domingo, 26 de febrero de 2017

¡¡FUERA AGOBIOS!!



Poéticas y bellas palabras las de Jesús. ¡Qué bien que habla Jesús! ¡Qué gran maestro! Nosotros, estas palabras las hemos oído muchas veces, pero, os imagináis el impacto para los discípulos, al escucharlas la primera vez que eran pronunciadas... ¡¡Debería ser un impacto muy fuerte!! ¡Qué sorpresa! ¡Qué admiración! “Nadie jamás había hablado como él”, dirán algunos... Se deberían quedar pensativos durante un buen rato, dando vueltas, al atardecer, ante un mensaje tan novedoso.

¡Nosotros tendríamos que hacer el esfuerzo de escucharlas como nuevas! ¡¡Como si nunca antes las hubiéramos escuchado!! Quizás, entonces, también a nosotros nos impactarían y nos dejarían pensativos. ¡Cuando leamos el evangelio, miremos de hacerlo buscando esta novedad, que es un don de Dios!

Del texto de hoy, dos aspectos a considerar y alguna aplicación para nosotros.

Primera consideración: Lo que Jesús predica lo vive plenamente. Yo predico lo que quiero vivir. ¡Jesús predica lo que vive! Es bueno hoy mirar de entrar en el corazón de Jesús y entender la experiencia personal que le lleva a manifestarse como lo hace.

Jesús ha hecho una experiencia profunda de Dios Padre Providente. Jesús no se preocupa por nada, ni por comer, ni por beber, ni por vestir, ni por el dinero, ¡¡por nada!! Está centrado en buscar el reino de Dios, en ajustarse a lo que Dios quiere de él. Y vive en la paz de Dios. Cinco veces ha repetido la expresión “no os agobiéis”. ¡Porque él nunca está agobiado! ¡Y ve que la gente de su tiempo lo está! Lo que dice sale de  su experiencia, de su vida. No nos está comunicando teoría, o lecciones magistrales.

Y, nosotros, hemos de intentar hacer nuestra, esta experiencia de Jesús, apropiarnos de ella, hacerla nuestra. ¿Cómo? En la oración entramos en el corazón de Jesús. Desde su corazón son pronunciadas las palabras que hoy hemos leído. ¡Descubramos qué hay en  su corazón que le lleve a hablar así! Ya veréis cuantas cosas salen...

La segunda consideración hace referencia al contexto en el que están dichas estas palabras. En aquella sociedad rural, comer, beber y vestir eran necesidades primarias, eran la preocupación primera de las personas.

Eran necesidades, perdonadme, muy necesarias. Un año de malas cosechas, y pasaban hambre. Dos años de malas cosechas, y había gente que moría de hambre.

Para nosotros comer, beber y vestir también son necesidades primarias, pero, si tenemos dos años de malas cosechas ni nos enteramos... y, ¡nadie no pasará hambre!

¡¡En este contexto, lo que dice Jesús, coge aún más fuerza!! En este contexto está diciendo: “No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir... Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”.

¡¡Apliquémonoslo a nosotros!! Cuál es nuestra preocupación primera. ¿Es una preocupación económica? ¿Material? ¿Por los demás? ¿Espiritual? ¡¡Cuál es nuestra preocupación primera!! ¡¡Hagamos unos segundos de silencio y lo pensamos!!

Pues, también a nosotros, nos dice Jesús: “No te agobies, no te preocupes, confíaaa, confía en Dios providente... La primera lectura era una invitación a la confianza: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

Y como que confías y no estarás preocupado, podrás centrarte en lo que es importante: “Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. ¡¡Que así sea!!

Francesc Jordana









martes, 21 de febrero de 2017

CELEBRACIÓN RETIRO DE MUJERES Y MUJERES CATEQUISTAS



El pasado sábado dia 18 de febrero celebramos en nuestra 
casa en Caldes de Montbui, un retiro  para mujeres, que en unió a otro, retiro archiprestal de catequistas, llevado por Mn. Aarón Larrazabal en la jornada de la mañana.



En la jornada de tarde, después de rezar un rosario, se llevo a cabo una reflexión sobre la carta apostólica del Papa Francisco. 
Terminamos con la Eucaristía, celebrada por Mn. Eduard Martinez, la cual nos lleno de alegría ya que era la primera que celebraba este Sacerdote. 




Como siempre, damos gracias a todas las participantes en los dos retiros y, por supuesto a los oficiantes. Esperamos de nuevo contar con vuestra presencia en próximos actos de esta casa. 

¡¡OS ESPERAMOS !!



domingo, 19 de febrero de 2017

CONMIGO LO PODÉIS TODO ¡¡CRÉETELO!!



Pienso, y lo digo sinceramente, que vosotros sois buenos. Fantástica la calidad humana que tenemos en  nuestra parroquia. Sois buenos, sois buena gente, hacéis el bien que está a vuestro alcance.

Pero..., tenía que haber un “pero”, ¿no?  Pero, la pregunta que hoy Jesús nos dirige desde el evangelio, es si sois buenos del todo. Dice Jesús “Sed perfectos”. ¿Somos perfectos? Hombre, del todo, del todo... Y a todos nos vienen a la cabeza situaciones que hemos vivido: aquella reacción airada, nada caritativa, que tuvimos.

Nos vienen a la cabeza personas: aquel que nos hirió y que no podemos hacer limpio, sigue viva la negatividad/rencor por dentro.
Nos vienen a la cabeza temas familiares enquistados: poco a poco, por tonterías, distancia y más distancia, y se han roto los puentes...
Y aquí ya vemos que del todo, del todo buenos, no lo somos... ¡Es normal No pasa nada. Lo que es significativo es el camino que cogemos ante esto: el camino de las excusas, y, entonces, estamos en el “valle de las excusas”, o el camino de pedir la gracia para poder ser bueno del todo. ¡¡Sin excepciones!!

¿Excusas o la gracia, qué camino escoges? Y decisiones como éstas nos van configurando como personas, como  cristianos, como seguidores del Cristo. ¿Excusas o gracia de Dios? ¿Dónde quieres estar situado? Orémoslo esta semana.

A discernir todo esto nos puede ayudar otra cosa que nos dice Jesús hoy: “rezad por los que os persiguen”. ¿Hemos rezado por el compañero de trabajo, antipático?, ¿o por el vecino impertinente?, ¿o por el hijo desagradecido hasta la médula?, ¿o por aquel que nos ha criticado...?, ¿rezamos por ellos? Si la respuesta es “sí”, estamos en el camino que hoy Jesús nos indica... ¡¡Si la respuesta es “no”, vigilemos... y empecemos a hacerlo!!
Quizás, estamos en los ejemplos que Jesús pone después: sólo amamos a los que nos aman. Sólo saludamos a los que nos caen bien. Sólo hacemos el bien a quien nos lo hace. “¡¡Eh!! Esto también lo hacen los publicanos, los que no tienen fe. ¡¡Aquí no hacemos nada de extraordinario!!”. Nos viene a decir Jesús...
Indirectamente, Jesús con estas palabras nos anima a confiar en la gracia. Del “sin mí no podéis nada” pasamos al “conmigo lo podéis todo”. ¡¡Créetelo!!


Si no somos un poco cuidadosos nos puede pasar de estar situados en el Antiguo Testamento: si no nos hablan, nosotros no hablamos, si nos ignoran, nosotros ignoramos, si nos ofenden, nosotros ofendemos, si no nos aman, nosotros no amamos, si nos critican, nosotros criticamos, entonces, señores y señoras, estamos en el Antiguo Testamento, y, no estamos viviendo lo que Jesús nos ha venido a comunicar.

Si miramos nuestra vida, descubriremos algunas actitudes que responden a la ley del Talión: “ojo por ojo”.

Dice Jesús: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia”. Entonces, pone cuatro ejemplos donde ante una ofensa, la respuesta no es pagar con la misma moneda, sino, coger el camino del bien. ¡¡Qué gran enseñanza!! ¡Ante el mal recibido respondemos con amor!
Ésta es la convicción: “es necesario responder siempre con amor”. Nos hace fuertes. Sabemos que pase lo que pase, miraremos de reaccionar desde el amor y dar una respuesta de amor. Y sabemos, también, que Dios mismo nos dará su fuerza para reaccionar desde el amor. Y, esto nos ha de llenar de esperanza, de paz, fortaleza. Siempre podemos reaccionar desde  el amor... “por mucho no se qué que sea el otro...” Siempre podremos reaccionar amando porque tenemos a Dios con nosotros.

Francesc Jordana




sábado, 18 de febrero de 2017

MARÍA, MUJER PLENAMENTE REALIZADA



El Concilio Vaticano II ha hecho descubrir a “la mujer de Nazaret” en su plena humanidad. En ella encontramos, al lado de Jesús, una mujer plenamente realizada, pero sólo después de haber aceptado la voluntad de Dios que se revelaba a ella en su constante camino de fe que la señala como verdadera discípula de Cristo. En María encontramos todas las expresiones de la humanidad que acoge a un hijo que la carga de responsabilidad, que lo hace crecer, que lo educa… se queda viuda, lo ve irse de casa, amado pero incomprendido hasta llegar a la cruz. ¿Qué hay más terrible para una madre que ver a un hijo inocente que muere? El redescubrir la humanidad de María, su misión como educadora del hombre Jesús (con todas sus características psicológicas), nos hace confiar en ella no sólo como una amiga que comprende nuestra situación humana, también como un modelo que nos muestra que es posible vivir el evangelio en plenitud.

Realmente el poder conocer a la Santísima Virgen María como mujer y madre representa la realidad del amor de una madre hacia sus hijos, ella como todas las madres tuvo la responsabilidad de amamantarlo, criarlo, educarlo y formarlos dentro de las normas de un hogar judío, un hecho que debemos recordar de María como madre protectora fue cuando se le perdió y fue encontrado en el templo, o la de Jesús y el amor a su madre que queda realmente reflejado y demostrado en las Bodas de Canaán y realiza su primer milagro para complacerla, y cuando el miso Jesús se desprende de su condición humana y le entrega al mundo a su propia madre para que constituyera en nuestra madre amorosa y eterna a la cual podemos acudir en cualquier momento y hora tal cual como lo hacemos con esa madre terrenal que lleva y llevará siempre el mismo amor de María en sus corazones.

Hoy elevamos nuestras más sinceras felicitaciones a todas las madres del mundo y para aquellos que ya no la tenemos la recordaremos con una oración. “Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén






miércoles, 15 de febrero de 2017

LA IGLESIA Y SU MISIÓN


Si Jesucristo no constituye su riqueza, la Iglesia es miserable: Si el Espíritu de Jesucristo no florece en ella, la Iglesia es estéril. Su edificio amenaza ruina, si no es Jesucristo su arquitecto y si el Espíritu santo no es el cimiento de las piedras vivas con que está construida. No tiene belleza alguna, si no refleja la belleza sin par del rostro de Jesucristo y si no es el árbol cuya raíz es la pasión de Jesucristo. La ciencia de que se ufana es falsa y falsa también la sabiduría que la adorna, si ambas no se resumen en Jesucristo. Ella nos retiene en las sombras de la muerte si su luz no es <<luz iluminada>> que viene enteramente de Jesucristo. Toda su doctrina es una mentira si no anuncia la Verdad, que es Jesucristo. Toda su gloría es vana, si no la funda en la humildad de Jesucristo. Su mismo nombre nos resulta extraño, si no evoca inmediatamente en nosotros  el único nombre que les ha sido dado a los hombres para que alcancen la salud. La iglesia no significa nada para nosotros si no es el sacramento, el signo eficaz de Jesucristo. La Iglesia tiene la única misión de hacer presente a Jesucristo a los hombres. Ella debe anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. Todo lo demás, no es más que sobreañadidura.

Padre De Lubac (1896- 1991)


domingo, 12 de febrero de 2017

NO SE TRATA SOLO DE NO MATAR




Si un amigo no creyente os dijera:”el otro día, oí hablar de Jesús y sentí curiosidad... ¿me podrías decir algún texto del evangelio para conocer su mensaje?”. ¿Qué le diríais?

(Si no sabes qué decirle, quizás, quizás, es que has tenido poco el evangelio en tus manos)

Yo no tengo ninguna duda de lo que le diría:”Lee el capítulo 5, 6 y 7 de Mateo: el Sermón de la Montaña”.

Es más, nos haría a todos mucho bien leer estos capítulos, para darnos cuenta de la belleza y profundidad del mensaje de Jesús. Hace dos domingos que lo estamos leyendo, y lo leeremos los próximos tres domingos. Pero, lo hacemos a fragmentos y no en su totalidad. Pienso que es bueno hacer una lectura continua de estos capítulos.

Muchas veces me habéis dicho “es que oigo críticas a la Iglesia, y no sé qué decir”. Pienso que estos capítulos de Mateo, 5, 6 y 7, nos abren una puerta: frente a las críticas se puede decir: “sí, sí, la Iglesia la formamos personas y éstas se equivocan, ya lo sabemos, no somos ingenuos, pero, ¿y Jesús qué? Te animo a leer el capítulo 5, 6, i 7 de Mateo, porque descubrirás aquello que nos mueve desde hace dos mil años, que no pasa de moda y que te puede ayudar también a ti”. 

¡En nuestros diálogos les hemos de llevar siempre hacia Jesús!

Y una última idea del Sermón de la Montaña. ¿Sabéis qué hay en medio del Sermón de la Montaña? Justo en el medio. El padrenuestro. Jesús enseñando a rezar a  sus discípulos con unas recomendaciones muy concretas, y enseñando la oración del padrenuestro. No es una casualidad. Para poder vivir el Sermón de la Montaña, es necesaria la oración. ¡¡Qué bonito!! Pero, de esto, sólo te das cuenta cuando lo lees todo seguido. Os animo a hacerlo, capítulo 5, 6 i 7 de Mateo.

Hoy Jesús nos dice que no viene a desautorizar la Ley, los diez mandamientos,  ni todo lo que dijeron los profetas, sino a completarlos.

¿Y cómo los completa? De dos maneras. Muy interesante esto, y útil para nuestras vidas. Primero, los completa radicalizándolos, que quiere decir haciéndolos ir a la raíz, ir al origen, ir al fundamento del mandamiento.

Me explico. Jesús viene a decir: “no se trata sólo de no matar, es que no podéis enfadaros con un hermano, ni menospreciarlo, ni insultarlo”. Esto es llevar el mandamiento a su raíz. No puedes hacer el mal, aunque sea un pequeño mal. ¡No puedes hacerlo!

A veces, me dicen: “yo no mato, no robo, soy fiel, por tanto, no peco”. Están en el Antiguo Testamento. Este razonamiento es del Antiguo Testamento. Están cumpliendo formalmente los diez mandamientos, pero no responden a esta radicalización que nos presenta Jesús. Donde no puedes hacer el mal, donde nunca puedes hacer el mal, ni por pequeño que sea... ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Volvamos a escuchar Jesús: “Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego”.

Quizás, nosotros, a diferencia de Jesús, no nos preocupa demasiado ir criticando, juzgando, murmurando, insultando, mintiendo, discutiendo,... “No mato, no pasa nada”. Éste no es el dinamismo que nos propone Jesús. ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Estamos hablando de cómo Jesús completa los mandamientos. Hemos visto la primera manera: yendo al fundamento, a la raíz del mandamiento. Pues, la segunda manera de completar los mandamientos es llevándolos a plenitud. Y lo que los lleva a plenitud es el amor, la caridad.

Ya no es “no mates”, ahora es “ama a los enemigos”. El domingo que viene seguiremos en el Sermón de la Montaña y leeremos este texto.

Del “no mates” al “ama a los enemigos”, ¡qué cambio!, ¡qué salto cualitativo! Esto sí que es completar la ley y dejarla ya toda acabada.

No se trata de cumplir la ley, sino de amar. Mejor dicho. Se trata de amar siempre y así, cumplir verdaderamente la Ley y los Profetas. Amén.

Francesc Jordana






sábado, 11 de febrero de 2017

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES



El día once de febrero de aquel año 1858 cayó en jueves. Era un día crudo de invierno. Bernardita acompañada de su hermana Toneta y su amiguita Juana, marchan para ver si encuentran leña para calentarse en la lumbre. Su madre le había encargado a Bernardita que, como gozaba de poca salud y se constipaba enseguida, procurase no mojarse los pies. Su hermana y Juana cruzaron el riachuelo. Ella se quedó sola y es entonces cuando llegó la aparición que ya hemos visto relatada de su pluma...
Cuando volvieron Toneta y Juana les preguntó Bernardita: ¿"Habéis visto algo?" Bernardita estaba radiante, y ellas, todo curiosas, le preguntaron: ¿"Y tú, qué has visto?"... Con gran sigilo, y no sin antes hacerles prometer que a nadie lo dirían, les refirió la visión que había tenido... Pero... llegadas a casa todo se descubrió. El calvario que esperaba a la pobre Bernardita no es fácil describirlo en pocas líneas. Le prohibieron volver a la gruta, pero impulsada por una fuerza interior, allí acudió y allí vio a la Virgen dieciocho veces. En la sexta, el 21 de febrero, "dirigió un momento la mirada por encima de mi cabeza, para recorrer el mundo. Después, volviéndola llena de dolor sobre mí, me dijo: "Ruega a Dios por los pecadores". Igualmente, varias veces, después: Penitencia, penitencia. En la undécima, este encargo: Vete a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla,
Y dos días más tarde: Deseo que se venga aquí en procesión.
El 4 de marzo una madre sumerge a su hijo enfermo en el manantial nuevo, que se ha abierto paso al lado de la gruta; y proclama la primera su alegría, al sentir sano a su hijo.
El 25 de marzo "viéndola tan amable, le pregunté su nombre. Me sonrió. Se lo volví a preguntar, y volvió a sonreírse. Insistí de nuevo, y me dijo"Soy la Inmaculada Concepción". El 16 de julio, más hermosa que nunca, sonriendo con dulzura inefable, inclinó la cabeza en señal de despedida y desapareció".

Pronto aquel humilde paraje de Lourdes se hizo famoso en todo el mundo. Empezaron a acudir peregrinos venidos de todas partes, hasta ser un lugar de Peregrinación para Europa y otras partes del mundo. No hay duda de que es uno de los Santuarios más visitados y más venerados de todos los continentes. Allí han ido descreídos y han encontrado la fe. Enfermos de cuerpo y de alma, y han hallado la salud para ambas cosas o para una de los dos. Allí se respira una gran devoción, la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, del amoroso perdón y de la actividad de la Mediadora de todas las gracias. Quien la visita una vez sale con el firme propósito de volver una y más veces para poder experimentar la presencia sobrenatural que allí se respira. Son muchos los milagros que desde la Gruta de Massabielle obra la Virgen María a cuantos acuden a Ella.     





                                                                                  ORACIÓN

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra! Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré como vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones innumerables en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo…(dígase el nombre del enfermo/a). Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más, alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.




Virgen de Lourdes, ¡ rogad por nosotros !.
Consuelo de los afligidos, ¡ rogad por nosotros !.
Salud de los enfermos, ¡ rogad por nosotros !.
Rezar tres Avemarías.




Web católico de Javier 





viernes, 10 de febrero de 2017

SORPRESA!! JESÚS NOS MIRA A CADA UNO




Jesús no mira las «estadísticas» sino que presta atención «a cada uno de nosotros». Uno por uno. El estupor del encuentro con Jesús, esa maravilla que percibe quien le mira y se da cuenta de que el Señor ya tenía la mirada fija sobre él, fue descrita por el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 31 de enero.
Fue precisamente «la mirada» el hilo conductor de la meditación que tomó inspiración en el pasaje evangélico de la carta a los Hebreos (12, 1-4) en la cual el autor, después de haber subrayado la importancia del hacer memoria, invita a todos: «corramos con perseverancia, teniendo la mirada fija en Jesús». Recogiendo tal sugerencia, el Pontífice analizó el Evangelio del día (Marcos 5, 21-43) para ver «qué hace Jesús».
El detalle más evidente es que «Jesús está siempre en medio de la muchedumbre». En el pasaje evangélico propuesto por la liturgia «la palabra muchedumbre se repite tres veces». Y no se trata, subrayó el Papa, de un ordenado «cortejo de gente», con los guardias «que le escoltan, para que la gente no le tocase»: más bien es una muchedumbre que envuelve a Jesús, que «le estrecha». Y Él se queda ahí. Y, es más, «cada vez que Jesús salía, había más que una muchedumbre. Quizás, dijo Francisco con una broma, «los especialistas de las estadísticas habrían podido publicar: “baja la popularidad del Rabino Jesús”. Pero «Él buscaba otra cosa: buscaba a la gente. Y la gente le buscaba a Él: la gente tenía los ojos fijos sobre Él y Él tenía los ojos fijos sobre la gente».
Se podría objetar: Jesús dirigía la mirada «sobre la gente, sobre la multitud». Y en cambio no, precisó el Pontífice: «sobre cada uno. Porque precisamente esta es «la peculiaridad de la mirada de Jesús. Jesús no masifica a la gente: Jesús mira a cada uno». La prueba se encuentra más veces en las narraciones evangélicas. En el Evangelio del día, por ejemplo, se lee que Jesús preguntó: «¿quién me ha tocado?» cuando «estaba en medio de esa gente, que le estrechaba». Parece extraño, tanto es así que los mismos discípulos «le decían: pero tú ves la gente que se reúne entorno a ti!». Desconcertados, dijo el Papa intentando imaginar su reacción, pensaron: «este, quizás, no ha dormido bien. Quizás se equivoca». Y sin embargo Jesús estaba seguro: «¡alguien me ha tocado!». Efectivamente, «en medio de esa muchedumbre Jesús se fijó en esa viejecita que le había tocado. Y la curó». Había «mucha gente», pero Él prestó atención precisamente a ella, «una señora, una viejecita».

La narración evangélica continúa con el episodio de Jairo, al cual le dicen que la hija está muerta. Jesús le tranquiliza: «¡no temas! ¡Solo ten fe!», así como en precedencia había dicho a la mujer: «¡tu fe te ha salvado!». También en esta situación Jesús se encuentra en medio de la muchedumbre, con «mucha gente que lloraba, gritaba en el velatorio» – en aquella época, efectivamente, explicó el Pontífice, era costumbre «“alquilar” mujeres para que llorasen y gritasen allí, en el velatorio. Para oír el dolor...» — y a ellos Jesús dice: «estad tranquilos. La niña duerme». También los presentes, dijo el Papa, quizás «habrán pensado: “¡este no ha dormido bien!”», tanto es así que «se burlaban de Él». Pero Jesús entra y «resucita a la niña». La cosa que salta a la vista, hizo notar Francisco, es que Jesús en esa confusión, con «las mujeres que gritaban y lloraban», se preocupa de decir «al papá y a la mamá “¡dadla de comer”!». Es la atención al «pequeño», es «la mirada de Jesús sobre el pequeño. ¿Pero no tenía otras cosas de las que preocuparse? No, de esto».
Según las «estadísticas que habrían podido decir: “sigue el descenso de la popularidad del Rabino Jesús”, «el Señor predicaba durante horas y la gente le escuchaba, Él hablaba a cada uno». Y «¿cómo sabemos que hablaba a cada uno? Se preguntó el Pontífice. Porque se dio cuenta, observó, que la niña «tenía hambre» y dijo: «¡dadla de comer!».

El Pontífice continuó con los ejemplos citando el episodio de Naím. También ahí «había una muchedumbre que le seguía». Y Jesús «ve que sale un cortejo fúnebre: un chico, hijo único de madre viuda». Una vez más el Señor se da cuenta del «pequeño». En medio de tanta gente «va, para el cortejo, resucita al chico y se lo entrega a la mamá».
Y aún más, en Jericó. Cuando Jesús entra en la ciudad, está la gente que «grita: ¡Viva el Señor! ¡Viva Jesús! “¡Viva el Mesías!”. Hay mucho ruido... También un ciego se pone a gritar; y Él, Jesús, aun con todo el ruido que había allí, oye al ciego». El Señor, subrayó el Papa, «se fijó en el pequeño, en el ciego».
Todo esto para decir que «la mirada de Jesús va al grande y al pequeño». Él, dijo el Pontífice, «nos mira a todos nosotros, pero nos mira a cada uno de nosotros. Mira nuestros grandes problemas, nuestras grandes alegrías; y mira también nuestras pequeñas cosas, porque está cerca. Así nos mira Jesús».
Retomando en este punto el hilo de la meditación, el Papa recordó cómo el autor de la carta a los Hebreos sugiere «correr con perseverancia, teniendo la mirada fija en Jesús». Pero, se preguntó, «¿qué nos ocurrirá, a nosotros, si hacemos esto; si tenemos la mirada fija en Jesús?». Nos ocurrirá, respondió, lo que le ocurrió a la gente después de la resurrección de la niña: «ellos se quedaron con gran estupor». Ocurre efectivamente que «yo voy, miro a Jesús, camino delante, fijo la mirada en Jesús y ¿qué encuentro? Que Él tiene la mirada fija sobre mí. Y esto me hace sentir «gran estupor. Es el estupor del encuentro con Jesús». Pero para experimentarlo, no hay que tener miedo, «como no tuvo miedo esa viejecita para ir a tocar el bajo del manto». De aquí la exhortación final del Papa: «¡no tengamos miedo! Corramos por este camino, con la mirada siempre fija sobre Jesús. Y tendremos esta bonita sorpresa: nos llenará de estupor. El mismo Jesús tiene la mirada fija sobre mí».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 5, viernes 3 de febrero de 2017



jueves, 9 de febrero de 2017

DIOS ES AMOR, EL DIABLO TAMBIÉN....


Dios es amor, ¡enhorabuena!  El diablo también, sólo que amor propio. Su odio únicamente corresponde a ese amor y a su deseo de difundirlo. Eso le confiere una especie de vigilancia maternal sobre ese mal que es su bien, así como el instinto de ese sobrenatural del que quiere mantenerse virgen. Con sólo acercarse lo sobrenatural, él lo reconoce por todos los poros de  su sustancia y exclama de pronto: ¿Qué tengo yo contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido para atormentarnos antes de tiempo? (Mt 8,29; Mc 5,7; Lc 8,28). 

Lo que teme aquí no es la reclusión en el infierno, puesto que es el lugar que con todas sus fuerzas ha elegido como domicilio. Lo que le hace temblar, lo que lo atormenta, es la cercanía de la alegría, esa alegría que Jesús viene a dar gratuitamente por su cruz. La presión que hace sobre él ese bien gracioso al que se ha cerrado para siempre provoca su miedo y su indignación. Porque la alegría en cuestión tiene que romper nuestra compostura en una alabanza sin fin.

Horrible herida en el costado del amor propio. Frente al grito de alabanza contenido en el nombre del arcángel Miguel: Quis ut Deus?, "¿Quién como Dios?", él lanza hacia la multitud su grito de asamblea: Quis ut ego?, "Quién como Yo solo?".

Fabrice Hadjadj  (La fe de los demonios)



lunes, 6 de febrero de 2017

CARTA ABIERTA A LOS JOVENES


Te quería escribir para confiarte una preocupación que tengo como sacerdote y como cristiano y que se ha hecho más «fuerte» desde el conocimiento que el otro día tuve sobre la edad de los sacerdotes en España y la «hemorragia» que está sufriendo la vida religiosa en el mundo.
Los datos que me llegaron el otro día señalaban que la media de edad de los sacerdotes en España es de 66 años. Lo más preocupante es que es muchas de las diócesis más pobladas de España rebasan esta edad. Para hacerte una idea la diócesis de San Sebastián tiene una media de 75 años y la de Barcelona casi 70...
Junto a este dato que recibí se añadieron las estadísticas que me llegaron sobre la vida religiosa. Este año 2300 religiosos han pedido la suspensión de sus votos (entre estos son entorno a 600 sacerdotes que pidieron la dispensa del celibato). Unido a este dato "escalofriante" está la media de edad altísima en muchas congregaciones religiosas. Cada año se cierran muchos conventos en España por falta de vocaciones y posibilidad de sobrevivencia...
Son muchas las razones que confluyen para que sea tan elevada la edad de sacerdotes y religiosos y muchas congregaciones parezcan estar destinadas a extinguirse, al menos en España y en Europa. No voy a entrar en el análisis.
La razón de mi carta es para confiarte mi reacción ante estos datos.
La PRIMERA es la de haber sentido una llamada personal a la fidelidad y entrega en la vocación que gratuitamente he recibido sin merecerla y unido a esto a «redoblar» mi oración por esta fidelidad en los seminaristas, sacerdotes y religiosos y por las vocaciones consagradas en la Iglesia.
La SEGUNDA es la de no callarme y hacer una invitación a todos los jóvenes que conozco a que os planteéis en serio la posibilidad de la llamada al sacerdocio y a la vida religiosa.
Recuerdo cuando tenía 15 años que mi Director Espiritual siempre nos decía a los jóvenes... ¿si no salen de aquí las vocaciones de donde van a salir? Aquello me hacía plantearme en la oración ...¿estas palabras irán por mi?
Pienso que hay muchos jóvenes cristianos, comprometidos, que no se plantean en serio esta posibilidad. Dan como por supuesto que no va con ellos... antes de haberse parado a pensarlo en serio... Y es tan grande la mies...
Está claro que este planteamiento en serio solo es posible si uno tiene horizontes de eternidad, si lucha por vivir en gracia, hace Ejercicios, tiene celo por llevar a Jesús a los demás, reza a diario y se pone en serio delante de la Cruz y el Sagrario a preguntarle a Jesús ¿Qué quieres de mi? en actitud de disponibilidad a lo que El pueda querer, poniendo un cheque en blanco ante su presencia para que EL ponga lo que quiera.
Por eso desde esta preocupación porque en la Iglesia no dejen de haber sacerdotes, religiosos y religiosas que sean "sal de la tierra" y "luz del mundo", te invito a que reces más, a que te encuentres de corazón a Corazón con Jesús y le preguntes ¿Señor, qué quieres de mi?...
 Y la TERCERA llamada que he sentido es a pedirte que pidas y hagas que otros pidan a que haya muchos jóvenes de entre vosotros que sean valientes y generosos para dejarlo todo para seguir de cerca al Señor en el sacerdocio o la vida religiosa.
Este amigo cura que te escribe y lleva ya casi 23 años ordenado quería hacerte esta confidencia...Y con el corazón en la mano te dice...¡Vale la pena entregar la vida entera por la causa de Cristo y su evangelio!... Como nos dijo San Juan Pablo II en Madrid: "Si sientes la llamada del Señor en tu interior, se generoso, no la acalles"
Gracias por leerme. Reza por mi y por todos los sacerdotes y consagrados. Yo lo hago por ti a la Virgen en el 4° misterio del rosario de todos los días (incluyo a todos los jóvenes) La Señora cuida de todos sus jóvenes y os muestra el camino para llegar a Jesús.
Puedes pasar este correo a todos los amigos que pienses que les pueda hacer bien.
Que Dios te bendiga


Un sacerdote catalán (Infocatólica)


domingo, 5 de febrero de 2017

NUESTRA MISIÓN, SALAR, ILUMINAR...AMAR.


Cuando alguien nos dice: “Eres una gran persona” “eres un gran amigo”. ¡¡Esto nos llena!! Nos motiva. Nos alegra. Pues, hoy Jesús nos dice a cada uno de nosotros: “Eres la sal de la tierra”. “Eres la luz del mundo”. ¡¡Caramba!!

Nos lo dice Jesús, el Hijo de Dios, esto nos ha de llenar, nos ha de motivar, nos ha de alegrar. Son unas palabras que nos han de ayudar a cambiar la manera de vernos a nosotros... Somos sal, somos luz. ¡No os habéis retirado, ni jubilado de vivir! No sois alguien a quien el mundo supera por todas partes. No. No. Sois sal de la tierra, sois luz del mundo.

Y cuando uno coge conciencia de esto entiende un punto esencial del evangelio: la vida como una misión. Ser sal, ser luz, son palabras que denotan una función, una tarea a hacer, una misión. La vida cristiana entendida como una misión. ¿Es tu vida una misión? ¿Haces luz? ¿Das gusto, das sentido, a la vida de los demás?

Y fijaros que Jesús deja muy claro que la sal y la luz tienen una función, y que si no la hacen no pierden su razón de ser. Las palabras de hoy de Jesús, son muy bonitas, muy poéticas, muy estimulantes, pero, a la vez, también muy interpelantes y muy exigentes.

Si no salas, no eres bueno para nada. “Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente”. Si eres luz no te escondas. “No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte”.

Cuando Jesús nos dice una cosa como la de hoy, donde nos habla de un punto esencial del evangelio que afecta a nuestra vida muy claramente, y vemos que no lo acabamos de hacer demasiado bien, es necesario rezarlo, hace falta dialogarlo con Jesús: “¿Cómo puedo hacer luz? ¿Dónde no estoy haciendo la luz qué tendría que hacer? Dame tu luz. Limpiemos para que brille más. ¿Cómo hago luz en casa, en el trabajo, con Pepita o  Pepito?”. Y en la oración descubriremos que si somos sal y luz, no es porque seamos unas personas geniales, sino, porque estamos conectados a Él.

Y ¿qué es hacer luz o ser sal? ¡¡Buena pregunta!! Hay muchas maneras de hacer luz o ser sal. ¡Puedes explicar qué vives! ¡Puedes argumentar cuando ataquen tu fe! ¡Puedes no esconder que haces tal o cual cosa! ¡Puedes explicar las cosas católicas que haces! ¡¡Puedes hacer tantas cosas...!! Pero, lo mejor que puedes hacer, lo mejor que puedes hacer,..., ¡es amar! “Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”.

Aquí liga perfectamente la primera lectura y el evangelio, que se iluminan mutuamente. ¿Cuándo somos sal? ¿Cuándo somos luz?... cuando hacemos el bien, especialmente a favor de los más pobres, cuando amamos, especialmente a los más pobres.

En este sentido, ¡qué poesía, qué fuerza, qué claridad, qué contenido, nos da la primera lectura! Nos relata, muy bellamente, qué es amar:

“Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
viste al que ves desnudo,
y no te cierres a tu propia carne”.

Amar es luminoso, hace luz!!. Però quizás, lo que puede hacer aun más luz es que amemos a los que es más difícil amar: los pobres, los inmigrantes, los refugiados, los musulmanes, o a ese que nos ha herido. Hemos de amar a todos. Sin ninguna excepción. Y, a veces, nos cuesta, por esto, es necesario implorar el amor de Dios para que se vierta en nuestros corazones y nos capacite para amar allí donde nos cuesta amar.

Siempre encontraremos excusas para no amar. Nuestro ego es un gran experto en encontrar excusas para no amar. Nosotros sabemos que el camino de Jesús no va por el camino de encontrar excusas para amar. Aunque algunas de estas excusas fueran ciertas, no podemos dejar de amar, de abrir los brazos, de acoger, de tender puentes. ¡No podemos dejar de hacerlo!

Y atención las consecuencias de hacer el bien:

“Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana;... brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

Que esta comunión con Jesucristo nos lleve a amar como Él y llegue a ser sal y luz del mundo…

Frances Jordana




sábado, 4 de febrero de 2017

EL ROSARIO?....¿PORQUÉ? ¿PARA QUÉ?


El rosario en una oración sencilla, pobre, para los pobres (¿quién no lo es?) y que tiene la ventaja de servir para todo: puede ser una oración comunitaria, familiar, una plegaria de intercesión (¿hay algo más natural que rezar una decena por alguien?). Pero, al menos para los que reciben esa gracia, puede ser también una plegaria del corazón que hace entrar en oración, de un modo análogo a la<<oración de Jesús>>. ¿Acaso el <<Ave María>> no contiene además el nombre de Jesús?

En el rosario, María nos impulsa a la oración, nos da acceso a la humanidad de Jesús y nos introduce en los misterios de su hijo; En cierto modo, nos hace participar de su oración, la más profunda que haya habido jamás.

El rosario, recitado lentamente, con recogimiento, suele tener el poder de unirnos con Dios en la comunión del corazón. 
¿No nos da acceso al corazón de Jesús el corazón de María? 
Cuando resulta difícil hacer oración, cuando cuesta recogerse en la presencia de Dios, basta comenzar a rezar el rosario (sin llegar a terminarlo la mayoría de veces...) para encontrarnos enseguida en un estado de paz interior y de comunión con el Señor.  Es patente que hoy el rosario <<vuelve con fuerza>> como un  medio de entrar en la gracia de la oración amorosa y profunda. No se trata de una moda o de un retorno a una devoción anticuada, sino de un signo de la presencia maternal de María -tan fuerte en nuestros días- que, gracias a la oración, desea conducir el corazón de todos sus hijos hacia el Padre.

Jacques Philippe


viernes, 3 de febrero de 2017

ANTE TU CRUZ



Ante tu cruz, Señor Jesús,
permanecemos en silencio,
con el corazón en suspenso.
Te recordamos recorriendo Palestina
y acercándote a los pobres,
y abriendo los ojos de los ciegos,
y renovando las ilusiones,
y llamando a cambiar la vida y el mundo,
y anunciando el amor sin medida
de Dios el Padre.
Ante tu cruz
recordamos tu fidelidad hasta el fin,
tu entrega sin reservas.
Contemplando tu rostro,
que refleja el rostro dolorido
de toda la humanidad,
y junto a María, tu madre,
te expresamos nuestro agradecimiento,
nuestro amor, nuestra fe.
Y con esta fe, Señor Jesús,
queremos seguirte,
porque creemos que tu camino
es el camino de la vida.
Creemos, Señor Jesús,
que tu amor ha vencido a la muerte
y ahora, resucitado,
estás con nosotros para siempre.
Míranos y danos tu gracia salvadora,
Señor Jesús.



Fuente:  lahesiquia.wordpress.com





miércoles, 1 de febrero de 2017

NO TEMAMOS LA SEQUEDAD


Los períodos de sequedad espíritual pueden ser muy fecundos. Son momentos en los que, como al profeta Oseas, "el Señor nos conduce al desierto para hablarnos al corazón" (Cf. Os 2, 16). En el desierto de la sequedad el Señor también nos habla. Allí no hay distracciones de otras cosas, sino sólo Él y el orante. No temamos los períodos de sequedad, si son queridos por Dios, porque en ellos aprenderemos a conocer nuestra debilidad y a confiar en su poder. No abandonemos la oración. Superemos los obstáculos que podamos ir teniendo y perseveremos con confianza en el Señor que vendrá a visitarnos con nuevas luces, siendo Él el único que puede encender nuestro corazón.

Santa Teresa, en una copla, hacía esta oración al Señor: 

"Si queréis, dadme oración, sí no, dadme sequedad; si abundancia y devoción y, si no, esterilidad". Si el Señor quiere sequedad, Él regará nuestra alma con el óleo de su presencia aunque la sensibilidad queda como huérfana y desolada. Ahí estará Él diciéndonos: "Oh tardos de corazón para comprender todo lo que dijeron los profetas!" (Lc 24, 25); y nosotros, con los discípulos podamos también repetir: "¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc 24, 34).


-P. Pedro Barrajón, L.C.