miércoles, 31 de octubre de 2012

NUESTRO ANIVERSARIO

Hace sólo 69 años  las Hnas. Marie du Sacré Coeur et Maria Montserrat (esta hermana del P. Vallet) comenzaban la hermosa aventura de nuestra Fundación. 
Comienzos sencillos, humildes, de una Congregación sencilla, humilde. Pocas veces hemos pasado de 70 hermanas en todo el mundo, entre nuestras comunidades argentinas, uruguayas, españolas, francesas y suiza. 
Pero creemos en la grandeza de nuestra vocación y del llamado que hemos recibido del Señor. Por eso os invitamos a uniros a nuestra acción de gracias y os compartimos el siguiente texto que en los comienzos escribió sobre las Cooperatrices nuestro querido Fundador.

 
"Vidas fecundas. Virginidad fecundísima. Anonadarse en una vida de trabajo, de oración y de penitencia, para que el sacerdote, los misioneros y sus hermanos auxiliares puedan multiplicar su apostolado cerca del hombre adulto, jefe de la sociedad.
He aquí el programa de las Cooperatrices Parroquiales de Cristo Rey para la transformación del hombre...


Y llegarán al cielo; y en los umbrales de la Gloria, multitud de niños graciosísimos, de doncellas agradabilísimas, y de mujeres, de esposas, de madres, las aguardarán.
¡Tu gloria, Jerusalén; tu laetitia, Israel; tu honorificentia populi nostril
Entre aclamaciones de júbilo y de triunfo la ensalzarán subiéndola hasta el trono del Esposo, Altísimo Señor; ésta es la desconocida por cuyos oscuros desvelos en penosos trabajos materiales, por cuyas ignoradas oraciones y penitencias se convirtió aquel ser de mi corazón que se llamaba padre, aquel que fue mi esposo, mi hijo..., el que fue mi patrón. Su conversión y santificación causó la transformación de todo el hogar, de todo el taller, de todo el despacho...


La conversión de aquel cineasta, cínico explotador de las pasiones humanas; la de aquel periodista lascivo, agente de perversión; la de aquel...
¡Tu gloria, Jerusalén; tu laetitia, Israel; tu honorificentia populi nostri!
Séanos permitida esta aplicación en pro de la mujer virginal que ha comprendido el valor de la transformación del hombre, dueño de los destinos del mundo, y ha sabido cooperar a la salvación y santificación de sus almas y de las almas de sus almas.


¡Cooperatriz Parroquial de Cristo Rey! ¡Pronta! Como María y las santas mujeres.
Como esta Reina Celestial y sus santas doncellas. ¡Pronta! Como Ella con ellas, al servicio del Cenáculo, de los Apóstoles y los discípulos hasta la Pentecostés; así vosotras al de sus sucesores en las perennes Pentecostés de los cenáculos de las casas de Ejercicios.
¡Prontas! ¡Prontas a todo y para siempre jamás!
"
P. Vallet

martes, 30 de octubre de 2012

Qué sentido tiene la fe en un mundo de ciencia y técnica



Hoy quisiera reflexionar con ustedes sobre lo elemental: ¿qué es la fe? ¿tiene sentido la fe en un mundo donde la ciencia y la tecnología han abierto nuevos horizontes hasta hace poco impensables? ¿qué significa creer hoy en día? En efecto, en nuestro tiempo es necesaria una educación renovada en la fe, que abarque por cierto el conocimiento de sus verdades y de los acontecimientos de la salvación, pero que, en primer lugar, nazca de un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo, de amarlo, de confiar en Él, de modo que abrace toda nuestra vida.
En la actualidad, junto con tantos signos buenos, crece también en nuestro alrededor un desierto espiritual. A veces, se tiene la sensación – ante ciertos acontecimientos de los que recibimos noticias cada día – de que el mundo no se encamina hacia la construcción de una comunidad más fraterna y pacífica, las mismas ideas de progreso y bienestar muestran también sus sombras. 
A pesar de la grandeza de los descubrimientos de la ciencia y de los avances de la tecnología, el hombre de hoy no parece ser verdaderamente más libre, más humano, permanecen todavía muchas formas de explotación, de manipulación, de violencia, de opresión, de injusticia ... Además, un cierto tipo de cultura ha educado a moverse sólo en el horizonte de las cosas, en lo posible, a creer sólo en lo que vemos y tocamos con nuestras manos. Pero por otro lado, aumenta también el número de personas que se sienten desorientadas y que tratan de ir más allá de una visión puramente horizontal de la realidad, que están dispuestas a creer en todo y su contrario. 

En este contexto, vuelven a surgir algunas preguntas fundamentales, que son mucho más concretas de lo que parecen a primera vista: ¿qué sentido tiene vivir? ¿hay un futuro para el hombre, para nosotros y para las generaciones futuras? ¿en qué dirección orientar las decisiones de nuestra libertad para lograr en la vida un resultado bueno y feliz resultado ser un éxito y una vida feliz? ¿qué nos espera más allá del umbral de la muerte?
De estas preguntas que no se logran apagar, emerge cómo el mundo de la planificación, del cálculo exacto y de la experimentación, en una palabra, el conocimiento de la ciencia, si bien son importantes para la vida humana, no son suficientes. 
Nosotros necesitamos no sólo el pan material, necesitamos amor, sentido y esperanza, un fundamento seguro, un terreno sólido que nos ayude a vivir con un sentido auténtico, incluso en la crisis, en la oscuridad, en las dificultades y problemas cotidianos. La fe nos da precisamente esto: en una confiada entrega a un "Tú", que es Dios, el cual me da una certeza diferente, pero no menos sólida que la que proviene del cálculo exacto o de la ciencia.
La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios, es un acto con el cual me entrego libremente a un Dios que es Padre y me ama, es adhesión a un "Tú" que me da esperanza y confianza.
Ciertamente, esta unión con Dios no carece de contenido: con ella, sabemos que Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, que hizo ver su rostro y se acercó realmente a cada uno de nosotros. Aún más, Dios ha revelado que su amor al hombre, a cada uno de nosotros es sin medida: en la Cruz, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre nos muestra, en la forma más luminosa, hasta dónde llega este amor, hasta darse a sí mismo hasta el sacrificio total.
Con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad, para volverla a llevar hacia Él, para elevarla hasta que alcance su altura. La fe es creer en este amor de Dios, que nunca falla ante la maldad de los hombres, ante el mal y la muerte, sino que es capaz de transformar todas las formas de esclavitud, brindando la posibilidad de la salvación.
Tener fe, entonces, es encontrar a ese "Tú," a Dios, que me sostiene y me concede la promesa de un amor indestructible, que no sólo aspira a la eternidad, sino que la dona; es entregarme a Dios con la actitud confiada de un niño, que sabe que todas sus dificultades y todos sus problemas están a salvo en el "tú" de la madre. Y esta posibilidad de la salvación por medio de la fe es un don que Dios ofrece a todos los hombres. 
Creo que deberíamos meditar más a menudo - en nuestra vida cotidiana, caracterizada por problemas y situaciones a veces dramáticas – sobre el hecho de que creer cristianamente implica ese entregarme con confianza al sentido profundo que me sostiene - a mí y al mundo – ese sentido que no somos capaces de darnos nosotros mismos, sino que sólo podemos recibir como don, y que es el cimiento sobre el cual podemos vivir sin miedos. 
Y debemos ser capaces de proclamar y anunciar esta certeza liberadora y tranquilizadora de la fe, con palabras y con nuestras acciones para mostrarla con nuestra vida como cristianos.
A nuestro alrededor, sin embargo, vemos cada día que muchas personas son indiferentes o se niegan a aceptar este anuncio. 
Al final del Evangelio de Marcos, hoy tenemos palabras duras de Resucitado que dice: "El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará." (Marcos 16:16). Se perderá a sí mismo. Os invito a reflexionar sobre esto. La confianza en la acción del Espíritu Santo, siempre nos debe empujar a predicar el Evangelio, a dar testimonio valiente de la fe; pero, además de la posibilidad de una respuesta positiva al don de la fe, también existe el riesgo de rechazo del Evangelio, de no querer recibir el encuentro vital con Cristo. 
San Agustín ya ponía este problema en un comentario sobre la parábola del sembrador: "Nosotros hablamos - decía- tiramos la semilla, esparcimos la semilla. Hay quienes desprecian, hay los que critican, los que se burlan. Si les tememos, no tenemos nada que sembrar y el día de la cosecha perderemos la cosecha. Así pues, venga la semilla de la buena tierra".
El rechazo, por lo tanto, no nos debe desalentar. Como cristianos, somos testigos de este suelo fértil, nuestra fe, incluso dentro de nuestros límites, demuestra que hay buena tierra, donde la semilla de la Palabra de Dios produce frutos abundantes de justicia, paz y amor, de nueva humanidad, de salvación. Y toda la historia de la Iglesia, con todos los problemas, demuestra también que existe la tierra buena, existe la semilla buena que da fruto.
Pero preguntémonos: ¿de dónde saca el hombre aquella apertura de corazón y de la mente para creer en el Dios que se ha hecho visible en Jesucristo, muerto y resucitado, para recibir su salvación, para que Él y su Evangelio sean la guía y la luz de la existencia? 
Respuesta: Podemos creer en Dios porque Él viene a nosotros y nos toca, porque el Espíritu Santo, don del Señor resucitado, nos hace capaces de acoger el Dios vivo. 
La fe es, pues, ante todo un don sobrenatural, un don de Dios
El Concilio Vaticano II afirma, cito: " Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, y son necesarios los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad".
 La base de nuestro camino de fe es el bautismo, el sacramento que nos da el Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios en Cristo, y marca la entrada en la comunidad de fe, en la Iglesia: no se cree, sin prevenir la gracia del Espíritu; y no creemos solos, sino junto con los hermanos. A partir del Bautismo cada creyente está llamado a re-vivir y hacer su propia confesión de fe, junto con sus hermanos.
La fe es un don de Dios, pero también es un acto profundamente humano y libre. El Catecismo de la Iglesia Católica lo dice claramente: "Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre "(n. 154). 
Es más, las implica y los exalta, en una apuesta de vida que es como un éxodo, es decir: un salir de sí mismos, de los propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acción de Dios que nos muestra su camino para conseguir la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la verdadera alegría de corazón, la paz con todos. 

Creer es confiarse libremente y con alegría al plan providencial de Dios en la historia, como lo hizo el patriarca Abraham, como lo hizo María de Nazaret. La fe es, pues, un consentimiento con el que nuestra mente y nuestro corazón dicen su "sí" a Dios, confesando que Jesús es el Señor. Y este "sí" transforma la vida, le abre el camino hacia una plenitud de sentido, que la hace nueva, rica de alegría y esperanza fiable.
Queridos amigos, nuestro tiempo requiere cristianos que han sido aferrados por Cristo, que crezcan en la fe a través de la familiaridad con las Sagradas Escrituras y los Sacramentos
Personas que sean casi como un libro abierto que narra la experiencia de la vida nueva en el Espíritu, la presencia del Dios que nos sostiene en el camino y nos abre a la vida que no tendrá fin. Gracias.

lunes, 29 de octubre de 2012

Gozo y optimismo




Se ha clausurado el Sinodo de los obispos para la nueva evangelizacion.


Los participantes han manifestado un immenso gozo y optimismo por lo vivido y compartido a lo largo de esas tres semanas de intercambio y trabajo inmenso. Antes de nada se han sentido evangelizados los unos por los testimonios de los otros.

  El Santo Padre senalo tres lineas fundamentales que destacan del trabajo de estos dias:
En primer lugar destacó la importancia de los sacramentos.
2- la necesidad de llevar el mensaje del Evangelio a los pueblos donde todavía no lo conocen y también mostrarlo a los inmigrantes que llegan desde esos lugares a los países donde sí hay cristianos.
3- La tercera línea de actuación consiste en revitalizar la fe las personas bautizadas que por diversos motivos han perdido el sentido de su vida.

Sigamos rezando para que este Sinodo dé los frutos que la Iglesia y el mundo actual tanto necesita para que Cristo sea conocido y amado


domingo, 28 de octubre de 2012

EJERCICIOS ESPIRITUALES


 
¿Qué aportan los Ejercicios Espirituales?
Ayudan a ver claro en la propia vida,
a tomar decisiones bien pensadas y constructivas
a unificar la vida, a darle un sentido en el encuentro con Cristo. 
 
 
¿A quienes se dirigen los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola?
A todo tombre que quiera hacer de su vida algo bello y grande.
A todo hombre creyente o increyente en búsqueda.
A todo hombre tomado por el torbellino de la vida.
A todos los que aspiran a discernir una vocación.
A todo cristiano que desea vivir más plenamente su Bautismo y sus compromisos.


 

sábado, 27 de octubre de 2012

María la primera laica misionera



  "Como Madre de la Iglesia no podemos olvidar a María en la Nueva Evangelización en su calidad original de Portadora de la Palabra y del Espíritu, transmitiendo gozo.
 La Visitacion resalta: 
1) la figura de María como la primera mujer laica misionera con participación activa protagónica. 
2) La reacción de María al instante: escucha la Palabra y se pone en acción (Lc. 8,19-21; 11,27s). 
3) Su permanencia con Isabel habla de amor, paciencia, dedicación y espíritu de servicio (Lc. 1, 56). 
4) Cómo María visita hoy a sus hijos, transmitiendo a Cristo. 
5) Una Nueva Evangelización con obras, y no sólo con palabras, con su estancia de tres meses posibilitó un encuentro prolongado de Isabel y su entorno familiar con la Palabra hecha carne en la cotidianidad. 
6) Un modelo sencillo (paradigma) de una nueva Iglesia en Misión Permanente, que se presenta más maternal, más acogedora, más humilde, pobre y servicial, en medio de sus hijos, en camino con el Pueblo de Dios, enseñando a vivir en Comunión .
  Hoy María es la protagonista de una Nueva Visitación, a los hogares de nuestros pueblos. 
  Esta Nueva Visitación será bien acogida, a semejanza de la reacción de Isabel que con humildad y gozo salió a recibir a María, preguntándose “quien era ella para que viniera a visitarla la Madre de su Señor” (Lc. 1,43). 
  Esta es la imagen de la Nueva Evangelización, producto de la Conversión Pastoral: la Iglesia como Madre, va al encuentro de sus hijos dispersos. Este método trae un nuevo ardor. Es una expresión eclesial que despierta mucha vida. Es como una onda expansiva, que sola se abre camino en los barrios."

Monseñor Catalino Claudio Giménez Medina, 
de los padres de Schönstatt, obispo de Caacupé

viernes, 26 de octubre de 2012

ESTRATEGIAS PARA LA VIDA DE MATRIMONIO


La vida en pareja sufre a lo largo del tiempo gran cantidad de altibajos, que junto con la rutina y el cansancio pueden ir agotando la relación entre ambos miembros. Tan es así que a veces necesita que le echemos un poco de agua para que, como la primavera,  reviva de nuevo.
Suele pasar que cuando la pareja decide comprometerse y vivir una vida juntos, se les olvida aquel tiempo de noviazgo en donde ambos disfrutaban. Todo era más fácil por ser una etapa de mayor enamoramiento y romanticismo. Con el tiempo cuando se llega al matrimonio, se funda un hogar, se tienen  hijos, etc. el galanteo y la seducción se van perdiendo como si eso no se pudiera seguir realizando, y todo se inunda de negatividad, e incluso a veces los conflictos entre ellos se esconden en los hijos. 
 
Si es cierto que todo no puede volver a ser como antes, porque las etapas de la vida requieren vivir su momento, no significa que no volvamos a redescubrir el amor. 
Por tanto, ¿Por qué no dejamos de añorar esas cosas propias del día de San Valentín y  nos ponernos manos a la obra para acrecentar el amor en la pareja?
Pues bien una manera para contextualizar todo esto es hacer un proyecto de marketing.Así lo recomiendan dos autores que aplican las estrategias del mercado a la relación de pareja (David Suriol y Miguel Janer).

La base fundamental de este proyecto es que ambos se comprometan y acuerden en realizarlo, lo que va a requerir un importante esfuerzo por ambas partes. Pues el amor no es solo un sentimiento, es una actitud. Solo basar la relación de pareja en lo sentimental no es suficiente. Además hay que poner inteligencia y voluntad. Digamos que para  regalar un ramo de rosas hay que  pensar cómo regalarlo.
Así que empecemos a plantearnos este análisis que denominamos: DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades).  
 
1. Debilidades. Entendidas como aspectos que sabemos que son frágiles en mi relación de pareja. Así por ejemplo: si a mí, cuando llego a casa cansado/a, no me gusta que nada mas abrir la puerta me comenten problemas, voy a decirlo para no hacer de esa entrada en el hogar solo un lugar en donde den cabida los problemas.
2. Amenazas. Son aquellos factores que precipitan que haya una mayor inestabilidad en la pareja. Así por ejemplo, si cuando hay algún tema dentro de la pareja que no me gusta tratar y yo lo esquivo continuamente; puede producir la sensación de no prestar atención a algo que es importante para la relación de pareja. Por lo cual podríamos acordar que determinados temas que nos agobian en lo que respecta a la pareja podemos plantearlos de forma abierta, en un momento concreto y después no volverlo a tocar una vez resuelto.

3. Fortalezas. Son aquellos aspectos que ambos sabemos que benefician a nuestra relación. Así por ejemplo: tanto a mi marido o a mi mujer o viceversa nos gusta hacer una actividad juntos y es lo que echamos de menos. Podríamos dedicarnos a recuperar eso que antes nos gustaba tanto.
4. Oportunidades. Son aquellos momentos que a veces se nos presentan y podemos servirnos de ellos para ver como va nuestra relación. Pues a veces dentro de mi relación de pareja considero que se me presentan ciertos momentos que desaprovecho. Así por ejemplo: cuando tenemos un rato juntos sin que estén nuestros hijos, u otras personas podemos charlar de nosotros, de lo que afecta a nuestra pareja en términos positivos.

Todo esto, continuado en el tiempo, junto con sorpresas o momentos extraordinarios que podamos aprovechar es lo que enriquece la relación de pareja.
Así podríais elaborar, cada uno individualmente, una lista de cosas que le guste bien a tu marido o a tu mujer. No suponiendo nada, sino hacer memoria de las cosas que al oteo le han agradado en otras ocasiones. Tu marido o mujer no tiene que ver esta lista en ningún momento. Se trata de hacer una lista con cosas sencillas, que una vez a la semana podéis ir haciendo, siempre de manera que el otro no pueda anticipar la sorpresa.

Espero que de alguna manera esto os sirva para que reflexionéis sobre cómo va vuestro matrimonio y qué podéis poner en marcha a partir de ahora, para siempre mejorarlo.
Mª Del Carmen González Rivas







miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Por qué una Nueva Evangelización?


   Seguimos con gran interés el Sínodo de los obispos reunidos entorno a Benedicto XVI en Roma este mes. Os compartimos los extractos de una intervención que nos parece interesante y estimuladora.

 
  Si es “nueva”, entonces, ¿qué ha perdido el pueblo cristiano?, ¿qué, como Iglesia, no hemos sabido ofrecerle? 
   No es posible realizar la Nueva Evangelización sin abrirse a la acción del Espíritu Santo y a su gracia, pues Él es quien otorga los carismas para el anuncio de Jesucristo y el servicio a la sociedad como discípulos de Jesús. El Espíritu es quien hace realidad la alegría y el gozo con el que hay que evangelizar.

    Sin un modo de autocomprensión y de ser y estar en el mundo contemporáneo que profundice la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia no podrá empeñarse en una Nueva Evangelización. Es fundamental definir la relación “Iglesia-mundo actual”. De no hacerlo, seguiríamos dando la impresión de “institución”, y no de asamblea reunida en torno a Jesucristo, donde todo lo humano tiene cabida. Es esta comunidad de fe y de discípulos misioneros al servicio del mundo (diakonia), la que recibió la misión de anunciarlo.
   No hablamos de Nueva Evangelización sólo porque los otros han cambiado. Es hora de preguntarnos: ¿qué pecados tiene la Iglesia que nos han llevado a una Nueva Evangelización? Un estado de la cuestión sobre la Iglesia en si misma y su lugar en el mundo es imprescindible a la hora de una Nueva Evangelización.

    La comunión es la fuente y el fruto de la Nueva Evangelización, porque Dios trino, de quien procede la Iglesia y a quien la Iglesia tiene que anunciar, es relación y comunión y, además, porque hoy vivimos en una sociedad particularmente individualista. Esta comunión trinitaria es la que hace realidad la comunión efectiva entre nosotros y es de aquí de donde debe brotar la misión. Esto también es esencialmente trinitario...


   La fuente de la Nueva Evangelización es Dios Trino. Quién evangeliza es Dios Padre, quien por amor, conduce su designio salvador para la humanidad; es Dios Hijo, quien con su misterio pascual es oferta de gracia y verdad; es el Espíritu Santo, quien hace posible la comunión con Dios salvador en el seno de la Iglesia y el corazón de los creyentes; el Espíritu es quien acompaña y sustenta a los evangelizadores.
   La Nueva Evangelización tiene por contenido el anuncio por la palabra y el testimonio de Cristo Resucitado, vivo, cercano, fuente de amor. Este anuncio y testimonio tiene que llevar al encuentro personal con Él y, en Él, con el Padre.
    La familia es un ámbito de primera importancia cuando se piensa en qué hay que evangelizar (destinatario), pero también cuando se piensa en quién tiene que evangelizar (sujeto). Dentro de la familia, los niños son los primeros destinatarios de la evangelización de padres evangelizados.
    Es indispensable valorar y fortalecer la labor de los catequistas y de la catequesis. Con catequistas bien formados se puede desarrollar una catequesis que se entienda y practique como proceso de discipulado, es decir, como una real experiencia de fe en el seguimiento del Señor.
   Para este proceso se requieren formas inteligibles (lenguajes) de dirigirse a la gente de hoy considerando sus anhelos y culturas.

    Sin la función evangelizadora de los fieles laicos en su ámbito propio, que es la gestión de la vida familiar, social, política, económica y cultural, no habrá Nueva Evangelización. Pero éstos requieren una formación integral y el reconocimiento efectivo de que son corresponsables en la tarea del Reino. La vocación y misión de los laicos requiere una profunda reflexión sobre la valencia teológica de la secularidad, de su inserción en el mundo, sobre todo en los nuevos areópagos, y de su participación en la Iglesia. Al respecto, habría que revisar qué servicios eclesiales habría que confiar a los laicos teniendo en cuenta la Nueva Evangelización y los nuevos escenarios.
   El estilo de la Nueva Evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe; por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracteriza por “imponer”, sino por “atraer”.
    Evangeliza una Iglesia pobre que renueva su opción por los pobres y marginados, como Cristo Jesús, pues ellos, son destinatarios privilegiados de la salvación. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
   El lenguaje, como mediación para comunicar la Buena Nueva de Jesucristo, requiere una atención especial. Se hace necesario un examen de conciencia sobre nuestro uso del lenguaje y si somos capaces o no de expresarnos en un mundo donde hay nuevos lenguajes. Nuestro lenguaje peca de clericalismo.
   La renovación de la Iglesia particular y, en ella, la renovación de la parroquia, para replantearla como casa y escuela de comunión, lugar eclesial de espiritualidad y donde se aprende la comunión y la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con mayor razón hoy, cuando se diluye la persona y aparece el individuo o la masa. 
    La Nueva Evangelización pasa por una parroquia de “rostro nuevo”, capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad. Las parroquias debieran ser una red de comunidades eclesiales que, en sus concretos contextos, sustenten la fe en Cristo Jesús y su seguimiento y, por lo mismo, el crecimiento en la dimensión humana integral. Estos “cuerpos eclesiales” (las parroquias y sus comunidades) son los llamados a mostrar al Señor resucitado, que da vida y sentido a la existencia. 
  Quizás el problema más acuciante de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales.
Monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, 
obispo auxiliar de Valparaíso, Chile