martes, 29 de septiembre de 2015

Si el Señor no construye la casa...

 El pasado sábado tuvimos una Vigilia de oración para encomendar al Señor nuestros proyectos apostólicos en esta casa y los próximos Capítulos.
 "Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles" Salmo 126

lunes, 28 de septiembre de 2015

Gran milagro de Dios

La Iglesia siempre ha destacado la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento y por varios siglos se ha animado el amor a este gran milagro de Dios. A continuación, 8 consejos de los santos sobre la Eucaristía.
1.- "La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades". Santo Tomás de Aquino.
2.- "Señor, tú alegras mi mente de alegría espiritual. Cómo es glorioso tu cáliz que supera todos los placeres probados anteriormente”. San Agustín.
3.- "Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa”. San Francisco de Asís.
4.- "Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día”. San Alfonso María de Ligorio.
5.- "La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado". San Francisco de Sales.
6.- "La Santa Eucaristía es la perfecta expresión del amor de Jesucristo por el hombre, es la quinta esencia de todos los misterios de su vida”. Santa María Goretti.
7.- "Antes de la Comunión... suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones”. San Luis María Griñón de Monfort.
8.- "Acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma, y miraros al corazón”.Santa Teresa de Jesús.
ACIPRENSA

sábado, 26 de septiembre de 2015



María lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal.


María es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que desate los nudos de nuestra alma.

María es la buena mamá, una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad.
Papa Francisco

viernes, 25 de septiembre de 2015

Los 7 hábitos diarios para las personas que quieren ser santas



Calma, no hay que ser un experto desde el primer día...
Nadie nace santo. Se consigue la santidad con mucho esfuerzo, pero también con la ayuda y la gracia de Dios. Todos, sin exclusión, están llamados a reproducir en sí mismos la vida y el ejemplo de Jesucristo, caminar detrás de sus huellas.

Estás leyendo esto porque estás interesado en tomar tu vida espiritual más seriamente de ahora en adelante. Aceptar de corazón uno de los puntos clave del Concilio Vaticano II: la importancia de la doctrina de la llamada universal a la santidad. También conoces que Jesús es el único camino a la santidad "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida."

El secreto de la santidad es la oración constante la cual puede ser definida como el continuo contacto con la Santísima Trinidad: "reza siempre y sin desfallecer" (Lc. 18,1). Hay varios caminos para llegar a conocer a Jesús. Nosotros vamos a hablar brevemente sobre algunos de ellos en este artículo. Si quieres llegar a conocer, amar y servir a Jesús de la misma forma que aprendes a amar y enamorarte de otras personas: tu esposa, miembros de tu familia y amigos íntimos, por ejemplo, pasando un tiempo considerable con él en forma regular y, en este caso básicamente todos los días. El retorno, si lo haces, es la única verdadera felicidad en esta vida y la visión de Dios en la próxima. No hay sustituto a esto.

La santificación es un trabajo de toda la vida y requiere nuestro determinado esfuerzo para cooperar con la gracia santificante de Dios que viene por medio de los Sacramentos.

Los siete hábitos diarios que propongo consisten en el ofrecimiento de la mañana, la lectura espiritual (Nuevo Testamento y un libro espiritual sugerido por tu director espiritual), el Santo Rosario, la Santa Misa y Comunión, al menos quince minutos de oración mental, la recitación del Ángelus al mediodía y un breve examen de conciencia por la noche. Estos son los principales medios para alcanzar la santidad.
 Si eres una persona que quiere llevar a Cristo a otros a través de la amistad, estos son instrumentos con los cuales almacenarás la energía espiritual que te permitirá hacerlo. La acción apostólica sin los sacramentos, volverá ineficaz una sólida y profunda vida interior. Puedes estar seguro que los santos incorporaron por uno u otro camino todos estos hábitos en su rutina diaria. Tu objetivo es ser como ellos, contemplativos en el medio del mundo.

3 puntos importantes para prepararnos a cumplir los hábitos: Quiero remarcar varios puntos antes de examinar los hábitos

1. Recuerda que el crecimiento en estos hábitos diarios son como una dieta o un programa de ejercicio físico, es un trabajo de proceso gradual. No esperes incorporar los siete o aún dos o tres de ellos en tu agenda diaria inmediatamente. No puedes correr una carrera de cinco kilómetros si antes no te has entrenado. Tampoco puedes tocar a Liszt a la tercera clase de piano. Esta prisa te invita al fracaso, y Dios quiera que tengas éxito tanto en tu ritmo como en el Suyo.

Debes trabajar cercanamente con tu director espiritual y gradualmente incorporar los hábitos a tu vida en el período de tiempo que corresponda a tu particular situación. Puede ser el caso que por las circunstancias de tu vida se requiera la modificación de los siete hábitos.

2. Al mismo tiempo tu debes hacer el firme propósito, con la ayuda del Espíritu Santo y tus especiales intercesores, para hacer de ellos la prioridad de tu vida - más importante que comer, dormir, trabajar y descansar-. Quiero aclararte que estos hábitos no se pueden adquirir a las corridas. Ese no es el modo como nosotros queremos tratar a los que amamos. Ellos deben hacerse cuando estemos más atentos durante el día en un lugar en silencio y sin distracciones; donde sea fácil ponerse en presencia de Dios y estar con Él.
Después de todo, ¿no es más importante nuestra vida eterna que nuestra vida temporal? Todo esto redundará al momento de nuestro juicio como una cuenta de amor a Dios en nuestro corazón.

3. Quiero dejar en claro que vivir los hábitos no es pérdida de tiempo. No estás perdiendo el tiempo, en realidad lo ganas. Nunca conocerás una persona que viva todos ellos diariamente que sea menos productiva como trabajador o peor esposo o que tenga menos tiempo para sus amigos o no pueda cultivar su vida intelectual. Todo lo contrario, Dios siempre recompensa a los que lo ponen a El primero.

Nuestro Señor multiplicará asombrosamente tu tiempo como multiplicó los panes y los peces y dio de comer a la multitud hasta saciarse. Puedes estar seguro de que el papa Juan Pablo II, la Madre Teresa o San Maximiliano Kolbe rezaban mucho más que la hora y media que se sugiere en estos hábitos repartidos a lo largo del día.

Los 7 hábitos para quienes quieren ser santos

Primer Hábito: Ofrecimiento del día por la mañana

El primer hábito es el ofrecimiento del día por la mañana; cuando te arrodillas y, utilizando tus propias palabras o una fórmula, ofreces todo tu día a la gloria de Dios. Lo que no es simple es lo que sucederá antes del ofrecimiento. "Véncete cada día desde el primer momento, levantándote en punto, a la hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza." Si con la ayuda de Dios te vences, tendrás mucho adelantado para el resto de la jornada. ¡Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza! (San Josemaría- Camino, 191)

En mi experiencia pastoral, quien puede vivir el "minuto heroico" en la mañana y a la noche va a la cama en el tiempo previsto, tiene la energía física y espiritual a lo largo del día para parar lo que este haciendo para cumplir los otros hábitos.

Segundo Hábito: Quince minutos de oración en silencio

El segundo hábito es por lo menos quince minutos de oración en silencio. Puedes agregar otros quince minutos extras en otro momento del día. Después de todo, ¿Quién no desea pasar más tiempo con tan excelente compañía? La oración es una conversación uno a uno, directa con Jesucristo, preferentemente frente al Santísimo Sacramento en el Sagrario. Esta es tu hora de la verdad o tu momento superior. Si lo deseas puedes abrirte y hablar acerca de lo que está en tu mente y en tu corazón.

Al mismo tiempo adquirirás el hábito de escuchar cuidadosamente y meditar como otra María (Lc. 10.38-42) para ver qué es lo que Jesús te está pidiendo y qué te quiere dar. Es aquí que nosotros comprendemos su dicho "Sin Mí, nada pueden hacer."

Tercer Hábito: Quince minutos de lectura espiritual

El tercer hábito son quince minutos de lectura espiritual que usualmente consistirá en unos pocos minutos de sistemática lectura del Nuevo Testamento, para identificarnos con la Palabra y acciones de nuestro Salvador. El resto del tiempo en un libro clásico de espiritualidad católica recomendado por tu director espiritual.

En cierto sentido, es el más práctico de nuestros hábitos porque a través de los años leeremos varias veces la vida de Cristo y adquiriremos la sabiduría de los santos y de la Iglesia junto con la lectura de docenas de libros, los cuales enriquecerán nuestro intelecto. También podremos poner las ideas allí expresadas en acción.

Cuarto Hábito: Participar en la Santa Misa y Recibir la Santa Comunión en estado de gracia

El cuarto hábito es participar en la Santa Misa y recibir la Santa Comunión en estado de gracia. Este es el hábito más importante de todos los siete (cfr. Jn. 6, 22-65). Ella debe estar muy en el centro de nuestra vida interior y consecuentemente de nuestro día.
Este es el acto más íntimo, posible del hombre. Encontramos a Cristo vivo, participamos en la renovación de Su sacrificio por nosotros y nos unimos a su cuerpo y alma resucitado. Como el papa Juan Pablo II dijo en su Exhortación Apostólica Ecclesia in America "La Eucaristía es el centro viviente y eterno centro alrededor del cual la comunidad entera de la Iglesia se congrega" (n°35).

Quinto Hábito: Rezar cada día al mediodía el Angelus o Regina Coeli

El quinto hábito es rezar cada día al mediodía el Angelus o Regina Coeli, invocando a Nuestra Santísima Madre de acuerdo al tiempo litúrgico. Esta es una costumbre católica que se remonta a muchos siglos. Este es un hermoso modo de honrar a Nuestra Señora por un momento. Como niños recordamos a Nuestra Madre durante el día y meditamos sobre la Encarnación y Resurrección de Nuestro Señor, el cual da sentido a toda nuestra existencia.

Sexto Hábito: El rezo del Santo Rosario cada día

El sexto hábito también es Mariano. El rezo del Santo Rosario cada día y la meditación de los misterios, los cuales versan sobre la vida de Nuestro Señor y Nuestra Señora. Es un hábito que, una vez adquirido es difícil abandonar. Junto con la repetición de las palabras de amor a María y el ofrecimiento de cada decena por nuestras intenciones, nosotros tomamos un atajo hacia Jesús el cual pasa a través del corazón de María. El no puede rechazar nada de Ella.
Séptimo Hábito: Breve examen de conciencia por la noche antes de ir a la cama

El séptimo hábito es un breve examen de conciencia por la noche antes de ir a la cama. Te sientas, pides luces al Espíritu Santo y por varios minutos revisas tu día en presencia de Dios preguntándote si te has comportado como un hijo de Dios en el hogar, en el trabajo, con tus amigos. También miras una particular área, la cual tu tienes identificada con ayuda de tu director espiritual, quien conoce tus necesidades para mejorar y llegar a la santidad. También puedes hacer una rápida mirada para ver si has sido fiel en los hábitos diarios que hemos discutidos en este artículo. Luego haces un acto de gratitud por todo lo bueno que has hecho y recibido, y un acto de contricción por aquellos aspectos en los que voluntariamente has fallado.

Si una persona honestamente mirase su día, no importa cuán ocupado esté, (y nunca me pareció encontrarme con gente que no esté muy ocupada a no ser que esté permanentemente retirada), puede frecuentemente encontrar que usualmente mal gasta un poco de tiempo cada día.

Piensa, ¿qué necesidad hay de una taza de café extra cuando puedes usar ese tiempo para visitar el Santísimo Sacramento, quince minutos antes de comenzar el trabajo? O la media hora o mucho más, gastada mirando programas de televisión o videos. También es común, gastar tiempo durmiendo en el tren o escuchando la radio en el auto cuando puede ser usado para rezar el Rosario. Como también, ¿el diario no lo puedes leer en diez minutos en lugar de veinte dejando espacio para la lectura espiritual?

¿Y esa comida no podría hacerse en media hora dejando espacio para la Misa? No olvides que esta media hora es tiempo mal gastado cuando al final del día podrías haberla usado para una buena lectura espiritual, examinar tu conciencia e ir a la cama a tiempo para recuperar energías para las batallas del día siguiente. La lista continúa. Puedes hacer la tuya.

Sé honesto contigo y con Dios. Estos hábitos, vividos bien, nos capacitan para obedecer la segunda parte del gran mandamiento amar a los otros como a nosotros mismos. Estamos en la tierra como estuvo el Señor "para servir y no para ser servido." Esto sólo puede ser alcanzado junto a nuestra gradual transformación en otro Cristo a través de la oración y los sacramentos.

Viviendo estos siete hábitos llegaremos a ser personas santas y apostólicas, gracias a Dios. Ten por seguro que, cuando caigamos en algo grande o pequeño, siempre tendremos un Padre que nos ama y espera en el Sacramento de la Penitencia y la devota ayuda de nuestro consejero espiritual para que volvamos a nuestro curso correcto.
Padre John McCloskey

Las cosas claras

Ante el Encuentro Mundial de las Familias, y los retos del próximo Sínodo que comenzará dentro de unos días en Roma, me ha parecido importante compartir este texto del Papa emérito Benedicto XVI, que explica con su profundidad y claridad habitual los grandes retos del matrimonio verdaderamente cristiano en nuestros tiempos. Espero que el hecho de que el texto sea extenso, no os desanime de hincarle el diente. No quedaréis defraudados
 

La Iglesia es la Iglesia de la Nueva Alianza, pero vive en un mundo en el cual sigue existiendo inmutada esa "dureza del [...] corazón" (Mt 19, 8) que empujó a Moisés a legislar. Por lo tanto, ¿qué puede hacer concretamente, sobre todo en un tiempo en el que la fe se diluye siempre más, hasta el interior de la Iglesia, y en el que las "cosas de las que se preocupan los paganos", contra las cuales el Señor alerta a los discípulos (cfr. Mt 6, 32), amenazan con convertirse cada vez más en la norma?

Primero de todo, y esencialmente, debe anunciar de manera convincente y comprensible el mensaje de la fe, intentado abrir espacios donde pueda ser vivida verdaderamente. La curación de la "dureza del corazón" sólo puede llegar de la fe y sólo donde ella está viva es posible vivir lo que el Creador había destinado al hombre antes del pecado. Por ello, lo principal y verdaderamente fundamental es que la Iglesia haga que la fe sea viva y fuerte.

Al mismo tiempo, la Iglesia debe seguir intentando sondear los confines y la amplitud de las palabras de Jesús. Debe permanecer fiel al mandato del Señor y tampoco puede ampliarlo demasiado. Me parece que las denominadas "cláusulas de la fornicación" que Mateo añadió a las palabras del Señor transmitidas por Marcos reflejan ya dicho esfuerzo. Se menciona un caso que las palabras de Jesús no tocan.

Este esfuerzo ha continuado en el arco de toda la historia. La Iglesia de Occidente, bajo la guía del sucesor de Pedro, no ha podido seguir el camino de la Iglesia del imperio bizantino, que se ha acercado cada vez más al derecho temporal, debilitando así la especificidad de la vida en la fe. Sin embargo, a su manera ha sacado a la luz los confines de la pertinencia de las palabras del Señor, definiendo así de manera más concreta su alcance. Han surgido, sobre todo, dos ámbitos que están abiertos a una solución particular por parte de la autoridad eclesiástica.
1. En 1 Cor 7, 12-16, San Pablo – como indicación personal que no proviene del Señor, pero a la que sabe estar autorizado – dice a los Corintios, y a través de ellos a la Iglesia de todos los tiempos, que en el caso de matrimonio entre un cristiano y un no cristiano éste puede ser disuelto siempre que el no cristiano obstaculice al cristiano en su fe. De ello la Iglesia ha derivado el denominado "privilegium paulinum", que continúa siendo interpretado en su tradición jurídica (cfr. CIC, can. 1143-1150).

De las palabras de San Pablo la tradición de la Iglesia ha deducido que sólo el matrimonio entre dos bautizados es un sacramento auténtico y, por consiguiente, absolutamente indisoluble. Los matrimonios entre un no cristiano y un cristiano sí que son matrimonios según el orden de la creación y, por tanto, definitivos de por sí. Sin embargo, pueden ser disueltos en favor de la fe y de un matrimonio sacramental.

Al final, la tradición ha ampliado este "privilegio paulino", convirtiéndolo en "privilegium petrinum". Esto significa que el sucesor de Pedro tiene el mandato de decidir, en el ámbito de los matrimonios no sacramentales, cuándo está justificada la separación. Sin embargo, este denominado "privilegio petrino" no ha sido acogido en el nuevo Código, como era en cambio la intención inicial.

El motivo ha sido el disenso entre dos grupos de expertos. El primero ha subrayado que el fin de todo el derecho de la Iglesia, su metro interior, es la salvación de las almas. De ello se deduce que la Iglesia puede y está autorizada a hacer lo que sirve para conseguir este fin. El otro grupo, al contrario, defendía la idea de que los mandatos del ministerio petrino no deben ampliarse demasiado y que es necesario permanecer dentro de los límites reconocidos por la fe de la Iglesia.

Debido a la falta de acuerdo entre estos dos grupos, el Papa Juan Pablo II decidió no acoger en el Código esta parte de las costumbres jurídicas de la Iglesia y siguió confiándola a la congregación para la doctrina de la fe que, junto con la praxis concreta, debe examinar continuamente las bases y los límites del mandato de la Iglesia en este ámbito.

2. En el tiempo se ha desarrollado de manera cada vez más clara la conciencia de que un matrimonio contraído aparentemente de manera válida, a causa de vicios jurídicos o efectivos puede no haberse concretizado realmente y, por lo tanto, puede ser nulo. En la medida en que la Iglesia ha desarrollado el propio derecho matrimonial, ella ha elaborado también de manera detallada las condiciones para la validez y los motivos de posible nulidad.

La nulidad del matrimonio puede derivar de errores en la forma jurídica, pero también, y sobre todo, de una insuficiente conciencia. Respecto a la realidad del matrimonio, la Iglesia muy pronto reconoció que el matrimonio se constituye como tal mediante el consentimiento de los dos cónyuges, que debe expresarse también públicamente en una forma definida por el derecho (CIC, can. 1057 § 1). El contenido de esta decisión común es el don recíproco a través de un vínculo irrevocable (CIC, can. 1057 § 2; can. 1096 § 1). El derecho canónico presupone que las personas adultas sepan ella solas, partiendo de su naturaleza, qué es el matrimonio y, por consiguiente, que sepan también que es definitivo; lo contrario debería ser demostrado expresamente (CIC, can. 1096 § 1 e § 2).

Sobre este punto, en los últimos decenios han nacido nuevos interrogantes. ¿Se puede presumir hoy que las personas sepan "por naturaleza" sobre lo definitivo y la indisolubilidad del matrimonio, asintiendo con su sí? ¿O acaso no se ha verificado en la sociedad actual, al menos en los países occidentales, un cambio en la conciencia que hace presumir más bien lo contrario? ¿Se puede dar por descontada la voluntad del sí definitivo o no se debe más bien esperar lo contrario, es decir, que ya desde antes se está predispuesto al divorcio? Allí donde el aspecto definitivo sea excluido conscientemente no se llevaría a cabo realmente el matrimonio en el sentido de la voluntad del Creador y de la interpretación de Cristo. De esto se percibe la importancia que tiene hoy una correcta preparación al sacramento.
La Iglesia no conoce el divorcio. Sin embargo, después de lo apenas indicado, ella no puede excluir la posibilidad de matrimonios nulos. Los procesos de anulación deben ser llevados en dos direcciones y con gran atención: no deben convertirse en un divorcio camuflado. Sería deshonesto y contrario a la seriedad del sacramento. Por otra parte, deben examinar con la necesaria rectitud las problemáticas de la posible nulidad y, allí donde haya motivos justos en favor de la anulación, expresar la sentencia correspondiente, abriendo así a estas personas una nueva puerta.
En nuestro tiempo han surgido nuevos aspectos del problema de la validez. Ya he indicado antes que la conciencia natural sobre la indisolubilidad del matrimonio es ahora problemática y que de ello derivan nuevas tareas para el procedimiento procesal. Quisiera indicar brevemente otros dos nuevos elementos:

a. El can. 1095 n. 3 ha inscrito la problemática moderna en el derecho canónico allí donde dice que no son capaces de contraer matrimonio las personas que "no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica". Hoy, los problemas psíquicos de las personas, precisamente ante una realidad tan grande como el matrimonio, se perciben más claramente que en el pasado. Sin embargo, es bueno poner en guardia sobre edificar la nulidad, de manera imprudente, a partir de los problemas psíquicos; haciendo esto se estaría pronunciando fácilmente un divorcio bajo la apariencia de la nulidad.

b. Hoy se impone, con gran seriedad, otra pregunta. Actualmente hay cada vez más paganos bautizados, es decir, personas que se convierten en cristianas por medio del bautismo, pero que no creen y que nunca han conocido la fe. Se trata de una situación paradójica: el bautismo hace que la persona sea cristiana, pero sin fe ésta es sólo, a pesar de todo, un pagano bautizado. El can. 1055 § 2 dice que "entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento". Pero, ¿qué sucede si un bautizado no creyente no conoce para nada el sacramento? Podría también tener la voluntad de la indisolubilidad, pero no ve la novedad de la fe cristiana. El aspecto trágico de esta situación se hace evidente sobre todo cuando bautizados paganos se convierten a la fe e inician una vida totalmente nueva. Surgen aquí preguntas para las cuales no tenemos todavía una respuesta. Es, por lo tanto, más urgente aún profundizar sobre ellas. 

3. De cuanto dicho hasta ahora surge que la Iglesia de Occidente – la Iglesia católica –, bajo la guía del sucesor de Pedro, por un lado sabe que está estrechamente vinculada a la palabra del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio; sin embargo, por el otro ha intentado también reconocer los límites de esta indicación para no imponer a las personas más de lo que es necesario.

Así, partiendo de la sugerencia del apóstol Pablo y apoyándose al mismo tiempo en la autoridad del ministerio petrino, para los matrimonios no sacramentales ha elaborado ulteriormente la posibilidad del divorcio en favor de la fe. De la misma manera, ha examinado en todos los aspectos la nulidad de un matrimonio.

La exhortación apostólica "Familiaris consortio" de Juan Pablo II, de 1981, ha llevado a cabo un paso ulterior. En el número 84 está escrito: "En unión con el Sínodo exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia […]. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza".

Con esto, a la pastoral se le confía una tarea importante, que tal vez no ha sido suficientemente transpuesta en la vida cotidiana de la Iglesia. Algunos detalles están indicados en la propia exhortación. Se dice que estas personas, en cuanto bautizadas, pueden participar en la vida de la Iglesia, que incluso deben hacerlo. Se enumeran las actividades cristianas que para ellos son posibles y necesarias. Sin embargo, tal vez sería necesario subrayar con mayor claridad qué pueden hacer los pastores y los hermanos en la fe para que ellas puedan sentir de verdad el amor de la Iglesia. Pienso que sería necesario reconocerles la posibilidad de comprometerse en las asociaciones eclesiales y también que acepten ser padrinos o madrinas, algo que por ahora no está previsto por el derecho.

Hay otro punto de vista que se difunde. La imposibilidad de recibir la santa eucaristía es percibida de una manera tan dolorosa sobre todo porque, actualmente, casi todos los que participan en la misa se acercan también a la mesa del Señor. Así, las personas afectadas aparecen también públicamente descalificadas como cristianas.

Considero que la advertencia de San Pablo a autoexaminarse y a la reflexión sobre el hecho de que se trata del Cuerpo del Señor debería tomarse otra vez en serio: "Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" (1 Cor 11, 28 s.) Un examen serio de uno mismo, que puede también llevar a renunciar a la comunión, nos haría además sentir de manera nueva la grandeza del don de la eucaristía y, por añadidura, representaría una forma de solidaridad con las personas divorciadas que se han vuelto a casar.

Quisiera añadir otra sugerencia práctica. En muchos países se ha convertido en una costumbre que las personas que no pueden comulgar (por ejemplo, las personas pertenecientes a otras confesiones) se acerquen al altar, pero mantengan las manos sobre el pecho, haciendo entender de este modo que no reciben el Santísimo Sacramento, pero que piden una bendición, que se les da como signo del amor de Cristo y de la Iglesia. Esta forma ciertamente podría ser elegida también por las personas que viven en un segundo matrimonio y que por ello no están admitidas a la mesa del Señor. El hecho que esto haga posible una comunión espiritual intensa con el Señor, con todo su Cuerpo, con la Iglesia, podría ser para ellos una experiencia espiritual que les refuerce y les ayude.

jueves, 24 de septiembre de 2015

La familia una bendición

La promesa que Dios hace al hombre y a la mujer, en el origen de la historia, incluye a todos los seres humanos, hasta el fin de la historia. Si tenemos suficiente fe, las familias de los pueblos de la tierra se reconocerán en esta bendición. De todos modos, quienquiera que se deje conmover por esta visión, independientemente del pueblo, la nación o la religión a la que pertenezca, ¡póngase en camino con nosotros! Será nuestro hermano y nuestra hermana, sin hacer proselitismo. Caminemos juntos con esta bendición y con este objetivo de Dios de hacernos a todos hermanos en la vida, en un mundo que va adelante y nace precisamente de la familia, de la unión del hombre y la mujer.


¡Que Dios os bendiga, familias de todos los rincones de la tierra! ¡Que Dios os bendiga a todos!
Papa Francisco

lunes, 21 de septiembre de 2015

Vocación de Hermano


El 9 de septiembre entregaba su alma al Señor otro miembro de la comunidad CPCR de Chabeuil (Francia), el Hermano Jacques Mècle.
Nacido en 1928, pierde accidentalmente a su padre siendo todavía muy joven y vive su adolescencia junto a su madre, mujer muy piadosa y ejemplar cristiana. Cursa estudios de Derecho y de Letras en el Institut Catholique de Toulouse con notable éxito. Dotado de una memoria excepcionalmente fiel, esos estudios le serán muy útiles toda su vida. Pero la llamada del Señor a la vida religiosa le hace interrumpirlos e ingresa en 1951 en la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey. Terminado el noviciado pronuncia sus primeros votos cómo Hermano coadjutor en 1953; hubiera podido elegir el sacerdocio, prefirió ofrecer a Dios su vida en le estado de simple colaborador de los sacerdotes de la Congregación. En 1955 pronuncia los votos perpetuos.

El H. Mècle ha vivido su vocación de Hermano en todas las casas de la Congregación de Europa, en Chabeuil, Bieuzy y Wissous de Francia; en Grolley (Friburgo) de Suiza, en Pozuelo de Alarcón, España y en Roma, prestando siempre servicios muy apreciables, sea como ayuda en las tandas de Ejercicios, sea sobre todo como secretario de varios Superiores locales y generales y en la preparación de algunos capítulos generales; un auténtico modelo de secretario. Simultáneamente se cuidó siempre de los archivos de la Congregación, muy especialmente, en Chabeuil, del Archivo histórico, y pudo realizar varios trabajos muy útiles sobre la vida del P. Vallet, Fundador de la Congregación y sobre la historia de esta última. 

La suya ha sido una vida siempre fiel a las Reglas y Constituciones del Instituto, muy llena de trabajo incansable, alimentada y sostenida con la oración a la que fue siempre y puntualmente fiel. Su última enfermedad ha transcurrido en un flujo casi constante de jaculatorias y oraciones vocales. Y cuando sus hermanos de Congregación o las Hermanas Cooperatrices le visitaban y le cantaban algún himno religioso, los acompañaba siempre con signos muy claros de alegría, prolongándolo después con la repetición de alguna de las partes de los mismos. Por ejemplo, el día en que le cantaron el “Alma de Cristo”, cuando terminó el canto, él siguió repitiendo durante un buen rato, “Mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos.” Y así sin duda lo hizo el Señor en la hora de su muerte, muerte serena, enteramente en la paz del Señor. 

Oremos por su eterno reposo y contemos con la ayuda de sus oraciones.
P. José Mª Fdez-Cueto

domingo, 20 de septiembre de 2015

Un nuevo curso Alpha

Una semana intensa que puede explicar el silencio de nuestras publicaciones.
El domingo tuvimos un interesante y rico entrenamiento al curso Alpha con los que lo lanzarán este año  por la segunda vez en la Parroquia del Sagrat Cor de Sabadell, y con quienes se estrenarán en los franciscanos de Granollers.
Agradecemos mucho a nuestros amigos Pablo de Vicente y Antonio Martín que vinieron desde Madrid para ayudarnos y enriquecer la experiencia.
Los miedos de algunos crecieron antes los retos propuestos, pero se relajaron en la oración final, cuando el Señor les hizo comprender que toda era obra Suya y recibieron su bendición. 
Animaron este tiempo de plegaria el grupo Cor Nou y Fray Abel ofc, junto al P. Felipe de Badalona que nos dio una sorpresa con su asistencia.
Y el viernes con muchísima ilusión y empeño, de nuevo en Can José Miguel tuvimos la cena de presentación a la que asistireon un puñado de personas que parecieron interesadas.
Esperamos con mucha confianza que el próximo viernes seamos aún más numerosos.
Contamos con la oración de todos y cada uno

lunes, 14 de septiembre de 2015

Celebración de la Santa Cruz

   El 14 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Una persona no cristiana podría preguntarse, ¿por qué "exaltar" la cruz? Podemos responder que nosotros no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces: exaltamos la Cruz de Jesús, porque en ella se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad. Es esto lo que nos recuerda el Evangelio de Juan en la liturgia de hoy: "Dios ha amado tanto al mundo que ha dado a su Hijo primogénito". El Padre ha "dado" al Hijo para salvarnos, y esto ha llevado a Jesús a la muerte, y una muerte de cruz. ¿Por qué? ¿Por qué ha sido necesaria la Cruz? Por la gravedad del mal que nos tenía esclavos. La Cruz de Jesús expresa las dos cosas: toda la fuerza negativa del mal, y toda la mansa omnipotencia de la misericordia de Dios. 
  La Cruz parece decretar el fracaso de Jesús, pero en realidad marca su victoria. En el Calvario, los que se burlaban de él decían: "Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz". Pero la verdad era lo contrario: precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús estaba allí, en la cruz, fiel hasta el final en el diseño de amor del Padre. Y precisamente por esto Dios ha "exaltado" a Jesús, concediéndole un reinado universal. Por tanto, ¿qué vemos cuando dirigimos la mirada a la Cruz donde Jesús ha sido clavado? Contemplamos el signo del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De esa Cruz viene la misericordia del Padre que abraza al mundo entero. Por medio de la Cruz de Cristo fue vencido el maligno, fue vencida la muerte, nos ha donado la vida, restituido la esperanza.  
  Esto es importante, por medio de la Cruz de Cristo se ha restituido la esperanza ¡La Cruz de Jesús es nuestra única y verdadera esperanza! Por esto la Iglesia "exalta" la santa Cruz, y por eso los cristianos bendecimos con el signo de la cruz. Es decir, nosotros no exaltamos la cruz, sino la Cruz gloriosa de Jesús, signo del amor inmenso de Dios, signo de nuestra salvación y camino hacia la Resurrección. Y esta es nuestra esperanza.
   Mientras contemplamos y celebramos la santa Cruz, pensamos con conmoción en muchos de nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos y asesinados por su fidelidad a Cristo. Esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa todavía no es garantizada o plenamente realizada. Sucede también en países y ambientes que en principio se tutela la libertad y los derechos humanos, pero donde concretamente los creyentes, y especialmente los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones. Por eso hoy les recordamos y rezamos por ellos.
  En el Calvario, a los pies de la cruz, estaba la Virgen María. Es la Virgen Dolorosa, que mañana celebramos en la liturgia. A Ella confío el presente y el futuro de la Iglesia, para que todos sepamos siempre descubrir y acoger el mensaje de amor y de salvación de la Cruz de Jesús.
Papa Francisco

domingo, 13 de septiembre de 2015

Fe, obra y cruz


Unas lecturas muy ricas y sugerentes. Expongo dos ideas que sintetizo en “Fe y obras”, y “cruz”.

Fe y obras: La segunda lectura nos reclama una coherencia entre fe y obras. Y pone un ejemplo: “Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: <Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago>, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?”. Es un ejemplo, podría haber puesto  otro. Es un texto que reclama coherencia entre lo que dices y lo que haces. Pues, la carta de Santiago reclama una coherencia entre la fe y las obras. “Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. “¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar?”.

Se nos habla de una fe que ha de entrar en la vida, que se ha de traducir en la vida, que se ha de hacer vida. Hemos de empezar diciendo que este paso, de la fe a la vida no es fácil.

Tenemos un gran peligro: es muy fácil que la fe acabe siendo unas ideas que tengo en la cabeza y en algún ritual que hago de vez en cuando.

Cuánto bien nos hace en la oración de la mañana, preguntarnos: “¿Hoy cómo se manifestará mi fe?, ¿con qué obras se manifestará que tengo fe?”.

En la relación con el marido/esposa, ¿cómo se manifestará mi fe? ¿Seguiremos criticándonos, discutiendo, señalando lo que ha hecho mal? ¿Le negaremos la palabra? ¿No aceptaremos su manera de ser? Preguntémonos: ¿Qué manifestación provocará  mi fe en la relación con mi marido/esposa? Así estamos construyendo un puente, fe y vida.

No os parece que si cada mañana en la oración, uno se pregunta ¿Hoy cómo se manifestará mi fe? La fe se acaba manifestando más claramente.

Invita cada mañana a que Dios entre en tu vida, en aquello que harás en aquel día. Yo, esto lo hago de dos maneras, un poco infantiles. La primera: me imagino a Jesús en ciertos espacios. Y, entonces, cuando a lo largo del día, voy a aquel espacio, recuerdo que Jesús está presente. La segunda: me imagino a Jesús especialmente presente en una persona (me lo  acostumbro a imaginar en personas difíciles, que me cuestan). Y, entonces, cuando me encuentro aquella persona, en ella veo a Cristo.

Hoy has quedado con amigas/amigos para hacer el café, imagínate a Jesús sentado en una silla con vosotros, te será imposible criticar y murmurar de los demás.

Te encontrarás con aquella persona que te hizo daño, pero, ves en ella a Cristo. ¡¡Cómo cambia el tono!!

Coherencia entre la fe (las enseñanzas de Jesús) y las obras. También se podría hacer un discurso sobre qué obras reclama nuestra fe ante el drama de los refugiados, pero la semana pasada ya hablamos. ¡¡Coherencia!!

Esta necesaria coherencia se puede ver iluminada por la frase de Jesús de hoy: “Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará”. Despiértate preguntándote ¿cómo puedo hoy perder, dar, la vida por Jesús y por el Evangelio? Así harás un puente fe y vida.


La segunda palabra es “cruz”. Hay “cruces” en nuestra vida. En la vida de todos. En la primera lectura hemos oído: “me apaleaban”, “mesaban mi barba”, “ultrajes y salivazos”. Y en el evangelio, Jesús habla de “padecer mucho”, “ser condenado”, “ser ejecutado”. Dos consideraciones respecto “las cruces”:

a) Dios no envía cruces. Dios no envía pruebas. A veces, todos lo hemos oído: “Es la cruz que Dios me ha enviado” o “Dios te envía esta prueba, Dios te está probando”. Perdonad, pero no me puedo imaginar un Dios, que es Padre, que va enviando pruebas a sus hijos, a ver si las superan. Y si la superan, otra prueba más difícil.

¿Dios quiere, envía la prueba, que un marido quede viudo con cincuenta y ocho años? ¿Dios quiere, envía la prueba, de que tu hijo haga dos años que está en el paro? ¿Dios quiere, envía la prueba, del cáncer a los padres que están en la sección de oncología de un hospital infantil? ¿Dios quiere, envía la prueba, de que tengas depresión?

Si es así, ¡yo me hago ateo de este Dios! Un Dios que va enviando obstáculos y marrones a tu vida, es un Dios que no enamora demasiado... ¿no? Todos los marrones vienen o del mal uso de nuestra libertad o de la vida (somos mortales, hay enfermedades, hay paro,...), la vida es así.

b) Segunda consideración: ¿Dónde queda el Dios providente? ¿Dónde queda el Dios que nos ama? Fijaros lo que dice Isaías en medio de las cruces:”El Señor me abrió el oído”, “El Señor me ayuda”, “Tengo cerca a mi defensor”. ¡¡Qué emocionante!! ¡¡Casi hace llorar!! En medio de la cruz, Dios está, para ayudarte, para darte fuerzas, para que la cruz sirva para crecer, para madurar, para amar más... Dios habla y comunica tanto en las cruces!!.

Esto es lo que quiere decir Jesús cuando nos dice “que cargue con su cruz y me siga”. La tendencia natural quejarnos a Dios, la tendencia sobrenatural, de fe, coger la cruz, vivirla desde Jesús (el Buen Pastor) y seguir a Jesús. Entonces, hay coherencia, fe y obras
Francesc Jordana

sábado, 12 de septiembre de 2015

MARÍA


Según costumbre de los judíos, ocho días después del nacimiento de la Virgen, sus padres le impusieron el nombre de María. 

El nombre hebreo de María, en latín Domina, significa Señora o Soberana; y eso es ella en realidad por la autoridad misma de su Hijo, soberano Señor de todo el universo. 

Gocémonos en llamar a María Nuestra Señora, commo llamamos a Jesús Nuestro Señor; pronunciar su nombre es afirmar su poder, implorar su ayuda y ponernos bajo su maternal protección.

Dom Gaspar Lefebvre, Misales San Andrés, Misal diario y vesperal

viernes, 11 de septiembre de 2015

II Pozo de Sicar

El fin de semana pasado tuvimos en nuestros muros la 2ª edición del Retiro del Pozo de Sicar con una mirada espiritual del Apocalipsis. Ha sido toda una bendición. Gracias a Dios y a todos los que lo prepararon con tanto esmero!
Una de las participantes nos dejó este testimonio
"Vine buscando un momento de paz y parar el ajetreo diario para así organizarme mejor el día a día
Me propusieron juntarme con este grupo y trabajar el Apocalipsis
Nunca antes lo había leído y menos reflexionado. Fue un regalo, me di cuenta que Dios me esperaba, me da lo que necesito en el momento preciso y cuando estoy preparada
para mí fue una sorpresa aproximarme, profundizar y llevar a mi vida el Apolalipsis. Se me han ido prejuicios y miedos que tenía. He aprendido la simbología.
Me voy contenta, con luz para los próximos días
Me doy cuenta que el activismo no es bueno, que hay que llenarlo de amor de Dios, y la única manera es encontrando momentos con El
Recomiendo a todos trabajar este tema
Ester Bosch


jueves, 10 de septiembre de 2015

El ejército del Papa Francisco comienza su intervención

Papa Francisco hizo el domingo un llamamiento: “a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa” para que acojan a “una familia de refugiados”. Ahora, su ejército, el ejercito de la fe y la solidaridad comienza a actuar y responde a su llamada.
En España son muchas las diócesis que, de manera inmediata e incluso antes del llamamiento pusieron sus instalaciones y edificios a disposición de los refugiados. La diócesis de Málaga ha ofrecido un piso vacío de Caritas con 120 plazas y el arzobispado de Valencia puso a disposición de cinco familias de refugiados viviendas de su propiedad.
En Barcelona y las diócesis catalanas se encuentran trabajando para coordinar los esfuerzos. Nada más conocerse la tragedia se ofrecía parte del edificio de La Conreria, en Tiana (Barcelona), sede del antiguo Seminario Menor Diocesano: 50 habitaciones.
En las diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño se han ofrecido 170 plazas de acogimiento. En concreto, se trata de tres casas que la institución posee en las localidades de El Rasillo (40 plazas), Pedroso (70) y Enciso (60).
Se trata de una primera actuación, rápida para intentar ayudar en lo posible a los refugiados, pero una ayuda que no sólo puede quedar ahí sino que debe ser coordinada. Una solidaridad sin coordinación puede llevar al caos organizativo y por ello es importante las distintas comisiones que han empezado a realizar su trabajo en las diócesis.

Trabajo y coordinación
En Madrid ya ha comenzado a trabajar una comisión que, su arzobispo Carlos Osoro ha creado para la coordinación y el ofrecimiento de refugio y hospitalidad. El vicario de Pastoral Social e Innovación, José Luis Segovia comanda esta comisión en la que se ofrecen cuatro objetivos: Dar una respuesta unitaria, establecer cauces, ofrecer concienciación social y ofrecer hospitalidad basada en la inclusión social.
No es fácil la coordinación en una emergencia de este calibre, ya que son muchas personas las que quieren ayudar y acoger refugiados pero no saben cómo actuar. Caritas, la gran ONG de la Iglesia será la encargada de canalizar estas ayudas y esta disposición de las parroquias.
Un ejemplo práctico de trabajo diocesano
El obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla presentaba hoy, durante la Misa en el Santuario de Ntra. Sra. de Aranzazu un ejemplo de cómo acoger refugiados en una diócesis.
Lo primero es la disposición de las parroquias, las familias y las comunidades religiosas. Son éstas las que deben solicitar su intención de acoger a los desplazados de Irak y Siria que soliciten asilo. Nada más conocerse las posibilidades se ofrecerá esta acogida, que según explica el obispo: “tendría una duración de un año”.
Durante este año, las familias de acogida tendrán un acompañamiento desde CARITAS, quien podrá ayudar y ofrecer los recursos necesarios para ayudar en una correcta acogida y hospitalidad. Por ello, el obispo pide que las familias y comunidades acudan a las parroquias y contacten con sus párrocos: “los cuales se pondrán en contacto con los servicios centrales de CARITAS, de cara a la coordinación necesaria”.
Ya desde CARITAS se encargan de mostrar estas solicitudes y recursos a las autoridades y organismos encargados de coordinar la acogida a los refugiados. El obispo de San Sebastián explicaba que, tras realizar este servicio de acogida durante un año, CÁRITAS se encargará de su “realojamiento e intervención”.
Es un itinerario razonable y una hoja de ruta para el ejército de solidaridad de la Iglesia: las familias que quieran acoger deben dirigirse a las parroquias; las parroquias canalizarán e informarán de las posibilidades a las CARITAS diocesanas y las CARITAS diocesanas ofrecerán estas posibilidades a los organismos encargados de la distribución de los refugiados. Papa Francisco llamó a todos a la acogida y las diócesis y los fieles se han puesto “manos a la obra”
ALETEIA

miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Cómo ser humilde?

De todas las virtudes, la humildad puede considerarse una de las más difíciles de conseguir. Toda la literatura sobre el tema nos lo repite.


Siempre recordamos frases de grandes hombres como 
Ruskin "estoy convencido que la primera prueba de un gran hombre consiste en la humildad", 
Cicerón "cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser" 
y, por supuesto, de santos como el Cura de Ars "si no tienes humildad, puedes decir que no tienes nada", 
san Agustín "sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos" 
o santa Teresa "aquélla que le parece que es tenida en menos entre todas se tenga por más dichosa".

Es experiencia de todos sentir el aguijón de ese “yo” que nos impulsa a hacer lo que muchas veces no queremos realizar. ¡Cuántas veces nos arrepentimos de nuestras acciones y deseamos vivir con más sencillez y menos altanería! ¿Cómo ser humilde?

Dentro de las muchas presentaciones que me llegan, esta semana hubo una que me llamó particularmente la atención y que daba, justamente, siete pasos para conseguir la humildad. Me picó la curiosidad. Su lectura me ha ayudado mucho y he querido compartirla con todos ustedes, retocándola un poco (a cada consejo le he añadido un párrafo de algún santo que le dé más peso y contenido).

Ciertamente, estas líneas no pretenden ser un manual de “consígalo sin esfuerzo”. No hay rosa sin espinas. Pero tal vez la lectura de este artículo pueda ayudar a alguno a enderezar el camino, como si se tratase de un GPS que pide una reorientación de ruta. Espero, pues, que estos ocho pasos sirvan a más de uno. ¡Buena lectura!

1. Procura descubrir lo mejor de cada uno:
Todo ser humano ha tenido experiencias que tú no has tenido, y en esos aspectos te aventaja. Einstein, reputado como uno de los grandes cerebros de la humanidad, dijo: "Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme".

"Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados. Es una manera de obrar que, aunque luego no se haga con perfección, se viene a ganar una gran virtud, que es tener a todos por mejores que nosotros, y comiénzase a ganar por aquí el favor de Dios" (Santa Teresa de Jesús, Vida, 13, 6).

2. Elogia sinceramente a los demás:
¿Cómo se va a desdeñar a una persona a la que se le está diciendo lo que se admira de ella? Cuanto más se mencionen las buenas cualidades de quienes rodean a uno, más virtudes se descubrirán en ellos, y será más difícil que uno caiga en la trampa del egocentrismo.

"La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona –por su honor, por su buena fe, por su intimidad–, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y la justicia" (San José María Escrivá, Es Cristo que pasa, 72).

3. No te demores en admitir tus errores:
Dicen que la frase más difícil de pronunciar en cualquier idioma es: "Me equivoqué". Quienes se rehúsan a hacerlo por orgullo suelen volver a caer en los mismos errores (sólo el hombre cae dos veces en la misma piedra) y, además, terminan marginándose de los demás.

"La humildad es una antorcha que presenta a la luz del día nuestras imperfecciones; no consiste, pues, en palabras ni en obras, sino en el conocimiento de sí mismo, gracias al cual descubrimos en nuestro ser un cúmulo de defectos que el orgullo nos ocultaba hasta el presente" (Santo Cura de Ars, Sermón sobre el orgullo).

4. Sé el primero en disculparse después de una discusión:
Si la frase más difícil de pronunciar es: "Me equivoqué", la siguiente más difícil debe de ser: "Perdóname". Ese simple vocablo mata el orgullo (pues te reconoces tan pecador como él) y pone fin al altercado: dos pájaros muertos de un solo tiro. Pero para eso, es necesario reconocer que tanto él como yo podemos equivocarnos…

"Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer cosas graves, no te debes estimar por mejor: porque no sabes cuánto podrás tú perseverar en el bien. Todos somos flacos; mas tú no tengas a alguno por más flaco que a ti" (La Imitación de Cristo, I, 2, 4).

5. Admite tus limitaciones y necesidades:
Es parte de la naturaleza humana querer dar la impresión de ser fuerte y autosuficiente; eso normalmente no hace más que dificultar las cosas. Si manifiestas humildad pidiendo ayuda a los demás y aceptándola, sales ganando.

"Esto de no fiarse del propio parecer nace de la humildad. Por ello, el cap. II de los Proverbios dice que donde hay humildad, hay sabiduría. Los soberbios, en cambio, confían demasiado en sí mismos (Santo Tomás de Aquino, Sobre el Padrenuestro, l.c., 142).

6. Sirve a los demás:
Ofrécete a ayudar a los ancianos, los enfermos y los niños, o a prestar algún otro servicio comunitario. Saldrás beneficiado, pues aparte de adquirir humildad, te ganarás la gratitud y el cariño de muchas personas.

"Cuando se te presente la ocasión de prestar algún bajo y abyecto al prójimo, hazlo con alegría y con la humildad con que lo harías si fueras el siervo de todos. De esta práctica sacarás tesoros inmensos de virtud y de gracia" (León XIII, Práctica de la humildad, 32).
7. Reconócele a Dios el mérito de toda cualidad que tengas y de todo lo bueno que te ayude a hacer:
Es importante abrir los ojos del alma y considerar que no se tiene nada nuestro de lo que debamos gloriarnos. Lo único que realmente tenemos es pecado y debilidad. Los dones de la naturaleza y de gracia que hay en nosotros, solamente merecen ser agradecidos a Dios, que nos lo ha dado cuando ha pensado en nosotros al crearnos.

"Nadie confíe en sí mismo al hablar; nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que, si hablamos con rectitud y prudencia, nuestra sabiduría proviene de Dios, y si sufrimos los males con fortaleza, nuestra paciencia es también don suyo" (San Agustín, Sermón 276).

Por el Padre Juan Antonio Ruiz J., L.C
Pildoras de fe.net

martes, 8 de septiembre de 2015

El cumpleaños de María

La Virgen María fue la Madre de Jesús y, con este hecho, se cumplieron las Escrituras y todo lo dicho por los profetas. Dios escogió a esta mujer para ser la Madre de su Hijo. Con ella se aproximó la hora de la salvación. Por esta razón la Iglesia celebra esta fiesta con alabanzas y acciones de gracias.

Un poco de historia

El nacimiento de la Virgen María tuvo privilegios únicos. Ella vino al mundo sin pecado original. María, la elegida para ser Madre de Dios, era pura, santa, con todas las gracias más preciosas. Tenía la gracia santificante, desde su concepción.

Después del pecado original de Adán y Eva, Dios había prometido enviar al mundo a otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Al nacer la Virgen María comenzó a cumplirse la promesa.
La vida de la Virgen María nos enseña a alabar a Dios por las gracias que le otorgó y por las bendiciones que por Ella derramó sobre el mundo. Podemos encomendar nuestras necesidades a Ella.

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (687-701 d.C.) al establecer que se celebraran en Roma cuaro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Algunos dicen que nació en Nazaret, pero otros opinan que nació en Jerusalén, en el barrio vecino a la piscina de Betesda. Ahí, ahora, hay una cripta en la iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar en el que nació la Madre de Dios.

Algo que no debes olvidar

María vino al mundo sin pecado original y con la gracia santificante.
La Virgen María fue escogida para ser la Madre de Dios.

Al nacer la Virgen María se cumplió la promesa de Dios de que mandaría al mundo a una mujer de la que nacería el Salvador para liberarnos del pecado.

Cómo vivir la fiesta en familia

Llevar flores a la Virgen en alguna capilla, en señal de que la amamos y dando gracias a Dios por haberla creado y escogido para esa gran misión.

Pedir a la Santísima Virgen María, para que nos consiga la gracia que más necesitemos en este momento de nuestra vida, como familia.

Oración

María, en este día que festejamos tu nacimiento, te pido que me ayudes a estar siempre cerca de ti y de tu Hijo Jesús.