martes, 3 de enero de 2017

MI ENTREGA TOTAL A LAS OBRAS ME HA PERDIDO


Un hombre de obras a quien al comenzar un retiro rogué que escrutara su conciencia para encontrar la causa del triste estado en que se hallaba, me dio esta respuesta exacta, aunque incomprensible a primera vista: "Mi entrega total a las obras me ha perdido." "Por mis disposiciones naturales, yo sentía un verdadero placer en trabajar y prestar servicios, y como el éxito me sonreía, Satanás supo arreglárselas para llenarme de ilusiones durante muchos años, con lo cual creció en mi el delirio de la acción, juntamente con la antipatía a todo trabajo interior, hasta caer en el precipicio."

Este estado anormal del alma, por no decir este estado monstruoso, se explica de esta manera. Aquel obrero de Dios, por dar satisfacción a su actividad natural, dejó que se desvaneciera su vida divina, que era la reserva de calorías que hacían fecundo su apostolado, y protegían su alma contra el frío glacial del espíritu natural. Había trabajado lejos del sol que  vivifica. Magnac vires et cursus celerrimus, sed praeter viam (*).  
Las obras, santas en sí mismas, se pueden convertir en espada de dos filos, que hieren al que no sabe su manejo.

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(*) Despliegue de fuerzas y carrera acelerada pero fuera del camino (S. Agus. In Ps).

Fragmento del libro: El alma de todo apostolado (Dom J. B. Chautard) Abad de la Orden Cisterciense



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