jueves, 20 de agosto de 2015

Con olor a oveja

Tenemos mucho atraso del mes en compartiros lo que vamos viviendo: tanda de Ejercicios, peregrinación diocesana con los jóvenes a Avila...
Vamos hoy con un testimonio que nos envía el P. Cueto sobre uno de nuestros Padres franceses, que ha pasado la mayor parte de su sacerdocio como misionero en el Brasil
"El día 15 de agosto, fallecía, en la casa Nazareth, Chabeuil (Francia), el P Jacques Schvartz , Cooperador Parroquial de Cristo Rey, tras una larga enfermedad degenerativa. 
Nacido en Antony (alrededores de París), Francia en 1942, ingresó en la Congregación en 1962 y fue ordenado sacerdote en 1974. Tras diez años de apostolado en la misma comunidad en la que el Señor ha venido a llevarle consigo, se trasladó a un pueblecito de Brasil, Rio do Pires (Baía), en sustitución de un amigo sacerdote que le conocía bien y sabía el atractivo verdaderamente  irresistible a ser apóstol de los más pobres que le dominaba. 
Allí ha ejercido su sacerdocio como párroco durante 29 años, llevando adelante además 40 comunidades eclesiales de base verdaderamente católicas, muy distantes de la población central y muy distantes unas de otras, dotándolas de capilla propia y formando a los seglares responsables de las mismas.
La vida del P. Jacques ha sido la de un pobre voluntario por Jesucristo, evangelizador y amigo de los pobres. Su casa estaba siempre abierta; en cualquier momento se podía entrar en ella en búsqueda de ayuda tanto espiritual como material. 
En su entierro se ha podido decir de él que ha anticipado en su parroquia el ideal del Papa Francisco de ir a las periferias existenciales y que olía realmente a oveja. Conocía a sus ovejas y éstas le conocían muy bien a él y le amaban a pesar de que era no sólo amable, sonriente y humorista, sino también exigente. 
Le consideraban su santo pastor y se oponían con todas sus fuerzas a que se le diese otro destino en la diócesis. Cuando la enfermedad que le ha llevado a la tumba comenzó a manifestarse, su Obispo pensó en aliviarle, dándole un cargo más llevadero, pero el pueblo se opuso presentándose en masa ante él para decirle que si les quitaba el P. Jacques, no aceptarían otro, y obligándole con ello a desistir.
Su dinamismo apostólico se apoyaba en una vida interior intensa; de todo lo que tenía que vivir se nutría su oración y a ella recurría siempre a la hora de tener que tomar una decisión. Es más, su aspiración más constante fue la de orar siempre, como ha testimoniado su director espiritual.
Sus últimos días han manifestado su humildad, su paciencia y docilidad, a pesar de la repugnancia que algunos de los tratamientos médicos e higiénicos le producían. Hubiese deseado no tener necesidad e incluso posibilidad de ellos. No eran los de los pobres.
En una representación del Misterio Pascual
Su partida ha dejado en la comunidad y en sus familiares y amigos más alegría y consuelo espiritual que dolor. Que descanse en la paz del Señor y, en la Comunión de los santos, nos obtenga la gracia de seguir sus pisadas, cada cual dentro de la condición y vocación propia.

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A la hora de expresarse tengamos en cuenta la ley de la Caridad