viernes, 21 de octubre de 2016

TESTIMONIOS DE LOS ÚLTIMOS EJERCICIOS ESPIRITUALES


Los pasados días 14,15 y 16 de octubre, celebramos en esta casa una nueva tanda de Ejercicios Espirituales.
Un total de 9 ejercitantes, venidos de distintas partes de Catalunya, llenaron nuestra casa de una gran espiritualidad. Los Ejercicios se llevan a cabo según el método de San Ignacio, en régimen de silencio.











Esta vez fueron dirigidos por el Padre Enrique Martín Baena (cpcr) que con sus charlas y meditaciones creó el ambiente idóneo para el progreso espiritual de los ejercitantes.

Os dejamos  pequeños testimonios de los participantes en esta tanda:


- Estoy muy feliz. Estos E.E. me van a servir para mi progreso espiritual.  Lo que dijo el Padre en su homilía me parece muy importante: la perseverancia. De esto se trata ahora, perseverar en las enseñanzas adquiridas.        

- Sí, es muy importante perseverar y, dejar la puerta abierta para que entre Dios.



-Estoy seguro que Dios me llama a través de las meditaciones. De aquí, salgo con muchas certezas,    muchas esperanzas y con propósitos de vida consagrada. 

-Estoy tan lleno que no sé ni por dónde empezar. En 2 días, me ha bastado para lo que otras veces  necesite 5. Estoy lleno de una renovación y alegría interior y muchísimos consuelos.



- Me ha costado mucho el silencio. He aprendido cosas y creo que he encontrado alguna solución.

- Me costó el silencio, a mí también. Pero no el silencio de fuera, sino el de dentro. La contemplación es un reto: dejar nuestros pensamientos. Es difícil estar en silencio y escuchar. Al final, me ha ido mejor. Hay puntos de oración que me han tocado y me los llevo. Tengo que ejercitar mi capacidad de silencio.

- Hice los Ejercicios hace 4 años en Madrid. Esta vez  he encontrado un gran ambiente familiar, con la impresión de estar en casa. ¡Qué gusto estar con el Señor, sin móvil, y ver a compañeros que conozco! He estado muy a gusto. Dios me ha hecho un gran favor haciéndome venir aquí.


 - Estos ejercicios han sido diferentes, respecto a los otros. Gracias a Dios he podido hacer estos ejercicios, los echaba en falta (el año pasado, nos los pude hacer). Tres horas antes de venir, perdí la paz, el enemigo no quería que viniese. Me paré y fue a rezar. ¡Ir así a ver al Señor en los Ejercicios, con este disgusto...! Pero Dios me escuchó. Vino la tranquilidad y pude venir, sin colgar la preocupación, pero en paz. Por la noche encontré mucha alegría de estar delante del Señor. Me ha ido muy bien. Después de la confesión, estuve en consolación, muy contento.




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