domingo, 7 de agosto de 2016

SENTI QUE DIOS ME AMABA, NO PODÍA DEJAR DE LLORAR

Queridos hermanos y hermanas,

San Pablo nos dice en la segunda lectura;
.   Por la fe Abrahán obedeció la llamada de Dios, sin saber donde iba.
.    Por la fe Abrahán vivió como un forastero.
.    Por la fe Sara estéril fundó un linaje.
.   Por la fe Abrahán puesto a prueba, ofreció su hijo único Isaac.



Por la fe, veinticuatro jóvenes de nuestra parroquia hemos participado de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia. Ha sido un peregrinaje de catorce días. Es la fe, o el deseo de tener más fe, que nos ha llevado allí.

No es nada fácil el tema de la fe para los jóvenes de hoy. En la puesta en común final, que hicimos en el autocar, algunos jóvenes hablaban de cómo habían iniciado la peregrinación: “Venía escéptico en el tema de la fe”. “He tenido un mal año, muy alejada de la fe”. “Venía con muchas dudas de fe, no pensaba que el encuentro me ayudara...”. “Creía en Dios, pero, me faltaban más cosas...” “Hace dos años por problemas me alejé de Dios”. “Me había alejado mucho de Dios”...

¡¡Expresiones que nos recuerdan que hemos de rezar mucho por los jóvenes!!

Por suerte, esto que decían era la manera cómo habían empezado la peregrinación. Gracias a las misas, a las catequesis, a los cantos, a las confesiones, a las palabras del Papa, a las conversaciones entre ellos, todos experimentaron un cambio. Dios tocó muchos corazones, en bastantes casos hasta llorar intensamente, al recibir la gracia de Dios, en nuestro autocar fue, especialmente, en el momento de las confesiones.


 Algunas cosas que dijeron los jóvenes de nuestro autocar: “Sentí que Dios me amaba, no podía dejar de llorar. Dios me amaba y estaba allí”. Es un testimonio que oímos varias veces... muchos pudieron experimentar que Dios les amaba, experimentaron un Dios cercano, que nunca nos deja… “El día de las confesiones, estuve cuarenta y cinco minutos en silencio, arrodillado. Me emocioné muchísimo, resolví muchas dudas. Y en la vigilia del sábado noche, los  resolví todos”. “Hablar con gente que cree, ayuda mucho... Nunca había llorado por cosas así, aquel día sí”. “Muchas veces me he sentido sola en el tema de la fe, allí vi que no estaba sola”. “No pensaba que la peregrinación me ayudara, pero, me ha ayudado mucho. Las conversaciones me han hecho mucho bien. El día de las confesiones, sentí una sacudida dentro de mí,  exploté, lo dejé ir todo. Vuelvo muy renovada a casa”. Podríamos seguir...

Hoy en el evangelio, Jesús nos habla de un tesoro: “haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo” “Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón”, que nos recuerda la parábola del hombre que encuentra un tesoro y vende todo lo que tiene y compra el campo. ¡Jesús es el tesoro de nuestra vida! El Papa Francisco en la vigilia del sábado noche, nos advertía de algunos peligros/actitudes que nos pueden impedir encontrar, disfrutar y comunicar nuestro tesoro:

El primer peligro: “El miedo que solo conduce a un sitio. ¿A dónde lleva el miedo? Al encierro… y su hermana gemela: la parálisis, sentirnos paralizados. Sentir que en este mundo, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, no hay ya espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes, en definitiva para vivir, es de los peores males que se nos puede meter en la vida, especialmente en la juventud. La parálisis nos va haciendo perder el encanto de disfrutar del encuentro, de la amistad; el encanto de soñar juntos, de caminar con otros. Nos aleja de los otros, nos impide dar la mano,…, todos encerrados en… cabinas de cristal”.
(lo que dice a los jóvenes se aplica fácilmente a todos)

El segundo peligro: “Pero en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa y muchas veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde «felicidad» con un «sofá». Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos cerrados en casa, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad», es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, que más puede arruinar a la juventud. Y, Padre, ¿por qué sucede esto? Porque poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados. El otro día hablaba de los jóvenes que se jubilan a los veinte años.”
Exhortación final: “Pero la verdad es otra: queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella…. Ahí está precisamente una gran parálisis, cuando comenzamos a pensar que felicidad es sinónimo de comodidad.”

“Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, es el Señor del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios.”

“Dios espera algo de ti. ¿Lo habéis entendido? Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo contigo puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no será distinto. Es un reto.”
Una joven al escuchar todo esto decía: “Tengo ganas de comerme el mundo”. ¡¡Que este sea nuestro deseo!!

Francesc Jordana









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