Sí sencillo a la voluntad de Dios



   El sí de María al amor de Dios es el mismo sí que queremos pronunciar en nuestra vida. No es sencillo decirle que sí a Dios siempre. 
   En Jesús no hubo grandezas humanas, la grandeza más grande de su vida fue haber dicho: ¡Fiat Pater
   El sí de María y el Sí de su Hijo están íntimamente unidos. Es el sí sencillo a la voluntad, al amor del Padre. 
   Así se hace historia el amor divino en el corazón del hombre. En la medida en nos arrodillamos con humildad y respondemos con generosidad. No obstante, queda claro que decirle que sí a Dios en la vida tiene sus riesgos. Y, como todo lo arriesgado a veces nos asusta, corremos el riesgo de dejar pasar oportunidades en nuestra vida. 
  El otro día leía el testimonio de un sacerdote sobre su vocación: «Creo que hay momentos en los cuales o  uno se decide a tomar las riendas y elige el camino que considera suyo, asumiendo los riesgos y pagando los precios, o se deja a la vida que decida por uno. En muchos campos de la vida he conocido personas que nunca se atrevieron a confirmar sus intuiciones y permanecieron en terrenos seguros sin decidirse a hacer un camino que les aclarara dónde estaba su lugar».


   El sí para hacer lo que Dios nos pide es un salto en el vacío. Si no lo damos viviremos con la duda en el corazón. Es necesario tener esa audacia que nos permita abrazar su voluntad aunque sus planes no coincidan con los nuestros. Porque muchas veces nos rebelamos contra lo que el corazón no desea. Y decimos: «No puedes pedirme esto. Pídeme lo que quieras, el sacrificio más grande, pero no me pidas esto. Tengo todo lo que amo, todo lo que me hace ilusión. Además, tengo mi vida organizada, definida, ¿por qué de golpe entras y me rompes los planes?, ¿por qué me deshaces los sueños? No te entiendo. No quiero ser cura ni lo he querido nunca». 
   Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Por eso es tan liberador entregarle nuestro corazón totalmente a María en la vocación a la que nos llame Dios.
   Cuando nos abandonamos, Ella nos utilizará como sus instrumentos más dóciles. Decía San Luis María Grignion de Montfort al describir cómo deberíamos entregarnos a María:
   «Es necesario entregarse al espíritu de María, para ser movidos y conducidos de la manera que ella quiera. Es necesario dejarse en sus manos virginales, como un instrumento en las manos de un trabajador. Es necesario perderse y abandonarse en Ella, como una piedra que se arroja al mar».
   En sus manos aprendemos a obedecer, a decir que sí a los deseos sutiles de Dios.

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