lunes, 10 de septiembre de 2012

Jesús me llamó y le dije que si…




   Jesús me llamó y le dije que si, le dije aquí estoy, quiero ser tuyo, quiero seguirte, Tu diste la vida por mi y por cada hombre y misteriosamente me propusiste unirme a Ti, entregando también la mía unida a la Tuya. Como negarme? Como decir no a Dios, viendo la grandeza de su Amor?
   El tomó  en serio mi respuesta, que no fue nada fácil…, pero aquí estoy, celebrando, por su Divina Misericordia, mis 25 años de Vida consagrada.
   Quiero sobre todo reconocer, como lo hice el día de la celebración litúrgica, que es El realmente quien ha sido fiel en estos años, quien tiene el mérito de haberme sostenido, de haber mantenido para mí su elección, a pesar de mi pequeñez y mis tantas pobrezas. Es Él quien me hizo perseverar hasta hoy. Por eso acepté poner por escrito sucintamente mi historia de seguimiento de Cristo.


   Tenía 26 años cuando Jesús me llamo, era el 5 de julio de 1984, de un modo muy claro, muy profundo y radical. Ocurrió esa tarde cuando fui a la misa de semana a la parroquia “San José” en la ciudad donde vivía, trabajaba, estudiaba, noviaba… Fui con el deseo de encontrarme, “no con los consuelos de Dios, sino con el Dios de los consuelos”, es decir, con Dios como único bien; no con lo que El me pudiera dar según mis deseos y necesidades del momento. Inconscientemente, el “solo Dios basta” de Santa Teresa, era el deseo que me habitaba. Así fue que, después de haber comulgado, haciendo la acción de gracias de rodillas, sentí claramente en mi interior la invitación de Jesús a dejar todo para seguirlo, a comenzar una nueva vida perteneciéndole totalmente y solo a Él, consagrándole mi vida. Enseguida, junto con este sentimiento, con esta idea, me vino una paz y un gozo inmenso, indescriptible, en lo más profundo de mi alma.


   No se trataba del sacerdocio en ese momento, sino de la vida consagrada a Dios, de simplemente vivir y manifestar con la vida lo de San Pablo: “lo que tenía como ganancia (trabajo, noviazgo, proyectos humanos…), lo he considerado como una desventaja a causa de Cristo. Y aun todo lo considero por pérdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor todo lo sacrifiqué, y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo” (Fil 3, 7-8). Este texto lo elegí para la Misa cuando hice mi primera profesión.


   En el mismo momento de la llamada, sentí que esto tenía que realizarlo con los Cooperadores, a quienes conocía bastante y había hecho con ellos dos veces los Ejercicios Espirituales, la primera a los 18 años, que me habían hecho muchísimo bien. Por qué con los Cooperadores? Primero, porque apreciaba mucho la espiritualidad ignaciana, los retiros en silencio, propio de los cpcr, y segundo, porque los veía trabajar con verdadero interés y entrega en su difusión, beneficiando tanto a tantos hombres de tantas parroquias, mi padre entre ellos. Los había visto hacer esto con auténtico espíritu evangélico y misionero, lo cual me atraía mucho. El estilo de vida comunitaria y personal también me atrajo con fuerza, por eso ingresé a la Casa de formación, el 31 de octubre de 1984, habiendo dejado todo realmente, con el deseo sincero “no de ser servido sino de servir”, de hacer parte de esta familia Religiosa para colaborar en la construcción del Reino.


   Qué gracia inmensa haber sido llamado!! Qué gran gracia haber respondido que si!! Qué gracia enorme haber perseverado hasta ahora!!
   Esta llamada sorpresa a dejarlo todo por Cristo, se renovó en 2001, con 14 años de consagrado y 8 de sacerdocio,  cuando mi Superior General, el P. Pedro Luisier, me dijo que había sido elegido para ir a fundar al Congo, para ir a instalar una primera y nueva comunidad en el África. Me pareció una locura, puse objeciones pero sin decir nunca que no, y pedí tiempo para digerir esta noticia. Pronto tuve signos de que esto realmente venia de Dios, entre otros, sentí que Santa Teresita estaba de algún modo en este asunto.  En oración, relacioné esta llamada con la primera, igualmente inesperada y acepté gustoso una vez más esta nueva elección de Jesús. Con María Santísima dije: “que se haga en mi según tu palabra”.


   Fue una bendición haber obedecido, aunque fuera costoso dejar de nuevo todo quitando mi país, mi comunidad, amistades, mis actividades habituales, proyectos, alejarme tanto de mi familia, para ir primero a aprender el francés en Suiza unos meses y luego partir al Congo como superior y formador. Una realidad nueva nos esperaba allá, una nueva cultura tan distinta a la nuestra, pero tan rica y maravillosa al mismo tiempo. El desafío era grande: sembrar la semilla  del Carisma cpcr en el continente africano y cultivarla con hermanos africanos, de color, y para el bien de ellos, de la Iglesia en ese lugar del mundo.
Una nueva etapa en mi vida, que me exigió y me marco mucho, pero que a la vez me enriqueció en todos los aspectos de mi persona. Jesús quiso hacerme su consagrado, su sacerdote, su misionero en el Congo: un gran misterio de su elección sobre mí. Hoy tenemos la satisfacción de contar con sacerdotes y hermanos Cooperadores Parroquiales congoleños. 


   Un tercer llamado yo sospechaba que podía haber en mi vida, y pensaba que podría ser el martirio, completando así el Señor su obra en mi. Es verdad que lo imaginaba en el Congo, sabiendo los peligros que hay frecuentemente para los religiosos allá, aunque esto nunca me quito el sueño. Pero creo que lo ha querido con mi enfermedad, el cáncer, que me visita periódicamente desde 2008, primera operación, 2010 la segunda, 2012 la tercera…, y estoy actualmente convaleciente en Francia esperando la cuarta en el mes de octubre, si Dios quiere.
   Vivo intensamente esa entrega que he hecho de mi vida a Jesús hace 25 años, y la renuevo frecuentemente, uniéndome a Su ofrenda sobre el altar de la Cruz, para gloria de Dios Padre y salvación de los hombres. Jesús crucificado por amor al Padre y a la humanidad, expresión sublime del Amor Misericordioso de Dios por la humanidad, llenan de sentido mi existencia, mi situación actual. El quiere completar la obra que comenzó en mí desde mi Bautismo: identificarme con Él lo más y mejor posible.


   La enfermedad y las operaciones, las limitaciones y sufrimientos, me han permitido crecer en el abandono confiado en las manos del Padre Dios, en la aceptación incondicional de su santa voluntad. El “No hay mayor amor que dar la vida por los que se ama” dicho por Jesús, es lo que su gracia me hace vivir en estos momentos, siendo su consagrado. Según mi nueva vocación, puedo decir con San Pablo: “ahora me alegro de mis padecimientos por ustedes y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”. Es mi apostolado. Además una esperanza cierta me asegura que más allá de todo sufrimiento, una alegría sin fin nos espera. Lo mejor está por venir…
   La vocación es una historia de llamadas y de respuestas, pero es sobre todo una historia de amor cada vez más profundo y purificado entre Dios y la persona elegida. Las circunstancias de la vida, no hacen sino ayudar para que esa Alianza entre Dios y el consagrado, crezca y se consolide hasta su plenitud, que es la unión e identificación con Cristo crucificado.

P. Francisco con su madre y su hermano
   La celebración de estos 25 años de Vida consagrada ha significado para mí una nueva manifestación del Amor Misericordioso de Jesús, por lo que creo justo darle gracias, alabarlo, reconocer que es Su obra en mí, obra de su gracia. Mi solo deseo es el de seguir diciéndole SI a sus llamadas, dejar que El complete su obra, que las personas conozcan y amen a este Dios que es Amor, y que su nombre sea glorificado.
   Gracias a todos cuantos me acompañan en esta celebración. Todos estáis en mi recuerdo y oraciones, en mi ofrecimiento a Dios renovado. Que Dios os bendiga!
                                                                                         P. Francisco Cergneux cpcr

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