Vocación de Hermano


El 9 de septiembre entregaba su alma al Señor otro miembro de la comunidad CPCR de Chabeuil (Francia), el Hermano Jacques Mècle.
Nacido en 1928, pierde accidentalmente a su padre siendo todavía muy joven y vive su adolescencia junto a su madre, mujer muy piadosa y ejemplar cristiana. Cursa estudios de Derecho y de Letras en el Institut Catholique de Toulouse con notable éxito. Dotado de una memoria excepcionalmente fiel, esos estudios le serán muy útiles toda su vida. Pero la llamada del Señor a la vida religiosa le hace interrumpirlos e ingresa en 1951 en la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey. Terminado el noviciado pronuncia sus primeros votos cómo Hermano coadjutor en 1953; hubiera podido elegir el sacerdocio, prefirió ofrecer a Dios su vida en le estado de simple colaborador de los sacerdotes de la Congregación. En 1955 pronuncia los votos perpetuos.

El H. Mècle ha vivido su vocación de Hermano en todas las casas de la Congregación de Europa, en Chabeuil, Bieuzy y Wissous de Francia; en Grolley (Friburgo) de Suiza, en Pozuelo de Alarcón, España y en Roma, prestando siempre servicios muy apreciables, sea como ayuda en las tandas de Ejercicios, sea sobre todo como secretario de varios Superiores locales y generales y en la preparación de algunos capítulos generales; un auténtico modelo de secretario. Simultáneamente se cuidó siempre de los archivos de la Congregación, muy especialmente, en Chabeuil, del Archivo histórico, y pudo realizar varios trabajos muy útiles sobre la vida del P. Vallet, Fundador de la Congregación y sobre la historia de esta última. 

La suya ha sido una vida siempre fiel a las Reglas y Constituciones del Instituto, muy llena de trabajo incansable, alimentada y sostenida con la oración a la que fue siempre y puntualmente fiel. Su última enfermedad ha transcurrido en un flujo casi constante de jaculatorias y oraciones vocales. Y cuando sus hermanos de Congregación o las Hermanas Cooperatrices le visitaban y le cantaban algún himno religioso, los acompañaba siempre con signos muy claros de alegría, prolongándolo después con la repetición de alguna de las partes de los mismos. Por ejemplo, el día en que le cantaron el “Alma de Cristo”, cuando terminó el canto, él siguió repitiendo durante un buen rato, “Mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos.” Y así sin duda lo hizo el Señor en la hora de su muerte, muerte serena, enteramente en la paz del Señor. 

Oremos por su eterno reposo y contemos con la ayuda de sus oraciones.
P. José Mª Fdez-Cueto

Comentarios

  1. Una excelente persona. Lo encomiendo en mis oraciones y en la Eucaristía

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