domingo, 8 de julio de 2012

AMAME TAL COMO ERES


   Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, las deficiencias y enfermedades de tu cuerpo; conozco tu debilidad y tus pecados y te vuelvo a decir. “Dame tu corazón, ámame tal como eres...”   Si esperas ser un angel para abando-narte al amor, no amarás nunca. Aunque seas débil en la práctica del deber y de la virtud, y recaigas a menudo en las culpas que no quisieras cometer más, no te permito que no me ames
   Ámame tal como eres.    En cada instante y en cualquier situación que estés, en el fervor o  en la aridez, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame... tal como eres... Quiero el amor de tu pobre corazón; si esperas ser perfecto nunca me amarás.
  ¿No sabes que puedo hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, de nobleza y de amor? ¿No soy yo, el Omnipotente? Y si dejo en la nada algunos seres maravillosos y prefiero el pobre amor de tu corazón, ¿no soy yo el dueño de mi amor?
   Hijo mío, déjame amarte, quiero tu corazón. Cierto es que quiero transformarte con el tiempo, pero por ahora te amo tal y como eres... y deseo que tú hagas igual; quiero ver surgir el amor desde lo más profundo de tu miseria: Amo en ti hasta tu debilidad. Amo el amor de los pobres y de los miserables; quiero que desde las cenizas se alce continuamente un grito: “Jesús, te amo”.
   Solamente quiero el canto de tu corazón, no necesito de tu ciencia ni de tu talento. Sólo una cosa me importa, verte trabajar con amor.
   No son virtudes lo que deseo, si te las diera, eres tan débil que alimentarías tu amor propio; no te preocupes por esto. Te habría podido destinar a realizar grandes cosas; pero no, serás el siervo inútil; te tomaré hasta lo poco que tienes porque te he creado solamente para el amor.

   Hoy estoy ante la puerta de tu corazón como un mendigo. Yo, el Rey de Reyes, llamo y espero. Date prisa, ábreme. No te excuses por tu miseria; si conocieras perfectamente tu miseria, morirías de dolor. El verte dudar y desconfiar de Mi es lo que más heriría mi corazón.
   Quiero que pienses en mi cada hora del día y de la noche; quiero que hagas hasta la acción más insignificante sólo por amor. Cuento contigo para darme esa alegría...
  No te preocupes por no tener virtudes; te daré las mías.
  Cuando sufras te daré fuerza. Tú me has dado el amor y Yo te concederé amar mucho más de lo que puedes imaginar..
  Pero recuerda... Ámame tal como eres.
  Te he dado a mi Madre; hazlo a través de su Corazón Inmaculado.
  Pase lo que pase, no esperes a ser santo para abandonarte al amor porque no me amarías nunca...
  Animo... empieza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

A la hora de expresarse tengamos en cuenta la ley de la Caridad