sábado, 31 de diciembre de 2011

¡Y vaya año!

Sí. Un año que se nos va. ¡Y vaya año!
Un año rico en acontecimientos. Podríamos contemplarlo con la Santísima Trinidad y todos los ángeles y santos desde el balcón del cielo, un poco a la manera de san Ignacio en la contemplación de la Encarnación.  
Año de grandes alegrias y también de tristezas.
Año de enlaces matrimoniales entre nuestros queridos amigos y ejercitantes (como lo fue la boda de Pablo y Yolanda en Javier, la de Cristina y Quico en Sabadell por citar sólo a algunos).
Año de nacimientos como el de Gema de Miguel y María, o los gemelos Marc y María de Cristina y José que han alegrado tanto a Antonio y Pepita.

Año del bautismo de nuestros cuatro rusitos (pues todos los amigos cercanos a la casa los hemos adoptado también)
Año de las Bodas de oro de nuetros queridos Joan y Margarita Guinart.


Año también de fallecimientos. No podemos dejar de recordar a nuestra querida Hermana Mª del Carmen que se apagaba el 8 de marzo para volar junto al Señor. Ha dejado un gran hueco entre nosotras. Pocos días después nos dejaba también nuestra fiel amiga Teresa Arno de Caldes.


Año de la ordenación sacerdotal de nuestros primeros hermanos Cooperadores congoleses, gran esperanza en nuetra familia religiosa.

Año que concluimos con una pequeña, pero esperamos fecunda, tanda de Ejercicios Espirituales de la que esperamos compartiros los testimonios la próxima semana.



Año de grandes vivencias eclesiales entre las que destacan la beatificación de Juan Pablo II el domingo de la Divina Misericordia, el encuentro de oración por la paz en Asís.

Y cómo olvidar las JMJ de Madrid donde participamos con entusiasmo un grupo catalán cpcr. ¡Qué de recuerdos y hermosas vivencias compartidas!


Año de grandes acontecimientos en nuestro mundo, no lo olvidemos. Sí, en el año 2011 hemos visto el derumbamiento de grandes colosos como varias tiranías entorno al Mediterraneo. 
  
Año en el que hemos asistido a un fuerte cuestionamiento de la infalibilidad de la ciencia con la catástrofe nuclear de Fukushima. Y no ahondaremos en el visible quebrantamiento de un sistema economico, de cuya crisis todos padecemos y que pone en evidencia que la verdadera crisis de la que sufre nuestro mundo es la crisis de auténticos valores.

Creo que no nos faltan motivos para dar gracias al Señor, alabarle por todo lo que realiza en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra Iglesia, en nuestro mundo. Con María tenemos motivos para cantar "Magníficat anima mea Dominum" 


Hemos de reconocer humildemente también en este último día del año que no estamos a la altura de su infinito Amor, que nos falla la fe, la confianza firme, el amor constante. Con la pequeña Teresa del Niño Jesús tenemos de qué "cantar eternamente las misericordias del Señor".


¿Cómo encaramos el nuevo año? Con confianza. "Dios lo sabe todo, lo puede todo y nos ama",  entonces ¿qué problemas podremos tener? El no hacer a Dios la confianza que se merece para colaborar con El, día a día, en la construcción de un mundo más humano, más feliz, más auténticamente fiel al designio de Aquel que nos ha creado por amor y para amar.

 

¡¡¡FELIZ Y SANTO AÑO 2012!!!  
Será feliz verdaderamente si es santo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

ORAR CON LA SAGRADA FAMILIA


  En este dia de la fiesta de la Sagrada Familia nos unimos muy de corazon a la Misa que nuestros obispos celebraran en la Plaza de Colon con familias que nos representan venidas de todo el pais. 
   Una vez mas os compartimos la catequesis de nuestro Santo Padre, muy a proposito en la fiesta de hoy.

   Queridos hermanos y hermanas,
  el encuentro de hoy tiene lugar en un clima navideño, impregnadote íntima alegría por el nacimiento del Salvador. Acabamos, apenas, de celebrar este misterio, cuyo eco se expande en la liturgia de todos estos días. Es un misterio de luz que los hombres de todos los tiempos pueden revivir en la fe y en la oración. Precisamente a través de la oración nosotros somos capaces de acercarnos a Dios con intimidad y profundidad. Por ello teniendo presente el tema de la oración que estoy desarrollando en las catequesis de este periodo, hoy quisiera invitaros a reflexionar sobre cómo la oración forma parte de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret. La casa de Nazaret, de hecho, es una escuela de oración, donde se aprende a escuchar, a meditar, a penetrar en el significado profundo de la manifestación de Hijo de Dios, sacando ejemplo de María, José y Jesús.
   Es memorable el discurso del Siervo de Dios Pablo VI en su vista a Nazaret. El Papa dijo que a la escuela de la Sagrada Familia, cito, nosotros “comprendemos por qué debemos tener una disciplina espiritual, si queremos seguir la doctrina del Evangelio y ser discípulos de Cristo”. Y añadió: “en primer lugar ésta nos enseña el silencio. ¡Oh! si renaciera en nosotros la estima por el silencio, atmósfera admirable e indispensable del espíritu: mientras quedamos aturdidos por tantos ruidos, clamores y voces resonando en la vida frenética y tumultuosa de nuestro tiempo. ¡Oh! silencio de Nazaret, enséñanos a perseverar en los buenos pensamientos, en nuestras intenciones de vida interior, preparados para escuchar la inspiración secreta de Dios y las exhortaciones de los verdaderos maestros "(Discurso en Nazaret, el Papa Pablo VI 05 de enero 1964). 

Del Sagrario de la Santa Cova en Manresa
   Podemos sacar algunas reflexiones sobre la oración, de la relación con Dios que tiene la Sagrada Familia, de los relatos del Evangelio de la infancia de Jesús. Podemos empezar con el episodio de la Presentación de Jesús en el templo. San Lucas nos dice que María y José, "cuando se cumplieron los días de su ritual de purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, llevaron el niño a Jerusalén para presentarlo al Señor" (2:22). Como cualquier familia judía observante de la ley, los padres de Jesús se dirigieron al templo para consagrar el primogénito a Dios y ofrecerle sacrificios. Movidos por la fidelidad a las prescripciones, parten de Belén y llegan a Jerusalén con Jesús, que tiene apenas cuarenta días, en lugar de un cordero de un año, las familias humildes ofrecen la ofrenda de dos palomas. La de la Sagrada Familia es la peregrinación de la fe, de la ofrenda de dones, un símbolo de la oración y del encuentro con el Señor, que María y José ya ven en el hijo Jesús. 


   La contemplación de Cristo tiene en María su modelo sin igual. El rostro del Hijo le pertenece de manera especial, porque es en su seno, que se formó, tomando también de Ella una semejanza humana. A la contemplación de Jesús, nadie se ha dedicado con tanta diligencia como María. La mirada de su corazón se concentra sobre Él ya en el momento de la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses siguientes, poco a poco advierte su presencia, hasta el día del nacimiento, cuando sus ojos pueden fijar con ternura maternal, el rostro del Hijo, mientras lo envuelve en pañales y lo acuesta en el pesebre. Los recuerdos de Jesús, fijados en su mente y en su corazón, han marcado cada momento de la existencia de María. 


    Ella vive con los ojos puestos en Cristo y saca provecho de todas sus palabras. San Lucas dice: “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.” (Lc 2, 19), y así describe el evangelista la postura de María ante el Misterio de la Encarnación, una postura que se repetirá durante toda su existencia. Custodiar las cosas meditándolas en el corazón. Lucas es el evangelista que nos muestra el corazón de María, su fe (cfr 1,45), su esperanza, y la obediencia (cf. 1,38), especialmente en su interioridad y en la oración (cf. 1,46-56), su libre adhesión a Cristo (cf. 1,55). Y todo esto procede del don del Espíritu Santo que desciende sobre ella (cf. 1,35), igual que descenderá sobre los Apóstoles, de acuerdo con la promesa de Cristo (cf. Hch 1,8). Esta imagen de María que nos da san Lucas nos presenta a María como modelo para todo creyente que mantiene y que valora las palabras y las acciones de Jesús, una valoración que siempre es un progreso en el conocimiento de Jesús. En la estela del Beato Papa Juan Pablo II (cf. Carta Apostólica. Rosarium Virgins Mariae), podemos decir que la oración del Rosario obtiene su propio modelo de María, porque consiste en la contemplación de los misterios de Cristo en unión espiritual con la Madre del Señor

Retablo de la Casa Cristo Rey, en Pozuelo de Alarcon
    La capacidad de María de vivir de la mirada de Dios es, por así decirlo, contagiosa. El primero que lo experimentó fue a San José. Su amor humilde y sincero por su esposa y la decisión de unir su vida a la de María ha llevado y ha introducido también a él, que ya era un "hombre justo" (Mt 1,19), en una intimidad peculiar con Dios. De hecho, con María, y luego, sobre todo, con Jesús, él comienza una nueva forma de relacionarse con Dios, de acogerlo en su propia vida, de entrar en su plan de salvación, cumpliendo su voluntad. Después de seguir con confianza la indicación del Ángel - " no temas recibir a María, como tu esposa" (Mt 1,20) - se llevó con él a María, y compartió su vida con ella; ha dado verdaderamente todo a María y a Jesús, y esto lo ha llevado hacia la perfección de la respuesta a la vocación recibida.
   El Evangelio, como sabemos, no ha conservado ninguna palabra de José: la suya es una presencia silenciosa, pero fiel, constante y operosa. Podemos imaginar que, al igual que su esposa, y en íntima armonía con ella, vivió los años de la infancia y de la adolescencia de Jesús, ‘saboreando’, por decirlo así, su presencia en su misma familia. José ha cumplido plenamente su papel de padre, en todos los aspectos. Seguramente, educó a Jesús en la oración, junto con María. Él, en particular, lo habrá llevado consigo a la sinagoga, a los ritos del sábado, así como a Jerusalén, para las grandes fiestas del pueblo de Israel. José, según la tradición hebraica, habrá guiado la oración doméstica, tanto la cotidiana – de la mañana, de la tarde, y de las comidas - , así como la oración en las principales celebraciones religiosas. Por lo tanto, en el ritmo de los días que pasó en Nazaret, entre la humilde casa y el taller de José, Jesús aprendió a alternar el trabajo y la oración, y a ofrecer a Dios, también la fatiga para ganar el pan de cada día, necesario para la familia. 


   Hay, finalmente, otro episodio que ve a la Sagrada Familia de Nazaret reunida en un evento de oración. Jesús, como hemos oído, tiene doce años de edad cuando va con los suyos al templo de Jerusalén. Este episodio se coloca en el contexto de la peregrinación, como subraya san Lucas: «Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre» (2,41-42). La peregrinación es una expresión religiosa que se alimenta con la oración y que, al mismo tiempo, alimenta la oración. Se trata de la peregrinación pascual, y el Evangelista nos hace observar que la familia de Jesús la vive cada año, para participar en los ritos, en la Ciudad santa. La familia judía, así como la cristiana, reza en la intimidad hogareña, pero también reza junto con la comunidad, reconociéndose como parte del Pueblo de Dios en camino y la peregrinación expresa, propiamente, este estar en camino, del Pueblo de Dios. La Pascua es centro y culmen de todo ello, e implica la dimensión familiar, así como la del culto litúrgico y el público.
   En el episodio de Jesús, cuando tenía doce años, también se registran las primeras palabras de Jesús: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». (2, 49). Después de tres días de búsqueda, sus padres lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, mientras los escuchaba e interrogaba (cf. 2:46). A la pregunta de por qué les ha hecho eso, a su padre y a su madre, Él responde que sólo hizo lo que debe hacer el Hijo. Es decir, estar con el Padre. De esta forma, indica quién es el verdadero Padre y cuál es el verdadero hogar. Por lo que no ha hecho nada raro, ni ha sido desobediente, sino que se había quedado donde debe estar el Hijo, junto con el Padre, subrayando así quién es su Padre. En la palabra «Padre» y en el acento de esta respuesta, aparece todo el misterio cristológico, esta palabra abre, pues, el misterio y la clave para el misterio de Cristo, que es el Hijo. Y también abre la clave de nuestro misterio de cristianos, que somos hijos en el Hijo. Y, al mismo tiempo, de este modo, Jesús nos enseña a ser hijos, justo con su ‘estar con el Padre, en la oración’. El misterio cristológico, el misterio de la existencia cristiana está íntimamente ligado y fundado en la oración. Jesús enseñará un día a sus discípulos a rezar, diciéndoles: «Cuando oren, decid: Padre» (Lc 11,2) . Por supuesto, no lo digais sólo con las palabras, sino con toda la existencia. Aprendiendo, cada vez más, a decir «Padre», con su propia existencia, serán verdaderos Hijos y verdaderos cristianos. 


   Pero en el episodio del templo, cuando Jesús está todavía plenamente insertado en la vida de la Familia de Nazaret, es importante notar la resonancia, que puede haber tenido en el corazón de María y de José el escuchar, de la boca de Jesús, la palabra «Padre». Con la conciencia del Hijo unigénito, que por ese motivo ha querido permanecer tres días en el templo, que es «la casa del Padre».
   Desde entonces, podemos imaginar, que la vida de la Sagrada Familia se fue impregnando, cada vez más, con la oración. Porque del corazón del Niño Jesús - luego adolescente y joven - nunca dejará de propagarse y de reflejarse, en los corazones de María y José, este profundo sentido de relación con Dios Padre. Este episodio nos muestra el verdadero sentir que se percibe al estar con el Padre. Por lo que la Familia de Nazaret es el primer modelo de la Iglesia en que, alrededor de la presencia de Jesús, y gracias a su mediación, todos vivimos la relación filial con Dios Padre, que transforma las relaciones humanas. 

   Queridos amigos, por estos diferentes aspectos que, a la luz del Evangelio, he esbozado brevemente, la Sagrada Familia es icono de la Iglesia doméstica, llamada a orar juntos. La familia es Iglesia doméstica y debe ser la primera escuela de oración. En la familia, los niños, desde su más tierna edad, pueden aprender a percibir el sentido de Dios, gracias a la enseñanza y al ejemplo de sus padres, viviendo en un ambiente de presencia de Dios. Una educación auténticamente cristiana no puede prescindir de la experiencia de la oración. Si no se aprende a orar en familia, será más difícil luego llenar este vacío. Por lo tanto, quisiera invitar a todos a redescubrir la belleza de rezar juntos, como familia, a la escuela de la Sagrada Familia de Nazaret y, así, llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma, una verdadera familia. Gracias

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El reencuentro con Dios de un hombre politico

    Hoy no podemos dejar de pensar en tantos tiranos que sacrifican a inocentes para conservar su poder. Es la historia de los hombres en todas las épocas.
   Nos viene espontaneamente a la memoria la meditacion de las dos Banderas que nos propone San Ignacio en los Ejercicios y que ilustra bien el poder terrestre que buscan los hombres a la busqueda de riquezas, honores y de gran orgullo, y el poder de Jesucristo, el Supremo Rey, cuyos colores distintivos son la pobreza, el desprendimiento, la humildad, componentes esenciales del amor verdadero.
   Sin embargo en esta fiesta de los Santos Inocentes, que dieron su vida por salvar la de Jesus nos proponemos compartiros una historia de un hombre politico diferente. Un hombre que ha encontrado a Dios  después de años de vivir ajeno a todo lo espiritual. Es lo que compartio en una entrevista realizada hace dos años por el director del semanario Alba, Gonzalo Altozano, al nuevo ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, cuyo hilo conductor es el reencuentro con Dios
   Esta entrevista es una de las 101 que aparece en el libro
"No es bueno que Dios esté solo" (Ciudadela), de gran difusión en las últimas semanas como ha informado ReL: «No es bueno que Dios esté solo» se convierte en un best-seller. En dos meses: 17.000 ejemplares 


   En su despacho del Congreso de los Diputados hay un enorme retrato de Tomás Moro, santo al que Juan Pablo II pedía que se encomendaran los políticos para obtener fortaleza, paciencia, perseverancia y buen humor. De esto último anda sobrado Fernandez Díaz, a pesar de su seriedad (habrá quien diga, maliciosamente, que humor y sonrisa no son sinónimos, que ahí está Zapatero, al que pocos le han encontrado la gracia, el chiste). Los que le conocen bien dicen que nada tiene que ver el Jorge de "ahora" con el de "antes". Él habla de conversión.  


-¿Su conversión fue al modo de san Pablo o al de san Agustín?-Fue, salvando las distancias, más agustiniana que paulina, en el sentido de que no fue instantánea, sino que me resistí mucho. 
-¿Venía del ateísmo?-No. 
-Entonces, del agnosticismo.-Tampoco. Yo no negaba a Dios, simplemente vivía como si no existiera, sólo me acordaba de Él en los momentos difíciles. Era eso que llaman un católico no practicante. 
-¿No es eso una contradicción?-Lo es. Pero yo vivía en esa contradicción. Mi fe era una fe muerta porque era una fe sin obras.


-¿Qué cambió todo?-La convicción plena de que mi vida sólo tenía sentido a la luz de Dios. A partir de ese momento, Él empezó a tener más presencia en mi vida. Es en este sentido en el que hablo de conversión.
 -¿En qué consiste su vida con Dios?-Digamos que mi plan de vida está muy próximo a la espiritualidad del Opus Dei: ir a misa todos los días, rezar el Rosario, hacer un rato de oración, otro de lectura espiritual... 
-¿Lee mucho?-Mucho. Tras mi conversión me di cuenta de que mi déficit en formación religiosa, moral y ética era importante. Tenía que recuperar el tiempo perdido y la lectura me ayudó a ello. 
-¿El autor que más le ha marcado?-Son muchos, pero si me tengo que quedar con uno, elijo a Vittorio Messori, con quien me unen tantas cosas. El providencialismo, por ejemplo. Messori analiza los acontecimientos teniendo en cuenta que Dios es el Señor de la Historia, del Tiempo, de la Cronología. A mí también me atrae ese tipo de visión de los hechos que se incardina en lo que se llama Teología de la Historia. 
-¿Y el libro?-Le diré tres, aunque haya muchos más. El regreso del hijo pródigo, de Henry Nouwen, La historia de un alma, de santa Teresita de Lisieux, y Las confesiones, de San Agustín. Los leí por primera vez en 1997. 
-¿Es el año de su camino de vuelta?-1997 fue el año en que el Señor dijo: "Hasta aquí hemos llegado. O caixa o faixa". Pero mi camino de retorno empezó en 1991. 
-Seis años antes.-Ya he dicho que mi conversión fue más agustiniana que paulina, que me hice mucho de rogar. 
-¿Qué pasó en 1991?-Me encontraba de viaje oficial en Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado. Un fin de semana nos llevaron a Las Vegas. Allí, por medio de un gran amigo, que sin duda fue un instrumento de la providencia de Dios, Él salió manifiestamente a mi encuentro. Lo recuerdo y pienso en san Pablo: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia".
-¿Lo dice por usted o lo dice por Las Vegas?-Lo digo por mí y lo digo por Las Vegas. 
-¿Es fácil tener presente a Dios en el Congreso de los Diputados?-Aunque parezca que le hayamos cerrado la puerta, aunque a veces no lo queramos ver o escuchar, tengo la íntima convicción de que Dios está muy presente en el Congreso. Las Cortes son el órgano legislativo del Estado y Dios, el gran legislador del universo. 
-¿Cómo vive la política?-Como un magnífico campo para el apostolado, la santificación y el servicio a los demás, como mi vocación personal y específica, el lugar donde Dios quiere que esté. Para un católico, dedicarse a la política, aquí y ahora, es un reto apasionante. 
-¿Cómo la vivía antes?-Como una actividad que me apasionaba. Pero estaba instalado en el relativismo, y cuando no hay convicciones todo es cálculo político, intereses partidistas. 
-Antes hablaba de providencialismo. ¿No cree en el azar?-En la vida las cosas no suceden porque sí o gracias a los amigos o por lo listo que uno sea; todo esto son causas segundas, mediaciones humanas, que, respetando la libertad de cada uno, responden a los designios de Dios. Volviendo a san Agustín y salvando de nuevo las distancias, si pienso en las cosas que me pasaron antes de mi conversión, puedo decir lo que el de Hipona en sus Confesiones: "Ah, Señor, eras Tú".

martes, 27 de diciembre de 2011

¿Sólo son figuras decorativas?


   Los ángeles de nuestros belenes, de nuestras calles iluminadas y de los adornos navideños, son muy decorativos. Pero ¿son solamente un decorado  tierno totalmente imaginario?  
   Piensen lo que quieran los sabios y los sabiondos, pero creo exactamente lo contrario.
    Precisamente son los ángeles que salvan el relato de Navidad de la vanalidad y de la insignificancia. ¿En, qué si no, el nacimiento de un niño, en algún lugar del Medio Oriente, en tiempos del emperador Augusto, sería un acontecimiento extraordinario? ¿un ser humano más?. ¡Creo que hoy nacen un promedio de cuatro niños por segundo!
    Un recién nacido en un pesebre de animales, esto, en revancha se sale de lo ordinario - será por otra parte la señal dada a los pastores.
    Un niño concebido y dado a luz virginalmente, es más extraordinario todavía. Es verdad: pero esas cosas son el secreto de María y José: nadie fuera de ellos lo sabe. 
 

    Nadie en la tierra. El cielo comparte el secreto. los ángeles que ven la faz de Dios, ven también el cumplimiento de su obra. Y contemplan a aquel que nace eternamente del seno del Padre, naciendo del seno de Maria "por nosotros los hombres y por nuestra salvación": "un salvador, que es Cristo el Señor". Sólo un ángel del Señor puede decirlo en la noche de Navidad. Más tarde será a nosotros de anunciar:" lo que hemos oído, lo que nuestros ojos vieron, lo que nuestras manos tocaron del Verbo de la Vida": Para que aquel que ha nacido en un pesebre pueda nacer en los corazones. 
 

    Un ángel anuncia, y una multitud de ángeles cantan. La alabanza nace del anuncio: pero lo contrario también es cierto. la evangelización nace de la contemplación:
Son los dos climas de Navidad como dos temas musicales entrelazados: el recogimiento maravillado y la proclamación grandiosa.
   Es en lo que se están entrenando estos días nuestros queridos ejercitantes que han venido a nuestras diversas casas de Ejercicios.
   ¿Y tú? También puedes adorar al Niño y anunciar el gran gozo de su nacimiento a todos. asi de sencillo. Entonces serás un verdadero ángel.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Como entrar en Belén?

   
   Esperamos que hayais pasado una muy feliz nueva Navidad, en familia, en comunidad, en amistad, en la intimidad de este Dios que no deja de sorprendernos en su abajamiento. Trayéndonos el cielo a la tierra con su Presencia, pero un cielo muy diferente del que imaginamos.
   Recordemos sin embargo que si todos los dias son Navidad, lo son particularmente todos estos dias que suceden a esta gran manifestacion de la Bondad y Ternura de Dios hacia nosotros.
    No puedo dejar de compartiros al menos los ultimos parrafos de a Homelia del santo Padre en Roma, la Noche Buena. Nos da la clave para seguir acercandonos a este misterio inefable.

        "Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.


   Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. 
   Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver
   Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. 
    Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén”.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Nueva Feliz Navidad!!!


   Es hora de ponernos a pensar en Navidad, pero en serio; a obrar en consecuencia navideña, pero de verdad. 
   He aquí una propuesta: apostar por una Nueva Feliz Navidad, de palabra y de obra; con la vida entera, querer ser para todos, expresión elocuente de una Nueva Feliz Navidad. Ganaremos todos y el mundo será distinto y mejor.
   Por las calles veremos luces —aunque dicen que menos que otros años, ¡buena idea, será para abaratar costos!— esas luces nos están invitando a descubrir que ahí está Dios porque Dios es luz; que ahí está Cristo, porque él es la luz del mundo. Dejémonos penetrar por tanta luz para que en nosotros no haya tinieblas de maldad alguna y todo nuestro ser brille de dentro a fuera con la Gracia de Cristo como hijos de la luz y seamos así, con espontaneidad, expresión gozosa que a todos anuncia: Nueva Feliz Navidad.
    Veremos ríos de gente que va y que viene con muchas cosas entre manos y en las manos. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Será porque quieren dar y compartir y solidarizarse? ¡Maravilloso! ¿Será que piensan todos en los demás? ¿Poner algo o mucho en tantas manos vacías que no pueden trabajar y de tantas familias que ya no tienen para vivir? Para ellos también es Navidad. Hay que acercarse a su pobreza, ni querida ni buscada, y hacérsela más llevadera, si no podemos disminuírsela o quitársela. En lo poco o en lo mucho, ¡todos podemos!  Habrá  que acercarse a ellos, darles la sonrisa, el calor de una mirada y -¡por qué no!- el valor de una cena para que puedan, siquiera esta Noche Gozosa, tener buena cena y mejor, y una Nueva Feliz Navidad.

   Escaparates muy vistosos y brillantes, árboles de Navidad naturales y artificiales. Bienvenido todo, si ello nos conduce a la alegría y al alborozo navideño sin caer en el consumismo, ahorrando y practicando la austeridad, gastando menos que más y tal vez sólo lo necesario; y con eso vivir y compartir de verdad el calor hogareño con toda la familia entre cantos y danzas, villancicos y algunas oraciones, gozando en armonía de una muy Nueva Feliz Navidad.

   Nos sorprenderán, ¡claro que sí!, belenes muy hermosos aquí y allá, en las calles y en las plazas. Belenes grandes y pequeños, muy sencillos o muy trabajados y ricamente armados. Belenes que dicen la fe de tantos y tantos siglos y personas, y sobre todo que retratan al vivo el misterio de nuestro Dios hecho Niño, -causa verdadera de la Nueva Feliz Navidad- hombre humano como nosotros, por nosotros y para nosotros: lección viviente de Amor y de Vida que todos los días tenemos que aprender y en estos días navideños, de nuevo, actualizar: en la Misa, en la calle, con los demás.  Porque es Nueva Feliz Navidad. 
 

   Y en casa, ¡ah! en casa, sin duda, montaremos entre todos el Belén como rico tesoro de historia familiar de fe y tradición, que nos hace pasar horas inolvidables, ricas de vida de familia: enseñamos, aprendemos, transmitimos así también la Nueva Feliz Navidad. Y si no ponemos el Belén, porque ya no hay niños y todos somos mayores, al menos pondremos “el misterio”: María, José y el Niño. Y después y en todos estos hermosos días, ante el Belén o el Misterio, trabajaremos, rezaremos o callaremos, contemplaremos y pediremos por todos, todos, y cantaremos: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz  a los hombres amados de Dios». Así se vive la Nueva Feliz Navidad.
   He aquí la Navidad de quienes quieren vivirla de un modo nuevo. Dios ha hecho de esta tierra su lugar. Esto hay que celebrarlo y vivirlo para que Él nunca se vaya y sea siempre, cada día y para todos: Nueva Feliz Navidad.
  Este deseo, nuestro y vuestro, lo empezamos sin dilación a  concretar. Quiera Dios que todos tengamos una Nueva Feliz Navidad.
P. Gregorio Rodriguez
Revista Avanzar

jueves, 22 de diciembre de 2011

Que nuestra alegría no sea superficial


   Queridos hermanos y hermanas:
   Me complace darles la bienvenida a la Audiencia general, a pocos días de la celebración de la Natividad del Señor. El saludo que recorre en estos días los labios de todos es “¡Feliz Navidad! ¡Saludos por las buenas fiestas navideñas!” Verifiquemos que, también en la sociedad actual, el intercambio de los saludos no pierda su profundo valor religioso, y la fiesta no sea absorbida por los aspectos exteriores, que tocan las fibras del corazón. Efectivamente, los signos externos son hermosos e importantes, siempre que no nos distraigan, sino que nos ayuden a vivir la Navidad en su verdadero sentido --aquello sagrado y cristiano--, de modo que tampoco nuestra alegría sea superficial, sino profunda.


   Con la liturgia navideña la Iglesia nos introduce en el gran Misterio de la Encarnación. La Navidad, en efecto, no es un simple aniversario del nacimiento de Jesús; es también esto, pero es más aún, es celebrar un Misterio que ha marcado y continua marcando la historia del hombre –Dios mismo ha venido a habitar en medio de nosotros (cfr. Jn. 1,14), se ha hecho uno de nosotros--; un Misterio que conmueve nuestra fe y nuestra existencia; un Misterio que vivimos concretamente en las celebraciones litúrgicas, en particular en la Santa Misa.


   Cualquiera podría preguntarse: ¿cómo es posible que yo viva ahora este evento tan lejano en el tiempo? ¿Cómo puedo participar provechosamente en el nacimiento del Hijo de Dios, ocurrido hace más de dos mil años? En la Santa Misa de la Noche de Navidad, repetiremos como estribillo de respuesta al salmo responsorial estas palabras: “Hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Este adverbio de tiempo, “hoy”, se utiliza más veces en las celebraciones natalicias y está referido al hecho del nacimiento de Jesús y a la salvación que la Encarnación del Hijo de Dios viene a traer. En la Liturgia, tal venida sobrepasa los límites del espacio y del tiempo y se vuelve actual, presente; su efecto perdura, en el transcurrir de los días, de los años y de los siglos. Indicando que Jesús nace “hoy”, la Liturgia no usa una frase sin sentido, sino subraya que esta Navidad incide e impregna toda la historia, sigue siendo una realidad incluso hoy, a la cual podemos acudir precisamente en la liturgia. A nosotros los creyentes, la celebración de la Navidad renueva la certeza de que Dios está realmente presente con nosotros, todavía “carne” y no sólo lejano: aún estando con el Padre está cerca de nosotros. Dios, en aquel Niño nacido en Belén, se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar todavía, en un “hoy” que no tiene ocaso.

  Me gustaría insistir sobre este punto, porque al hombre contemporáneo, hombre de lo “razonable”, de lo experimentable empíricamente, se le hace cada vez más difícil abrir el horizonte y entrar en el mundo de Dios. La redención de la humanidad es sin duda, un momento preciso e identificable de la historia: en el acontecimiento de Jesús de Nazaret; pero Jesús es el Hijo de Dios, es Dios mismo, que no solo le ha hablado al hombre, que le mostró signos maravillosos, que lo condujo a través de toda una historia de salvación, sino que se ha hecho hombre y permanece hombre. El Eterno ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible “hoy” el encuentro con Él. 
   Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales, interesan a cada hombre y a todos los hombres. Cuando escuchamos o pronunciamos, en las celebraciones litúrgicas, este “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”, no estamos utilizando una expresión convencional vacía, sino entendemos que Dios nos ofrece “hoy”, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia.


   La Navidad, por tanto, mientras conmemora el nacimiento de Jesús en la carne, de la Virgen María –y numerosos textos litúrgicos hacen revivir a nuestros ojos este o aquél episodio--, es un evento eficaz para nosotros. El papa san León Magno, presentando el sentido profundo de la Fiesta de Navidad, invitaba a sus fieles con estas palabras: “Exultemos en el Señor, queridos míos, y abramos nuestros corazón a la alegría más pura, porque ha despuntado el día que para nosotros significa la nueva redención, la antigua preparación, la felicidad eterna. Se renueva en realidad para nosotros, en el ciclo anual que transcurre, el alto misterio de nuestra salvación, que, prometido al inicio y otorgado al final de los tiempos, está destinado a durar para siempre” (Sermón 22, In Nativitate Domini, 2,1: PL 54,193). Y, siempre san León Magno, en otra de sus homilías navideñas, afirmaba: “Hoy, el creador del mundo ha sido generado en el seno de una virgen: aquel que había hecho todas las cosas se ha hecho hijo de una mujer creada por él mismo. Hoy, la Palabra de Dios ha aparecido revestido de carne y, aunque nunca había sido visible al ojo humano, se ha hecho también visiblemente palpable. Hoy los pastores han escuchado por voz de los ángeles que que ha nacido el Salvador en la sustancia de nuestro cuerpo y de nuestra alma” (Sermón 26, In Nativitate Domini, 6,1: PL 54,213).


   Hay un segundo aspecto al cual quisiera aludir brevemente: el evento de Belén debe ser considerado a la luz del Misterio Pascual: el uno y el otro son parte de la única obra redentora de Cristo. La Encarnación y el nacimiento de Jesús nos invitan a dirigir, desde ya, la mirada sobre su muerte y su resurrección: Navidad y Pascua, ambas son fiestas de la redención. La Pascua se celebra como victoria sobre el pecado y sobre la muerte: marca el momento final, cuando la gloria del Hombre-Dios resplandece como la luz del día; la Navidad se celebra como el entrar de Dios en la historia haciéndose hombre para restituir el hombre a Dios: marca, por así decirlo, el momento inicial, cuando se deja entrever el clarear del alba. Pero así como el alba precede y hace ya presagiar la luz del día, así la Navidad anuncia ya la Cruz y la gloria de la Resurrección. También los dos períodos del año, en los cuales están situadas las dos grandes fiestas, al menos en algunas áreas del mundo, pueden ayudar a comprender este aspecto. Efectivamente, mientras la Pascua cae al inicio de la primavera, cuando el sol vence las densas y frías nieblas y renueva la faz de la tierra, la Navidad cae justo al inicio del invierno, cuando la luz y el calor del sol no llegan a despertar a la naturaleza, envuelta por el frío; pero sin embargo, bajo su manto palpita la vida y comienza de nuevo la victoria del sol y del calor.


   Los padres de la Iglesia leían siempre el nacimiento de Cristo a la luz de la entera obra redentora, que encuentra su cúspide en el Misterio Pascual. La Encarnación del Hijo de Dios aparece no solo como el inicio y la condición de la salvación, sino como la presencia misma del Misterio de nuestra salvación: Dios se hace hombre, nace niño como nosotros, toma nuestra carne para vencer a la muerte y al pecado. 
    Dos textos significativos de san Basilio lo ilustran bien. San Basilio decía a los fieles: “Dios asume la carne justo para destruir la muerte en ella escondida. Como los antídotos de un veneno, una vez ingeridos anulan los efectos, y como la oscuridad de una casa se disuelve a la luz del sol, así la muerte que dominaba sobre la naturaleza humana fue destruida por la presencia de Dios. Y como el hielo, que permanece sólido en el agua mientras dura la noche y reina la oscuridad, se derrite de inmediato al calor del sol. Así la muerte, que había reinado hasta la venida de Cristo, apenas aparece la gracia del Dios Salvador y surge el sol de justicia, “fue devorada por la victoria” (1 Cor. 15,54), sin poder coexistir con la Vida” (Homilía sobre el nacimiento de Cristo, 2: PG 31,1461). Y también san Basilio, en otro texto, hacía esta invitación: “Celebramos la salvación del mundo, la navidad del género humano. Hoy ha sido perdonada la culpa de Adán. No tenemos que decir nunca más: “Eres polvo y al polvo tornarás” (Gn. 3,19), sino, unidos a aquel que ha venido del cielo, serán admitidos en el cielo” (Homilía sobre el nacimiento de Cristo, 2: PG 31,1461).

   En Navidad encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina sobre nuestros límites, sobre nuestras debilidades, sobre nuestros pecados y se abaja hasta nosotros. San Pablo afirma que Jesucristo “siendo de condición divina... se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, asumiendo semejanza humana” (Fil. 2,6-7). Miremos a la gruta de Belén: Dios se abaja hasta ser acostado en un pesebre, que es ya el preludio del abajamiento en la hora de su pasión. El culmen de la historia del amor entre Dios y el hombre pasa a través del pesebre de Belén y el sepulcro de Jerusalén.


    Queridos hermanos y hermanas, vivamos con alegría la Navidad que se acerca. Vivamos este acontecimiento maravilloso: el Hijo de Dios nace aún “hoy”, Dios está verdaderamente cercano a cada uno de nosotros y quiere encontrarnos, quiere llevarnos a Él. Es Él la verdadera luz, que elimina y disuelve las tinieblas que envuelven nuestra vida y a la humanidad. Vivamos la Navidad del Señor contemplando el camino del inmenso amor de Dios que nos ha elevado hacia Sí a través del Misterio de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo, porque –como afirma san Agustín- “en (Cristo) la divinidad del Unigénito se ha hecho partícipe de nuestra mortalidad, a fin de que podamos participar de su inmortalidad” (Epístola 187,6,20: PL33,839-840). Sobre todo contemplemos y vivamos este Misterio en la celebración de la Eucaristía, centro de la Santa Navidad; allí se hace presente Jesús de modo real, verdadero Pan bajado del cielo, verdadero Cordero sacrificado por nuestra salvación.


   Les deseo a todos ustedes y a sus familias, la celebración de una Navidad verdaderamente cristiana, de modo que también los intercambios de saludos en aquel día sean expresión del gozo de saber que Dios está cerca de nosotros y quiere recorrer con nosotros el camino de la vida. Gracias.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

No nos olvidamos de alguien?


    Pareceria que nos huviéramos olvidado, pero no. Entre los personajes del Adviento de los que hemos hablado durante esta cuatro semanas no nos vamos a olvidar de San José, especialmente presente en los evangelios de los días anteriores a la fiesta de Navidad.
    Ciertamente, José y María vivieron de una manera única el tiempo de la espera y del nacimiento de Jesús. Como subraya Benedicto XVI, dos aspectos hacen de san José uno de los personajes importantes del Adviento y de toda la historia de la salvación: su descendencia davídica (que él transmite a Jesús) y su condición de justo.
    Respecto al primer punto, recuerda que José pertenece a la estirpe de David (cf. Mt 1,20). En cuanto que Jesús es legalmente el «hijo de José» (Lc 4,22), puede reclamar para sí el título mesiánico de «hijo de David» (cf. Mt 22,41-46), dando cumplimiento en su persona a las promesas hechas a su antepasado: «Mantendré el linaje salido de ti y consolidaré tu reino» (2Sm 7,12ss). «A través de él, el Niño resultaba legalmente insertado en la descendencia davídica y así daba cumplimiento a las Escrituras, en las que el Mesías había sido profetizado como “hijo de David”» (Ángelus, 18-12-2005). José es el anillo que une a Jesús con la historia de Israel, desde Abrahán en adelante, según la genealogía de Mateo (1,1-16), y con las esperanzas de toda la humanidad, desde Adán, según la genealogía de Lucas (3,23-38). 


    Respecto al segundo punto, cuando la Escritura llama «justo» a José quiere decir, ante todo, que es un hombre de fe, que ha acogido en su vida la Palabra de Dios y su proyecto sobre él. Como Abrahán, ha renunciado a sus seguridades y se ha puesto en camino sin saber adónde iba, fiándose de Dios. En este sentido, el Papa recuerda que José es «modelo del hombre “justo” (Mt 1,19) que, en perfecta sintonía con su esposa, acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano» (Ángelus, 18-12-2005).
  De esta manera, vive las verdaderas actitudes del Adviento: la fe inquebrantable en la bondad de Dios, la acogida solícita de su Palabra y la obediencia incondicional a su voluntad. Por eso, añade el Papa, «en él se anuncia el hombre nuevo que mira con fe y fortaleza al futuro, no sigue su propio proyecto sino que se confía a la infinita misericordia de Aquel que cumple las profecías y abre el tiempo de la salvación» (Idem).
    Siguiendo su ejemplo, podemos vivir este tiempo en actitud de recogimiento interior, para meditar la Palabra de Dios y acogerle cuando viene a nuestra vida: «El silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos. Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia» (Ángelus, 18-12-2005).

martes, 20 de diciembre de 2011

Ecos de un retiro para hombres

   
    Seguimos preparando la Navidad. Y el domingo pasado, 18 de diciembre hemos tenido el retiro mensual para hombres, en la Casa Mare de Déu de Montserrat, con la dirección del P. José Maria Fernández-Cueto, cpcr. 
   Contó con la presencia de 11 varones de todas las edades y profesiones. Participamos con interés en todos los actos. 
    La meditación, siguiendo el Catecismo de la Iglesia, como se viene haciendo desde hace ya más de un año, tenía como tema, "Muerto y sepultado, resucitó al tercer día". La exposición del mismo fue seguida con mucha atención y los veinticinco minutos de oración silenciosa se hicieron con particular recogimiento.

    En la conferencia el Padre continuó presentándonos la Exhortación apostólica del Papa "Verbum Domini", concretamente nos habló de los cuatro subtítulos: Encontrar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura, La animación bíblica de la pastoral, Dimensión bíblica de la catequesis y La Sagrada Escritura en los grandes encuentros eclesiales, con lo que hemos iniciado el último artículo de la segunda parte de la exhortación papal, que lleva el título, La palabra de Dios en la vida eclesial
   En el tercer acto pudimos presentar dudas y pedir aclaraciones, todas muy interesantes. 
   Como de costumbre el retiro cul minó y se cerró con la celebración de la Eucaristía.
F.S.