domingo, 7 de mayo de 2017

ES DIOS TU ASPIRINA??....... EL BUEN PASTOR??



Si Dios no te quita los problemas, ¿tiene sentido creer?
Si Dios no te quita las dificultades, ¿tiene sentido creer?
Si Dios no te quita la vejez y sus limitaciones, ¿tiene sentido creer?
Si Dios no te quita los dolores, ni la enfermedad, ¿tiene sentido creer?

Habrá quien diga no. Porque cree en un Dios solucionaproblemas. Dios sería como la aspirina. Sólo piensas en ella cuando tienes dolor de cabeza. Sólo pienso en Dios cuando tengo problemas. Me soluciona el problema, me olvido de Él, como de la aspirina.

Si nuestro Dios fuera un Dios solucionador de problemas, pienso que todos podríamos hacerle muchas reclamaciones... ¡¡no lo ha hecho demasiado bien!! 

Jesús no prometió un camino de rosas para quien lo siguiera, más bien nos hablaba de coger nuestras cruces y seguirlo. Y recordemos la última frase de Jesús en el evangelio de Mateo: “Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo”. ¡¡Él está!! , ¡¡Día tras día!!
Y, el evangelio de hoy, da una vuelta más a este planteamiento... pero, antes una pregunta...

¿Cómo nos imaginamos a Jesús resucitado? ¿Qué imagen tienes de Cristo Resucitado?... un hombre que brilla, un hombre con vestidos muy blancos, que está con los brazos hacia arriba... (Así sale en las imágenes del Apostolado Litúrgico).

Para mí, el mejor icono de Cristo resucitado, es la del Buen Pastor. Y no lo debe ser sólo para mí, porque en los tres ciclos litúrgicos, A, B, C, (ahora estamos en el A), el IV Domingo de Pascua es el que tradicionalmente se le dice el Domingo del Buen Pastor.

¿Con esto qué nos está diciendo la liturgia? ¿Qué nos está diciendo la Iglesia? Nos está diciendo: Jesús ha resucitado y, ¡¡atención!!: ahora hace camino contigo, camina contigo, como el pastor camina con las ovejas. Este estar con nosotros día tras día... se concreta, se visualiza, con  la imagen del Buen Pastor.

Los primeros siglos no encontramos representaciones de Jesús crucificado, ¡era un escándalo tan grande! En cambio la representación más habitual es la del Buen Pastor.
Y ahora enlazo con la idea con la que comenzaba. Dios no nos quita los problemas, ni las enfermedades, ni las dificultades, pero, hace camino con nosotros, nos guía, nos cura cuando nos hacemos daño, nos va a buscar cuando nos perdemos...

Fijaros qué decíamos en el salmo: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo…”. El Buen Pastor no nos evita los barrancos tenebrosos, pero, sí que nos  acompaña “…porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Descubrir este Buen Pastor es toda una tarea, y, como siempre, el poder hacerlo pasa por mantener una relación personal con Él, relación de doble dirección. “...el pastor... las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera,... camina delante de ellas”. “... las ovejas lo siguen, porque conocen su voz…”. Él conoce, lo conocen. Él va delante, lo siguen. ¡¡Apunta a relación personal!

Y este Buen Pastor, en el fondo, en el fondo ¿qué quiere? Lo dice en la última frase de este evangelio: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. Jesús viene para darnos vida, vida en abundancia, comunicada generosamente. Una de las frases que más repito de todo el evangelio es ésta. Me parece como una declaración de intenciones, para quitar dudas, pesares, ¡mediocridades! “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”.

Y para que quede claro, nos da una sugerente imagen de Él: “Yo soy la puerta de las ovejas”, y, después habla de ¡¡salvación!! Jesús es una puerta para acceder a la vida, a la salvación. ¡¡Una vida y una salvación abundante!!


¡¡Yo soy la puerta!! Pero, como toda puerta, ¡¡es preciso que nosotros la abramos!! ¡Y entremos en Él!

Francesc Jordana




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