lunes, 30 de enero de 2017

LA "HEMORRAGIA" QUE DEBILITA LA VIDA CONSAGRADA


Con su cordial bienvenida a los participantes en la plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el Papa Francisco expresó su aprecio por el trabajo que realizan al servicio de la vida consagrada en la Iglesia y destacó la importancia del tema – fidelidad y abandono –  que eligieron para reflexionar sobre las dificultades del momento presente:
“El tema que han elegido es importante. Podemos decir que, en este momento, la fidelidad es puesta a prueba; lo demuestran las estadísticas que han examinado. Estamos ante una ‘hemorragia’ que debilita la vida consagrada y la vida de la misma Iglesia. El abandono en la vida consagrada nos preocupa. Es verdad, que algunos dejan por un acto de coherencia, porque reconocen, después de un discernimiento serio, que nunca tuvieron la vocación; pero, otros con el pasar del tiempo faltan a la fidelidad, muchas veces sólo pocos años después de la profesión perpetua ¿Qué ha sucedido?”.
Son “numerosos los «factores que condicionan la fidelidad –  en éste que es un cambio de época y no sólo una época de cambio, en el que resulta difícil asumir compromisos serios y definitivos” señaló  el Santo Padre, reflexionando, en particular, sobre tres de ellos: el contexto social y cultural, el mundo juvenil y las situaciones de contra-testimonio en la vida consagrada.
Empezando por el primer factor, “que no ayuda a mantener la fidelidad”, es decir, el de la actualidad social y cultural, el Obispo de Roma señaló que impulsa lo provisorio, que puede conducir al vivir a la carta y a ser esclavos de las modas, alimentando el consumismo, que olvida la belleza de la vida sencilla y austera, y que provoca un gran vacío existencial, con un fuerte relativismo, con valores ajenos al Evangelio:
“Vivimos en una sociedad donde las reglas económicas sustituyen las reglas morales, dictan leyes e imponen sus propios sistemas de referencia en detrimento de los valores de la vida; una sociedad donde la dictadura del dinero y del provecho propugna una visión de la existencia que descarta al que no rinde. En esta situación, está claro que uno debe dejarse evangelizar antes, para luego comprometerse en la evangelización”.
En el segundo punto dedicado al mundo juvenil, recordando que no faltan jóvenes generosos, solidarios y comprometidos en ámbito religioso y social, el Papa se refirió asimismo a los desafíos que afronta la juventud y alentó a contagiar la alegría del Evangelio:
“Hay jóvenes maravillosos y no son pocos. Pero, también entre los jóvenes hay muchas víctimas de la lógica de la mundanidad, que se puede sintetizar así: búsqueda de éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil. Esta lógica seduce también a muchos jóvenes. Nuestro compromiso no puede ser otro que el de estar a su lado, para contagiarlos con la alegría del Evangelio y de la pertenencia a Cristo. Hay que evangelizar esa cultura si queremos que nos jóvenes no sucumban”.
En el tercer factor, “que proviene del interior de la vida consagrada, donde al lado de tanta santidad no faltan situaciones de contra-testimonio”, el Santo Padre reiteró la centralidad de Jesús, en la misión profética de los consagrados:
“Si la vida consagrada quiere mantener su misión profética y su fascinación y a seguir siendo escuela de fidelidad para los cercanos y los lejanos (cfr Ef 2,17) debe mantener el frescor y la novedad de la centralidad de Jesús, la atractiva de la espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza del seguimiento de Cristo e irradiar esperanza y alegría”.

En su denso discurso, el Papa puso de relieve asimismo la importancia de la vida fraterna en la comunidad, alimentada en la oración, la Palabra, los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Sin olvidar, la cercanía a los pobres y la misión en las periferias existenciales, contemplando siempre al Señor y caminando según el Evangelio y alentando la preparación de acompañadores cualificados en la vida consagrada y el discernimiento.

Fuente: Aleteia.org



domingo, 29 de enero de 2017

¿QUIERES SER FELIZ? ALÉGRATE....DE TI DEPENDE!!


Si preguntamos a la gente qué es necesario para ser felices, nos encontraremos respuestas como: la salud, siempre todos dicen primero la salud, el trabajo, la familia, la amistad, el dinero, el poder, el prestigio. Son las respuestas habituales, comúnmente aceptadas. Pues, yo no estoy de acuerdo. Por tres motivos, el tercero es el de más peso:

1. Niego que estas cosas nos hagan felices, porque todos conocemos gente que tiene salud y es infeliz. Y los que visitamos enfermos sabemos bastante bien que hay personas enfermas muy felices. Es más, es que ni la suma de más factores da más felicidad: todos conocemos personas que tienen salud, trabajo y familia, y viven tristes y amargados en su interior.

2. Segundo motivo por el cual no estoy de acuerdo. Todas estas cosas que he dicho no dependen totalmente de uno mismo. Tener buena salud no depende de mí. Tener trabajo no depende de mí. Que la familia vaya bien, no depende de mí. ¿Cómo podemos hacer depender nuestra felicidad de cosas que no dependen de nosotros? Mal camino éste.

3. El tercer motivo por el cual no estoy de acuerdo con que estos factores nos harán felices es porque Jesús no va por este camino, sino por otro. ¡Él es el Maestro!

Hoy Jesús nos indica el camino para ser felices. ¡¡Nueve veces dice la palabra dichosos!! ¡¡Hoy escuchamos el planteamiento, la propuesta de Jesús para ser felices!! ¡¡Prestemos atención!!

A veces, cometemos el error de escuchar las bienaventuranzas como una poesía bonita, ¡¡son unas palabras tan poéticas...!! Nos quedamos en la poesía y no en el contenido que Jesús nos transmite por ellas. Jesús en las bienaventuranzas nos transmite un programa de vida, concreto, no abstracto.

Me centraré en cinco de ellas, donde queda más claro lo que quiero decir:

“Dichosos los pobres en el espíritu”. Nadie nace humilde, puedes nacer tímido, pero, no humilde. Todos nacemos con una tendencia a  alimentar nuestro ego, a engrandecer nuestro ego. Queremos felicitaciones, reconocimientos, aplausos, prestigio.  El humilde se trabaja a sí mismo para evitar estos deseos. Nada poético y una cosa muy concreta.

“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”. Justo se entiende aquí como aquel que mira de ajustarse a lo que Dios quiere. Por tanto, no se conforman como están. Tienen hambre y sed de crecer, de avanzar, de ajustarse cada vez mejor a lo que Dios quiere, de ser santos. Y esto, pide un trabajo constante, poca poesía y mucho trabajo.

“Dichosos los misericordiosos”. Misericordia significa dejar entrar la miseria del otro en ti y actuar. No es un sentimentalismo. Es una experiencia interior que te lleva a actuar. Jesús después de compadecerse, verbo que más se asocia a Jesús, siempre actúa. El misericordioso y compasivo es un hombre de acción.

“Dichosos los limpios de corazón”. Qué difícil es tener el corazón limpio, y que no habiten: rencores, malos pensamientos, negativismos, etc. ¡¡Qué difícil!! Sólo aquel que mira en su interior, pide luz, implora la gracia del perdón, tendrá el corazón limpio. ¡¡Te lo trabajas!!

“Dichosos los que trabajan por la paz”. Poner paz es una acción. En este mundo con tantas desavenencias, discusiones, críticas, murmuraciones, ser de los que ponen paz es un no parar. ¡¡Últimamente se les está girando mucho trabajo!!
¡Las bienaventuranzas no son poesía! Son un programa de vida. Jesús nos asegura la felicidad, si en todos estos ámbitos ¡¡trabajas!!, ¡¡haces cosas!!, ¡¡te lo elaboras!! ¡El mensaje de Jesús nada más alejado de la quietud o del pietismo!

¡¡Es un programa de acción!! Y que depende de ti. Por tanto, ¡Jesús pone tu felicidad en tus manos! De ti depende.

Oremos las bienaventuranzas y pidamos la gracia de entenderlas y vivirlas cada día más plenamente.

Francesc Jordana




 


sábado, 28 de enero de 2017

LA PEQUEÑEZ DE MARÍA


María tenia una visión clara, continua y penetrante de las razones de ser humilde. Nosotros las olvidamos, las perdemos de vista. María nunca! Siempre las tenia presente, siempre era consciente de estos motivos que no se cansaba de contemplar: el infinito y su pequeñez....El Magnificat es el cántico secreto de todas sus horas: Respexit humilitatem... fecit mihi magna...

La condición de nuestra humildad es tal, que para salvaguardarla Dios abriga su fragilidad bajo algunas imperfecciones, o al menos bajo misteriosas ignorancias ...
¿No necesitan un poco de sombra las plantas delicadas?

En cuanto a María, Dios prescinde de todas estas precauciones , la expone al sol de la verdad: Es inmaculada, es perfecta, <<es bendita entre todas las mujeres>>... y ella lo sabe!
Ella ha profundizado, mejor que todos los teólogos juntos, las grandezas de su maternidad divina y conoce todas las prerrogativas. Pero el abismo de las gracias recibidas no ha hecho sino volver más sensible a sus ojos el abismo de su propia pequeñez. Ninguna criatura, después de Jesús, no llega tan abajo en humildad: Nulla creatura, post Filium, tantum descendit in abyssum humilitatis. (San Bernardino de Siena.)

Ahora bien, una tal humildad es heroísmo. En efecto, el heroísmo es la fuerza ejercitándose en actos sublimes y difíciles... ¿Qué diremos de una fuerza que durante toda una vida cumple lo que ningún hombre podría sostener un solo día?

Canonge Beaudenom




viernes, 27 de enero de 2017

RESPUESTA DE LO CRISTIANOS AL DRAMA DE MORIR


Los sentimientos que me gustaría tener en aquella hora (y que actualmente tengo) son estos: pensar que voy a descubrir la ternura. Yo se que es imposible que Dios me decepcione. ¡Solo esa hipótesis es absurda! Yo iré hasta Él y le diré: No me glorío de nada más que de haber creído en tu bondad. Ahí es donde está mi fuerza. Si esto me abandonase, si me fallase la confianza de tu amor, todo habría terminado, porque no tengo el sentimiento de valer nada sobrenaturalmente. Pero, cuanto más avanzo por la vida, mejor veo que tengo razón al representarme a mi Padre como indulgencia infinita. Aunque los maestros de la vida espiritual digan lo que quieran, aunque hables de justicia, de exigencias, de temores, el juez que yo tengo es aquel que todos los días se subía a la terraza para ver si por el horizonte asomaba el hijo pródigo de vuelta a casa. ¿Quién no querría ser juzgado por Él? San Juan escribe: <<Quien teme, no ha llegado a la plenitud del amor>> (1 Jn 4, 18). Yo no temo a Dios, y el motivo no es tanto que yo le ame,como el que sé que me ama Él. Y no siento la necesidad de preguntarme por qué me ama mi Padre o qué es lo que Él ama en mi. Me costaría mucho responder. Pero yo sé que Él me ama porque es amor, y basta que yo acepte ser amado por Él, para que me ame efectivamente. Basta con que yo realice el gesto de aceptar.

Padre mio, gracias porque me amas. No seré yo el que grite que soy indigno. Porque , efectivamente, amarme a mí tal como soy, es digno de tu amor esencialmente gratuito. Este pensamiento de que me amas porque te da la gana me encanta. Y así puedo librarme de todos los escrúpulos, de la falsa humildad  que descorazona, de la tristeza espiritual, de todo miedo a la muerte. 

Padre Augusto Valensin


miércoles, 25 de enero de 2017

SAN PABLO Y LA RECONCILIACIÓN

El encuentro con Jesús en el camino de Damasco transformó radicalmente la vida de san Pablo. A partir de entonces, el significado de su existencia no consiste ya en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor gratuito e inmerecido de Dios, a Jesucristo crucificado y resucitado.
De esta manera, él advierte la irrupción de una nueva vida, la vida según el Espíritu, en la cual, por la fuerza del Señor Resucitado, experimenta el perdón, la confianza y el consuelo. Pablo no puede tener esta novedad sólo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo.
Para el Apóstol de los gentiles, la reconciliación del hombre con Dios, de la que se convirtió en embajador (cf. 2 Co 5,20), es un don que viene de Cristo. Esto aparece claramente en el texto de la Segunda Carta a los Corintios, del que se toma este año el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (cf. 2 Co 5,14-20). «El amor de Cristo»: no se trata de nuestro amor por Cristo, sino del amor que Cristo tiene por nosotros.
Del mismo modo, la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo. Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios. Como resultado de este don, la persona perdonada y amada está llamada, a su vez, a anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada.
En esta perspectiva, podemos preguntarnos hoy: ¿Cómo anunciar el evangelio de la reconciliación después de siglos de divisiones? Es el mismo Pablo quien nos ayuda a encontrar el camino. Hace hincapié en que la reconciliación en Cristo no puede darse sin sacrificio. Jesús dio su vida, muriendo por todos.
Del mismo modo, los embajadores de la reconciliación están llamados a dar la vida en su nombre, a no vivir para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (cf. 2 Co 5,14-15). Como nos enseña Jesús, sólo cuando perdemos la vida por amor a él es cuando realmente la ganamos (cf. Lc 9,24). Es esta la revolución que Pablo vivió, y es también la revolución cristiana de todos los tiempos: no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor.
Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida.


Es también una invitación a salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la autoreferencia, que impide captar lo que el Espíritu Santo lleva a cabo fuera de nuestro ámbito. Una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros.
Si vivimos este morir a nosotros mismos por Jesús, nuestro antiguo estilo de vida será relegado al pasado y, como le ocurrió a san Pablo, entramos en una nueva forma de existencia y de comunión. Con Pablo podremos decir: «Lo antiguo ha desaparecido» (2 Co 5,17). Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente.

La Palabra de Dios nos anima a sacar fuerzas de la memoria para recordar el bien recibido del Señor; y también nos pide dejar atrás el pasado para seguir a Jesús en el presente y vivir una nueva vida en él. Dejemos que Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5) nos conduzca a un futuro nuevo, abierto a la esperanza que no defrauda, a un porvenir en el que las divisiones puedan superarse y los creyentes, renovados en el amor, estén plena y visiblemente unidos.

Papa Francisco


domingo, 22 de enero de 2017

¿TIENES DESEO DE CONVERSIÓN? VEN CONMIGO...


Dos mensajes claros y contundentes nos lanza hoy Jesús. ¿¿Cómo los acogeremos?? ¿Qué resonancia tendrán en nosotros? Cada uno  sabrá...

Primer mensaje de Jesús, hoy, para ti y para mí: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Primeras palabras públicas de Jesús en el evangelio de Mateo. Todos los evangelistas cuidan mucho cuáles son las primeras palabras que ponen en boca de Jesús.

¡¡“Conviértete”, expresión mil veces escuchada!! Que quiere decir en el sentido originario, girarse, cambio de orientación, cambio de sentido.  Casi siempre se interpreta esta expresión como cosas que he de cambiar, comportamientos, acciones, hacer las cosas de otras maneras,... Pero, pienso que el sentido etimológico de la palabra, también nos permite darle otro enfoque. Convertirse sería pasar de estar centrados en las cosas exteriores a centrados en las cosas interiores. Convertirse sería girarse hacia uno mismo, orientarse hacia nuestro interior, ¡porque allí mora Dios!.

Nuestra cultura, con los medios de comunicación, móviles, internet, está diseñada para que vivamos fuera de nosotros, llenos de ruidos, de imágenes, y de deseos de cosas materiales, y contemplamos una explosión del egoísmo como nunca antes habíamos visto: lo que me importa es que yo esté bien.

El Papa Francisco en Laudato Si dice que la causa última de todo el problema ecológico es que falta la fraternidad (no me importa el otro, mientras yo esté bien).

El estar centrado en cosas exteriores, el deseo de bienes materiales, nos acaba haciendo egoístas. La conversión será pasar de las cosas exteriores a nuestro mundo interior. Descubrir que miro demasiado fuera, y poco dentro de mí mismo. Esto me despersonaliza, me deshumaniza. La verdadera felicidad la encontraremos desde dentro, nunca fuera de nosotros. ¿Dónde estamos buscando la felicidad, fuera o dentro? Por esto, nos hace falta la conversión.

Una pregunta: ¿el último mes, cuántas veces en tu  oración has entrado en contacto con el Dios que habita en ti? ¡Sí, Dios habita en nosotros! ¡Sí, somos templos del Dios uno y trino! Entonces, cómo puede ser que no hayas entrado en contacto con el Dios que te habita.

En nuestra oración tendrían que haber como dos momentos diferentes, o dos maneras diferentes de hacer oración.

Momento 1, o manera 1: La oración que es diálogo con Jesús, o meditación de las escenas del evangelio. Es una oración discursiva.

Momento 2, o manera 2: oración contemplativa, ya no hay discurso, ya no hay ideas,  no hay reflexión, no hay pensamientos. Lo que hay es encontrarnos con Dios que nos habita. ¡¡Entrar en nuestro interior!! Apartar ideas, reflexiones, y encontrar a Dios.

Dice Santa Isabel de la Trinidad: “He hallado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí esta verdad todo se iluminó en mi.”

Somos uno con Dios. Como el sarmiento es uno, con la vid. Lo diremos después en el prefacio: “en ti somos, vivimos y existimos”. La estación final de nuestro viaje al interior es esta contemplación: Dios en nosotros.

Y el segundo mensaje de Jesús, hoy para ti y para mí, es: “Venid y seguidme”. Al poner la llamada de los discípulos en un contexto de llamada a la conversión, Mateo nos está diciendo una cosa importantísima: ¡cuando hay deseo de conversión puede haber seguimiento del Cristo! Si no hay deseo de conversión no hay seguimiento. La conversión y el seguimiento de Jesús son dos caras de la misma moneda. Si hay conversión hay seguimiento. Si hay seguimiento (real), hay conversión.


Acabo con las palabras que Jesús nos dirige hoy a cada uno de nosotros: conviértete y ven conmigo...

Francesc Jordana




sábado, 21 de enero de 2017

ABRÁZAME (POEMA A MARÍA)




ABRÁZAME

Abrázame tú María;
Tus gozos sean mi consuelo,
Llegue mi llanto hasta el Cielo
Hasta que aparezca el día. 

Bendice mi pensamiento,
Imprégname con tu amor,
Alivia mi cruel dolor
Y mi duro abatimiento 

En tu seno virginal, 
Como con Jesús hiciste
Y al enemigo abatiste, 
Líbrame de todo mal. 

Protégeme de las cosas 
Que me separan de Cristo,
Para estar siempre provisto 
En sus manos amorosas. 

Dame tu virtud que ostenta 
Toda la fuerza de Dios,
Que en hermosa unión los dos
Capearemos la tormenta.



Rafael Marañón

1988


miércoles, 18 de enero de 2017

QUE HAYA LA VALENTÍA PARA DIFUNDIR LO BUENO DE LOS SACERDOTES...



Carta de SACERDOTE CATÓLICO AL NEW YORK TIMES 

Querido hermano y hermana  periodista:

Soy un simple sacerdote católico.  Me  siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo  en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en  vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa,  investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así  aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…  Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones  periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas  de preconceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique  tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del  lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las  medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la  dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por  millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en  los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de  información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde  Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas  de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han  retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con  la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de  110.000 niños...


No es de interés que con otros sacerdotes  hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su  rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.  

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las  noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la  calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen  de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros  sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un  refugio.
Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa  por casa confortando los enfermos y desesperados. 

No es noticia que  más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería,  en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados  de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en  escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias  y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por  salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya  transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco  señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más  recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo  están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la  región… Ninguno pasa los 40 años. 


No es noticia acompañar la vida  de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que  sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido  comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que  un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la  Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a  Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada  criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas  ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento  ofendido.
periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.Sólo le pido amigo 

En  Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

"Mi pasado Señor, lo confio a tu Misericordia; Mi presente a tu Amor; Mi futuro a tu Providencia"



domingo, 15 de enero de 2017

TE NECESITO, RESCATAME NUEVAMENTE





Empezamos un nuevo tiempo litúrgico. El tiempo ordinario, en el que vamos contemplando la vida de Jesús, su predicación, sus milagros. La finalidad de este tiempo litúrgico se conocer más a Jesús, enamorarnos más de su persona, de sus criterios, de sus modos de hacer, de sus actitudes.

El Papa Francisco en la extraordinaria exhortación EG nos dice: "Invito a cada cristiano, ..., a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo .... (esta es la pretensión del tiempo ordinario" renovar ... "). Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, ​​y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Este es el momento para decir a Jesucristo: "Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy de nuevo para renovar mi pacto contigo. Te necesito. Rescatame nuevamente, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores ». Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!. "(Pto 3)
Con este deseo de renovar nuestro encuentro personal con Jesucristo empieza el tiempo ordinario.
Estamos en el comienzo del evangelio de Juan, y en él sale la profesión de fe de Juan Bautista que da sentido a todo el Evangelio: "Yo ... doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios". Esta confesión es como un encabezamiento, el tema central, de toda la obra de Juan. 
Nos ayuda a profundizar su identidad las dos acciones que atribuye a Jesús: "quita el pecado del mundo", "es el que bautiza con Espíritu Santo". Jesús nos libera del pecado y nos comunica el Espíritu Santo. Síntesis perfecta del cristianismo.
Tradicionalmente en occidente hemos puesto más el acento en la primera dimensión: Jesús liberador de la esclavitud del pecado. Y oriente ha puesto más el acento en la segunda dimensión: Jesús comunicador del SE. Las dos  se complementan y enriquecen nuestra vivencia.

Resumiendo: empezamos un nuevo tiempo litúrgico, se nos invita a un nuevo encuentro con Jesús que nos libera de todo aquello que no nos deja ser felices y que nos comunica su principio vital, nos comunica la Vida.

El otro día vi una peli, La gran apuesta, comenzaba con una cita de Mark Twain: "No es lo que no sabes lo que te mete en problemas, es lo que sabes con certeza y no es así ". La traducción cristiana sería: si tienes certezas que guían tu vida y están equivocadas, tienes un gran problema. Y esto, de diversas maneras, nos pasa a todos !!

Al comenzar un tiempo litúrgico donde iremos contemplando a Jesús nos pide a nosotros mucha humildad, mucha atención a lo que nos dice Jesús, mucho deseo de cambiar aquello que no encaja con los valores que Jesús nos vaya proponiendo, nos pide está dispuestos a desintalarnos, a hacer caminos nuevos, a hacer cambios en nuestras vidas, porque el que nos habla es Dios mismo, y con él no podemos hacer juegos de manos, no podemos engañarle, no podemos hacer una escucha pasiva de lo que dice.!

Al comenzar el tiempo ordinario ¿seremos dóciles a lo que Jesús nos dirá? ¿Estaremos dispuestos a cambiar cosas en nuestra vida? ¿Comportamientos, maneras de hacer, gastos, opciones personales?
Es más, lo que más nos interpela, que más nos choca, que más nos cuesta aceptar o de entender, es lo que con más atención deberíamos escuchar y rezar.
Al comenzar el tiempo ordinario: "yo y Jesús qué? ¿Qué hay en nuestro corazón?

Termino con la oración que el Papa nos animaba a hacer a Jesús: "Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy de nuevo para renovar mi pacto contigo. Te necesito, rescatame nuevamente ".

Francesc Jordana


sábado, 14 de enero de 2017

¡GRACIAS MARÍA, PORQUE ERES UNA ESCUELA DE VIDA PARA MI!


Existe un camino cuyo recorrido es muy corto. Va del corazón al corazón. Es verdad que muchas veces se utilizan atajos para evitarlo porque se considera un camino lleno de dificultades, peligros e incertezas. Pero en este segundo sábado del año te fijas en la figura de la Virgen y comprendes que Ella no tuvo nunca miedo a recorrerlo. Cada uno de sus pasos, lentos pero seguros, se guarnecían con la sombra del Espíritu Santo y se acompasaban con el susurro melodioso de la voluntad de Dios.


En su primer viaje —porque luego vendrán otros repletos de dificultades como el del camino a Belén, la huída a Egipto o el de Jerusalén en la fiesta de la Pascua—, cuando María visita a su prima tras el anuncio del ángel, Cristo tarareaba en su seno las hermosuras de la humanidad que iba a venir a redimir. María va al encuentro de Isabel para compartir el gozo de la espera. Es el viaje que ha avivado en cada uno de nosotros la espera del Señor hasta el día de Navidad. Un tiempo que vivenciamos hace unas semanas como una manifestación de la ternura de Dios que nos permite reflexionar sobre la paz y el amor que nos trae el nacimiento de Jesús. El año 2017 va dando sus pasos y siento que mi obligación como cristiano es llevar esa ternura a los corazones de los que se crucen en mi camino porque he visto nacer a Cristo en el portal de Belén y todavía siento su presencia viva en mi corazón.
Existe un camino que transita de los ojos misericordiosos del Padre a los ojos sencillos de los seres humanos. Y es la Virgen, la Madre del Dios hecho Hombre, quien lo va abriendo para permitir que Jesús camine a nuestro lado. Lo hace con una maleta repleta de amor, de un amor lleno de cariño, de entrega, de delicadeza, de sencillez, de generosidad, de humildad…
María es la mujer que nos ha traído a Dios y nos lleva hacia el corazón de Dios. Y es a Ella en quien quiero mirarme en este año para seguir su ejemplo de docilidad, de reverencia, de fidelidad, de sencillez, de capacidad de escucha, de sobriedad, de humildad, de pureza y de todas aquellas virtudes que rivalizan entre sí en el corazón de María para llevarlas al corazón del hombre. ¡Gracias, María, porque eres una escuela de vida para mí!

¡Gracias, María, porque eres una escuela de vida para mí! ¡Gracias, Madre, por tus bondades, porque nos abres el corazón para llevarnos hacia tu Hijo! ¡Gracias, María, por tu ternura, por tu mirada maternal, por tus auxilios, por tus consejos, por tus orientaciones, por tu ejemplo! ¡Gracias porque me enseñas como abrirme a la gracia y a la escucha de la Palabra! ¡Gracias, María, porque me enseñas a mantener el “Sí” en todos los acontecimientos de mi existencia suceda lo que suceda! ¡Gracias, María, porque habiéndote abierto a la gracia me permites a mi también abrirme cada día! ¡Gracias, María, Madre buena y misericordiosa, que con tu “Si” engendastre al Hijo de Dios que ha venido a mi corazón esta Navidad pasada y das Vida y Amor a nuestra existencia a través de Cristo! ¡Gracias, María, porque eres un espejo puro y limpio en el que mirarse cada día! ¡Gracias, María, porque intercedes por mí con mis pobres y egoístas súplicas! ¡Gracias, Madre Celestial, porque cogerme entre tus brazos y protegerme a mí a y los míos cada día! ¡Gracias, María, porque tus gestos son un luz que ilumina mi vida! ¡Y en este sábado, Señora y Madre mía yo me ofrezco del todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día: mi cuerpo, mi alma, mi mente, mi espíritu y mi corazón, en una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya!

Fuente: Orar con el corazón abierto (Blog)
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/








viernes, 13 de enero de 2017

EN LA CRUZ NO HABÍA NADA....




En la cruz no había nada: ni belleza humana, ni poder, ni riqueza, ni fama. Sólo había amor. Un amor despojado de todo atractivo humano, revestido de fracaso, de abandono y de mucha desnudez. Y así, en ese amor crucificado, vivía el Señor el mayor despojo de sí mismo y la mayor entrega al Padre. Y a la cruz sigue la sepultura, el desaparecer de toda figura y rostro humano en esa tiniebla y oscuridad en la que se hace fecundo el grano enterrado.

Has de tener la valentía y el coraje de no ser nada, de no ver o entender lo que Dios permite en tu vida, de querer enterrarte en el anonimato y el olvido de los hombres, de pasar desapercibido a los ojos de muchos, de no ambicionar esa honra humana, tan efímera como voluble, que infla el orgullo y hace estéril tantos apostolados. Que no te asuste vivir tu fe en el rincón de los pequeños, de los que no son importantes a los ojos de los hombres, de aquellos con los que nadie cuenta, de los que nunca son consultados, valorados o aplaudidos. Y no con una actitud de victimismo egocéntrico sino con la conciencia viva y alegre de que te estás crucificando con Cristo.
Despojarse de uno mismo es el camino para gustar el amor de los íntimos de Dios, ese que anida en el corazón de la cruz y que hace creíble tu vida cristiana. No pretendas vivir tu fe cristiana sin mucha renuncia y negación de ti mismo, porque te enredarás en la maraña de un continuo flirteo con la santidad y con la mediocridad, sin llegar nunca a la auténtica entrega a Dios.



domingo, 8 de enero de 2017

SIN EL ESPÍRITU SANTO....


Realmente sorprende un poco el cambio que nos propone la liturgia: viernes celebrábamos la Epifanía, contemplábamos como los magos de oriente adoraban al niño Jesús, y hoy celebramos el bautismo del Señor.

Sorprende, pero, hace falta recordar que esta fiesta forma parte del tiempo de Navidad, con esta fiesta se acaba el tiempo de Navidad. Y, ante esto, es inevitable preguntarnos, ¿por qué la liturgia quiere vincular la Navidad y la fiesta del bautismo del Señor?

La respuesta es clara: esta fiesta nos ayuda a cerrar con coherencia el Tiempo Litúrgico de la Navidad. Esta fiesta ilumina, da luz, a todo lo que hemos vivido y celebrado estos días. Me explico...

En la homilía del día de Navidad, hablábamos de la admiración ante un Dios que se hace un niño. Decíamos que era algo inimaginable, sorprendente, impensable. Y después de unos días contemplando este acontecimiento, surge la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué Dios se hace hombre? Y la respuesta la tenemos hoy, en esta fiesta del Bautismo del Señor: Dios se hace hombre para comunicarnos su Espíritu. Dios se hace hombre para que Jesús nos pueda bautizar con el Espíritu Santo.
Así, con una clara referencia al Espíritu Santo, acaba estos tiempos fuertes de Adviento y Navidad. Si miramos qué pasa con el otro tiempo fuerte: Cuaresma y la Pascua, veremos que culminan con Pentecostés, donde Jesús  nos comunica su Espíritu.

Es bastante significativo: los dos grandes tiempos litúrgicamente fuertes acaban con una referencia clarísima al Espíritu Santo. Esto es porque la vida cristiana se desarrolla en el Espíritu Santo y por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el gran desconocido, lo tenemos poco presente. En cambio, es determinante para vivir  nuestro cristianismo. ¡La liturgia nos lo deja muy claro!

Sin el Espíritu Santo no entendemos qué celebramos en la Navidad, porque es Él quien da la sabiduría...

Sin el Espíritu Santo, de lo contemplado y vivido estos días, no surge ningún propósito, porque es Él quien fortalece nuestra voluntad.

 Sin el Espíritu Santo, todo continúa igual, porque es Él la fuente de la creatividad cristiana. 
La liturgia nos quiere llevar a descubrir y dar relieve e importancia en nuestra vida al Espíritu Santo.
El papa Francisco en la homilía anterior del día de hoy, decía:”no olvidéis invocar a menudo al Espíritu Santo, todos los días. Podéis hacerlo, por ejemplo, con esta sencilla oración: «Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

Hoy, en el evangelio, vemos que Jesús está lleno del Espíritu Santo, y ¡es este espíritu que Jesús nos quiere comunicar! Es una realidad digna de ser pensada, rezada, contemplada: estamos habitados por el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús. En nosotros habita el Espíritu Santo. Pero, esta presencia será más fuerte e intensa en la medida que nosotros seamos más conscientes de ello. Por esto, es una pena que el Espíritu Santo, sea el gran desconocido.


Y, todo esto, da un nuevo sentido a una expresión muy repetida durante el Adviento y la Navidad: “Dios con nosotros”. Esta expresión referida, en principio, a la Navidad, ahora coge un nuevo sentido: “Dios con nosotros”, se refiere a esta presencia del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, en nosotros. Ahora el “Dios con nosotros”, que antes nos hacía mirar la cueva de Belén, ahora, nos lleva a mirar nuestro interior. “Dios con nosotros”, por obra y gracia del Espíritu Santo. ¡Invoquémoslo! ¡¡Hagámonoslo cercano!!

Francesc Jordana


sábado, 7 de enero de 2017

COMPARTAMOS LA LUZ!!



Celebramos la Epifanía, que quiere decir manifestación. Hoy Jesús se manifiesta como luz para todos los pueblos, para toda la Humanidad, para todas las personas, para todos nosotros.

Todos los pueblos y todas las personas estamos simbolizados por estos tres magos de oriente que adoran al niño Jesús, al Hijo de Dios. Vamos a hablar un poco de estos magos.

Mateo habla de “magos”... ¿eran personas que hacían magia? No. La palabra “magos” que hacemos servir en catalán no está demasiado acertada, no es una buena traducción. La palabra original significaría una persona “grande” “ilustre”, por tanto, un sabio.

Lo que tenemos claro es que no eran reyes. El evangelio nunca habla de reyes, ni el trato que reciben de Herodes es de reyes.

¿Eran tres? No lo sabemos seguro. Los tres presentes, oro, incienso y mirra, hacen pensar que fueron tres. Los textos sirios y armenios hablan de doce reyes, dato que San Juan Crisóstomo acepta como válida.
¿Cómo se llamaban? Los evangelistas hacen silencio sobre su nombre, y, hasta el siglo VII no tenemos ninguna clase de referencia a sus nombres. Y, en el siglo XII, San Beda hace una descripción de cómo eran cada uno de los reyes. “El primero fue Melchor, viejo, cano, de barba y cabellos largos y grises. El segundo tenía por nombre Gaspar, y era joven, imberbe y rubio. El tercero, negro y totalmente barbado, se llamaba Baltasar”.


 Hay un “cuento/tradición” que dice que los magos vuelven a sus países convertidos en apóstoles de Cristo, de manera que cuando cuarenta años más tarde el apóstol Tomás llega a aquellas tierras, encuentra que allá ya veneran a Cristo, y consagra obispos a los tres sabios de oriente. Es un cuento muy poco probable.

Lo que sí nos podemos preguntar es que pintan allá los sabios de oriente. ¡Esto sí que es un hecho histórico! ¿Por qué la providencia, mediante una estrella, ha hecho que llegasen allá? ¿Qué se nos quiere hacer entender?

Como he dicho al principio, hoy, Jesús se manifiesta como luz por todos los pueblos, por todas las personas, por todos nosotros. Todos los pueblos y todas las personas estamos simbolizados por estos tres magos de oriente, que siguiendo la estrella, han descubierto la luz.

Rezaremos después en el prefacio: “Porque hoy has revelado en Cristo, luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación”.

Por tanto, la escena de hoy nos interpela: Cristo luz para todos. Sí, para nosotros, pero, también para los que nos rodean. Imaginaros que vais andando por una cueva oscura con un cirio encendido, y, alrededor tuyo hay personas que también tienen cirio, pero, el suyo está apagado. De entrada dudas de compartir la luz, quizás, te la apaguen, pero, si amas, ¡la compartes! No se puede ir por la cueva a oscuras. Quien ha estado en una cueva lo sabe, puedes hacerte mucho daño. Y al compartir la luz con los demás, poco a poco, la cueva se va iluminando...

Estamos en una cueva muy oscura, nuestra sociedad. Todos tienen cirio (capacidad de Dios), pero, pocos lo llevan encendido. ¡Compartamos la luz! ¡No nos la quedemos! Si amamos compartiremos la luz. Pidamos a Jesús que nos enseñe a compartir esta luz. No la sabemos compartir demasiado bien. Pidámosle a Él que nos enseñe. No se lo pidamos un día o dos, sino cada día. Porque por la cueva no se puede andar a oscuras, acabarán haciéndose daño. Y esperemos el milagro que poco a poco, la cueva, la sociedad, se vaya iluminando. Amén.

 Francesc Jordana






jueves, 5 de enero de 2017

UN CAMINO DESDE LA EXPERIENCIA DE UNA NIÑA EN NAVIDAD




Tras el día de la inmaculada las cajas repletas de adornos comienzan a salir y hacen acto de presencia, todo tipo de artículos que a los niños les vuelven locos…este año incluso hemos llegado a tener a los mismísimos Win y Pon frente al portalillo, es una ebullición de emociones que desborda la casa, aquí la regla de “menos es más” no existe,¡¡¡más es mejor!!!!
Durante los siguientes días ensayarán villancicos, y se prepararán para sus actuaciones…memorizarán mensajes de Paz, de Amor, de Alegría… pero aún siguen centrados en las formas…incluso los mayores seguimos ese patrón… compras, regalos, menús, cenas de empresa, mensajitos llenos de grandes deseos… Todo lleno de mucha emoción pero, ¿todo está bien direccionado? Es decir… ¿estamos en camino?
Corremos atolondrados de un lado a otro, sin saber muy bien que pasa. Algo intuimos, pero en realidad no nos paramos a preguntar en qué dirección está Belén , y claro, cuando al fin el hijo de Dios nace, estamos más bien híper-activados y nos abrazamos como si lográramos alcanzar una meta!!!! Nos volvemos locos con los regalos, los WhatsApp y videos navideños, y luego…qué… Después de Navidad estamos tan intoxicados de todos tipo de excesos que como propósito para el año que viene empezamos un régimen, un gimnasio, ser más ordenados, dejar de fumar… y a Dios le hemos dejado allí… con los pañales… en el portalillo.

Inés tiene 21 meses y el día de Nochebuena se acercó a la cuna del niño Jesús que tenemos en el salón y con toda la cara llena de mocos le arreó un beso que me hizo sentir que ella realmente creía estar besando a un bebe de carne y hueso, tal fue mi impresión que cada vez que yo miraba la cuna del niño Jesús, se despertaba en mi la ternura de estar delante de un bebé…La miré y Le vi.

La benjamina de la casa, me hizo contemplar desde su natural ternura, el amor que Dios nos mostró al darnos a su hijo…y brotó en mí una letanía que alguien me enseñó una vez. “QUE CUANDO ME MIREN TE VEAN” y eso tendría que bastar, eso sería mi luz para los demás, debería ser un candil para aquellos que no han saboreado el amor de Dios.
Vivimos tiempos inciertos a lo largo de todo el mundo, aquellos que no simpatizan incluso recelan de los cristianos trabajan con intensidad para que cada vez estén menos presente los símbolos y tradiciones cristianas, en el mejor de los casos͖ en el peor basta con mirar a Siria…pero si vuelvo a mirar a Inés, veo que Dios está aquí, que nada me lo puede arrebatar…nadie lo puede eliminar de mi vida, solo yo soy capaz de alejarme de El…

Desde que Dios entró en mi vida como un torrente desbordado, sé que solo El basta… y eso transformó mi vida de tal manera que ya nada era importante, todo era relativo. Solo Él es capaz de ubicarme en el lugar adecuado cuando me desoriento. Nuestra misión no es en masa, no formamos parte de una iglesia en masa, sino de una iglesia donde todos y cada uno de nosotros estamos íntimamente unidos a Él, de encuentro de Dios con cada uno de nosotros, y por lo tanto de una responsabilidad profundamente personal. No defendemos una cruz por abanderar nuestra dignidad, no es una cuestión de orgullo cristiano, sino de amor de Dios. Por lo tanto lo que a mí me une al otro no es que seamos de una misma comunidad, sino que aquel que tengo en frente es mi hermano. La fe no nos la hemos ganado a base de oraciones y sacrificios, la FE es una gracia que el Señor ha derramado en nosotros, Dios entró en mi vida como un torrente… gratuitamente… yo no hice méritos, más bien lo contrario. Un buen amigo sacerdote me dijo hace poco, “Dios te ama más de lo que te mereces” y fue totalmente revelador que alguien le pusiera palabras a lo que he vivido desde hace años… Desde este punto sólo me queda ponerme al servicio de los demás, sin voluntarismos, sino por amor.
Este amor, esta salida al encuentro el otro no debo realizarla como si fuera a conquistar nuevas tierras, solo debo estar delante del otro como si fuera Dios mismo quien está͖ no voy a enseñar nada, yo no le puedo aportar nada intelectual, no voy con ningún propósito͖ solo deja que Dios obre a través de ti…sin más, cuando El Espíritu Santo sopla, lo hace de forma clara. Esa llama que llevas encendida en ti será la luz que el otro reciba. Es más sencillo de lo que pensamos… Por lo tanto tras la navidad tenemos la certeza de que Dios nos ha regalado la vida, la esperanza y la gracia de sabernos amados, debemos seguir en esa gracia, ser misioneros de nuestra fe, si Dios nos regala a su hijo, no podemos dejarle en el portalillo, cógele y llévatelo contigo … “QUE CUANDO ME MIREN TE VEAN” …
Cuántas veces nos ha dicho Cristo: “no tengáis miedo…” Si algo has sentido en tu corazón en estos días no lo silencies, ¡es Dios mismo quien te llama! ¡Sigue adelante, ese es tu plan de ruta! ¡
¡¡¡ “QUE CUANDO ME MIREN LE VEAN”!!!!!


 Lucía Parrilla publicado en Avanzar