sábado, 31 de diciembre de 2016

....... LES DA PODER PARA SER HIJOS DE DIOS, SI CREEN EN SU NOMBRE.


Al concluir el año, no olvidemos la fuerza que nos viene de la Palabra, no olvidemos la Palabra de Jesús, nos ayudará a perseverar hasta el final, nos ayudará en todas las situaciones en que nos encontremos en esta vida. Confeccionemos nuestros actos y decisiones conforme a ella y estaremos cumpliendo la voluntad del Señor. 
Feliz y Santo año.


Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. La palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: <<Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo">>. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: su Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.




viernes, 30 de diciembre de 2016

EL PUEBLO DESCARTADO (FRANCISCO)


 El clericalismo en la Iglesia es un mal de raíces antiguas y que tiene siempre como víctima «al pueblo pobre y humilde»: no por casualidad también hoy el Señor repite a los «intelectuales de la religión» que pecadores y prostitutas les precederán en el reino de los cielos.
Recordando el pasaje evangélico de Mateo (21, 28—32) presentado en la liturgia, el Pontífice ha subrayado que «Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo y eso quiere decir a los que tenían la autoridad, la autoridad jurídica, la autoridad moral, la autoridad religiosa: todo». Él «habla claro» a los «que decidían todo: pensemos en Anás y Caifás, que han juzgado a Jesús, o a esa palabra de Caifás: es más ventajoso para nosotros que muera un hombre por el pueblo y que no se estropee la nación entera». En resumen, afirmó el Papa, «ellos decidían todo, también tomaron la decisión de matar a Lázaro, porque era un testimonio que no era conveniente para sus intereses». 






Eran «hombres de poder» y «a ellos se dirigió Judas, para negociar: “¿Cuánto me dais si os lo traigo?”». Exactamente «así fue vendido Jesús». Y ellos «eran los sacerdotes, los jefes»




Estas personas, explicó Francisco, «habían llegado a este estado de prepotencia, incluso de tiranía hacia el pueblo, instrumentalizando la ley»; pero «una ley que ellos rehicieron muchas veces hasta llegar incluso a quinientos mandamientos: todo estaba regulado, ¡todo!». Era «una ley científicamente construida, porque esta gente estaba capacitada, conocía bien, le daban muchos matices». Pero, hizo notar el Pontífice, «era una ley sin memoria: habían olvidado el primer mandamiento que Dios dio a nuestro padre Abraham: camina en mi presencia y sé irreprensible». En cambio «ellos no caminaban: siempre estuvieron firmes en sus propias convicciones y no eran irreprensibles».
Además, prosiguió el Papa, «no tenían memoria porque habían olvidado incluso los diez mandamientos de Moisés». 



Refiriéndose una vez más al evangelio de Mateo, el Papa explicó que es precisamente el caso del primero de los dos hijos enviados por el padre a trabajar a la viña: inicialmente dice que no, «pero después se arrepintió y fue». Efectivamente, prosiguió, «ellos no sabían qué era arrepentirse, porque se sentían perfectos: “te doy las gracias Señor porque no soy como los demás, ni como el que está rezando ahí”». De hecho «eran vanidosos, orgullosos, soberbios, y mientras la víctima es el pueblo», que «sufría estas injusticias, se sentía condenado por ellos, abusado por ellos: el pueblo, humilde y pobre, descartado».
«Esta —afirmó Francisco— será la promesa. Un pueblo que sabe arrepentirse, que se reconoce pecador, es como un descarte de esta gente». Y añadió, «a mí me gusta pensar en Judas». Sin duda «Judas fue un traidor, pecó demasiado, pecó gravemente». Pero «después el Evangelio dice que, arrepentido, fue a ellos a devolverles las monedas». Y ellos intentaron tranquilizarle diciendo: «Tú has sido nuestro socio, nosotros tenemos el poder de perdonarte todo». Él rechaza y ellos le responden que allá él, que el problema es suyo. Así «le han dejado solo, descartado: el pobre Judas traidor y arrepentido no ha sido acogido por los pastores, porque estos habían olvidado qué era un pastor». Eran «los intelectuales de la religión, los que tenían el poder, que llevaban adelante la catequesis del pueblo con una moral hecha por su inteligencia y no por la revelación de Dios».
Es «feo», añadió Francisco, el hecho que «este pueblo humilde y pobre» venga «descartado por esta gente que se alejaron de Él» y «que les apaleaban». Claro, añadió el Papa, «alguno de vosotros puede decirme: “gracias a Dios estas cosas han pasado”. No, queridos míos, también hoy —¡también hoy!— los hay en la Iglesia. ¡Y esto duele mucho!».
Efectivamente, afirmó, «hay ese espíritu de clericalismo en la Iglesia, que se siente: los clérigos se sienten superiores, los clérigos se alejan de la gente, los clérigos dicen siempre: “esto se hace así, así, así, y ¡vosotros iros!”». Ocurre «cuando el clérigo no tiene tiempo para escuchar a los que sufren, a los pobres, a los enfermos, a los reclusos: el mal del clericalismo es una cosa muy fea, es una edición nueva de este mal antiguo». Pero «la víctima es la misma: el pueblo pobre y humilde, que confía en el Señor».

«El Padre  siempre ha intentado acercarse a nosotros, envió a su Hijo. Estamos esperando, esperando en espera alegre, exultantes. Pero el Hijo no entró en el juego de esta gente: el Hijo se fue con los enfermos, los pobres, los descartados, los publicanos, los pecadores y —es escandaloso— las prostitutas». Pero «también hoy Jesús nos dice a todos nosotros y a los que son seducidos por el clericalismo: “los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”».

Fuente: L’Osservatore Romano, viernes 16 de diciembre de 2016 (Resumen)


miércoles, 28 de diciembre de 2016

ORACIÓN PARA VIVIR MEJOR






En la vida hay cosas que se ven (placer, dinero, gloria), y otras que no (amor, amistad, religión), a veces parece que no tienen valor las cosas que no se ven, que no sirven para nada, porque no son útiles a un nivel práctico, pero luego vemos que la cosa es al revés: que cuando faltan estas cosas que no “sirven” para nada, la vida no sirve para nada: falla la autoestima, uno se queda sin familia o la que tiene queda destrozada, o se sufre una soledad quedándose sin amistades... En esa búsqueda de la sabiduría, del valor de las cosas que no se ven, Jesús es camino al conocimiento, verdad interior que ilumina, vida plena: al mirarme en él me veo a mí mismo, y en la verdad de Dios conozco la mía. 

Ese camino de la humanidad de Jesús me hace ver mi humanidad, no el yo superficial (lo visible, aparente) sino un conocimiento amoroso, a nivel profundo de corazón, que afecta al sentido de la vida. A esos encuentros de mirar y sentirse mirado por Jesús le llamamos oración: ella ilumina la conciencia del yo. Así, veo todo con la luz de la fe, con los ojos divinos: aquella enfermedad o un traslado, etc. como algo que Dios me da para unirme a Él. No caigo en los espejismos del falso yo (que se afirma en los afanes de poder, riqueza, prestigio...) sino en el amor que me hace libre, disponible para el servicio desinteresado, como dice el místico Juan de la Cruz: "ya no guardo ganado, ni tengo ya otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio".

Esta sabiduría me hace entender que sólo si amo, soy "yo". Sólo cuando amo, vivo. Y no puedo estar envidioso de otros o amargado, pues no puedo dejar de amarme a mí mismo, si Él me ama siempre: haga yo lo que haga, y así voy sabiendo que soy yo cuando respondo a su amor con mi amor, recordaba A. López Baeza: no se hace oración, se "vive" la oración, si no, no conecto, como si no hubiera receptividad. El que ora mirando a Jesús sabe que lo único que tiene que hacer es dejarse amar... no se desprecia a sí mismo, aunque se vea afectado por sus muchos pecados... limitaciones personales... su amor es siempre lo más fuerte que hay en mí... me hace no temer ni siquiera mis propias contradicciones.


La oración es un proceso, en el que yo nunca sé las claves últimas. Sólo se ilumina el paso presente, sé a dónde voy, y ella me da la paz que ensancha mi corazón, fruto de ese fiarse, pero no sé por adelantado lo que va a pasar, no sé del futuro y sus mieles y hieles que me aguardan, noches y desiertos... pero oigo como Jesús me dice: “no temas, basta que te sientas llamado a entrar por el camino”, basta estar guiado por ese deseo de Dios, y ahí en el interior, el espíritu de Jesús trabaja para que aprendamos a vivir de su Amor. En su corazón me enseña que ninguna cosa ni persona me ha de dejar subyugar... En Cristo, desde su corazón, amaré a los demás.
Si la oración está movida por el amor, la vida también estará movida de amor, y no habrá aburrimiento, ningún gesto será inútil ni vacío, sino expresión de ese amor. Tampoco habrá pesimismo ni visión negativa, esa continua obsesión por ver fallos o inventarse preocupaciones, pues si Dios me quiere con mis defectos, estos ya no me impiden que me encuentre a gusto conmigo mismo. La oración es el núcleo de mi existencia, el misterio de mi vida amasada, ya en el tiempo, con la vida divina: "tras de un amoroso lance... volé tan alto tan alto, que le di a la caza alcance". Eso da una libertad que se traduce en la entrega, en una “esclavitud” de amor. El deseo de Dios es el motor de la oración, hambre que ha puesto Él en el alma, que ya no se llena atiborrándose de cosas de la tierra, que saben a vinos aguados de amores versátiles; el alma se abre a mucho más y proclama: “Señor, no soporto ese vacío, lléname este abismo abierto en mi corazón, ese vértigo que me da asomarme a la eternidad”.

Y rezar es así abrir los ojos a la vida, a la belleza de toda la maravilla de lo creado, "extrañarse, asombrarse es comenzar a comprender" (Ortega y Gasset), alzarnos de puntitas para con los brazos abiertos tocar el cielo, y contemplar a Dios en lo que nos rodea.

Autor: Padre Llucià Pou Sabaté



domingo, 25 de diciembre de 2016

QUIEN PUEDE CAMBIAR EL CORAZÓN DEL HOMBRE??


Necesitamos buenas noticias, estamos rodeados de malas noticias y de tragedias y desastres por todas partes, y nuestro corazón necesita buenas noticias.

Y hoy el ángel ha dicho: “No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo”.

Pero, esta no es una buena noticia antigua, de hace muchos años, o lejana; ha pasado lejos de aquí. ¡¡Esta buena noticia nos implica directamente!! ¡¡Nos pasa a nosotros!! ¡Qué bien! ¿No? Una buena noticia donde nosotros estamos implicados directamente, donde nosotros no somos unos espectadores de una cosa que pasa, sino participantes de la buena nueva...

Fijaros que el ángel dice: “¡os ha nacido un Salvador!”. Lo dice como una cosa que les pasado a los pastores y por tanto, también a nosotros: “¡os ha nacido...!

Hoy el ángel nos ha dicho a cada uno de nosotros: “Te traigo una buena noticia, que llevará a tu corazón una gran alegría: ¡te ha nacido tu Salvador!”

¡¡Esta buena noticia es la mejor buena noticia del mundo!! Mucho mejor que la buena noticia de que te toque la lotería. Si te toca la lotería tienes más dinero, ¿y qué? ¡Hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero! En cambio esta buena noticia te habla de uno que te salva, y te salva porque tiene la capacidad de cambiar tu corazón...


 ¿Quién puede cambiar el corazón del hombre? ¿Quién puede sanar un alma herida? ¿Quién puede transformar el odio en amor? ¿Quién puede llevar arrepentimiento, reconciliación y paz? ¿Quién puede responder a las grandes preguntas del sentido de la existencia humana?

Sólo hay una respuesta: Jesucristo. ¡¡De aquí nace la alegría de la Navidad!!

Los empresarios, crean puestos de trabajo
Los profesores y maestros, comunican conocimientos
Los políticos, gestionan las cosas públicas
Los programas de autoayuda y psicólogos, te ayudan a hacer pequeños cambios para mejorar algún aspecto de tu vida y a entender qué te pasa.

¡¡¡Todo esto es bueno!!! Pero ¿puede alguna de estas realidades transformar verdaderamente el corazón de las personas? No. Sólo la fuerza del amor de Jesús puede hacerlo.

Os dais cuenta, es el amor de Cristo
quien puede cambiar el corazón del hombre,
quien puede sanar un alma herida,
quien puede transformar el odio en amor,
quien puede llevar arrepentimiento, reconciliación y paz.

¡¡Y de aquí nace nuestra alegría navideña!! Hoy nace para mí, mi Salvador. ¡Hoy nace para ti, tu Salvador!

¡Y este “hoy” es un “hoy” real! La celebración litúrgica de hoy y de los próximos ocho días lo que persigue es que Él nazca en ti. Que tú tengas un corazón suficientemente abierto, suficientemente dócil, para que Él nazca en ti de una manera nueva y se haga más presente a partir de este momento.

¿Aquella noche quién vio la luz? La vieron los pastores, gente sencilla y humilde. Seamos como ellos...

Orígenes, un hombre muy sabio de los siglos primeros, nos dice: “¿Qué me ayuda a mí que el Verbo (Jesús) haya venido a este mundo si no nace en mí?”. Genial pregunta... porque apunta hacia el sentido de esta celebración: Jesús no quiere volver a nacer a Belén, quiere nacer en nuestros corazones.

Dejemos que este Niño nos hable, dejemos que nos hable de sobriedad, dejemos que nos hable de misterio, dejemos que nos hable de ternura, dejemos que nos hable del amor de Dios. Desnudo de todo artificio, nos muestra aquello que es esencial. 

Todo esto ha de ser contemplado, rezado, pensado, para que la alegría de la Navidad nazca en nuestros corazones. Esta alegría no es superficial, ni comercial, no es una alegría huidiza, como una estrella fugaz en la noche. ¡Es la alegría que nace en el silencio del fondo de nuestro corazón!

Francesc Jordana









miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA PRACTICA DE LA PRESENCIA DE DIOS


La práctica más santa y más necesaria en la vida espiritual es la presencia de Dios, que consiste en complacerse y acostumbrarse a su divina compañía, hablando humildemente y entreteniéndose amorosamente con Él en todo momento, sin reglas ni medida; sobre todo en época de tentaciones, de penas, de aridez, de disgusto de infidelidades y pecados.
Hemos de esforzarnos continuamente en que nuestras acciones sean a modo de pequeñas conversaciones con Dios, descomplicadas, como procedentes de la pureza y la sencillez de corazón.
Hemos de actuar ponderadamente y con mesura, sin el ímpetu y la precipitación que indican un espíritu disperso. Trabajemos con serenidad y amor junto a Dios, rogándole que le complazca nuestro trabajo y, gracias a esta continua presencia de Dios, romperemos la cabeza del demonio y haremos caer las armas de sus manos.
Lo mismo durante nuestro trabajo que durante nuestras lecturas, también espirituales, durante nuestras devociones externas y nuestras oraciones vocales, detengámonos por unos instantes con la mayor frecuencia posible para adorar a Dios desde el fondo de nuestro corazón y, de paso y como en secreto, pedirle ayuda, ofrecerle nuestro corazón y darle gracias.

¿Puede haber algo más agradable a Dios que, miles de veces al día, abandonemos a todas las criaturas para retirarnos y adorarle en nuestro interior?

No podemos ofrecer a Dios mayor homenaje de nuestra fidelidad que el de renunciar y despreciar miles de veces a la criatura para gozas un solo instante del Creador. Esta práctica destruye poco a poco el amor propio que sólo subsiste entre criaturas y del que nos libran insensiblemente esos frecuentes regresos a Dios...
Para estar con Dios no es necesario estar siempre en la Iglesia. Podemos hacer de nuestro corazón un oratorio en el que nos retiremos de vez en cuando para conversar con Él.
Todos somos capaces de esas conversaciones familiares con Dios; basta elevar ligeramente el corazón. Oraciones que, por cortas que sean, son sin embargo muy agradables a Dios y que, lejos de hacer perder el valor en las ocasiones más peligrosas, lo fortalecen. Recuérdelo el mayor número de veces posible; este modo de rezar es el más adecuado y necesario para el soldado, expuesto continuamente a los peligros de la vida y con frecuencia, de su salvación.
Este ejercicio de la presencia de Dios es extraordinariamente útil para hacer bien la oración, pues impide que la mente emprenda el vuelo durante la jornada y la mantiene exactamente junto a Dios, de modo que resulta más fácil permanecer tranquila durante la oración...

Extracto del libro  L'expérience de la présence de Dieu. (Fr. Lauurent de la Résurrection, Le Seuil).




lunes, 19 de diciembre de 2016

SEÑOR.....AQUÍ ESTOY!!


El Señor nos ayuda a entender las cosas a poco que nos esforcemos, cambia nuestras incertidumbres por certezas, las certezas de la fe, esa fe que conocemos de manera teórica, incierta y a veces inaccesible a nuestro entendimiento. La oración nos ayudará a llegar a ese momento, en que el corazón traduce a nuestra razón algunas, hasta ahora, incertidumbres y enigmas.

Ese momento en el que orar en cuerpo y alma se convierte en puro amor, sin necesidad de palabras, sin necesidad de ruegos y peticiones, nos bastará con  sentir la presencia del Señor,  su amor , amor incomparable, incondicional, nuestra oración se convertirá en un acto de abandono total, vital, solo yo, solo Dios, mi silencio y mi confianza.

Podemos hacer de cada momento un de acto oración, porque orar es vivir la unión con Dios, sentir su segura compañía y dejarnos guiar. Insertar su voluntad en nosotros, caminar en nuestro día a día a su lado, sentirle cerca en todas las circunstancias, en casa, en el trabajo, en cualquier momento y lugar. 
Esta oración  transformará nuestras vidas, porque El es quien nos guía, gustaremos su amor, en cada acto, en cada tarea, y cada paso que demos lo dará con nosotros. Es el gran acto de unión, es comunión, El actúa y aleja nuestras más profundas dudas, inundando el intelecto de razones y experiencias reveladoras.



Hagamos de nuestra vida una vida de oración, perseveremos, confiemos y  El será quien nos guíe. A partir de ese momento, la teoría pasará a convertirse en una gran realidad, una gran certeza, Dios y Dios en nosotros.
La oración no es solo un momento, es la vida, esa vida que con El adquiere todo el sentido, sentido que no podemos hallar sin su amistad, sin su presencia, sin nuestra fe que el nos entrega. 
Oremos con palabras, con nuestros actos, con paso firme, con amor, dando el testimonio valiente que necesita esta sociedad cansada, agobiada, testimonio que entregamos al mundo, testimonio de amistad, dulzura, humildad, verdad y misericordia. 
Dios con nosotros, comunión, entonces sabremos que nuestros actos son suyos, haremos su voluntad, no la nuestra, ya no tendremos  dudas y, sabremos por fin, dirigirnos como verdaderos hijos suyos. 

Pere M.




domingo, 18 de diciembre de 2016

JOSÉ ENTRA EN EL MISTERIO Y NOS DA UNA GRAN LECCIÓN




Hoy el evangelio gira en torno a José, pone el foco en José. Aparece tan poco en el evangelio que vale la pena hablar de él, centrarnos en él. Más cuando hoy nos da una grandísima lección.

Vale la pena explicar el contexto cultural del evangelio que nos ayuda a entender esta escena. En aquellos tiempos cuando una joven llegaba a la pubertad, sus padres hablaban con los padres de algún chico con el que parecía que pudiera haber afinidades y posibilidades de convivencia. Un día, una vez puestos de acuerdo, en una sencilla ceremonia, la pareja se comprometía en matrimonio. Entonces, cada uno continuaba viviendo con sus padres, pero, los jóvenes se empezaban a ver más e iban preparando lo que sería su hogar. Esta etapa, habitualmente, no duraba más de un año.

Es durante este tiempo que María recibe el anuncio del ángel. Después de recibirlo marcha a visitar su prima Elizabeth, y cuando vuelve, tres meses después, los signos de su embarazo son evidentes...

Imaginaros lo que vivió José en aquellos días: la joven a la que quería estaba embarazada, y ella le explica una historia extrañísima de un ángel. ¡Pobre José! Su proyecto de futuro se hundía, sus ilusiones, sus esperanzas,... qué dolor, qué tristeza, y, también, qué vergüenza ante las personas del pueblo. Digo vergüenza porque aceptando a María,  se entiende que él ha hecho lo que no tenía que hacer hasta vivir juntos. Y si decía que él no tiene nada a ver, María habría sido lapidada.

También nosotros hemos vivido y vivimos tristezas, dolores, y vergüenzas por cosas que nos han pasado y que no hemos entendido del todo...

José recibe el mensaje de Dios en un sueño. ¡¡Un sueño!! Todos hemos soñado. Un sueño no es tangible, no es claro, no es concluyente, sino todo lo contrario... 

Frente esta situación José es invitado por Dios a entrar en el misterio...  No lo ve todo claro, no lo entiende todo, tiene muchas dudas... pero, José entra en el misterio...

Nos hace falta también a nosotros, en ciertos momentos de nuestra vida hacer una opción por el misterio. Queremos tenerlo todo claro, entender lo que se puede entender sin esfuerzo, como una cosa natural, pero el camino de Dios no va por aquí... Hemos de reconocer que, a veces, sí que hemos querido que las cosas de Dios sean como muy evidentes, pero, a la que no vigilamos se nos vuelve intrascendente, y, finalmente, prescindible, por no haber sido capaces de vivir el misterio.

Ésta es la gran lección que nos da hoy José. A pesar del rompimiento de planes, de esperanzas, a pesar de dolores y tristezas, a pesar de  recibir un signo tan frágil como un sueño, ser capaz de entrar en el misterio... y entrar a tientas. No entiende, pero, se fía. No sabe cómo irá todo, pero, se fía. ¡¡Gran lección!!

Si José hubiera actuado sólo movido por la razón, María habría muerto lapidada: “esta mujer espera un hijo, que no es mío, me ha sido infiel a la primera oportunidad  que ha podido, merece el castigo de la ley”... Pero, la razón solamente, no rige su vida, sino una razón iluminada por la fe y la caridad... ¡Hagamos nosotros lo mismo!

A todos nos hace falta, ante tantas cosas que nos descolocan, aprender de José. Él nos enseña a  situarnos ante el misterio, a dejar un poco de lado el juicio de la razón, a aceptar el misterio en nuestra vida y a confiar en Dios.

Francesc Jordana


sábado, 17 de diciembre de 2016

NUESTRA SALVACIÓN POR MEDIO DE UNA MUJER


En la Navidad la salvación  nos viene por María.
Una de las cosas que más brilla en las fiestas de la Navidad es la voluntad divina de darnos la salvación, esto es, la persona del Salvador, por medio de María. Se aplica así al misterio cristiano, aunque de manera más suave y misericordiosa, lo que se dice de Judit, elegida por Dios para liberar al pueblo judío de la amenaza de Holofernes: «Oh Dios, que has dado la salvación por medio de una mujer». Dios ha querido darnos al Salvador, y por El la salvación tan esperada, a través de la Santísima Virgen, que por ello es el principal personaje del Adviento (en su mismo centro está su fiesta de la Inmaculada Concepción), y un personaje central en el misterio de la Navidad. 


De ella quiere nacer el Salvador; a ella acuden los pastores para encontrar al Niño Dios; en sus brazos está Jesús cuando Simeón acude al templo, para tener la alegría de conocer al Salvador que Dios ha enviado a Israel; en su regazo sigue todavía cuando se presentan en Belén unos magos venidos desde lejos para adorar al Rey de los judíos recién nacido. Esta presencia de María junto a Jesús, esa voluntad expresa de Jesús de no darse sino por María, es uno de los grandes secretos de la religión católica, y una de las claves del modo de obrar de Dios en todo el ámbito de la redención. Habiendo quedado perdida la humanidad por culpa de un hombre y de una mujer, por medio de otro Hombre y de otra Mujer debía quedar regenerada y justificada. ¡Qué admirables son los planes de Dios, y con qué condescendencia maravillosa se adapta a nosotros, pobres pecadores!


jueves, 15 de diciembre de 2016

QUÉ ES LA NAVIDAD PARA EL PAPA FRANCISCO


"La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien un poco de silencio, para oír la voz del Amor."

Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida. Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida.

La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, alegría y la generosidad. Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor. La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor. Eres también los reyes Magos, cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien. La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti. El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos. La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y reestableces la paz, aun cuando sufras. La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones; tú eres sonrisa  de confianza y de ternura, en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti. Una muy Feliz Navidad para todos los que se parecen a la Navidad.

Papa Francisco


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miércoles, 14 de diciembre de 2016

NUEVO CURSO ALPHA EN SABADELL....¡¡TE ESPERAMOS!!





SAN JUAN DE LA CRUZ


Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense perteneciente a Castilla y León, una comunidad autónoma de España.
Murió su padre cuando Juan tenía seis años; a los nueve años, se trasladó con su madre al abulense pueblo de Medina del Campo, en donde a los 17 años, ingresa en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades.
El año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita, adoptando el nuevo nombre de fray Juan de san Matías; al año siguiente se traslada a Salamanca para cursar estudios de teología en su célebre universidad. En el año 1567 es ordenado sacerdote, y adopta el nuevo y definitivo nombre de Juan de la Cruz. Su ilustre paisana de Ávila, Teresa de Jesús, trabó gran amistad con él y le integró en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado.


En 1568 Juan de la Cruz fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, los cuales practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: "Cántico espiritual". En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.
Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció su paisana Teresa de Jesús, ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.
Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años, 135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.
La obra poética de san Juan de la Cruz está inspirada en un profundo sentimiento religioso. A decir de algunos de sus biógrafos, su poesía en general tiene un estilo similar al bíblico "Cantar de los cantares" atribuido a Salomón. Nuestro poeta era un gran conocedor de la Biblia y de la filosofía aristotélica y platónica.

Toda la obra de san Juan de la Cruz está impregnada de un gran misticismo simbolista; también rezuma un típico estilo de la poesía bucólica y pastoril.
Sus obras en verso, además del Cántico ya citado y descrito, son: "Noche oscura"; "Llama de amor viva"; y un conjunto de poemas menores entre los que destaca "El pastorcico".


domingo, 11 de diciembre de 2016

¡PENSAR ES GRATIS, NO HACERLO SALE CARÍSIMO!





“¿Qué salisteis a contemplar en el desierto?”. Jesús encadena seis preguntas seguidas, repitiendo tres veces “¿Qué salisteis a contemplar en el desierto?”. No recuerdo ninguna otra escena del evangelio donde Jesús haga seis preguntas seguidas.

Alguna cosa nos estará diciendo Jesús con esto. Jesús con la pregunta nos lleva a mirar nuestro interior... “¿qué has salido a contemplar en el desierto?”. Traducida por nosotros sería... ¿qué estás buscando? ¿qué esperas?. Y cuando Jesús te lo pregunta tres veces, será preciso responder... Pregúntatelo...

Nos hace bien, mucho bien, mucho bien, pararnos, mirar nuestro interior, preguntarnos, pensar,... Es algo que nos humaniza, pero una cosa que hoy hacemos poco... Es curioso que aquello que nos distingue como seres humanos, la capacidad de reflexionar, de mirar dentro de nosotros, de proyectar el futuro, hoy en día sea tan poco utilizada. Estamos anoréxicos de reflexión, de silencio. Tenemos tantas cosas a hacer, tantas prisas, tanta pereza, tanta rutina, que no nos paramos y pensamos. ¡Pensar es gratis, no hacerlo sale carísimo!

La calidad de tu vida es proporcional a la calidad de las preguntas que te hagas a ti mismo.

No pienses, no te pares, y no serás tú quien controle tu vida, sino la vida, que te controlará a ti...

Quizás, por todo esto hay poca alegría en nuestra vida. Quizás, por esto el domingo “Gaudete” no es “Gaudete”. Quizás, por esto estas fiestas serán unas fiestas más.

¿Qué estás buscando? ¿qué esperas?. Pregúntatelo porque es preciso hacerlo para que la Navidad “funcione”.
Si no buscas nada... nada encontrarás
Si no esperas nada...  nada obtendrás...

Segunda idea, seguimos avanzando en la reflexión. Preguntan a Jesús... “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

Realmente, ¿lo esperamos? ¿Estamos esperando a Jesús? o ¿esperamos otro, u otra cosa? ¿O en realidad no esperamos nada? Si Adviento es el tiempo de espera tendríamos que tener muy claro que realmente le estamos esperando...  

¡Si miras en tu interior, lo esperarás!... ¡¡Aquí está la clave!!  Si te paras, si te haces preguntas, si miras tu mundo interior, entonces descubrirás en ti una necesidad de su presencia, y lo esperarás... Por esto Jesús dirige la pregunta...

En la primera lectura hemos escuchado: “Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite;… y os salvará”. Después de mirar tu mundo interior dile a tu corazón: tranquilo, no temas, el Señor viene, para bendecirte, para salvarte.

Y de aquí nace la alegría. Es la alegría que nos quería manifestar la primera lectura, donde utiliza palabras como: “alegría”, “gozo”, “gloria”.



En la oración colecta de este domingo hemos rezado diciendo: “Concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. El Señor viene, para bendecirte, para salvarte. Cómo no estar alegres.  




Alegría porque su venida es real, no es virtual, no hacemos teatro. La liturgia tiene esta capacidad de hacer que Él venga. Por tanto, ante la inminencia de  su venida nos hemos de alegrar… Venida real = Alegría real.


¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Qué estás buscando? Mira en tu interior y descubrirás la gran necesidad de que el Mesías venga a ti.


Francesc Jordana

viernes, 9 de diciembre de 2016

TENEMOS EN NOSOTROS EL ESPÍRITU SANTO


Es cierto que dentro de nosotros mismos hay cosas oscuras, viven rencores, tristezas, desilusiones, cansancios, egoísmos, vanidades, inclinaciones negativas que quieren arrastrarnos. Hay una atracción de la concupiscencia que nunca nos abandona del todo en esta vida.

Sin embargo, esa no es la única verdad. Porque dentro de nosotros también está el Espíritu Santo con sus impulsos, y él es más fuerte que las demás inclinaciones inconscientes que nos atraen. Si no fuera así, seriamos monstruos, sería imposible la vida en sociedad, y la humanidad habría desaparecido hace mucho.


Por eso, si queremos ser agradecidos con el Espíritu Santo, tenemos que detenernos a reconocer, valorar y agradecer las inclinaciones buenas que llevamos dentro. 
Así, será posible que le permitamos a esa parte buena que llevamos dentro, que cure a la parte negativa.
Que esos brotes de alegría que tenemos en el corazón, se hagan fuertes, y acaricien la tristeza que nos amenaza, y la debiliten, y la sanen.
Con el Espíritu Santo podemos lograr que esa parte enojada que exige amor, se deje amar por esa otra parte que dentro de nosotros es capaz de dar amor.
Porque el Espíritu Santo también quiere amarnos y sanarnos a través de nosotros mismos; es decir, a través de esas cosas buenas que él mismo suscita en nuestra intimidad y que nosotros podemos aceptar y desarrollar.

Fuente: Los cinco minutos del Espiritu Santo


jueves, 8 de diciembre de 2016

ACTO DE VENERACIÓN A LA INMACULADA (PAPA FRANCISCO)


Virgen María,
en este día de fiesta por tu Inmaculada Concepción
vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.
Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas;
de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida;
de los ancianos, llenos de años y de experiencia;
de modo especial vengo ante ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.
Como Pastor vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.
Bajo tu manto hay lugar para todos, porque tú eres la Madre de la Misericordia.
Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos:
la ternura de Dios, que en ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer.
Mirándote, Madre nuestra Inmaculada, reconocemos la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias;
y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.
Hoy, aquí, en el corazón de Roma, sentimos tu voz de madre
que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.
Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia;
no tened miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.
Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, Madre Inmaculada, porque en este camino de reconciliación tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.
Que tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.


Verdaderamente el Señor está contigo

 
¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo, por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!
Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. 
 Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y mismo el Hijo de Dios y de María. 
Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. 
Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. 
Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. 
El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.
Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración.
 Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. 
Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.
¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!
(S. Anselmo. Obispo)

martes, 6 de diciembre de 2016

SOLO Y A PIE


Y empezó a andar un camino,en parte viejo, en parte personal y nuevo, parecido a esos tenues senderos, y casi imperceptibles, que abrían las bestias de su tierra y que en su lengua nativa se llaman con el dulce nombre de bidatxa (caminito). Con fe ciega en el futuro, como otro Abrahán, salió de su tierra y siguió aquel camino, incierto pero firme, sin saber su destino. Fue obstinado, tal como lo define H.Hesse, obediente sólo a la ley de su propio sentido, aunque jamás entendió tal sentido como algo que se posee, sino algo por lo que se es poseído, o más explícitamente, como alguien que nos lleva no sabemos a dónde.

Inicialmente no tenía más fuerza que su tosca palabra, y no convirtiéndola en grito estentóreo ni en recia voz de mando, sino susurrándola a cada alma. Conquistaba por contagio.

Ya lo dijo Lucrecio:
<<Una antorcha enciende otra antorcha>>



<<El nombre nos queda de cristianos>> la frase es de Loyola, pero pudieran suscribirla Erasmo o Lutero. Los tres sintieron vivamente el quebranto de la cristiandad, pero Ignacio no se entregó a la crítica o al lamento, y eso por pudor y por hombría. Por pudor, por que no se deben sacar al balcón los trapos sucios de la família: los de los Loyola o los de esa família más ancha que es la iglesia. Y por hombría, porque lo que procede y corresponde a un hombre cabal no es
llorar o mostrar cansancio, sino limpiar las manchas, esto es, actuar: primero en sí, luego en el entorno inmediato y concreto, y, por fin, en el tiempo y espacio que podemos alcanzar con nuestra acción, siempre mayor del que pensamos o abarcamos.
No se nos pide más que estar ante cada hombre singular, ante el entorno determinado que se va dilatando, resignándonos a que la realizaciones se impregnen de la dimensión histórica inevitable y hasta que degeneren en ellos los deseos imposibles de absoluta pureza.

Del libro: Ignacio de Loyola  "Solo y a Pie"