Energía universal?....espíritu misterioso?....una fuerza?, "algo tiene que haber..."
Dios no es una cosa vaga y abstracta (como dicen algunos
“algo tiene que haber...”) o una
energía universal, o un espíritu misterioso, o una fuerza presente en todas las
cosas...
Hoy en día oímos muchas afirmaciones en este sentido, ¡muchas!,
en La Contra de La Vanguardia está lleno. Cuando escuchamos a gente que así habla
es bueno interrogarles para desenmascarar la debilidad de esta idea, de este
pensamiento. Preguntas como:
. ¿De
dónde proviene esta energía/fuerza/espíritu?
. ¿Cómo se comunica?, ¿de qué depende que uno lo
reciba y otro no?
. ¿Cómo explica el mal?, ¿qué tipos de persona quiere
construir?, ¿hay vida después de la muerte...?
Y a
ninguna de estas preguntas os podrán contestar. Porque detrás de esta idea hay
un pensamiento débil, líquido, sin entidad antropológica y, ni filosófica. No hay
casi nada...
A quien nos hable así, le podemos decir... “eh, ¡¡pero, no te has enterado!! Dios se ha
revelado. Tenemos clarísimo que Dios no es una energía, o una fuerza o un espíritu
misterioso, porque se ha revelado,...,
lo hizo durante siglos...”
La primera lectura fue escrita hará unos tres mil
quinientos años. ¡¡Tres mil quinientos años!! El libro del Éxodo, fue escrito
el año 1450 antes de Cristo. Y, mirad de qué manera tan conmovedora se revela Dios:
“Señor, Señor, Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. Lo hemos oído
muchas veces, pero, no podemos dejar de emocionarnos ante un Dios que se revela
de esta manera. ¡Admirémonos de la belleza y bondad de su ser!
Y a estos que creen estas cosas un poco extrañas, les podéis
acabar diciendo... “Y para que no hubieran
dudas de ningún tipo, hubo un momento que Dios nos envió a su Hijo único, para
revelarse al “modo humano” y fuera comprensible para nosotros”.
Nos ha dicho Jesús en el evangelio: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito”. En él culmina la
revelación.
Y nosotros ¿cómo acogemos la revelación que Dios hace de
sí mismo? ¿Nos interesa? ¿Nos ocupa? ¿Nos genera vida? ¿Nos da luz? ¿Nos sirve
de algo que Dios se revele?
El Dios que nos revela Jesucristo, es un Dios Trinitario.
Jesús que se presenta como el Hijo, nos habla del Padre y nos promete el Espíritu
Santo.
La Trinidad es comunión de personas. Dios es una “familia”
de tres persones que se aman tanto que forman una sola cosa. No se entienden
separadamente. Son una con la otra, una por la otra, una en la otra. Sólo se entienden
en comunión. Por esto, la oración eucarística acaba con: “Por Él, con Él y en Él,
a ti Dios Padre...”
¿Y esto le dice alguna cosa a nuestra vida? El misterio
de la Santísima Trinidad, ¿le dice alguna cosa a nuestra vida? Sí, y tanto. Porque nosotros
estamos hechos a imagen y semblanza de Dios. Esto quiere decir que también nosotros
somos comunión de personas. Nos hemos de entender a nosotros mismos como seres
en relación a los demás, a todos, amigos y enemigos.
No estamos hechos para “poner una cruz al otro”.
No estamos hechos para romper puentes.
No estamos hechos para dejar de hablar con fulanito...
No estamos hechos para vivir por encima de los demás.
No estamos hechos para vivir contra los demás.
Todo esto rompe el plan de Dios. Y aunque no lo parezca
va contra nosotros, contra uno mismo.
Somos llamados a ser con los demás, para los demás, y en
los demás. ¡¡A ser todos familia!! Éste es el proyecto de Dios para la Humanidad.
¡¡En el cristianismo, cómo cuadra todo!!... Que esta
eucaristía nos haga vivir según nuestra identidad de ser personas en comunión,
por el otro, con el otro, y en el otro.
Francesc Jordana
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