Primera manifestación pública de Jesús
Hoy, quizás, nos hacemos
una pregunta: cómo enlaza el tiempo de Navidad y la fiesta del Bautismo de
Jesús, donde Jesús ya es mayor, ya no es un niño.
Tiene mucho sentido y es
muy fácil. Durante la Navidad no hemos celebrado sólo un nacimiento, sino que hemos
celebrado la manifestación de Dios, Dios que se ha manifestado a los hombres.
En los tres evangelios sinópticos, la primera manifestación pública de Jesús es
su bautismo. De aquí que el tiempo de Navidad quiera incluir esta primera
manifestación pública de Jesús. Ya no es una estrella, ni unos ángeles, los que
nos indican a Jesús, es Dios Padre quien lo manifiesta como su Hijo.
Entender la Navidad como
manifestación de Dios, también nos permite hacer una afirmación rotunda: el
cristianismo es la única religión que tiene un Dios que se ha manifestado
visiblemente. Para las otras religiones, Dios es invisible, para la nuestra no,
Dios tiene un rostro, el de Jesús de Nazaret.
Estamos tan acostumbrados
que no prestamos atención: Dios se ha
manifestado, Dios se ha revelado. Esto nos pide por parte nuestra tres cosas:
a) Una actitud de alabanza. Loar a Dios. Encuentro
que loamos poco a Dios, y en cambio, muchos salmos son de alabanza. Ante el Dios
que Jesucristo nos revela, alabanza.
b) Una actitud de gratitud. Cuando hacemos
silencio y repasamos lo que estos días hemos celebrado una palabra brota de nuestros
labios: ¡gracias! Es tan grande lo que ha hecho Dios, el don que nos ha hecho.
c) Y, finalmente, ante este Dios que se ha revelado,
es precisa una actitud de acogida. Él se está manifestando, hace falta acogerlo.
De nada sirve toda su revelación, si yo
no le abro el corazón. ¡De nada! Lo que decíamos hace unos días del vaso de agua.
Y esta primera
manifestación pública de Jesús nos sitúa ya en el inicio de su vida pública que
empezaremos a seguir, siguiendo el evangelio de Marcos, domingo tras domingo.
¡Empecemos el Tiempo Ordinario con muchas ganas de acoger todo lo que Él nos quiere
revelar!
Francesc Jordana
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