miércoles, 24 de junio de 2015

Tres vocaciones en un hombre


Un cristiano no se anuncia a sí mismo, sino al Señor. En la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista el Papa se ha detenido en la vocación del más “grande entre los profetas”
Preparar la venida del Señor, 
discernir quién es el Señor, 
disminuir para que el Señor crezca. 
En estos tres verbos las vocaciones de Juan Bautista, modelo siempre actual para un cristiano. Juan, dijo el Papa, preparaba el camino a Jesús “sin quedarse nada para él. Era un hombre importante”: la “gente lo buscaba, lo seguía porque las palabras de Juan eran fuertes”. Sus palabras, prosiguió, llegaban “al corazón”.

Y allí, tuvo quizás “la tentación de creer que él era importante, pero no cayó”. Cuando, de hecho, se le acercaron los doctores a preguntarle si era el Mesías, Juan respondió: “Soy la voz: sólo la voz”, pero, “he venido a prepararle el camino el camino al Señor”. Esta es la primera vocación del Bautista, evidenció el Papa: “Preparar al Pueblo, preparar el corazón del Pueblo para el encuentro con el Señor”. ¿Pero quién es el Señor?

“Esta es la segunda vocación de Juan: discernir, entre tanta gente buena, quien era el Señor. Es el Espíritu el que ha revelado esto y él ha tenido el coraje de decir: ‘Es este. Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo’
Los discípulos miraron a este hombre que pasaba y lo dejaron ir. El día después, sucedió lo mismo: ‘Es este. Es más digno que yo’. Los discípulos fueron tras Él. En la preparación, Juan decía: ‘Tras de mí, viene uno…’. En el discernimiento, que sabe discernir y señalar al Señor, dice: ‘Antes que yo, va este’”.

La tercera vocación de Juan, prosiguió, es disminuir. Desde ese momento, destaca el Pontífice, “su vida comenzó a disminuir, a disminuir para que creciese el Señor, hasta anularse a sí mismo”: “Él debe crecer, yo debo disminuir”, “tras de mí, antes que yo, lejos de mí”.

“Esta es la etapa más difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había ni imaginado, hasta tal punto que en la cárcel, porque en ese momento estaba en la cárcel, sufrió no solo la oscuridad de la celda sino también en su corazón: ‘¿Será este?¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan cercano… no se entiende’. Y como él era hombre de Dios, pide a sus discípulos que vayan a preguntarle: ‘¿Eres tú el Señor o debemos esperar a otro?’”.

“La humillación de Juan, constató, es doble: la humillación de su muerte, como precio de un capricho”, y también la humillación “de la oscuridad del alma”. 
Juan, que supo esperar a Jesús, que supo “discernir”, “ahora ve a Jesús lejano”. “Esa promesa, se ha alejado. Y termina solo. En la oscuridad, en la humillación”. 
Se queda solo “porque se anuló para que el Señor creciese”. 
Juan ve que el “Señor está lejos” y él “humillado”, pero “su corazón está en paz”.

Tres vocaciones en un hombre: preparar, discernir, dejar crecer al Señor y disminuir él mismo. También es bello pensar en la vocación del cristiano de esta manera. 
Un cristiano no se anuncia a sí mismo, anuncia a otro, le prepara el camino a otro: al Señor. 
Un cristiano debe saber discernir, debe saber cómo discernir la verdad de lo que parece verdad y no lo es: un hombre de discernimiento.
 Y un cristiano debe ser un hombre que sepa humillarse para que el Señor crezca, en el corazón, en el alma de los demás”

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