ACUDID POR AGUA


La primera lectura y el evangelio siempre están relacionadas, pero hoy lo están de una manera muy, muy especial.

La primera lectura con belleza y poesía expresa una promesa de Dios: “Oís, sedientos todos, acudid por agua” (agua = signo de vida). ”Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: y os saciaré de vida”.

Expresiones poéticas pero no irreales. El cumplimiento de estas palabras, de esta promesa, se da en el evangelio.

El milagro de la multiplicación de los panes y los peces nos remite a la eucaristía. Son milagros que siempre se han interpretado en clave eucarística. Las palabras de Jesús así lo dan a entender... “tomando los cinco panes.... alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente”.

Primera lectura: “…comeréis bien; saborearéis platos sustanciosos” ¿a que se refiere con “comeréis bien”? Solo hay una respuesta posible: Cristo, Cristo hecho manjar, pan de vida, es nuestra comida … 

Primera lectura: ¿Qué es este plato sustancioso que saborearemos? Sólo hay una respuesta posible: Cristo, Cristo hecho manjar, pan de vida, es el plato sustancioso. El pan del cielo.

Primera lectura: “Venid a mí: y os saciaré de vida!”. ¿Qué nos saciará de vida? ¡¡Cristo!! Él es quien sacia  nuestra sed...

Tenemos sed. Sed de libertad, sed de plenitud, sed de felicidad, sed de realización personal, sed de estar bien. Tenemos tanta sed. Un perro no tiene sed, la persona humana está llena de sed. ¡¡Y Cristo sacia  nuestra sed!!

Quizás alguien piense: “pero todo esto yo no lo siento”. Nuestra santificación, nuestra vida espiritual, nuestro crecimiento, se apoya en el espíritu, no en la sensibilidad. Lo que rige nuestra vida es la fe, no la sensibilidad.

Ayer hicimos la puesta en común de la peregrinació a Fátima con los adolescentes y jóvenes que habían ido... Siempre empezamos hablando de cosas un poco superficiales y dejamos para el final el hablar del bien espiritual que te ha hecho la peregrinación y les pedimos que expliquen alguna cosa en concreto. Como adolescentes que son, muchos destacaban momentos relacionados con la emoción: una canción, unas palabras, una escena, unas lagrimitas, pero uno de los jóvenes ya hacía un paso más allá... y decía que a Dios no lo había encontrado ni en la musiquita, ni en la emoción de un momento, sino en una experiencia más profunda, de presencia suya en todo... Había pasado de la sensibilidad a vivir todo aquello desde la fe. Había hecho un salto.

Si nos mueve sólo la sensibilidad no iremos bien... Porque ahora sientes mucho, después no sentirás nada, y, más adelante, sentirás una cosa diferente. No hablo de menospreciar la sensibilidad, sino de integrarla, de que no sea el único criterio para vivir la fe...

Una chica dijo: “Las confesiones no me gustaron”. Lo decía porque no había sentido nada. En cambio, desde la fe el espectáculo era impresionante: doscientos jóvenes acercándose a confesarse con nueve sacerdotes jóvenes en un parque público...

Aunque los adolescentes se manifiesten de esta manera, la peregrinación les sirve para crecer en motivaciones, convicciones y decisiones, que hacen referencia a una experiencia profunda. Lo que pasa es que esto no lo notan.

Nos hace falta, a todos, a mí el primero, ponernos las lentes de la fe, vivir desde la fe. Y si va creciendo en nosotros la fe, entonces experimentamos lo que decía San Pablo en la segunda lectura: nada podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Escuchemos con fe, la palabra de Dios de la primera lectura: “Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y os saciaré de vida”.

Francesc Jordana















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