domingo, 14 de febrero de 2016

Cuaresma, un tren que pasa




Queridos hermanos y hermanas,

La Cuaresma es como un tren que pasa, y nosotros lo hemos de coger. Y no es del todo fácil. Me explico: la Cuaresma pasa todos los años, siempre con la misma duración, siempre cuarenta días, siempre alrededor de la primavera, siempre nos coge un poco por sorpresa, siempre se nos invita a la conversión, siempre es preparación para la Pascua. Precisamente, por esto, por este “siempre”, parece que no importa demasiado dejarla pasar, ¡otra vez será!

¡¡Pero, no es así! Hay trenes que sólo pasan una sola vez. Sólo ahora tendrás la edad que tienes. Sólo ahora vives lo que estás viviendo. Sólo ahora Dios te puede dar unas gracias concretas para este momento que vives. Sólo ahora...  Quizás, el año que viene no estés, o estés enfermo, o no tan concentrado como ahora.

La Cuaresma es un tren que pasa y que lo hemos de coger. Y este tren va pasando por diversas estaciones, muy diferentes entre sí. Es bueno pararse en todas las estaciones, no saltárselas, no tomar atajos. No podemos llegar a la Pascua antes de tiempo. Nos hace falta un tiempo de preparación. Estas estaciones son los domingos, las prácticas cuaresmales (ayuno, caridad y oración), la celebración del perdón, y otras...



Hoy este evangelio nos muestra algunas paradas de este itinerario:

...y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto…”. Jesús marcha al desierto, lugar de la soledad, del silencio, lugar para olvidar tantas cosas y centrarse en lo esencial. Y después del desierto empezó su vida pública. El desierto ha sido  importantísimo para Jesús.

Podría ser una parada de nuestro itinerario, hacer un fin de semana de desierto, de receso. Este año os volvemos a hacer una propuesta de  Ejercicios Espirituales parroquiales. 11, 12 y 13 de marzo. ¡¡Un fin de semana para Él!! ¡Para estar con Él! ¿Puede ir mal? ¿Nos puede decepcionar? Imposible. Y, entonces, ¿por qué no ir? Cada año tenemos cincuenta y dos fines de semana, uno para Él. ¿Es mucho? ¿Es desorbitado? “Es que no acostumbro a...”. Pues, plantéate cambiar de costumbre... Esto es la conversión, ¡¡cambio!!

¿Por qué el desierto? Por muchos motivos. Hoy Jesús menciona dos. El primero, porqué “No sólo de pan vive el hombre”. No somos sólo materia, no somos un cuerpo animado. No vivimos sólo de cosas exteriores. No sólo el cuerpo necesita alimento. Qué expresión más feliz: “No sólo de pan vive el hombre”. Que quiere decir que nos hace falta cuidar, velar, alimentar, cultivar nuestro interior.

Segundo motivo para hacer desierto. “Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto”. Nos hace falta adorar al Señor, expresarle nuestro amor, celebrar su presencia entre nosotros. Y, esto, no se puede hacer por obligación, sino porqué amamos.

Este tren tiene un destino: La Pascua. El acontecimiento más transcendental de la Historia de la Humanidad, y también de tu historia personal: Dios  murió por ti, porqué te ama y te continúa amando. Pascua es la fiesta de la entrega total de Dios. Y el tiempo de Cuaresma quiere ayudarnos a ponernos en sintonía con esta entrega total de Dios. A que esta entrega llegue a ser para cada uno de nosotros una fuente de vida, que hace que nuestra vida tenga sentido.

La Pascua es la estación de destino, porque en ella encontramos el verdadero rostro de Dios, el rostro de la misericordia. Y, mirando cómo nos mira, y mirando cómo nos ama, y mirando cómo nos perdona, descubrimos de verdad quién somos: alguien para quien Dios ha escogido morir. La conversión surge de aquí: de la convicción de ser amado sin merecerlo.

Quisiera poner el acento en el sentido urgente de  nuestra conversión, porqué hay una pequeña parte del mundo que depende de nosotros, de nuestra conversión, cada uno sabe cuál es.

Pasa el tren de la Cuaresma, cojámoslo, vivamos las diversas etapas intensamente, para poder entrar en sintonía con la entrega total de Dios por nosotros. 

¡Es el tiempo! ¡Es la hora! ¡Viajeros al tren!




            







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