martes, 30 de junio de 2015

Nadie sobra


Ignacio amaba a la Iglesia. No la veía como un órgano de poder, o una estructura administrativa, o la alternativa perfecta a la sociedad... la veía como una madre y era consciente de que, además de santa, era pecadora. Pero optó por ser de la Iglesia. 

Especialmente, en un tiempo en el que lo fácil era renunciar a ella.

Tanta importancia le daba a la Iglesia que redactó unas "Reglas para sentir CON la Iglesia" en sus Ejercicios espirituales. Y es sorprendente el cariño que desprende su redacción. Sin ir más lejos, diez de las dieciocho reglas están dedicadas a alabarla.

Su deseo de Iglesia recuerda a la armonía que se crea cuando las personas bailamos. Una armonía por la compenetración pero, también, porque, a pesar de que nos equivocamos, nadie sobra.

domingo, 28 de junio de 2015


Ojalá hoy al rezar el Credo en la Misa, yo pueda decir, unido a la Iglesia, mi propio credo:

“Creo en el Padre que me creó y me sostiene. Ese Padre bueno que me llama por mi nombre, que tiene mi destino en sus manos. Creo que me llamó a la vida con infinito amor, que pensó en mí desde la eternidad. 

En ese Dios que quiere mi felicidad, el ciento por uno en la tierra y mi vida eterna. Ese Dios que me acepta en mis fracasos y límites, en mi pecado que me ensucia. Ese Dios que es misericordia y amor infinito. Creo en ese Padre que sale a buscarme al camino y me viste los mejores trajes. 

Creo en Jesús que llega cada día para caminar a mi lado, que me enseña a amar como Él me ha amado. En ese Jesús hombre que vivió muriendo y murió dándome su vida. En ese amor humano que hace posible lo imposible. En esa mirada suya que ha cambiado la mía. 

Creo en su amor tan hondo que me llena de vida y en su abrazo calmado que sosiega mis pasos. Creo que murió por mí y se hizo hombre limitado por mí, hombre impotente, pobre, como yo. Creo en ese Jesús que sale a mi encuentro cada día en cada eucaristía. 

Creo en el Espíritu que ilumina mis pasos y me da fuerzas en el camino. En ese fuego que me enamora cada día. Que me hace hablar en el lenguaje de los hombres y me hace comprender las palabras calladas de Dios. Ese Espíritu que me hace hijo dócil, abierto, niño. 

Sí. Creo. Creo en Dios. Creo que soy hombre necesitado de Él. Creo que sin Dios en mi alma no podré caminar un solo paso”.

¿Cuál es mi credo? ¿Cuál ese Dios Trino, Dios hecho historia, en el que creo? Dios se hace historia en mi historia. Se desvela en su misterio al recorrer mis pasos. Creo en Él porque lo he tocado al intentar caminar cada día. Creo porque su presencia cambia mi vida.

¿En qué Dios creo? ¿Quién es para mí Dios? ¿Quién ha sido en mi vida? ¿Cómo es mi fe? ¿Dios es una idea o alguien real en mi vida? Es el Dios que ha puesto en mi alma un don único, que nadie tiene, un don que me hace diferente, que me ayuda a creer que puedo ser útil y dar la vida.

Él se hace escalón para levantarme cuando me he caído. Se hace hombre para sentir como yo y para susurrarme al oído que conoce mi nostalgia. Que conoce mi miedo y mi inquietud. Que conoce mis sueños de niño. Que le gustan mis amores. Que me comprende.

Es mi Dios, que se descalza y se desnuda, y se despoja por mí cada día. Que se hace niño, que se hace pan, que se hace sangre, que se deja crucificar, que se mete hasta el fondo de mi roca herida. Sin Él mi vida no tendría sentido, y con Él todo cambia.
P. Carlos, Aleteia

sábado, 27 de junio de 2015

María de la Consolación

Nuestro pensamiento se dirige a la Virgen María, Madre amorosa y premurosa con todos sus hijos, que Jesús le ha confiado desde la cruz, mientras ofrecía a sí mismo en el gesto de amor más grande.

Icono de este amor es la Síndone, que también esta vez ha atraído a mucha gente aquí en Turín. La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, impulsa hacia el rostro de toda persona sufriente e injustamente perseguida. Nos impulsa en la misma dirección del don de amor de Jesús. “El amor de Cristo nos apremia”: estas palabras de san Pablo eran el lema de san José Benito Cottolengo.

Recordando el ardor apostólico de tantos sacerdotes santos de esta tierra, desde Don Bosco, de quien recordamos el bicentenario de su nacimiento, los saludo con gratitud a ustedes, sacerdotes y religiosos. Ustedes se dedican con empeño al trabajo pastoral y son cercanos a la gente y a sus problemas. Los animo a llevar adelante con alegría su ministerio, apuntando siempre a lo que es esencial en el anuncio del Evangelio. 

A la Virgen Santa le confío esta ciudad y su territorio, y aquellos que lo habitan, para que puedan vivir en la justicia, en la paz y en la fraternidad. De manera particular encomiendo a las familias, a los jóvenes, a los ancianos, a los presos y a todos los que sufren.

 María de la Consolación, reina de Turín y del Piamonte, fortalezca vuestra fe, asegure vuestra esperanza y fecunde vuestra caridad, para ser “sal y luz” de esta tierra bendita, de la que yo soy nieto”.

viernes, 26 de junio de 2015

"porque su amor es eterno".



El salmo nos invita a agradecer al Señor "porque su amor es eterno". 
He aquí el amor fiel, la fidelidad: es un amor que no defrauda, que nunca falla. Jesús encarna este amor, es su testigo. Él nunca se cansa de amarnos, de soportarnos, de perdonarnos, y así nos acompaña en el camino de la vida, según la promesa que hizo a sus discípulos: "Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo". Por amor se hizo hombre, por amor ha muerto y resucitado, y por amor está siempre a nuestro lado, en los momentos bonitos y en los difíciles. Jesús nos ama siempre, hasta el final, sin límites y sin medida. Y nos ama a todos, hasta el punto que cada uno de nosotros puede decir: 'Ha dado la vida por mí. ¡Por mí!' La fidelidad de Jesús no se rinde ni siquiera ante nuestra infidelidad. Nos lo recuerda san Pablo: "Si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede renegar de sí mismo". Jesús permanece fiel, aun cuando nos hemos equivocado, y nos espera para perdonarnos: Él es el rostro del Padre misericordioso. He aquí el amor fiel.

El segundo aspecto: el amor de Dios recrea todo, es decir, hace nuevas todas las cosas, como nos ha recordado la segunda lectura. Reconocer los propios límites, las propias debilidades, es la puerta que abre al perdón de Jesús, a su amor que puede renovarnos en lo profundo, que puede recrearnos. La salvación puede entrar en el corazón cuando nosotros nos abrimos a la verdad y reconocemos nuestras equivocaciones, nuestros pecados; entonces hacemos experiencia, esa bella experiencia de Aquel que ha venido, no para los sanos, sino para los enfermos, no para los justos, sino para los pecadores. Experimentamos su paciencia --¡tiene mucha!--, su ternura, su voluntad de salvar a todos. Y ¿cuál es la señal? La señal es que nos hemos vuelto ‘nuevos’ y hemos sido transformados por el amor de Dios. Es el saberse despojar de las vestiduras desgastadas y viejas de los rencores y de las enemistades, para vestir la túnica limpia de la mansedumbre, de la benevolencia, del servicio a los demás, de la paz del corazón, propia de los hijos de Dios. El espíritu del mundo está siempre buscando novedades, pero solo la fidelidad de Jesús es capaz de la verdadera novedad, de hacernos hombres nuevos, de recrearnos.

Finalmente, el amor de Dios es estable y seguro, como los peñascos rocosos que reparan de la violencia de las olas. Jesús lo manifiesta en el milagro narrado por el Evangelio, cuando aplaca la tempestad, mandando al viento y al mar. Los discípulos tienen miedo porque se dan cuenta de que no pueden con todo ello, pero Él les abre el corazón a la valentía de la fe. Ante el hombre que grita: '¡ya no puedo más!', el Señor sale a su encuentro, le ofrece la roca de su amor, a la que cada uno puede agarrarse, seguro de que no se caerá. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto.

Podemos preguntarnos, si hoy estamos firmes en esta roca que es el amor de Dios. Cómo vivimos el amor fiel de Dios hacia nosotros. Siempre existe el riesgo de olvidar ese amor grande que el Señor nos ha mostrado. También nosotros, los cristianos, corremos el riesgo de dejarnos paralizar por los miedos del futuro y de buscar seguridades en cosas que pasan, o en un modelo de sociedad cerrada que tiende a excluir, más que a incluir. 
En esta tierra han crecido tantos santos y beatos que han acogido el amor de Dios y lo han difundido en el mundo, santos libres y testarudos. Sobre las huellas de estos testigos, también nosotros podemos vivir la alegría del Evangelio, practicando la misericordia, podemos compartir las dificultades de mucha gente, de las familias, en especial de las más frágiles y marcadas por la crisis económica. Las familias tienen necesidad de sentir la caricia maternal de la Iglesia para ir adelante en la vida conyugal, en la educación de los hijos, en el cuidado de los ancianos y también en la transmisión de la fe a las jóvenes generaciones.

¿Creemos que el Señor es fiel? ¿Cómo vivimos la novedad de Dios que todos los días nos transforma? ¿Cómo vivimos el amor firme del Señor, que se pone como barrera segura contra las olas del orgullo y de las falsas novedades? El Espíritu Santo nos ayude a ser siempre conscientes de este amor ‘rocoso’, que nos vuelve estables y fuertes en los pequeños y grandes sufrimientos, nos hace capaces de no cerrarnos ante las dificultades, de afrontar la vida con valentía y mirar al futuro con esperanza. Como entonces en el lago de Galilea, también hoy en el mar de nuestra existencia, Jesús es aquel que vence las fuerzas del mal y las amenazas de la desesperación. La paz que Él nos dona es para todos; también para tantos hermanos y hermanas que huyen de guerras y persecuciones en busca de paz y libertad.
Papa Francisco, homelía en Turín

jueves, 25 de junio de 2015

heridas en la convivencia familiar.


Reflexionamos sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. Se trata de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer.
 Si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos. Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente. 
En la familia todo está entrelazado. 
Los esposos son “una sola carne”, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. 
Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia. 
En algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños. 
Pero no faltan los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído.
Papa Francisco, audiencia general del 25 de junio 2015

miércoles, 24 de junio de 2015

Tres vocaciones en un hombre


Un cristiano no se anuncia a sí mismo, sino al Señor. En la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista el Papa se ha detenido en la vocación del más “grande entre los profetas”
Preparar la venida del Señor, 
discernir quién es el Señor, 
disminuir para que el Señor crezca. 
En estos tres verbos las vocaciones de Juan Bautista, modelo siempre actual para un cristiano. Juan, dijo el Papa, preparaba el camino a Jesús “sin quedarse nada para él. Era un hombre importante”: la “gente lo buscaba, lo seguía porque las palabras de Juan eran fuertes”. Sus palabras, prosiguió, llegaban “al corazón”.

Y allí, tuvo quizás “la tentación de creer que él era importante, pero no cayó”. Cuando, de hecho, se le acercaron los doctores a preguntarle si era el Mesías, Juan respondió: “Soy la voz: sólo la voz”, pero, “he venido a prepararle el camino el camino al Señor”. Esta es la primera vocación del Bautista, evidenció el Papa: “Preparar al Pueblo, preparar el corazón del Pueblo para el encuentro con el Señor”. ¿Pero quién es el Señor?

“Esta es la segunda vocación de Juan: discernir, entre tanta gente buena, quien era el Señor. Es el Espíritu el que ha revelado esto y él ha tenido el coraje de decir: ‘Es este. Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo’
Los discípulos miraron a este hombre que pasaba y lo dejaron ir. El día después, sucedió lo mismo: ‘Es este. Es más digno que yo’. Los discípulos fueron tras Él. En la preparación, Juan decía: ‘Tras de mí, viene uno…’. En el discernimiento, que sabe discernir y señalar al Señor, dice: ‘Antes que yo, va este’”.

La tercera vocación de Juan, prosiguió, es disminuir. Desde ese momento, destaca el Pontífice, “su vida comenzó a disminuir, a disminuir para que creciese el Señor, hasta anularse a sí mismo”: “Él debe crecer, yo debo disminuir”, “tras de mí, antes que yo, lejos de mí”.

“Esta es la etapa más difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había ni imaginado, hasta tal punto que en la cárcel, porque en ese momento estaba en la cárcel, sufrió no solo la oscuridad de la celda sino también en su corazón: ‘¿Será este?¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan cercano… no se entiende’. Y como él era hombre de Dios, pide a sus discípulos que vayan a preguntarle: ‘¿Eres tú el Señor o debemos esperar a otro?’”.

“La humillación de Juan, constató, es doble: la humillación de su muerte, como precio de un capricho”, y también la humillación “de la oscuridad del alma”. 
Juan, que supo esperar a Jesús, que supo “discernir”, “ahora ve a Jesús lejano”. “Esa promesa, se ha alejado. Y termina solo. En la oscuridad, en la humillación”. 
Se queda solo “porque se anuló para que el Señor creciese”. 
Juan ve que el “Señor está lejos” y él “humillado”, pero “su corazón está en paz”.

Tres vocaciones en un hombre: preparar, discernir, dejar crecer al Señor y disminuir él mismo. También es bello pensar en la vocación del cristiano de esta manera. 
Un cristiano no se anuncia a sí mismo, anuncia a otro, le prepara el camino a otro: al Señor. 
Un cristiano debe saber discernir, debe saber cómo discernir la verdad de lo que parece verdad y no lo es: un hombre de discernimiento.
 Y un cristiano debe ser un hombre que sepa humillarse para que el Señor crezca, en el corazón, en el alma de los demás”

lunes, 22 de junio de 2015

Laudato si


El Papa Francisco ha publicado en su cuenta de twitter (@Pontifex) algunas de las frases de la nueva Encíclica titulada 'Laudato Sí' ('Alabado Seas') en la que llama a una conversión ecológica mundial y que ha sido oficialmente presentada este martes en el Vaticano. Entre las frases que el Pontífice ha tuiteado, se encuentran:

"La cultura del descarte de hoy obliga a un nuevo estilo de vida"

"Se ha de reconocer el valor propio de cada criatura"

"Debemos buscar otros modos de entender la economía y el progreso"

"Hay una íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta"

"Necesitamos un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta"

"Invito a todos a detenerse a pensar en los desafíos sobre el medio ambiente"
Podéis leer la encíclica en el siguiente enlace
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

viernes, 19 de junio de 2015

Revalorizarse


Una profesora en clase saca de su cartera un billete de 20 euros y lo enseña a sus alumnos a la vez que pregunta:
- "¿A quién le gustaría tener este billete?". 
Todos los alumnos levantan la mano.

Entonces la profesora coge el billete y lo arruga, haciéndolo una bola. Incluso lo rasga un poquito en una esquina. 
- "¿Quién sigue queriéndolo?". 
Todos los alumnos volvieron a levantar la mano.

Finalmente, la profesora tira el billete al suelo y lo pisa repetidamente, diciendo: 
- "¿Aún queréis este billete?". 
Todos los alumnos respondieron que sí.

Entonces la profesora les dijo: 
- "Espero que de aquí aprendáis una lección importante hoy. Aunque he arrugado el billete, lo he pisado y tirado al suelo... todos habéis querido tener el billete porque su valor no había cambiado, seguían siendo 20 euros. 
Muchas veces en la vida te ofenden, hay personas que te rechazan y los acontecimientos te sacuden, dejándote hecho una bola o tirado en el suelo. 
Sientes que no vales nada, pero recuerda, tu valor, ese con el que Dios ha sellado tu vida no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere. Incluso en los días en los que sientas que estás en tu peor momento, tu valor sigue siendo el mismo, por muy arrugado que estés.

Vuélvete al Amor primero, vuélvete a Dios que reconoce como nadie lo valioso que eres, gracias al Amor que derrama en tu corazón a cada instante

miércoles, 17 de junio de 2015

Lo que parecía imposible

Esta es la historia de Walid Shoebat, un antiguo terrorista de la OLP. Con tan sólo 16 años perpetró su primer asesinato. Cuando conoció a su mujer comenzó su conversión al cristianismo y hoy día trabaja para la Asociación “Rescue Christians” (Rescate de Cristianos), que él mismo fundó.

Walid nació en Palestina, su padre era islamista radical, y su madre, aunque lo escondía, era cristiana. Desde muy joven se unió a la OLP, y participó en diferentes áreas de la organización: desde iniciar las reyertas con los soldados israelíes, pasando por la política y las relaciones públicas, hasta conseguir ayuda financiera para continuar con la lucha armada.

Por suerte para Walid, el amar a una mujer le apartó para siempre de esa vida. En Estados Unidos conoció a su mujer María, una católica, a la que intentó seducir para convertirse al Islam. Pero mira por dónde, fue él quien acabó convirtiéndose al cristianismo.

Ella le desafió a buscar los errores que todo musulmán cree que hay en la Biblia. Ahí comenzó la conversión de Walid. Tras una investigación sesuda, terminó escribiendo un trabajo que lleva por título “Querido musulmán, déjame contarte porque creo”…fue entonces cuando se dio cuenta que había estado viviendo en una mentira.

Este es el caso particular de Walid, que logró dar un giro de 180 grados a su vida. Pero ¿Es posible cambiar el corazón de un terrorista islámico?
Complicado, muy complicado dar el giro que sí consiguió Walid. Él se arrepiente de todo lo que hizo en su juventud, además de decirlo abiertamente, los ojos llorosos le delatan cada vez que echa la vista atrás para hacer memoria.

Ahora, trabaja para la Asociación “Rescue Christians” (Rescate de Cristianos). La fundó hace cinco años junto a su amigo judío, Keith Davis, y su tarea con los cristianos perseguidos es ingente.

Ayuda a sacar del país a familias enteras que son perseguidas; a los cristianos que son condenados por blasfemia (como Asia Bibi); a jóvenes que han sido secuestrados con el fin de explotarlos sexualmente y a otros muchos que son esclavizados….

Ha presentado en España su libro ''La guerra de Dios contra el terror''

martes, 16 de junio de 2015

Un discípulo de Jesús que no sirve no es cristiano


El Señor envía con un mensaje: anunciar el Evangelio, salir para llevar la Salvación, el Evangelio de la Salvación”.


Llevar la Buena Nueva a través de un recorrido interior

Si un discípulo se queda detenido y no sale, no da a los demás lo que ha recibido en el Bautismo, no es un verdadero discípulo de Jesús, puesto que le falta el carácter misionero, le falta salir de sí mismo para llevar algo bueno a los demás.

El recorrido del discípulo de Jesús es ir más allá para llevar esta buena noticia. Pero hay otro recorrido del discípulo de Jesús: el recorrido interior, el recorrido dentro de sí, el recorrido del discípulo que busca al Señor todos los días en la oración, en la meditación. También ese recorrido el discípulo debe hacerlo, porque si no busca siempre a Dios, el Evangelio que lleva a los demás será un Evangelio débil, diluido, sin fuerza”. 

Este doble recorrido  es el doble camino que Jesús quiere de sus discípulos. 

Un discípulo que no sirve a los demás no es cristiano. El discípulo debe hacer lo que Jesús ha predicado en las Bienaventuranzas y en el ‘protocolo’ por el que nosotros seremos juzgados: Mateo, capítulo 25”. Estas dos columnas del cristianismo “son el marco propio del servicio evangélico”

Si un discípulo no camina para servir, no sirve para caminar. Si su vida no es para el servicio, no sirve para vivir como cristiano. Y allí se encuentra la tentación del egoísmo: ‘Sí, yo soy cristiano, para mí estoy en paz, me confieso, voy a Misa, cumplo los mandamientos’. Pero, ¿y el servicio? El servicio a Jesús en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el desnudo. ¡Lo que Jesús nos ha dicho que debemos hacer porque Él está allí! El servicio a Cristo en los demás”.

Servir gratuitamente, contrastar el engaño de las riquezas

La tercera palabra es “gratuidad”. “Gratuitamente han recibido, gratuitamente den”, es la admonición de Jesús. El camino del servicio es gratuito porque hemos recibido la salvación gratuitamente, pura gracia: ninguno de nosotros ha comprado la salvación, ninguno de nosotros la ha merecido. Es pura gracia del Padre en Jesucristo, en el sacrificio de Jesucristo:

Es triste cuando uno encuentra cristianos que se olvidan de esta Palabra de Jesús: ‘Gratuitamente han recibido, gratuitamente den’. Es triste cuando se encuentran comunidades cristianas, ya sean parroquias, congregaciones religiosas, diócesis, independientemente de las comunidades cristianas que sean, que se olvidan de la gratuidad, porque detrás de esto y debajo de esto está el engaño (de creer) que la salvación viene de las riquezas, del poder humano”.

Tres palabras : 
- Camino, como un envío para anunciar. 
- Servicio: la vida del cristiano no es para sí mismo, sino para los demás, como fue la vida de Jesús. 
- Gratuidad. Nuestra esperanza está en Jesucristo, que nos da así una esperanza que no decepciona jamás”. 

Cuando la esperanza está en la propia comodidad en el camino, o la esperanza está en el egoísmo de buscar las cosas para sí mismos y no para servir a los demás, o cuando la esperanza está en las riquezas o en las pequeñas seguridades mundanas, todo esto se derrumba. El Señor mismo lo hace caer.
Papa Francisco, 11 junio 2015

domingo, 14 de junio de 2015

Un buen fin de semana

 Compartimos con vosotros "las movidas" del fin de semana que concluímos"
El Manto  a la Virgen sigue creciendo y ya el cuarto piso está montado gracias al esfuerzo de Xavi e Yván.
Recordad los que quieran colaborar que tenéis indicaciones en el siguiente enlace
 http://cpcr-caldes.blogspot.com.es/2015/05/primera-piedra-para-el-manto-la-virgen.html


El sábado por la tarde con varias personas de Caldes participamos en la celebración de la fiesta de San Antonio de Padua en los Franciscanos de Granollers. Una hermosa forma de clausurar nuestra participación durante todo este curso en los martes de san Antonio.
Eucaristía, procesión por las calles y .... reparto de panecillos benditos.
 


 Participación también el domingo en el "Aplec" diocesno de las familias, en el Santuario  de la Mare de Déu de la Salut.
 
 


sábado, 13 de junio de 2015

Corazón Inmaculado de María

La fiesta del Inmaculado Corazón de María se celebra el sábado después de Corpus Christi. La Fiesta del Sagrado Corazón es el día anterior (viernes). La Iglesia celebra las dos fiestas en días consecutivos para manifestar que estos dos corazones son inseparables.  María siempre  nos lleva a Jesús.

Ya San Juan Eudes, en el siglo XVII, había difundido esta devoción. En 1942, en plena II Guerra Mundial, el papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María.
 La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María "la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes".
 El papa Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María, será de naturaleza "obligatoria" y no "opcional". Es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo católico.

"Ante tu trono nos postramos suplicantes, 
seguros de alcanzar misericordia, 
de recibir gracias y el auxilio oportuno... 
Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; 
fomenta en los fieles el amor a la pureza,
 la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico,
 para que los que sirven a Dios 
aumenten en mérito y número".
consagración de Pío XII

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la veneramos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

 El Inmaculado Corazón de María, nuestra madre, es el camino mas rápido y seguro para llegar a Jesús.
 Venerar el Inmaculado Corazón de María es venerar a la mujer que está llena del Espíritu Santo, llena de gracia, y siempre pura para Dios. Su corazón femenino siempre está lleno de amor por sus hijos. Por eso se representa rodeado de blancas rosas.
Veneramos el corazón que guarda todas las cosas de Dios en su Corazón y que nos ayuda a sanar y consagrar a Dios nuestro propio corazón.

Devoción de los Cinco Primeros Sábados
Es una devoción al Corazón de María. En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, una de las tres pastorcitas vidente de Fátima, y le dijo:
 "Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación". 

  Junto con la devoción a los nueve Primeros Viernes de Mes, ésta es una de las devociones más conocidas.
 Entreguémonos al Corazón de María diciéndole: 
"¡Llévanos a Jesús de tu mano! 
¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de su Corazón adorable! 
¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!".
  corazones.org

viernes, 12 de junio de 2015

Corazón lleno de amor y misericordia

Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, una festividad que nos lleva al misterio de Dios y de su amor. Es el día más propicio para dejarse transformar por ese amor lleno de misericordia. Es el día señalado para profundizar en nuestra relación con el Corazón de Jesús y reavivar en nuestro propio corazón la fe en el amor salvífico de Dios.
Festividad hermosa que nos invita también a interiorizar en el conocimiento de Jesús, experimentarlo en nuestra vida, llenarnos de su experiencia de amor y dar testimonio de ello a todos los que nos rodean.
Día muy señalado para postrarnos ante ese Corazón lleno de amor y misericordia, para comprender que en ese Corazón bondadoso está el verdadero y único sentido de nuestra vida, de nuestra esperanza y de nuestro destino. Para vislumbrar en nuestra vida que llenos del Sagrado Corazón de Jesús es posible llevar una vida plenamente cristiana, rechazar el pecado y evitar las perversiones que desgarran nuestro corazón quebradizo.
Los cristianos estamos llamados a construir la civilización del Sagrado Corazón de Jesús. Es una de las misiones de nuestro peregrinaje por esta vida. El Corazón de Cristo se hizo vida en la muerte de Cruz. Al contemplar hoy a este Corazón Sagrado aparto todas mis angustias y desconsuelos para entender que en el sufrimiento de Jesús está el fundamento del amor sin límites que Dios siente por mi y por cada uno de nosotros.
La devoción a este Corazón sagrado sólo me puede hacer exclamar con serena alegría un firme y decidido «¡Señor mío y Dios mío, en Ti confío!».
Hoy manifiesto mi gratitud a Dios porque ha derramado su amor en mi corazón a través del Espíritu santo, en esa invitación paternal para fortalecer mi fe, reavivar mi amor, abandonarme a su amor salvífico, irradiarme de su misericordia, desprenderme de mis flaquezas y desgajarme de mis debilidades.
Del Corazón Sagrado de Jesús brotó agua y sangre que limpia mi egoísmo y mi soberbia, me obliga a desprenderme de mis yos y hacerme más entregado a los que me rodean.
Sagrado Corazón de Jesús, Tu me conviertes en un río de agua viva. Y ahora sólo puedo exclamar con devoción: «¡Señor, en Ti confío!».


¡Jesús, confío en ti! ¡Me entrego a Ti, Señor, y entrego a tu Sagrado Corazón mi familia y su futuro! ¡Tu conoces las necesidades de cada uno de ellos! ¡Confío en Ti, Señor, y me abandono a Tu Misericordia! ¡Te doy gracias por tu infinito amor! ¡De doy gracias infinitas por enseñarme a aceptar tu voluntad y aumentar cada día mi fe! ¡Confío en Ti, Señor! ¡Ten compasión de mi! ¡Cúbreme con tu preciosísima sangre, Señor, y líbrame de esas enfermedades que agitan mi alma! ¡Llévame al encuentro con tu Madre, la Virgen María! ¡Te entrego, Señor, todas mis preocupaciones y angustias, dame paciencia y confianza para aceptar tu voluntad! ¡Espíritu Santo, ilumíname en mi caminar diario! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

orar con el corazón abierto

martes, 9 de junio de 2015

Asociar el cuerpo a la Eucarisitía

 








Antídoto contra el engaño


"Para que en cosa ajena no pongamos nido..." [EE.EE 322]. 
Es habitual olvidar que dimensiones de nuestra vida como las relaciones, las cualidades o la vida espiritual tienen más de regalo que de posesión. 
Son parte pero no propiedad nuestra. Olvidar el don, conduce al dominio y al engaño. 
Ocurre en la vida espiritual: controlando las subidas y bajadas, buscando la gran consolación o incidiendo más en el voluntarismo. 
Con las relaciones, parecido. Cuando se contemplan como algo propio, se presta más atención a que los otros me reconozcan y hagan sentir querido. 
Y con las cualidades igual. Si las considero creadas por mí en lugar de dadas, sale la tacañería en el servicio y el uso de los talentos para el propio beneficio.
El antídoto está en la libertad y el agradecimiento, en reconocer que todo es "don y gracia" y en tener bien anclados los fundamentos, los deseos y el amor. 
El resto, se nos dará por añadidura.

lunes, 8 de junio de 2015

la Eucaristía: fuerza para los débiles


La Eucaristía nos permite el no disgregarnos, porque es vínculo de comunión, y cumplimiento de la Alianza, señal viva del amor de Cristo que se ha humillado y anonadado para que permanezcamos unidos. 
Participando a la Eucaristía y nutriéndonos de ella, estamos incluidos en un camino que no admite divisiones. 
El Cristo presente en medio a nosotros, en la señal del pan y del vino, exige que la fuerza del amor supere toda laceración, y al mismo tiempo que se convierta en comunión, también con el más pobre, apoyo para el débil, atención fraterna con los que fatigan en el llevar el peso de la vida cotidiana. Están en peligro de perder la fe.

Y ¿qué significa hoy para nosotros “disolverse”, o sea diluir nuestra dignidad cristiana? Significa dejarse corroer por las idolatrías de nuestro tiempo: el aparecer, el consumir, el yo al centro de todo; pero también el ser competitivos, la arrogancia como actitud vencedora, el no tener jamás que admitir el haberse equivocado o el tener necesidades. Todo esto nos disuelve, nos vuelve cristianos mediocres, tibios, insípidos, paganos.

Jesús ha derramado su Sangre como precio y como baño sagrado que nos lava, para que fuéramos purificados de todos los pecados: para no disolvernos, mirándolo, saciándonos de su fuente, para ser preservados del riesgo de la corrupción. 
Y entonces experimentaremos la gracia de una transformación: nosotros siempre seguiremos siendo pobres pecadores, pero la Sangre de Cristo nos librará de nuestros pecados y nos restituirá nuestra dignidad. Nos liberará de la corrupción. Sin mérito nuestro, con sincera humildad, podremos llevar a los hermanos el amor de nuestro Señor y Salvador. 
Seremos sus ojos que van en busca de Zaqueo y de la Magdalena; seremos su mano que socorre a los enfermos del cuerpo y del espíritu; seremos su corazón que ama a los necesitados de reconciliación, de misericordia y de comprensión.

De esta manera la Eucaristía actualiza la Alianza que nos santifica, nos purifica y nos une en comunión admirable con Dios. Así aprendemos que la Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles, para los pecadores, es el perdón, el viático que nos ayuda a andar, a caminar”.

domingo, 7 de junio de 2015

Corpus Christi



Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.

En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.

A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la SantaMisa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.

La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.

El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion.

El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.
aciprensa

viernes, 5 de junio de 2015

Recordando al P. Cura

El pasado lunes día 1, se realizó un emotivo homenaje al P. Cura, en el primer aniversario de su fallecimiento. Un acto sencillo, pero sin duda muy especial y emotivo, al que asistieron compañeros sacerdotes, profesores, amigos, y tanta gente que ha podido compartir la vida del P. Cura.
El acto tuvo lugar en el Salón de Actos de la EPS de la Universidad CEU San Pablo, en Montepríncipe. Presidido por el Rector de la Universidad, Juan Carlos Rodríguez Nafría, también intervinieron Andrés Ramos, Director de Pastoral y Viceconsiliario de la ACDP; el P. Francisco Lerdo de Tejada, Capellán junto al P. Cura del campus de Montepríncipe; el P. Enrique Martín, Cooperador Parroquial y compañero; y Antonio González Montiel, amigo personal del P. Cura.
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Cada uno de ellos fueron compartiendo recuerdos, anécdotas y momentos vividos junto al P. Cura, reflejando su gran personalidad, su sencillez, como vivía profunda e íntegramente su vocación sacerdotal, entregándose y preocupándose por cada una de las personas que conocía o se le acercaban, siempre con una sonrisa, con un trato afectivo y cariñoso.
Para finalizar se proyectó el siguiente video:
 Posteriormente se celebró la eucaristía en memoria del P. Cura en la Capilla Principal del Campus.
Queremos mostrar nuestro agradecimiento de una manera especial a Andrés Ramos y Mª. Jesús Ostos, quienes han hecho posible este bonito homenaje, y mantienen viva su presencia en la Universidad a la que tanto quería. Y sin duda gracias a todas las personas que estuvieron presentes física o espiritualmente. El P. Cura no sólo está presente en el recuerdo, sino que nos acompaña en cada momento con su presencia desde el cielo, intercediendo  y velando por cada uno de nosotros.