jueves, 30 de marzo de 2017

TESTIMONIOS CORRESPONDIENTES A LOS EJERCICIOS DE LA PARROQUIA DE CARDEDEU



De este retiro, no esperaba nada y lo esperaba todo. Dios no falla. Estoy muy metida en política. Y cuando es así, necesitas discernimiento y trabajar por la unidad. Ví lo que no debo hacer por el bien de la paz. Durante los ejercicios, Dios me habló de esto: de la búsqueda de la paz. Esto fue mi tema. Después de pocas horas, fue mi tema. Todos los Ejercicios Espirituales pasaron centrados en ello. Que Dios me siga iluminando para la paz.

Yo tenía ganas de los Ejercicios Espirituales. Pero es como en la autopista en que necesitas gasolina, y no te paras en la aérea de servicio diciéndote “me pararé en la siguiente”. Cuesta parar, sin embargo lo necesitas. Vino no por algo concreto. Pero me permitió poner todas las cosas en su sitio. Fue en reencuentro con Dios Y recuperar cosas dejado de lado. Volver sentir a Dios. Es necesario parar de esta manera, estar en silencio, considerar la familia maravillosa que tengo…

El año pasado me descargué un montón. Este año, vine con una meta. Me ha abierto más mi vocación. Fue un abrirme más. Me han emocionado estos 2 días. Gracias al Padre por todo lo que me ha aportado.



Hace 2 años que vivo los Ejercicios sin la emoción de cuando era joven. Delante del Sagrario, estuve tomando el sol del Señor. Pero en mi desierto tuve una lucecita: ver todo lo que Dios me ha dado y como me ha ido transformando: hay cosas que hago con más facilidad…. Vi que el Señor me concedió, después de tiempo, lo que le había pedido.

Me faltaba algo. ¿A ver qué? He revisado mi vida. Hubo altibajos pero siempre tuve fe y plegaria a mi manera. A veces, me encontré sola. Delante del peligro, preguntaba ¿Señor, dónde estás? He ido creciendo en la fe. Veo y me doy más cuenta que el Señor siempre ha estado conmigo. A veces, quiero resolver sola las cosas y pido perdón. Estoy contenta: he hecho un buen repaso de mi vida.

Estos días fueron para mí una gran experiencia. Es la primera vez que hago Ejercicios. Me faltaban cosas: el evangelio,… Me han llenado bastante. A menudo me siento sola. Los Ejercicios me han quitado tapones. Encontré paz, acompañamiento. Jesús y el Padre están siempre con nosotros. Gracias al Padre que me ha ayudado mucho.
Solo puedo dar gracias. Tuve un entorno muy religioso, pero cerrado. Los Ejercicios me han abierto perspectivas.
Ya vine el año pasado. Sé que siempre hay alguien a mi lado. Quiero volver el año que viene.

Vine con ganas. Estuve agotada el sábado. Y hoy, no me quiero ir. Fue un renacer. Lo que he visto es que: se acabaron los porqués en mi vida. Siento a Dios muy cerca pero con muchos porqués que se me ocurren. Y ahora, cada vez lo entiendo menos, pero lo amo más. Durante estos días, me dijo: “Para de preguntar. Estoy a tu lado”.
Nunca había visto mi fe como un tesoro. ¡Tengo un tesoro, y me preocupo por tantas cosas! No daba importancia a  mi fe. Mi vida fue reenfocada.


Jesús me ha hecho una promesa. Me dio una advertencia y un consejo. Me prometió estar siempre a mi lado, lo que me da gran paz. Me advirtió: “lo voy a hacer a mi manera”. Y me dio un consejo: para enamorarme de Él, verle en la Pasión, todo lo que ha hecho por mí.



miércoles, 29 de marzo de 2017

UNA EXPERIENCIA DEL AMOR DE DIOS


El domingo tuve la ocasión de vivir una jornada maravillosa del amor de Dios. La experiencia de como Dios sana los corazones heridos. Fue en un desayuno Alpha. Se habló de sanación física y espiritual y después de la charla unos oraron por otros. Se derramaron muchas lágrimas de amor, perdón, reconciliación, esperanza, sanación física...
Viví la experiencia final de pie en un rincón de la sala. Orando en silencio. Sentí algo especial. Sentí como el Señor me miraba con ojos de amor. Que me miraba cuando hay tantas miradas de otros que antes se fijaban en mi y ahora me ignoran o de tantos que ni siquiera se han percatado de mi presencia.
Sentí como el Señor extendía sus manos y las unía a las mías y acogía mis sufrimientos y heridas para se alejaran de mí y me permitieran ser libre.
Sentí como derramaba palabras de consuelo, bálsamo sanador de tantas desesperanzas y que llena esos vacíos que de vez en cuando emergen en mi corazón.
Sentí como el Señor me dispensaba un trato de favor otorgándome la oportunidad de acercarme a Él y descubrirle desde mi pequeñez.
Sería injusto silenciar tanto amor recibido. Gritar al mundo que me siento como una bandera —con el signo de la cruz— oteando al viento.
Quiero dar gracias y pensar en todo lo bueno que el Señor generosamente me proporciona, todos esos bienes que ha tenido a bien obsequiarme y que hacen de mí una persona bienaventurada. No deseo caminar alocadamente anhelando aquello que solo me ofrecerá un placer pasajero, un instante de gozo momentáneo, unas ilusiones que se apagan tan rápido como los fuegos artificiales, cosas tan fugaces como el segundo de un minuto que pasa volando.
Quiero, junto al Señor y los míos, ser feliz y tener paz interior y no fingir que soy feliz en este juego de tratar de sembrar tierras estériles.
Mi ambición es crecer como persona y como cristiano, permanecer siempre fiel a su lado, cobijado bajo la sombra de la Cruz, sin miedo a las  tormentas, sabedor de que a su vera todo es victoria.
Quiero que el mundo —ese mundo que le niega y trata de ocultarlo—  sepa que el Señor es el aliento que da vida a mi pequeña alma, el que llena mi frágil corazón de esperanza, el que me corona de amor, gracias y mucha misericordia.
Deseo que mi oración con el corazón abierto se deshaga en alabanza, piropos, gloria, halagos, cánticos, agradecimientos, jaculatorias hacia el Señor que lo acoge y escucha amorosamente; quiero que se aprenda la letra de esa canción que he compuesto desde la fragilidad de mi vida y que Él tatarea susurrándola a mi oido cuando, con tanta frecuencia, me olvido alguna de sus estrofas.


¡Gracias, Señor, gracias! ¡Gracias por lo mucho que me amas! ¡Gracias infinitas por cómo me cuidas y me proteges! ¡Gracias por esa mirada misericordiosa que conmueve mi corazón y alegra mi alma! ¡Gracias, porque me conoces perfectamente y aún así me amas intensamente! ¡Gracias por las capacidades que me has dado y por todos aquellos que se cruzan en mi camino que me ayudan a ponerlas en práctica y también por los defectos que me permiten corregir mi vida y mejorar para ser cada día mejor! Gracias por la fortaleza que me has regalado para superar las dificultades y cargar con tanta dureza, sacrificio, esfuerzo y trabajo! ¡Gracias, Señor, por la gran confianza que me has otorgado en Ti que me permite elevar las manos al cielo y exclamar con determinación: ¡Abba, Padre, te amo, te bendigo y te glorifico! ¡Gracias por la fe que me llena la vida de esperanza y de creer que Tu eres el Camino, la Verdad y la Vida!  ¡Gracias, Señor, porque me permites serte fiel y encontrarte cada día en mi particular camino de Emaús entre desconciertos, temores, tentaciones y dudas! ¡Gracias por mi trabajo porque me permite glorificarte a través del esfuerzo cotidiano! ¡Gracias por la persona que has puesto a mi lado para formar una familia.


La vida en el matrimonio no es sencilla, Señor, pero me la has entregado para constituir una familia cristiana basada en el amor y en el respeto! ¡Gracias por los hijos que nos has regalado, cada uno de ellos con sus particularidades y sus dones! ¡Gracias por mis amigos que me quieren, que rezan por mí y han estado a mi lado cuando más los necesitaba! ¡Gracias por mi grupo de oración en la parroquia, o en otros grupos de oración, por los encuentros de oración con los más pobres, por los que están más necesitados con los que comparto en el voluntario que me hacen pequeño pero consciente de que Tú estás presente en los desvalidos! ¡Gracias por los sacerdotes y consagradas que has puesto en mi camino! ¡Gracias por tantas personas anónimas que se cruzan cada día en mi camino, en mi trabajo, en mis iniciativas pastorales, en mis tiempos de ocio. Gracias, porque cada uno de ellos aporta algo nuevo a mi vida! ¡Gracias por todas las personas que leen estas meditaciones porque son un estímulo para seguir rezando desde el corazón y desde la fe! Gracias por las oportunidades que me ofreces cada día, por las esperanzas que se abren en el peregrinaje de la vida! ¡Gracias por que siempre me estás esperando con los brazos abiertos y la mirada misericordiosa. Gracias porque tienes una paciencia infinita conmigo y nunca te cansas de decirme: “Ven”! ¡Gracias, Señor, gracias!

Articulo original:
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/2017/03/28/una-experiencia-del-amor-de-dios/




domingo, 26 de marzo de 2017

¡¡EL GRAN PECADO!!


Dice el Papa Francisco comentando este evangelio: “Mientras que el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley, al contrario, se hunden cada vez más en su ceguera interior. Cerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por ello no se abren a la verdad de Jesús. Hacen todo lo posible por negar la evidencia.”

El problema de los fariseos es que creen tener ya la luz total, creen que ya no les hace falta nada más, que ya van bien, que ya están cumpliendo, y, por tanto, no están abiertos a avanzar, a hacer camino, a dejarse interpelar por lo que escuchan o ven.

El problema de los fariseos es nuestro problema, que nos creemos tener ya la luz total, creemos que ya no nos hace falta nada más, que ya vamos bien, que ya estamos cumpliendo, y, por tanto, no estamos abiertos a avanzar, a hacer camino, a dejarnos interpelar por lo que sentimos o vemos.

Dice el Papa Benedicto, comentando este evangelio: “Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado” (cf. Sal 19, 14): el orgullo.”
El problema es el orgullo, la soberbia, el fariseo que llevamos dentro y que nos dice que nosotros ya somos buenos, que no somos como los demás, que ya estamos bien, que ya tenemos la luz...

He estado de Ejercicios Espirituales, y gracias a Dios, Jesús me ha mostrado aspectos de mi vida en los que estoy lejos de Dios. El Señor, dentro de una experiencia de amor, me ha mostrado maneras de ser que me dificultan ser discípulo suyo... ¡¡Y que te muestre esto, es fantástico, porque te lleva a la apertura a Él!!

Dice Jesús: “Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste”, ¿cuál es el origen de su problema? ¡¡El problema es creer que tienes la luz!! El problema es el orgullo, la soberbia, la autosuficiencia, es el “yo ya sé”... Sacamos a Jesús del pedestal y nos ponemos nosotros (sal de aquí, que ya me pongo yo).

El gran riesgo es acabar encerrando a Dios dentro de  nuestra realidad sin redimir. Y, entonces, somos nosotros los que damos forma y contenido a la revelación de Dios.

Entonces, palabras como “conversión” “seguimiento” “hacer la voluntad de Dios”, “palabra de Dios”, “evangelizador”, resultan vacías...

Dice el Papa Francisco, hoy va de Papas , en el documento con el cual cierra el año de la misericordia, “Miseria et misericordia” dice: “por nuestra miseria entra su misericordia”. ¡¡Qué bonito!! Por el “agujero” de nuestra miseria entra su misericordia. Si no reconocemos nuestra pequeñez, nuestra miseria, Dios no puede entrar.

Dejemos a los fariseos y pongamos el foco en el ciego. Como la Samaritana, el ciego de nacimiento hace un proceso de fe, y lo hace dialogando con Jesús. Nuestra fe avanza en el diálogo con Jesús.

El ciego empieza hablando de Jesús como “Ese hombre”, más adelante dirá: “Que es un profeta”, y finalmente, acaba confesando su fe en el Hijo del hombre y adora a Jesús. Es el proceso que de una manera o de otra, tendríamos que hacer todos nosotros:
.           Reconocemos a Jesús como un gran hombre, excepcional por su vida y su mensaje.
.           Lo descubrimos como profeta, que habla y actúa en nombre de Dios.
.           Lo confesamos como Hijo de Dios cuando lo dejamos entrar en nuestra vida. Y nos relacionamos con Él, y tenemos con Él un trato de amistad.

Hace poco, en el despacho tuve una conversación curiosa: una persona ya un poco mayor, me dijo que creía mucho en Dios y yo le pregunté: pero, ¿amas a Jesús? Se quedó muda... Dios teórico... donde aún yendo a misa no ha entrado en el corazón...

Cuando éramos pequeños y nos educaron cristianamente, nos vinieron a decir: “has de ir a misa, has de seguir unos mandamientos, una moral, y, así eres cristiano”. Pero, esto, en muchos casos, no funciona, porque falta lo que da solidez a todo esto, que es el encuentro personal con Jesucristo.

¿De pequeños de qué os hablaban de cumplir o de encontrarse con Cristo? A mí, de cumplir.


Desde nuestra ceguera acerquémonos a Jesús... 

Francesc Jordana




sábado, 25 de marzo de 2017

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR


Al sexto mes envió Dios el ángel San Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Cuando entró le dijo <<Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.>> Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba que significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: <<No temas, María, por que has hallado gracía delante de Dios; vas a concebir en tu seno y a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, le llamarán hijo Altísiy el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.>>  María respondió al ángel: <<¿Cómo será esto posible, si no conozco varón?<< El ángel le respondió:<<El espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo  y le llamarán Hijo de Dios. Mira,también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y ya está en el sexto mes la que era considerada estéril, porque no hay nada imposible para Dios.>> Dijo María: <<He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.>> Y el ángel la dejó y se fue.

Lucas 1, 26-38






domingo, 19 de marzo de 2017

SI HACEMOS SIEMPRE LO MISMO,CONTINUAREMOS SIEMPRE EN EL MISMO LUGAR....


Como decía la respuesta del salmo: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón””. Qué belleza tiene la Palabra de Dios, qué fácil rezar con textos tan sencillos y tan profundos a la vez.

Ojala que escucháramos su voz y nos tomáramos seriamente la Cuaresma. Ojalá que no endureceríamos  nuestros corazones y acogiéramos la llamada de Dios a la conversión, la llamada de Dios Padre a escuchar su Hijo. Ojalá que tengamos fijadas las prácticas cuaresmales, para que todo esto sea posible... Si hacemos siempre lo mismo, continuaremos siempre en el mismo lugar...

Jesús le contestó: - “Si conocieras el don de Dios”. Dice San Agustín: “¿Podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación? Si conocieras el don de Dios.” Jesús te lo dice a ti y a mí... “si supieras qué es lo que te quiero dar…”. Entonces, quizás, tendríamos otra actitud: escucharíamos su voz, no tendríamos los corazones endurecidos...

He participado en unas conferencias, con un grandísimo éxito de participación, este miércoles y jueves realizadas por James Mallon, un sacerdote canadiense.

Algunas expresiones de su libro o de su conferencia describiendo lo que nos encontramos en los bancos de las iglesias:

.    “Tenemos un modelo pastoral para dar de comer a gente que no tienen hambre y los que tienen hambre se frustran”

.    “La verdad incómoda para nosotros como pastores,..., es que una gran parte de nuestra gente nunca ha conocido a Jesús personalmente y, por lo tanto, no tienen sed de él”.

.    “Debemos atravesar las invisibles corazas que llevan muchos de los que se sientan en nuestros bancos.”

.  “El hecho de que tantísimos católicos estén completamente convencidos de que no les falta nada demuestra que la experiencia semanal de la fe y la religión actúa como una vacuna contra lo que Dios quiere darles”.

¿Qué denotan todas estas expresiones? Denotan que muchos de vosotros no habéis conocido lo que Dios quiere daros. Denotan que muchos de vosotros no tenéis esta sed de la que habla hoy Jesús. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica (punto 2560) que “la oración, …, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él”. ¿¿Tenemos sed de Dios?? ¿O ya estamos bien como estamos, y vamos haciendo? Si nos falta la sed, ya ni nos acercamos al pozo, donde nos espera Jesús para establecer un diálogo con nosotros.


Miremos toda la escena: la mujer se encuentra con Jesús, Jesús da el primer paso, establecen un diálogo en el cual la mujer va cambiando. Va cambiando porque vemos como la Samaritana en su diálogo con Jesús va haciendo un camino de descubrimiento de Jesús: empieza diciendo a Jesús “tú, un judío”, después le dice “Señor”, después “profeta”, y, finalmente “mesías”. ¿Cómo ha hecho este proceso? Por el diálogo con Jesús. La mujer marcha entusiasmada. Vuelve al pueblo y a explicar el descubrimiento, y, salen los samaritanos a descubrir a Jesús.

¡¡Descubrir a Jesús es comunicarlo!! ¡¡Y, esto no pasa sólo en esta escena sino, en todas las del evangelio!! ¡¡Si no lo comunicamos, podemos dudar de que lo hayamos descubierto!!

Dice el libro de James Mallon: “Tenemos que trabajar para crear espacios en los que la gente llegue a conocer a Cristo como el Señor viviente”. Esto son los Ejercicios Espirituales Un espacio para descubrirlo vivo. Un espacio para descubrir la grandeza del don, de su promesa, ¡nos quedaremos alucinados cuando lo descubramos!... Un espacio donde saciar nuestra sed. Recuerdo: el próximo fin de semana tenemos los Ejercicios Espirituales parroquiales.


La transformación de la mujer, la llevó a dejar su cántaro. Dice el Papa Francisco, comentando este evangelio: “En este Evangelio hallamos también nosotros el estímulo para «dejar nuestro cántaro», símbolo de todo lo que aparentemente es importante, pero que pierde valor ante el «amor de Dios». ¡Todos tenemos uno o más de uno! Yo os pregunto a vosotros, también a mí: ¿cuál es tu cántaro interior, ese que te pesa, el que te aleja de Dios? (¡pensémoslo!) Dejémoslo un poco aparte y con el corazón escuchemos la voz de Jesús, que nos ofrece otra agua, otra agua que nos acerca al Señor. … todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, y también todo encuentro con Jesús nos llena de alegría, esa alegría que viene de dentro. ... cuando tenemos el valor de dejar aparte nuestro cántaro.” Amén

Francesc Jordana






sábado, 18 de marzo de 2017

UNA DE LAS DEVOCIONES MÁS PROVECHOSAS DE LA PIEDAD CRISTIANA



A través de la repetición de las Avemarías nos adentramos en los Misterios de la vida de Cristo y aprendemos a mirar el acontecimiento salvífico desde el Corazón Inmaculado de María. Escuchemos lo que Benedicto XVI nos dice sobre esta hermosa devoción,

1. “El santo rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia. Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera”.

2. “El rosario es uno de los signos más elocuentes del amor que las generaciones jóvenes sienten por Jesús y por su Madre, María”.

3. “En el mundo actual tan dispersivo, esta oración –el rosario– ayuda a poner a Cristo en el centro como hacía la Virgen, que meditaba en su corazón todo lo que se decía de su Hijo, y también lo que Él hacía y decía”.

4. “Cuando se reza el rosario, se reviven los momentos más importantes y significativos de la historia de la salvación; se recorren las diversas etapas de la misión de Cristo”.

5. “Con María, el corazón se orienta hacia el misterio de Jesús. Se pone a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestras ciudades, mediante la contemplación y la meditación de sus santos misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria”.

6. “Que María nos ayude a acoger en nosotros la gracia que procede de los misterios del rosario para que, a través de nosotros, pueda difundirse en la sociedad, a partir de las relaciones diarias, y purificarla de las numerosas fuerzas negativas, abriéndola a la novedad de Dios”.

7. “Cuando se reza el rosario de modo auténtico, no mecánico o superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra en sí la fuerza sanadora del Nombre Santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Avemaría”.

8. “El rosario, cuando no es mecánica repetición de formas tradicionales, es una meditación bíblica que nos hace recorrer los acontecimientos de la vida de la Señor en compañía de la Santísima Virgen María, conservándolos, como Ella, en nuestro corazón”.

9. “Ahora, que finaliza el mes de mayo, no debe cesar esta buena costumbre, es más debe proseguir todavía más con mayor compromiso de manera que, en la escuela de María, la lámpara de la fe brille cada vez más en el corazón de los cristianos y en sus casas”.


10. “(En el rezo del rosario), os encomiendo las intenciones más urgentes de mi ministerio, las necesidades de la Iglesia, los grandes problemas de la humanidad: la paz en el mundo, la unidad de los cristianos, el diálogo entre las culturas”.

BENEDICTO XVI



NUESTROS EJERCICIOS....TUS EJERCICIOS....SUS EJERCICIOS


martes, 14 de marzo de 2017

EL AMOR MÁS GRANDE; MI SECRETO ES MUY SENCILLO: LA ORACIÓN (Teresa de Calcuta)




«El que se humilla será enaltecido» (Mt 23,12)

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de Él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos de Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: La oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo...

La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y ésta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y Él me mira. Y en el momento en que te encuentras con Él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Madre Teresa de Calcuta




domingo, 12 de marzo de 2017

TESTIMONIOS Ejercicios espirituales DIOCESANOS para chicos



- He vivido un año con mucha presión (a causa de las asignaturas). Me quede con la fe, pero había perdido la ilusión. En estos ejercicios, he recibido fuerza para tirar adelante. Hasta ahora, he querido cargar todo el peso sobre mis hombros y combatir yo. He aprendido ahora a dejarme en manos de Dios. A menudo queremos tomar y no recibir. Me doy cuenta de la soberbia que tengo dentro y quiero cambiar.

- A veces, queremos experiencias espirituales donde no tocamos tierra. Quizás es bueno para gente más joven. Cuando somos más adultos, no tenemos que acostumbrarnos a esto, porque la realidad es otra.

- el año pasado, el retiro fue la experiencia más grande que tuve de Dios. Luego viene la rutina. Quiero cambiar. Yo y Dios me tiene que ser cosa familiar. El retiro me ayudará en esto.



- Me ayudó estar acompañado de 13 tíos haciendo Ejercicios. He venido agitado. He encontrado bien los Ejercicios Ignacianos. Me ha gustado los temas de las charlas. Hubo tiempos para encontrarse con Dios. Aprecié mucho la vigilia, ya que me convertí en una Adoración al Santísimo.

- Son mis terceros Ejercicios. Los primeros fueron una experiencia de Dios, los segundos me ayudaron para seguir en la parroquia. Los años en que he ido a Ejercicios fueron años muy positivos. Ahora me llevo ideas apuntadas para ir practicando. El Espíritu Santo hará el resto.



- Hice unos Ejercicios de una semana, hace tiempo, en la cueva de Manresa. Y pensé: en estos Ejercicios de dos días, no haremos nada. Pero cada hora era muy intensa. Repasé todo lo que ha pasado en 2 días y veo que en las últimas horas de oración, vi con claridad cosas que me pasaban, y recibí una gran paz. El Espíritu Santo ha llegado donde no podía llegar yo.

- Estoy muy contento. Los Ejercicios me han ayudado mucho. Fue un Encuentro, una experiencia de Dios. Ayer, la vigilia fue un subidón.

- Etoy muy contento. Son mis primeros Ejercicios. Fueron profundos. Me voy con trabajo por hacer, puntos que mejorar. No ha terminado la experiencia, ahora empieza.



- El Mossén me ha sorprendido. Ha sido muy bien: las charlas, la oración, y sobre todo la charla de las Banderas. Me he dado cuenta de lo que necesitaba. Me he dado más cuenta que Cristo vive en mí.

- He vivido estos Ejercicios muy intensamente. Tenía una relación con Dios superficial. He profundizado mucho. Estaba contento de estar con más gente que hacía la misma experiencia. Las charlas son un instrumento indispensable. Me han ido muy bien. No se me ha hecho pesado a ningún momento,.

- Estoy muy contento. Cada año es diferente. Hacer los Ejercicios cada año va bien. Este año, fueron una invitación a no ser mediocre. Tener un proyecto de vida. Mi vida hubiera sido muy diferente sin Jesús. Todo hubiera cambiado: amigos, novia. Me ha ayudado mucho las charlas: tener 2 o 3 ideas, y luego Dios ayuda. No encontré ninguna sesión larga


 - vine desconcentrado por la muerte de un familiar. Las charlas me han ido muy bien. Las citas me ayudaban cuando se me acababa la oración.


- Los Ejercicios me ayudan cada año. San Ignacio hace un repaso de todo. Me han gustado más los de este año en que tuvimos más tiempo de meditación. El formato esta bien. El tema del Espíritu Santo es muy importante. La buena comida y los hermosos cantos ayudaron también.




JESÚS NOS TOMA A NOSOTROS......TAMBIÉN EN LOS EJERCICIOS


Esta escena que hemos contemplado, Jesús la quiere desarrollar, llevar a término, con cada uno de nosotros...

Allí donde dice “Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan”, pongamos nuestro nombre...  Jesús nos toma a nosotros...

“Se los llevó aparte a una montaña alta”. Jesús se nos lleva a lo alto de una montaña. La montaña es  lugar de silencio. Siempre que vamos a la montaña nos sorprende el silencio. Jesús se nos lleva allí donde podremos hacer silencio. Porque es en el silencio, donde se empieza a escuchar la voz de Dios. Dos opciones donde nos puede llevar Jesús: a) al silencio cotidiano de nuestra plegaria personal. b) al silencio con mayúsculas, al silencio de unos Ejercicios Espirituales.

Sabéis que este fin de semana pasado he estado predicando unos Ejercicios Espirituales a jóvenes de  nuestra diócesis y de nuestra parroquia. Lo primero que me decían la mayoría de los que vinieron a hablar conmigo era una alabanza del silencio... Es curioso: aquello que en principio, les hacía más miedo, “¡¡tendremos que estar callados, no podremos hablar, ni comiendo!!”, cuando llega el momento, ¡¡es aquello que más bien les hace!! ¡¡Cuánto bien nos hace el silencio!! Porque nuestro silencio, nunca está vacío, es un silencio lleno de una presencia.


 Santa Teresa de Calcuta empezaba una oración muy bonita, diciendo: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor,...”.

Decía Pitágoras: “El comienzo de la sabiduría es el silencio”.

•          Continuemos...”Se transfiguró delante  de ellos”. ¡Jesús también se transfigura delante nuestro! En el silencio, en la oración prolongada, descubrimos un nuevo Jesús. Lo vemos como nunca lo habíamos visto antes. Pasa algo sorprendente: conocemos Jesús, sí, desde hace muchos años, pero, allá se produce una nueva relación: más divina, más interior, más interpeladora, más amorosa, más experiencial.

Esta experiencia no es fácil hacerla en el día a día... En cambio en los Ejercicios Espirituales, se palpa un nuevo Jesús, se descubre un nuevo Jesús, como antes no lo habíamos visto.

Pedro dice lo que dice: “Señor, ¡qué bien se está aquí!”. Qué bien que se está en el silencio, que bien se está con Jesús y oyendo hablar de Jesús. Todos, o casi todos los jóvenes, habrían deseado que los Ejercicios Espirituales de este fin de semana durasen más. Y lo decían... se está tan bien aquí ...

•          “... y una voz desde la nube decía”. También nosotros en el silencio, ya sea de la oración, o de los Ejercicios Espirituales, oímos hablar a Dios. ¡¡Dios que nos habla!! ¡Es muy fuerte! Allá oyes hablar a Dios. No como me oís a mí, pero, escuchas una voz más clara que la mía. Una voz que te da intuiciones de hacia dónde... Una voz que te comunica el cómo... Una voz que clarifica enredos... Una voz que te dice lo que necesitas escuchar... porque Dios sabe lo que necesitas.

Y el Padre dijo: “¡Escuchadlo!”. A nosotros, nos lo dice: “¡escuchadlo!””. Hemos de escuchar a Jesús. Es la única cosa que Dios Padre nos ha pedido directamente: “¡Escuchadlo!”. Ningún camino mejor para hacerlo que el contacto con la Palabra de Dios.

Dice el Papa Francisco en el mensaje de Cuaresma donde comenta el texto del rico Epulón y el pobre Lázaro: “De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano”.

Hemos hablado bastante de los Ejercicios Espirituales. Nuestros Ejercicios Espirituales parroquiales ya los tenemos muy cerca. Dentro de dos fines de semana. ¡El 24, 25 y 26 de marzo! Ahora hacemos un momento de silencio y pensemos si hay algún motivo serio para no ir a los Ejercicios Espirituales.


Acabo con las palabras con las que el Papa Francisco, finaliza su mensaje para la Cuaresma: “Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados”. Amén.

Francesc Jordana




sábado, 11 de marzo de 2017

MARÍA




A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo.
Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios. 
La Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos. Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.

Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe concebiste a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte madre de todos los creyentes.

Papa Francisco




sábado, 4 de marzo de 2017

¿COMO ENTRAR EN COMUNIÓN CON MARÍA?


A menudo se nos ha presentado la figura de María como un modelo de pasividad, que tendía a encasillar a la mujer dentro de unos parámetros muy estrechos, casi asfixiantes.
Se ha puesto como modelo de una piedad inmovilista, intimista, poco comprometida con los problemas del mundo.
Se la ha desfigurado, presentándola, a menudo, como una adolescente angélica y no como una mujer hecha y derecha, vaciándola de su contenido más profundo y verdadero.

Pero María, tal y como nos la muestran los Evangelios, la plena de gracia, bendecida más que ninguna otra mujer, irradia tal fuerza que todos los creyentes, hombres y mujeres, nos podemos mirar en ella para aprender a ser cristianos.

El punto de unión que hemos de tener con María, reside, precisamente, en la fuerza de su personalidad religiosa. El que es totalmente relevante de María es su disposición interior que la lleva a ser una mujer nueva, su capacidad de entrar de lleno en la realidad del ámbito de Dios que es siempre el del misterio.

María, la plena de gracia, nos invita a dejarnos invadir por la fuerza transformadora del Espíritu, para ser, junto a Cristo, hombres y mujeres nuevos para una nueva humanidad. Acoger a María en nuestra vida es, ahora como antes, una señal de obertura al don de Dios y es ponernos en disposición de ser transformados por su amor; es querer ser santos, vigorosamente santos.

Manuela Pedra y Pitar (30 veus per una nova evangelització)



viernes, 3 de marzo de 2017

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA


La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.
Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19- 31).
Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal.
Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida.
La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo.
Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2.   El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado.
La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado.
Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).
El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos.
El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.
La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir.
Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal.
Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

3.   La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática.
El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).
También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios.
Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua.
Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo.


La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.



Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor "que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador" nos muestra el camino a seguir.
Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.
Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana.

Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Vaticano, 18 de octubre de 2016
Fiesta de San Lucas Evangelista

FRANCISCO