domingo, 12 de febrero de 2017

NO SE TRATA SOLO DE NO MATAR




Si un amigo no creyente os dijera:”el otro día, oí hablar de Jesús y sentí curiosidad... ¿me podrías decir algún texto del evangelio para conocer su mensaje?”. ¿Qué le diríais?

(Si no sabes qué decirle, quizás, quizás, es que has tenido poco el evangelio en tus manos)

Yo no tengo ninguna duda de lo que le diría:”Lee el capítulo 5, 6 y 7 de Mateo: el Sermón de la Montaña”.

Es más, nos haría a todos mucho bien leer estos capítulos, para darnos cuenta de la belleza y profundidad del mensaje de Jesús. Hace dos domingos que lo estamos leyendo, y lo leeremos los próximos tres domingos. Pero, lo hacemos a fragmentos y no en su totalidad. Pienso que es bueno hacer una lectura continua de estos capítulos.

Muchas veces me habéis dicho “es que oigo críticas a la Iglesia, y no sé qué decir”. Pienso que estos capítulos de Mateo, 5, 6 y 7, nos abren una puerta: frente a las críticas se puede decir: “sí, sí, la Iglesia la formamos personas y éstas se equivocan, ya lo sabemos, no somos ingenuos, pero, ¿y Jesús qué? Te animo a leer el capítulo 5, 6, i 7 de Mateo, porque descubrirás aquello que nos mueve desde hace dos mil años, que no pasa de moda y que te puede ayudar también a ti”. 

¡En nuestros diálogos les hemos de llevar siempre hacia Jesús!

Y una última idea del Sermón de la Montaña. ¿Sabéis qué hay en medio del Sermón de la Montaña? Justo en el medio. El padrenuestro. Jesús enseñando a rezar a  sus discípulos con unas recomendaciones muy concretas, y enseñando la oración del padrenuestro. No es una casualidad. Para poder vivir el Sermón de la Montaña, es necesaria la oración. ¡¡Qué bonito!! Pero, de esto, sólo te das cuenta cuando lo lees todo seguido. Os animo a hacerlo, capítulo 5, 6 i 7 de Mateo.

Hoy Jesús nos dice que no viene a desautorizar la Ley, los diez mandamientos,  ni todo lo que dijeron los profetas, sino a completarlos.

¿Y cómo los completa? De dos maneras. Muy interesante esto, y útil para nuestras vidas. Primero, los completa radicalizándolos, que quiere decir haciéndolos ir a la raíz, ir al origen, ir al fundamento del mandamiento.

Me explico. Jesús viene a decir: “no se trata sólo de no matar, es que no podéis enfadaros con un hermano, ni menospreciarlo, ni insultarlo”. Esto es llevar el mandamiento a su raíz. No puedes hacer el mal, aunque sea un pequeño mal. ¡No puedes hacerlo!

A veces, me dicen: “yo no mato, no robo, soy fiel, por tanto, no peco”. Están en el Antiguo Testamento. Este razonamiento es del Antiguo Testamento. Están cumpliendo formalmente los diez mandamientos, pero no responden a esta radicalización que nos presenta Jesús. Donde no puedes hacer el mal, donde nunca puedes hacer el mal, ni por pequeño que sea... ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Volvamos a escuchar Jesús: “Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego”.

Quizás, nosotros, a diferencia de Jesús, no nos preocupa demasiado ir criticando, juzgando, murmurando, insultando, mintiendo, discutiendo,... “No mato, no pasa nada”. Éste no es el dinamismo que nos propone Jesús. ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Estamos hablando de cómo Jesús completa los mandamientos. Hemos visto la primera manera: yendo al fundamento, a la raíz del mandamiento. Pues, la segunda manera de completar los mandamientos es llevándolos a plenitud. Y lo que los lleva a plenitud es el amor, la caridad.

Ya no es “no mates”, ahora es “ama a los enemigos”. El domingo que viene seguiremos en el Sermón de la Montaña y leeremos este texto.

Del “no mates” al “ama a los enemigos”, ¡qué cambio!, ¡qué salto cualitativo! Esto sí que es completar la ley y dejarla ya toda acabada.

No se trata de cumplir la ley, sino de amar. Mejor dicho. Se trata de amar siempre y así, cumplir verdaderamente la Ley y los Profetas. Amén.

Francesc Jordana






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