Cuaresma, un tren que pasa
Queridos hermanos y hermanas,
La Cuaresma es como un tren que pasa, y nosotros lo hemos de coger. Y no es
del todo fácil. Me explico: la Cuaresma pasa todos los años, siempre con la misma
duración, siempre cuarenta días, siempre alrededor de la primavera, siempre nos
coge un poco por sorpresa, siempre se nos invita a la conversión, siempre es
preparación para la Pascua. Precisamente, por esto, por este “siempre”, parece
que no importa demasiado dejarla pasar, ¡otra vez será!
¡¡Pero, no es así! Hay trenes que sólo pasan una sola vez. Sólo ahora tendrás
la edad que tienes. Sólo ahora vives lo que estás viviendo. Sólo ahora Dios te
puede dar unas gracias concretas para este momento que vives. Sólo ahora... Quizás, el año que viene no estés, o estés enfermo,
o no tan concentrado como ahora.
La Cuaresma es un tren que pasa y que lo hemos de coger. Y este tren va
pasando por diversas estaciones, muy diferentes entre sí. Es bueno pararse en
todas las estaciones, no saltárselas, no tomar atajos. No podemos llegar a la
Pascua antes de tiempo. Nos hace falta un tiempo de preparación. Estas estaciones
son los domingos, las prácticas cuaresmales (ayuno, caridad y oración), la
celebración del perdón, y otras...
Hoy este evangelio nos muestra algunas paradas de este itinerario:
“...y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue
llevando por el desierto…”. Jesús marcha al desierto, lugar de la soledad,
del silencio, lugar para olvidar tantas cosas y centrarse en lo esencial. Y
después del desierto empezó su vida pública. El desierto ha sido importantísimo para Jesús.
Podría ser una parada de nuestro itinerario, hacer un fin de semana de
desierto, de receso. Este año os volvemos a hacer una propuesta de Ejercicios Espirituales parroquiales. 11, 12 y
13 de marzo. ¡¡Un fin de semana para Él!! ¡Para estar con Él! ¿Puede ir
mal? ¿Nos puede decepcionar? Imposible. Y, entonces, ¿por qué no ir? Cada año
tenemos cincuenta y dos fines de semana, uno para Él. ¿Es mucho? ¿Es desorbitado?
“Es que no acostumbro a...”. Pues,
plantéate cambiar de costumbre... Esto es la conversión, ¡¡cambio!!
¿Por qué el desierto?
Por muchos motivos. Hoy Jesús menciona dos. El primero, porqué “No sólo de pan vive el hombre”. No somos
sólo materia, no somos un cuerpo animado. No vivimos sólo de cosas exteriores.
No sólo el cuerpo necesita alimento. Qué expresión más feliz: “No sólo de pan vive el hombre”. Que quiere
decir que nos hace falta cuidar, velar, alimentar, cultivar nuestro interior.
Segundo motivo para hacer desierto. “Al
Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto”. Nos hace falta adorar al
Señor, expresarle nuestro amor, celebrar su presencia entre nosotros. Y, esto,
no se puede hacer por obligación, sino porqué amamos.
Este tren tiene un destino: La Pascua. El acontecimiento más transcendental
de la Historia de la Humanidad, y también de tu historia personal: Dios murió por ti, porqué te ama y te continúa amando.
Pascua es la fiesta de la entrega total de Dios. Y el tiempo de Cuaresma quiere
ayudarnos a ponernos en sintonía con esta entrega total de Dios. A que esta entrega
llegue a ser para cada uno de nosotros una fuente de vida, que hace que nuestra
vida tenga sentido.
La Pascua es la estación de destino, porque en ella encontramos el verdadero
rostro de Dios, el rostro de la misericordia. Y, mirando cómo nos mira, y mirando
cómo nos ama, y mirando cómo nos perdona, descubrimos de verdad quién somos:
alguien para quien Dios ha escogido morir. La conversión surge de aquí: de la
convicción de ser amado sin merecerlo.
Quisiera poner el acento en el sentido urgente de nuestra conversión, porqué hay una pequeña
parte del mundo que depende de nosotros, de nuestra conversión, cada uno sabe cuál
es.
Pasa el tren de la Cuaresma, cojámoslo, vivamos las diversas etapas
intensamente, para poder entrar en sintonía con la entrega total de Dios por
nosotros.
¡Es el tiempo! ¡Es la hora! ¡Viajeros al tren!
¡Es el tiempo! ¡Es la hora! ¡Viajeros al tren!
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