domingo, 8 de noviembre de 2015

Gestos pequeños

Contemplamos hoy como Jesús ve un gesto pequeño, escondido, que pasa desapercibido. Y eso es una buena noticia para nosotros. Jesús continúa hoy viendo nuestros gestos pequeños, escondidos, que pasan desapercibidos. No hacemos las cosas como los maestros de la Ley, que tan bien definía Jesús, preocupados en que (“les encanta pasearse con amplio ropaje”… “les hagan reverencias en la plaza,… buscan los asientos de honor,... los primeros puestos en los banquetes...”). No es esta nuestra motivación. Hacemos las cosas por Dios. También aquello que no verá nadie, lo hacemos por Dios. Como dice Jesús mismo: “Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mt 6,4)

Por tanto, este mirar de Jesús los gestos pequeños, para nosotros tiene mucha importancia. Nos indica un camino: hacer mucho bien y con mucho amor lo que hemos de hacer, “Jesús nos ve”. Y nos indica una espiritualidad: la de la santificación en la vida ordinaria.

En la primera lectura, el protagonista no era el gran profeta Elías, sino una viuda de Sarepta. Y en el evangelio, el protagonista no es Jesús, cosa rara, sino una viuda. Jesús interpreta su gesto, pero, el foco queda puesto sobre ella. Hoy ponemos el foco sobre dos viudas.


Dos viudas que dan todo lo que tienen, que no se quedan nada. La viuda de Sarepta, vacía toda su orza de harina y vacía todo el aceite de la alcuza. Y de la viuda del evangelio, dice Jesús que “ha echado todo lo que tenía para vivir”.

¿Son muy generosas? ¿son inconscientes? ¿son imprudentes?. Yo pienso que su gesto nace de la confianza en Dios. Lo dan todo porque confían en Dios, su confianza está puesta en Dios.

Y la suya, no es una confianza abstracta, teórica, idealizada... sino que es una confianza en que Dios actúa.

¿Os pensáis que a la viuda del evangelio, después de dar todo lo que tenía para vivir murió de hambre? ¿le  faltó comida en casa?... yo pienso que no... Dios provee, Dios providente. El Cottolengo vive de la providencia. El Cenáculo, que tenemos en la parroquia de Fogars, vive de la providencia. El Cenáculo son unos jóvenes que se rehabilitan de su dependencia de las drogas a partir de la oración y del trabajo. Con un tanto por ciento de éxito mucho mayor que los de Proyecto Hombre.

A nosotros, todo el discurso del Dios que actúa, del Dios providente, nos cuesta. En cambio, la confianza en Dios, parece el gran grito de Jesús a lo largo de su vida: ¡¡confiad en Dios!! ¡En el Padre providente! En el evangelio de Juan Jesús, lo llega a expresar: “Confiad en Dios, confiad también en mi”. (Jn 14.1)

¿Confiamos en Dios? ¿en Dios que actúa? ¿en Dios que provee?. “La prueba del algodón...”. Una cosa concreta en la que te hayas abandonado en Dios, donde hayas dicho “Él lo hará”, “Él proveerá”, “Él actuará”, te hayas abandonado...

Siguiendo la misma línea. Y esta última idea va para los que van a por nota... El saco de harina tuvo que vaciarse todo, la jarra de aceite tuvo que vaciarse toda, la viuda del evangelio se quedó sin nada, totalmente vaciada. Es preciso vaciarse para llenarse. Sólo entonces, Dios los puede llenar, sino se vacían no hay espacio. No podemos encontrar Dios mientras el bote y la jarra estén llenos a verter, sino cuando han quedado vacíos, y falta hasta  aquello que necesitan para vivir. ¿De qué te has de vaciar?

Si a Dios le damos de lo que nos sobra (el tiempo que me sobra, la limosna que me sobra,...) Dios acaba sobrando. Con el ejemplo de las dos viudas, Dios nos pide de lo que necesitamos..., (el tiempo que necesitas, el dinero que necesitas,...) pero, Dios no sólo quiere que le demos lo que necesitamos, sino Dios quiere que le demos todo lo que necesitamos.... Esto es un proceso, un camino …

Tantas cosas que no le queremos dar... pues, ¡¡Dios las quiere todas!! Y cuando entramos en este camino, Dios se convierte en todo para nosotros...


Que cada uno pida luz y haga lo que pueda...
Francesc Jordana

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