lunes, 19 de diciembre de 2016

SEÑOR.....AQUÍ ESTOY!!


El Señor nos ayuda a entender las cosas a poco que nos esforcemos, cambia nuestras incertidumbres por certezas, las certezas de la fe, esa fe que conocemos de manera teórica, incierta y a veces inaccesible a nuestro entendimiento. La oración nos ayudará a llegar a ese momento, en que el corazón traduce a nuestra razón algunas, hasta ahora, incertidumbres y enigmas.

Ese momento en el que orar en cuerpo y alma se convierte en puro amor, sin necesidad de palabras, sin necesidad de ruegos y peticiones, nos bastará con  sentir la presencia del Señor,  su amor , amor incomparable, incondicional, nuestra oración se convertirá en un acto de abandono total, vital, solo yo, solo Dios, mi silencio y mi confianza.

Podemos hacer de cada momento un de acto oración, porque orar es vivir la unión con Dios, sentir su segura compañía y dejarnos guiar. Insertar su voluntad en nosotros, caminar en nuestro día a día a su lado, sentirle cerca en todas las circunstancias, en casa, en el trabajo, en cualquier momento y lugar. 
Esta oración  transformará nuestras vidas, porque El es quien nos guía, gustaremos su amor, en cada acto, en cada tarea, y cada paso que demos lo dará con nosotros. Es el gran acto de unión, es comunión, El actúa y aleja nuestras más profundas dudas, inundando el intelecto de razones y experiencias reveladoras.



Hagamos de nuestra vida una vida de oración, perseveremos, confiemos y  El será quien nos guíe. A partir de ese momento, la teoría pasará a convertirse en una gran realidad, una gran certeza, Dios y Dios en nosotros.
La oración no es solo un momento, es la vida, esa vida que con El adquiere todo el sentido, sentido que no podemos hallar sin su amistad, sin su presencia, sin nuestra fe que el nos entrega. 
Oremos con palabras, con nuestros actos, con paso firme, con amor, dando el testimonio valiente que necesita esta sociedad cansada, agobiada, testimonio que entregamos al mundo, testimonio de amistad, dulzura, humildad, verdad y misericordia. 
Dios con nosotros, comunión, entonces sabremos que nuestros actos son suyos, haremos su voluntad, no la nuestra, ya no tendremos  dudas y, sabremos por fin, dirigirnos como verdaderos hijos suyos. 

Pere M.




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