¿HAY CRISIS DE SANTOS?

  


   He aquí la cuestión: el santo. Cuestión candente hoy también. El santo es el auténtico hombre, El santo es el genuino cristiano. El hijo de Dios más cabal. El seguidor de Jesús de día y de noche. El hermano universal y servidor como su Señor y Maestro.
   Nuestra Iglesia y nuestro mundo requieren santos. ¿Los hay? ¿Dónde están? ¿Hay crisis de santos? Más aún, ¿alguien quiere ser santo? ¿Cómo se hacen los santos? No hay elucubraciones que hacer para dar una respuesta. Lo que hace falta es vivir la fe: vivir el bautismo recibido, que nos ha hecho morir al pecado y renacer a la Vida Nueva que no es otra que la misma de Cristo.
   Tenemos pues todas las posibilidades de vivir en Cristo, por Cristo, como Cristo. Esto no son palabras vacías. Ya somos otros Él. Nos anima su Espíritu. ¿Qué nos falta? 




  Diría antes qué nos sobra: nos sobran papeles y documentos, reuniones, métodos y técnicas, agendas y planes.
   Cuidado, no estamos en contra, pero nos sobran. Todo esto, seguro que nos enriquece pastoralmente, pero nos exprime el Espíritu, nos diseca el alma y muy pronto se instala en nosotros una significativa pobreza mística.
 A partir de ahí, no es posible tener experiencia de Dios. Se hace muy dificultoso e imposible el encuentro personal y vivo, fehaciente, íntimo, prologando y contemplativo con el Señor, que es lo que nos hace vivir unidos a Él y con su misma savia, como la vid y los sarmientos. En tal caso, la fe y su consiguiente desarrollo en la esperanza y el amor se paralizan, no llegan a su plenitud que es la santidad. He aquí lo que nos falta.
   Que lo sepa todo el pueblo santo de Dios: laicos de a pie, sacerdotes servidores y consagrados apasionados en el seguimiento de Cristo. Que lo sepan nuestros obispos. No faltan santos, pero todos hemos de serlo, Dios lo quiere y es él quien nos santifica. Nosotros lo deseamos y buscamos.



   Se ha dicho y bien: “Necesitamos experiencia de lo que somos, celebramos, predicamos o catequizamos. Eso se llama y es santidad, experiencia de Dios. Y el único camino para conseguirlo es la oración personal que nos lleva a la conversión personal en Cristo. Este es el primero y esencial apostolado de la Iglesia, en los dirigentes y en los dirigidos. Pregúntenselo a los santos de todos los tiempos”. 
P. Gregorio Rodríguez, cpcr

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