viernes, 20 de julio de 2012

Dejarse amar para después amar y morir felices


  Como una continuación a nuestro post de ayer queremos compartiros el testimonio de Enrico Petrillo, marido de Chiara Corbella, que murió después de rechazar el tratamiento contra el cáncer para que su hijo naciera. Os transmitimos lo publicado al respecto por Religión en libertad

   Antes de morir, Chiara escribió una carta para su hijo Francesco: «Voy al cielo a cuidar a María y a Davide; tú, quédate con papá. Yo rezaré por vosotros desde allá». 

   Enrico Petrillo, el marido de Chiara, leyó esa carta durante el funeral de la chica. Una ceremonia en la que participaron miles de personas. Pocos días después, Enrico ofreció una entrevista a la Radio Vaticana. 


   En un vídeo publicado en YouTube, Chiara pronunció la siguiente frase: «El Señor pone la verdad dentro de cada uno de nosotros; no hay posibilidad de malinterpretarla». Durante la entrevista con Enrico, le preguntaron que cuál era la verdad que había descubierto. 
   «Esa frase –respondió el joven– se refiere al hecho de que el mundo de hoy, en nuestra opinión, te propone decisiones erróneas frente al aborto, frente a un niño enfermo, frente a un anciano terminal, tal vez con la eutanasia... 
    El Señor responde con nuestra historia, que se fue escribiendo sola: fuimos un poco espectadores de nosotros mismos durante estos años. ¡Responde tantas preguntas que son de una profundidad increíble! Sin embargo, el Señor responde siempre de forma muy clara: somos nosotros los que filosofamos sobre la vida, sobre quién la creó y, al final, nos confundimos solos queriendo convertirnos un poco en dueños de la vida y tratando de huir de la Cruz que el Señor nos dona. En realidad, esta Cruz (si la vives con Cristo) no es fea como parece. Si confías en Él, descubres que en este fuego, en esta Cruz no te quemas, y que en el dolor existe la paz y que en la muerte existe la alegría.    

   
   Cuando veía a Chiara que estaba a punto de morir, estaba, obviamente, muy afectado. Después pude cobrar un poco de valor, y pocas horas antes (eran como las ocho de la mañana, y Chiara murió a mediodía) se lo pregunté. Le dije: “Chiara, mi vida, ¿de verdad es dulce esta Cruz, como dice el Señor?”. Ella me miró, me sonrió y, con un hilo de voz, me dijo: “Sí, Enrico, es muy dulce”. Por eso, toda la familia, todos nosotros no vimos morir a Chiara serena: la vimos morir feliz, que es muy diferente». 


   Pero, ¿qué le dirás a tu hijo Francesco cuando te pregunte por su mamá? 
   «Seguramente le contaré lo hermoso que es dejar que te ame Dios, porque si te sientes amado, puedes hacer todo. Esta, en mi opinión, es la esencia, la cosa más importante de la vida: dejarse amar para después amar y morir felices. Esto es lo que le contaré. Y le contaré que su mamá Chiara hizo lo mismo. Ella se dejó amar y, en cierto sentido, me parece que está amando un poco a todo el mundo. La siento más viva que antes. Y luego, el hecho de haberla visto morir feliz para mí fue como una derrota de la muerte. Ahora sé que hay algo hermoso que nos espera allá»

   ¿Te da fastidio el “perfume de santidad” que se está creando alrededor de Chiara?     
  «Sinceramente me tiene sin cuidado. En el sentido de que Chiara y yo habíamos tomado otras decisiones para la vida: nos hubiera gustado envejecer juntos [...] Yo sabía que mi esposa era especial: creo en la santidad, que una persona sea proclamada santa porque “santo” significa ser felices. Chiara, y en parte yo mismo, vivimos toda esta historia con una gran alegría en el corazón, y esto me dejaba intuir cosas más grandes. Sin embargo, ahora estoy más maravillado, porque me parecen mucho más grandes de lo que yo hubiera podido imaginar».

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