC (BODAS,BAUTIZOS,COMUNIONES)



Solo Dios sabe lo que se cuece en lo más profundo de nuestro corazón y por eso mismo, dejándole a Él ese conocimiento, no dejo de sorprenderme de la capacidad que tiene el ser humano de hacer difícil lo fácil y de andar centrando la preocupación en lo que no es lo principal.
Vamos a celebrar, en cualquiera de los tres eventos, un sacramento, donde lo principal es la fe; lo celebramos en el templo, en comunidad, en torno a la Eucaristía, escuchando la Palabra, orando, agradeciendo… Viviendo con alegría ser hija de Dios y celebrar, ante él, que llega un nuevo miembro a la comunidad eclesial, que alguien quiere ser más amiga o amigo de Jesús, que una pareja se compromete ante Dios…



Y luego viene todo lo demás… que no digo yo que no sea importante pero no es lo fundamental: ni los vestidos, ni las joyas, ni el banquete, ni los regalos… Y es aquí donde más nos ocupamos y preocupamos. Y no solo quienes son los protagonistas del día sino quienes acompañan… He oído resoplidos de gente que había sido invitada a una Primera Comunión, a gente que tenía que ir a una boda familiar y a quien había sido escogido como padrino no por su fe sino por su parentesco… Y luego quienes resoplan por los derroches en banquetes, regalos y vestidos a los que nos arrastra esta sociedad en la que vivimos.


Como lo de ser cristiana es ir contracorriente, yo (nosotros), en las celebraciones que hemos organizado en nuestra familia, me siento así, contracorriente. Este año celebramos una Primera Comunión en la familia y oír a nuestro peque decir cómo está (“nervioso y contento porque voy a tomar el pan de Jesús y así ser más amigo suyo y eso es un paso muy importante”) me hace sentir que sabe que vamos a celebrar lo importante. Celebraremos lo que vivimos, viviremos lo que celebramos.

Cristina Plaza (Publicado en Fe adulta)


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