DECALOGO DEL CORAZON DE JESUS


   1.Os amo a todos los hombres. A todas las horas y sin distinción. Vuestras sendas me son familiares. Conozco vuestros deseos. Os acompaño en vuestras dificultades.
  2.Perdono y olvido vuestra indiferencia, pero valoro y aplaudo el afán de aquellos que intentáis superaros y rectificar en vuestras actitudes.
  3.Intento llevaros hasta Dios. Mi camino, no es mío, es de Aquel que me ha enviado. No soy ningún "lider". No actúo ni me muevo por mí  mismo. Mi objetivo es acercaros hasta el inmenso amor que Dios os tiene.
  4.Mi corazón está cargado de humanidad. Entre otras cosas porque, soy consciente, que con vuestro lenguaje es como mejor podéis aprender lo que Dios quiere de vosotros y lo que, vosotros, podéis alcanzar de Dios.  

   5.- En mí tenéis el agua viva. No os fiéis de aquellos que, en valioso vaso de cristal, os emborrachan con antivalores, superficialidad o verdades a medias. Lo que yo os digo tiene valor de eternidad: viviréis junto a Dios
   6.- Mi corazón tiene sed de vosotros. "Tengo sed" dije en la cruz y, ahora de nuevo, lo repito: tengo sed de vosotros. De vuestras almas e ilusiones, de vuestras miradas y pensamientos. Tengo sed de salvaros ¿Me dejáis?

   7.- Yo puedo conduciros por valles tranquilos. No os desesperéis. La vida, bien lo sé, no siempre es fácil. Apoyaros en el cayado de la fe. Inclinad vuestras cabezas sobre mi pecho. Os garantizo que seguiréis avanzando y llegando a la meta que os propongáis.
   8.- Soy vida para el que me busca. Mirad un poco a vuestro alrededor: muerte, preocupaciones, desencanto, crisis. Yo tengo poder sobre la muerte. Soy resurrección y vida. ¿Creéis en mí? Os digo que no moriréis. ¡Creed!
   9.- Quien dice ser mi amigo, no lo olvidéis, ha de llevar la palabra "yo sirvo" marcada en su frente. Os necesito, no como reyes, y sí como gente que sepa desgastarse en pequeños o grandes detalles. Cuando estéis junto a mí en el cielo, recordaré todo lo que hicisteis de bueno cuando estuvisteis en la tierra.

   10.- No os dejéis llevar ni seducir por los atajos que conducen a ninguna parte; ni por las verdades interesadas que son grandes mentiras o por una vida que es un sin vivir. Sed reflexivos, buscad el camino que conduce a la paz; luchad por la verdad sin farsa; aspirad a una vida según y con Dios 
Mons. Francisco Cerro, Obispo de coria-Caceres

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