Tentaciones en los cristianos hoy


''Las tentaciones a las que enfrentarse son muchas. Hablo al menos de dos: La primera es la pelagiana, que empuja a la Iglesia a no ser humilde, desinteresada y bienaventurada. Y lo hace bajo la apariencia de un bien.

A menudo nos lleva también a asumir un estilo de control, de dureza, de normatividad. La norma da al pelagiano la seguridad de sentirse superior, de tener una orientación precisa. Allí encuentra su fuerza, no en la levedad del soplo del Espíritu...

La doctrina cristiana no es un sistema cerrado, incapaz de generar preguntas, dudas, interrogantes , sino que está viva, sabe inquietar, animar. Su rostro no es rígido, su cuerpo se mueve y crece, su carne es carne: la doctrina cristiana se llama Jesucristo''.

''Una segunda tentación es la del gnosticismo que lleva a confiar en el razonamiento lógico y claro que, sin embargo, pierde la ternura de la carne del hermano...

La diferencia entre la trascendencia cristiana y cualquier forma de espiritualismo gnóstico reside en el misterio de la Encarnación. No poner en práctica, no conducir la Palabra a la realidad, significa construir sobre la arena, permanecer en la idea pura y degenerar en intimismos que no dan fruto, que hacen estéril su dinamismo''.

''Pero entonces, os preguntaréis: ¿Qué debemos hacer? ¿Que nos pide el Papa? A vosotros os toca decidir: pueblo y pastores juntos. Y yo os invito, simplemente, a... contemplar de nuevo el Ecce Homo''.

''Pido a los obispos que sean pastores. Nada más: pastores. Que esta sea vuestra alegría: ''Soy pastor''. Os sostendrá vuestra gente, vuestro rebaño...

Que nada ni nadie os quite la alegría de ser apoyados por vuestro pueblo. Como pastorses no seáis predicadores de doctrinas complejas, sino heraldos de Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Apuntad a lo esencial, al kerigma. No hay nada más sólido, profundo y seguro de este anuncio.

Pero que sea todo el pueblo de Dios el que anuncie el Evangelio: quiero decir el pueblo y los pastores''.

''Recomiendo a toda la Iglesia lo que indiqué en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudim: la inclusión social de los pobres, que tienen un lugar privilegiado en el pueblo de Dios, y la capacidad de encuentro y de diálogo para promover la amistad social de cara al bien común''

''Que Dios proteja a la Iglesia de cualquier sucedáneo de poder, de imagen, de dinero. La pobreza evangélica es creativa, da la bienvenida, acoge, sostiene y está llena de esperanza. La iglesia madre... reconoce a todos sus hijos abandonados, oprimidos, cansados. Y ésta, como sábeis es desde siempre una de nuestras virtudes, porque el Señor derramó su sangre no por algunos, no por pocos ni por muchos, sino por todos''.

''Os recomiendo también, de foma especial, la capacidad de diálogo y de encuentro. Dialogar no es negociar. Negociar es tratar de llevarse un trozo de la tarta común. No es eso lo que quiero decir. Es buscar el bien común para todos''.

''Que la Iglesia sea levadura de diálogo, de encuentro, de unidad... Acordaos también de que la mejor manera de dialogar no es la de hablar y discutir, sino la de hacer algo juntos, la de construir juntos, la de hacer proyectos: no solo entre los católicos, sino con todos aquellos que tienen buena voluntad''.

''Pero que la Iglesia también sepa dar una respuesta clara a las amenazas que surgen en el debate público: esta es una de las formas de la contribución específica de los creyentes en la construcción de la sociedad. Los creyentes son ciudadanos....

Me apelo sobre todo "a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes,": No miréis la vida desde el balcón, comprometeos, sumergios en el amplio diálogo social y político... Nuestro tiempo nos llama a vivir los problemas como retos, no como obstáculos: el Señor está activo y trabaja en el mundo. ... Estéis donde estéis, no construyáis nunca muros ni fronteras, sino plazas y hospitales de campaña''

''Quiero una Iglesia contenta con rostro de madre, que entienda, acompañe, acaricie. Soñad también vosotros con esta Iglesia, creed en ella, innovad con libertad. El humanismo cristiano que estáis llamados a vivir afirma radicalmente la dignidad de cada persona como Hijo de Dios, establece entre cada ser humano una fraternidad fundamental, enseña a entender el trabajo, a habitar la creación como una casa común, ofrece razones para la alegría y el humorismo, incluso en medio de una vida muy dura''.
Papa Francisco en Florencia, 10 de noviembre 2015

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