sábado, 21 de mayo de 2016

LETANÍAS, UN PIROPO A LA VIRGEN


De todos es sabida la primordial importancia que tiene en orden a conseguir la salvación eterna, el rezo diario del Santo Rosario. La Santísima Virgen prometió a Santo Domingo de Guzmán y a otros santos la salvación a quien rece el Rosario diariamente. Si algún día por motivos de trabajo, cansancio o enfermedad no podemos rezarlo entero la Virgen valorará si al menos le ofrecemos un misterio, que será para ellas una decena de rosas, perfumadas con nuestro esfuerzo.
En esta excelsa oración pedimos a la Santísima Virgen que ruegue por nosotros 50 veces, en el momento presente y sobre todo en el momento de la muerte. La Virgen atenderá esta súplica cuando llegue el momento como Madre amorosísima que es.

Pero además de las Avemarías son también especialmente importantes las invocaciones de las Letanías. Cada una de ellos es como un piropo a la Virgen. Cuando nos dirigimos a Ella como “Santa Madre de Dios”, “Madre de la Divina Gracia”, “Santa Virgen de las Vírgenes”, “Madre Purísima”, “Virgen prudentísima”, “Puerta del Cielo”, “Casa de Oro”, “Trono de la Sabiduría” o “Refugio de pecadores” etc…podemos estar seguros de que la hacemos muy feliz en ese momento.

La Virgen se complace en estos piropos no por sí misma sino porque estas facetas que ensalzamos en las letanías son gracias que ha recibido de Dios. También de paso el rezar las letanías a diario tiene una función contemplativa, pues vamos meditando en los grandísimos dones con los que ha colmado el Altísimo a su Madre. Todo ello nos envuelve en una atmósfera mariana de pureza y de fervor que nos aparta del pecado y nos hace, dentro de nuestra pobreza, ser imitadores de María.
Además a cada invocación sigue la súplica “ruega por nosotros”. La Virgen ruega a Dios por nosotros tantas veces cómo lo pidamos. La única oración que se pierde es la que no se hace. Y dado que Dios concede todo lo que su Madre le pide, esa será la mejor forma de obtener todas las gracias que necesitamos durante la vida. Y también nos aseguraremos la intervención decisiva de nuestra Madre para garantizar nuestra salvación eterna. Ella nunca olvidará a quienes la han amado y honrado.


Así pues, recemos diariamente el Santo Rosario y un día, cuando seamos inmensamente felices en las mansiones celestiales nos felicitaremos por haberlo rezado muchas veces, incluso aunque muchos días no nos apeteciera. Nunca un pequeño sacrificio de 20 minutos más o menos habrá sido tan rentable, pues nos conseguirá una eternidad de alegría sin fin. Si lo rezamos en familia tiene mucho más valor aún y si lo hacemos con la intención sincera de no pecar más obtenemos la indulgencia plenaria.

Fuente: " En Cristo y María"   Autor: Rafaél María Molina Sánchez







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