SIN ELLA NO PODEMOS VIVIR


   En este dia de la Fiesta de nuestro Dios por excelencia, fiesta de la Santisima Trinidad os compartimos estos textos de una de las catequesis que impartio a la curia romana durante la pasada Cuaresma el P. Cantalamesa.

  "Dios es amor" (1 Jn. 4,10): por lo tanto, concluye Agustín, ¡Él es Trinidad! "El amor supone a uno que ama, uno que es amado, y el amor mismo con el cual se aman".
  El Padre es, en la Trinidad, el que ama, la fuente y el principio de todas las cosas; 
  el Hijo es el que es amado; 
  el Espíritu Santo es el amor con que se aman.
  Todo amor es el amor de alguien o de algo, como todo conocimiento, dice Husserl, es el conocimiento de algo. No se da un amor "al vacío", sin un objeto. 
  ¿Ahora, a quién ama Dios para ser definido amor? 
  ¿El hombre? Pero entonces es amor sólo desde algún centenar de millones de años. 
  ¿El universo? Pero entonces es amor sólo desde alguna decena de millardos de años. 

  ¿Y antes, a quién amaba Dios por ser el amor? 
  Los pensadores griegos y, en general, las filosofías religiosas de todos los tiempos, concibiendo a Dios ante todo como un "pensamiento" podían responder: Dios se pensaba a sí mismo; era el "pensamiento puro", " pensamiento de pensamiento".
  Pero esto ya no es posible, desde el momento en que se dice que Dios es ante todo amor, porque el "amor puro a sí mismo" sería puro egoísmo, que no es la exaltación máxima del amor, sino su negación total.
   Y aquí está la respuesta de la revelación, hecha explícita por la Iglesia con su doctrina de la Trinidad. Dios es amor desde siempre, porque antes aún de que hubiera un objeto fuera de sí para amar, tenía en sí mismo el Verbo, el Hijo al que amaba con un amor infinito, es decir, "en el Espíritu Santo". Esto no explica cómo la unidad puede ser al mismo tiempo trinidad (esto es un misterio imposible de conocer por nosotros porque está solamente en Dios), pero nos basta al menos para intuir por qué, en Dios, la unidad debe ser también pluralidad y asimismo trinidad.
   Ciertamente que lo del amor es una analogía humana, pero es sin duda la que mejor nos permite echar un vistazo a la misteriosa profundidad de Dios
 
   Para los hermanos ortodoxos, un medio importante para entrar en el misterio es el icono. 
  La Trinidad de Rublev es un resumen visual de la doctrina trinitaria. En él percibimos, en la misma medida, el movimiento incesante y la quietud sobrehumana, trascendencia y condescendencia. El dogma de la unidad y trinidad de Dios se expresa por el hecho de que estas figuras son tres y muy distintas, pero muy semejantes entre sí. Ellas están contenidas idealmente dentro de un círculo que pone de manifiesto su unidad, pero con su movimiento diferente y disposición proclaman también su carácter distintivo.
   El santo, en cuyo monasterio se pintó el icono, san Sergio de Radonezh, se había distinguido en la historia de Rusia por haber traído la unidad entre los líderes que estaban en desacuerdo unos con otros y de haber hecho posible la liberación de Rusia de los tártaros, que la habían invadido. Su lema --que Rublev ha tratado de interpretar en el icono--, fue: "Contemplando la Santísima Trinidad, se vence la odiosa discordia de este mundo"



   San Gregorio Nacianceno había expresado un pensamiento similar en estos versos, los cuales parecen ser su testamento espiritual: 
 
Busco la soledad, 
un lugar inaccesible al mal, 
donde con una mente indivisa 
buscar a mi Dios,
y aliviar mi vejez 
con la dulce esperanza del cielo.
...
Dirijo mis pensamientos a la casa que no conoce ocaso, 
a mi querida Trinidad, 
única luz,
de la cual la sola sombra oscura 
me conmueve"

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