JUAN BAUTISTA

  
    San Juan Bautista es el testigo de la luz: «Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz». El testimonio de Juan es de la humildad del que sabe que no es él la luz, sino Cristo.
   Es sólo la voz y no la Palabra.
   Somos testigos de la luz de Cristo. Se nos olvida y no creemos en el camino que Dios tiene para conducir al hombre hasta su corazón. Nos necesita a nosotros. Igual que necesitaba a Juan el Bautista.
  El otro día pude ver a Ricardo Muti, director de orquesta, en una conferencia. Definía así su trabajo: «No significa sólo marcar los tiempos. Marcar los tiempos, como hace el director, lo puede hacer cualquiera. Consiste en extraer de las almas de los músicos, la música, los sentimientos, no las notas. Y esto la convierte en la profesión más difícil de todas. Hacer música es muy difícil».

   Nuestra vocación cristiana es como la de un director de orquesta. Queremos sacar música de las personas, de las almas. Para eso se necesita el don de ser instrumentos. Y añadía: «Detrás de las notas habita el infinito, que significa Dios. Y nosotros somos demasiado pequeños ante Dios».
   Detrás de las notas está Dios. Detrás de nuestras obras y palabras está Él. Se esconde en la belleza de nuestra vida o en nuestros límites. Está oculto en la oscuridad, en las sombras que nos asustan. Nuestra vida tan limitada es la gran sinfonía soñada por Dios.
   Él nos ha dado pobres instrumentos con los cuales tratamos de ponerle música a la vida del alma. Sacamos notas de la vida, aún cuando parece que no hay música alrededor.

    En nuestra vida tenemos dos opciones: o somos testigos de la luz y vivimos en la luz de Cristo o nos movemos en las tinieblas. No hay término medio. Si nos atamos a Cristo, si vivimos en Él y para Él, tendremos su luz.
     El amor que se hace abrazo y comunión, es el amor que nos ilumina, es la fuente de vida de la que bebemos para no morir, para tener vida en abundancia, para vencer las tinieblas del corazón. En esa luz vivimos y es la misma luz que torpemente reflejamos.

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