Debemos seguir gritando a Dios


“No podemos ver claramente el plan misterioso de Dios, sólo vemos hechos aislados, y nos equivocaríamos al ponernos como jueces de Dios y de la historia. Así no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos a su perdición.

No, cuando está todo dicho y hecho, debemos seguir gritando con humildad e insistencia a Dios: «¡Levántate! ¡No te olvides de la humanidad, tu criatura!»

Nuestro grito a Dios tiene que ser del mismo tiempo un grito que penetra en nuestro mismo corazón para que despierte en nosotros la Presencia de Dios, para que el poder que ha depositado en nuestros corazones no quede cubierto o sofocado en nosotros por el fango del egoísmo, por el miedo de los hombres, por la indiferencia y el oportunismo.

Parecen surgir nuevamente en los corazones de los hombres todas las fuerzas oscuras: por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes; y por otra, el cinismo que no reconoce a Dios y que escarnece la fe en Él.

Gritamos a Dios para que lleve a los hombres a arrepentirse y a reconocer que la violencia no crea paz, sino que más bien suscita más violencia, un círculo de destrucción en el que a fin de cuentas todos pierden”
Benedicto XVI

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