sábado, 1 de octubre de 2016

SANTA TERESITA Y PAPA FRANCISCO




La gran devoción del Papa Francisco por la mística carmelitana y patrona universal de la misiones -cuya fiesta se celebra cada 1 de octubre- es notoria y muy significativa.

Santa Teresa de Lisieux murió a la edad de 24 años en 1897. Teresa, mientras estaba todavía viva, había prometido que después de su muerte habría hecho llover del cielo “pétalos de rosas”, es decir gracias concedidas por Dios gracias a su intercesión. Escribió: “Un alma encendida de amor no puede permanecer inactiva... Si ustedes supieran cuántos proyectos hago sobre todas las cosas que haré cuando llegue al cielo... Sí, quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”. 



¿Qué significa la rosa blanca para el Papa Francisco? Lo explicó él mismo, cuando era cardenal, en el libro entrevista “El Jesuita” escrito por Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti. Los periodistas, al describir la biblioteca de Bergoglio en Buenos Aires, escriben: “La escenografía de su biblioteca personal se completa con algunos retratos de personas queridas. .. nos llamó la atención ver en uno de los estantes de la biblioteca un cuenco lleno de rosas blancas con una estampa de Santa Teresita detrás. “Cuando tengo un problema -contó- le pido a la santa, no que lo resuelva, sino que lo tome en sus manos y me ayude a asumirlo y, como señal, recibo casi siempre una rosa blanca.” 



El profesor Gerardo del Pozo explicaba lo siguiente:

“El Papa Francisco se ha referido ya varias veces a santa Teresa de Lisieux. Por ejemplo, cuando le preguntaron qué llevaba en la bolsa con que subió al avión en su vuelo a Río de Janeiro, dijo que, junto a los enseres habituales, incluía un libro de santa Teresa de Lisieux”.

“A los pocos días de su elección una periodista amiga suya, Stefania Falasca, publicó un artículo con el título: Una rosa blanca de santa Teresa. Cuenta allí que el cardenal Bergoglio tenía la costumbre de acompañar sus cartas o simples saludos con una imagen de Teresa de Lisieux y que siempre la lleva en los viajes”.

“En un Consistorio de Cardenales de 2007, esta misma periodista se encontró en Roma con el cardenal Bergoglio, que llevaba consigo la imagen de santa Teresita. Entonces le dijo que cuando tiene un problema se lo confía a Teresa: “No le pido que lo resuelva, sólo que lo tenga en sus manos y me ayude. Como señal recibo casi siempre una rosa”. Incluso rezó delante de ella una parte de la oración para obtener la rosa: Florecita de Jesús, pídele hoy a Dios que me alcance la gracia que yo ahora pongo con confianza en tus manos”.



En una entrevista a la mencionada periodista italiana durante la preparación del documento final de Aparecida, le dijo el entonces cardenal Bergoglio ‘No hay que tener miedo a depender sólo de la ternura de Dios, como lo ha hecho Teresa de Lisieux, que es por eso una hija predilecta de María y una gran misionera’”.

El Papa Francisco el año pasado en la fiesta de santa Teresa de Lisieux, afirmó en la homilía de la Santa Misa: “Nos hará bien reflexionar en el espíritu de humildad, de ternura, de bondad. Un espíritu humilde que el Señor quiere de todos nosotros. ¿Dónde está por lo tanto la fuerza que nos conduce a este espíritu? Precisamente en el amor, en la caridad, en la conciencia de que estamos en las manos del Padre”.


 “Esa caridad que todo sufre, todo perdona, que no se vanagloria, que es humilde, que no se busca a sí misma. Alguien puede decir -y había algunos filósofos que pensaban así- que esta sea como una humillación de la majestad del hombre, de la grandeza del hombre. ¡Esto es estéril! La Iglesia sabia ha hecho a esta Santa, humilde, pequeña, confiada de Dios, dócil: la ha hecho Patrona de las Misiones”.

“La caridad es simple: ¡adorar a Dios y servir a los demás! Y este testimonio hace crecer a la Iglesia. He aquí el por qué una monja tan humilde, pero tan confiada en Dios, como Santa Teresa del Niño Jesús, fue declarada Patrona de las Misiones, porque su ejemplo hace que la gente diga ¡Queremos venir con vosotros!”.

Terminamos esta breve síntesis sobre la devoción del Papa Francisco a santa Teresa de Lisieux, coincidiendo totalmente con el profesor Del Pozo, quien afirma que “el cardenal Bergoglio es ahora el papa Francisco, y por tanto, seguro que ha puesto en manos de Teresa su solicitud por la Iglesia”.




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