domingo, 19 de febrero de 2017

CONMIGO LO PODÉIS TODO ¡¡CRÉETELO!!



Pienso, y lo digo sinceramente, que vosotros sois buenos. Fantástica la calidad humana que tenemos en  nuestra parroquia. Sois buenos, sois buena gente, hacéis el bien que está a vuestro alcance.

Pero..., tenía que haber un “pero”, ¿no?  Pero, la pregunta que hoy Jesús nos dirige desde el evangelio, es si sois buenos del todo. Dice Jesús “Sed perfectos”. ¿Somos perfectos? Hombre, del todo, del todo... Y a todos nos vienen a la cabeza situaciones que hemos vivido: aquella reacción airada, nada caritativa, que tuvimos.

Nos vienen a la cabeza personas: aquel que nos hirió y que no podemos hacer limpio, sigue viva la negatividad/rencor por dentro.
Nos vienen a la cabeza temas familiares enquistados: poco a poco, por tonterías, distancia y más distancia, y se han roto los puentes...
Y aquí ya vemos que del todo, del todo buenos, no lo somos... ¡Es normal No pasa nada. Lo que es significativo es el camino que cogemos ante esto: el camino de las excusas, y, entonces, estamos en el “valle de las excusas”, o el camino de pedir la gracia para poder ser bueno del todo. ¡¡Sin excepciones!!

¿Excusas o la gracia, qué camino escoges? Y decisiones como éstas nos van configurando como personas, como  cristianos, como seguidores del Cristo. ¿Excusas o gracia de Dios? ¿Dónde quieres estar situado? Orémoslo esta semana.

A discernir todo esto nos puede ayudar otra cosa que nos dice Jesús hoy: “rezad por los que os persiguen”. ¿Hemos rezado por el compañero de trabajo, antipático?, ¿o por el vecino impertinente?, ¿o por el hijo desagradecido hasta la médula?, ¿o por aquel que nos ha criticado...?, ¿rezamos por ellos? Si la respuesta es “sí”, estamos en el camino que hoy Jesús nos indica... ¡¡Si la respuesta es “no”, vigilemos... y empecemos a hacerlo!!
Quizás, estamos en los ejemplos que Jesús pone después: sólo amamos a los que nos aman. Sólo saludamos a los que nos caen bien. Sólo hacemos el bien a quien nos lo hace. “¡¡Eh!! Esto también lo hacen los publicanos, los que no tienen fe. ¡¡Aquí no hacemos nada de extraordinario!!”. Nos viene a decir Jesús...
Indirectamente, Jesús con estas palabras nos anima a confiar en la gracia. Del “sin mí no podéis nada” pasamos al “conmigo lo podéis todo”. ¡¡Créetelo!!


Si no somos un poco cuidadosos nos puede pasar de estar situados en el Antiguo Testamento: si no nos hablan, nosotros no hablamos, si nos ignoran, nosotros ignoramos, si nos ofenden, nosotros ofendemos, si no nos aman, nosotros no amamos, si nos critican, nosotros criticamos, entonces, señores y señoras, estamos en el Antiguo Testamento, y, no estamos viviendo lo que Jesús nos ha venido a comunicar.

Si miramos nuestra vida, descubriremos algunas actitudes que responden a la ley del Talión: “ojo por ojo”.

Dice Jesús: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia”. Entonces, pone cuatro ejemplos donde ante una ofensa, la respuesta no es pagar con la misma moneda, sino, coger el camino del bien. ¡¡Qué gran enseñanza!! ¡Ante el mal recibido respondemos con amor!
Ésta es la convicción: “es necesario responder siempre con amor”. Nos hace fuertes. Sabemos que pase lo que pase, miraremos de reaccionar desde el amor y dar una respuesta de amor. Y sabemos, también, que Dios mismo nos dará su fuerza para reaccionar desde el amor. Y, esto nos ha de llenar de esperanza, de paz, fortaleza. Siempre podemos reaccionar desde  el amor... “por mucho no se qué que sea el otro...” Siempre podremos reaccionar amando porque tenemos a Dios con nosotros.

Francesc Jordana




sábado, 18 de febrero de 2017

MARÍA, MUJER PLENAMENTE REALIZADA



El Concilio Vaticano II ha hecho descubrir a “la mujer de Nazaret” en su plena humanidad. En ella encontramos, al lado de Jesús, una mujer plenamente realizada, pero sólo después de haber aceptado la voluntad de Dios que se revelaba a ella en su constante camino de fe que la señala como verdadera discípula de Cristo. En María encontramos todas las expresiones de la humanidad que acoge a un hijo que la carga de responsabilidad, que lo hace crecer, que lo educa… se queda viuda, lo ve irse de casa, amado pero incomprendido hasta llegar a la cruz. ¿Qué hay más terrible para una madre que ver a un hijo inocente que muere? El redescubrir la humanidad de María, su misión como educadora del hombre Jesús (con todas sus características psicológicas), nos hace confiar en ella no sólo como una amiga que comprende nuestra situación humana, también como un modelo que nos muestra que es posible vivir el evangelio en plenitud.

Realmente el poder conocer a la Santísima Virgen María como mujer y madre representa la realidad del amor de una madre hacia sus hijos, ella como todas las madres tuvo la responsabilidad de amamantarlo, criarlo, educarlo y formarlos dentro de las normas de un hogar judío, un hecho que debemos recordar de María como madre protectora fue cuando se le perdió y fue encontrado en el templo, o la de Jesús y el amor a su madre que queda realmente reflejado y demostrado en las Bodas de Canaán y realiza su primer milagro para complacerla, y cuando el miso Jesús se desprende de su condición humana y le entrega al mundo a su propia madre para que constituyera en nuestra madre amorosa y eterna a la cual podemos acudir en cualquier momento y hora tal cual como lo hacemos con esa madre terrenal que lleva y llevará siempre el mismo amor de María en sus corazones.

Hoy elevamos nuestras más sinceras felicitaciones a todas las madres del mundo y para aquellos que ya no la tenemos la recordaremos con una oración. “Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén






miércoles, 15 de febrero de 2017

LA IGLESIA Y SU MISIÓN


Si Jesucristo no constituye su riqueza, la Iglesia es miserable: Si el Espíritu de Jesucristo no florece en ella, la Iglesia es estéril. Su edificio amenaza ruina, si no es Jesucristo su arquitecto y si el Espíritu santo no es el cimiento de las piedras vivas con que está construida. No tiene belleza alguna, si no refleja la belleza sin par del rostro de Jesucristo y si no es el árbol cuya raíz es la pasión de Jesucristo. La ciencia de que se ufana es falsa y falsa también la sabiduría que la adorna, si ambas no se resumen en Jesucristo. Ella nos retiene en las sombras de la muerte si su luz no es <<luz iluminada>> que viene enteramente de Jesucristo. Toda su doctrina es una mentira si no anuncia la Verdad, que es Jesucristo. Toda su gloría es vana, si no la funda en la humildad de Jesucristo. Su mismo nombre nos resulta extraño, si no evoca inmediatamente en nosotros  el único nombre que les ha sido dado a los hombres para que alcancen la salud. La iglesia no significa nada para nosotros si no es el sacramento, el signo eficaz de Jesucristo. La Iglesia tiene la única misión de hacer presente a Jesucristo a los hombres. Ella debe anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. Todo lo demás, no es más que sobreañadidura.

Padre De Lubac (1896- 1991)


domingo, 12 de febrero de 2017

NO SE TRATA SOLO DE NO MATAR




Si un amigo no creyente os dijera:”el otro día, oí hablar de Jesús y sentí curiosidad... ¿me podrías decir algún texto del evangelio para conocer su mensaje?”. ¿Qué le diríais?

(Si no sabes qué decirle, quizás, quizás, es que has tenido poco el evangelio en tus manos)

Yo no tengo ninguna duda de lo que le diría:”Lee el capítulo 5, 6 y 7 de Mateo: el Sermón de la Montaña”.

Es más, nos haría a todos mucho bien leer estos capítulos, para darnos cuenta de la belleza y profundidad del mensaje de Jesús. Hace dos domingos que lo estamos leyendo, y lo leeremos los próximos tres domingos. Pero, lo hacemos a fragmentos y no en su totalidad. Pienso que es bueno hacer una lectura continua de estos capítulos.

Muchas veces me habéis dicho “es que oigo críticas a la Iglesia, y no sé qué decir”. Pienso que estos capítulos de Mateo, 5, 6 y 7, nos abren una puerta: frente a las críticas se puede decir: “sí, sí, la Iglesia la formamos personas y éstas se equivocan, ya lo sabemos, no somos ingenuos, pero, ¿y Jesús qué? Te animo a leer el capítulo 5, 6, i 7 de Mateo, porque descubrirás aquello que nos mueve desde hace dos mil años, que no pasa de moda y que te puede ayudar también a ti”. 

¡En nuestros diálogos les hemos de llevar siempre hacia Jesús!

Y una última idea del Sermón de la Montaña. ¿Sabéis qué hay en medio del Sermón de la Montaña? Justo en el medio. El padrenuestro. Jesús enseñando a rezar a  sus discípulos con unas recomendaciones muy concretas, y enseñando la oración del padrenuestro. No es una casualidad. Para poder vivir el Sermón de la Montaña, es necesaria la oración. ¡¡Qué bonito!! Pero, de esto, sólo te das cuenta cuando lo lees todo seguido. Os animo a hacerlo, capítulo 5, 6 i 7 de Mateo.

Hoy Jesús nos dice que no viene a desautorizar la Ley, los diez mandamientos,  ni todo lo que dijeron los profetas, sino a completarlos.

¿Y cómo los completa? De dos maneras. Muy interesante esto, y útil para nuestras vidas. Primero, los completa radicalizándolos, que quiere decir haciéndolos ir a la raíz, ir al origen, ir al fundamento del mandamiento.

Me explico. Jesús viene a decir: “no se trata sólo de no matar, es que no podéis enfadaros con un hermano, ni menospreciarlo, ni insultarlo”. Esto es llevar el mandamiento a su raíz. No puedes hacer el mal, aunque sea un pequeño mal. ¡No puedes hacerlo!

A veces, me dicen: “yo no mato, no robo, soy fiel, por tanto, no peco”. Están en el Antiguo Testamento. Este razonamiento es del Antiguo Testamento. Están cumpliendo formalmente los diez mandamientos, pero no responden a esta radicalización que nos presenta Jesús. Donde no puedes hacer el mal, donde nunca puedes hacer el mal, ni por pequeño que sea... ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Volvamos a escuchar Jesús: “Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego”.

Quizás, nosotros, a diferencia de Jesús, no nos preocupa demasiado ir criticando, juzgando, murmurando, insultando, mintiendo, discutiendo,... “No mato, no pasa nada”. Éste no es el dinamismo que nos propone Jesús. ¿Cuántos pequeños males hacemos cada día?

Estamos hablando de cómo Jesús completa los mandamientos. Hemos visto la primera manera: yendo al fundamento, a la raíz del mandamiento. Pues, la segunda manera de completar los mandamientos es llevándolos a plenitud. Y lo que los lleva a plenitud es el amor, la caridad.

Ya no es “no mates”, ahora es “ama a los enemigos”. El domingo que viene seguiremos en el Sermón de la Montaña y leeremos este texto.

Del “no mates” al “ama a los enemigos”, ¡qué cambio!, ¡qué salto cualitativo! Esto sí que es completar la ley y dejarla ya toda acabada.

No se trata de cumplir la ley, sino de amar. Mejor dicho. Se trata de amar siempre y así, cumplir verdaderamente la Ley y los Profetas. Amén.

Francesc Jordana






sábado, 11 de febrero de 2017

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES



El día once de febrero de aquel año 1858 cayó en jueves. Era un día crudo de invierno. Bernardita acompañada de su hermana Toneta y su amiguita Juana, marchan para ver si encuentran leña para calentarse en la lumbre. Su madre le había encargado a Bernardita que, como gozaba de poca salud y se constipaba enseguida, procurase no mojarse los pies. Su hermana y Juana cruzaron el riachuelo. Ella se quedó sola y es entonces cuando llegó la aparición que ya hemos visto relatada de su pluma...
Cuando volvieron Toneta y Juana les preguntó Bernardita: ¿"Habéis visto algo?" Bernardita estaba radiante, y ellas, todo curiosas, le preguntaron: ¿"Y tú, qué has visto?"... Con gran sigilo, y no sin antes hacerles prometer que a nadie lo dirían, les refirió la visión que había tenido... Pero... llegadas a casa todo se descubrió. El calvario que esperaba a la pobre Bernardita no es fácil describirlo en pocas líneas. Le prohibieron volver a la gruta, pero impulsada por una fuerza interior, allí acudió y allí vio a la Virgen dieciocho veces. En la sexta, el 21 de febrero, "dirigió un momento la mirada por encima de mi cabeza, para recorrer el mundo. Después, volviéndola llena de dolor sobre mí, me dijo: "Ruega a Dios por los pecadores". Igualmente, varias veces, después: Penitencia, penitencia. En la undécima, este encargo: Vete a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla,
Y dos días más tarde: Deseo que se venga aquí en procesión.
El 4 de marzo una madre sumerge a su hijo enfermo en el manantial nuevo, que se ha abierto paso al lado de la gruta; y proclama la primera su alegría, al sentir sano a su hijo.
El 25 de marzo "viéndola tan amable, le pregunté su nombre. Me sonrió. Se lo volví a preguntar, y volvió a sonreírse. Insistí de nuevo, y me dijo"Soy la Inmaculada Concepción". El 16 de julio, más hermosa que nunca, sonriendo con dulzura inefable, inclinó la cabeza en señal de despedida y desapareció".

Pronto aquel humilde paraje de Lourdes se hizo famoso en todo el mundo. Empezaron a acudir peregrinos venidos de todas partes, hasta ser un lugar de Peregrinación para Europa y otras partes del mundo. No hay duda de que es uno de los Santuarios más visitados y más venerados de todos los continentes. Allí han ido descreídos y han encontrado la fe. Enfermos de cuerpo y de alma, y han hallado la salud para ambas cosas o para una de los dos. Allí se respira una gran devoción, la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, del amoroso perdón y de la actividad de la Mediadora de todas las gracias. Quien la visita una vez sale con el firme propósito de volver una y más veces para poder experimentar la presencia sobrenatural que allí se respira. Son muchos los milagros que desde la Gruta de Massabielle obra la Virgen María a cuantos acuden a Ella.     





                                                                                  ORACIÓN

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra! Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré como vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones innumerables en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo…(dígase el nombre del enfermo/a). Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más, alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.




Virgen de Lourdes, ¡ rogad por nosotros !.
Consuelo de los afligidos, ¡ rogad por nosotros !.
Salud de los enfermos, ¡ rogad por nosotros !.
Rezar tres Avemarías.




Web católico de Javier 





viernes, 10 de febrero de 2017

SORPRESA!! JESÚS NOS MIRA A CADA UNO




Jesús no mira las «estadísticas» sino que presta atención «a cada uno de nosotros». Uno por uno. El estupor del encuentro con Jesús, esa maravilla que percibe quien le mira y se da cuenta de que el Señor ya tenía la mirada fija sobre él, fue descrita por el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 31 de enero.
Fue precisamente «la mirada» el hilo conductor de la meditación que tomó inspiración en el pasaje evangélico de la carta a los Hebreos (12, 1-4) en la cual el autor, después de haber subrayado la importancia del hacer memoria, invita a todos: «corramos con perseverancia, teniendo la mirada fija en Jesús». Recogiendo tal sugerencia, el Pontífice analizó el Evangelio del día (Marcos 5, 21-43) para ver «qué hace Jesús».
El detalle más evidente es que «Jesús está siempre en medio de la muchedumbre». En el pasaje evangélico propuesto por la liturgia «la palabra muchedumbre se repite tres veces». Y no se trata, subrayó el Papa, de un ordenado «cortejo de gente», con los guardias «que le escoltan, para que la gente no le tocase»: más bien es una muchedumbre que envuelve a Jesús, que «le estrecha». Y Él se queda ahí. Y, es más, «cada vez que Jesús salía, había más que una muchedumbre. Quizás, dijo Francisco con una broma, «los especialistas de las estadísticas habrían podido publicar: “baja la popularidad del Rabino Jesús”. Pero «Él buscaba otra cosa: buscaba a la gente. Y la gente le buscaba a Él: la gente tenía los ojos fijos sobre Él y Él tenía los ojos fijos sobre la gente».
Se podría objetar: Jesús dirigía la mirada «sobre la gente, sobre la multitud». Y en cambio no, precisó el Pontífice: «sobre cada uno. Porque precisamente esta es «la peculiaridad de la mirada de Jesús. Jesús no masifica a la gente: Jesús mira a cada uno». La prueba se encuentra más veces en las narraciones evangélicas. En el Evangelio del día, por ejemplo, se lee que Jesús preguntó: «¿quién me ha tocado?» cuando «estaba en medio de esa gente, que le estrechaba». Parece extraño, tanto es así que los mismos discípulos «le decían: pero tú ves la gente que se reúne entorno a ti!». Desconcertados, dijo el Papa intentando imaginar su reacción, pensaron: «este, quizás, no ha dormido bien. Quizás se equivoca». Y sin embargo Jesús estaba seguro: «¡alguien me ha tocado!». Efectivamente, «en medio de esa muchedumbre Jesús se fijó en esa viejecita que le había tocado. Y la curó». Había «mucha gente», pero Él prestó atención precisamente a ella, «una señora, una viejecita».

La narración evangélica continúa con el episodio de Jairo, al cual le dicen que la hija está muerta. Jesús le tranquiliza: «¡no temas! ¡Solo ten fe!», así como en precedencia había dicho a la mujer: «¡tu fe te ha salvado!». También en esta situación Jesús se encuentra en medio de la muchedumbre, con «mucha gente que lloraba, gritaba en el velatorio» – en aquella época, efectivamente, explicó el Pontífice, era costumbre «“alquilar” mujeres para que llorasen y gritasen allí, en el velatorio. Para oír el dolor...» — y a ellos Jesús dice: «estad tranquilos. La niña duerme». También los presentes, dijo el Papa, quizás «habrán pensado: “¡este no ha dormido bien!”», tanto es así que «se burlaban de Él». Pero Jesús entra y «resucita a la niña». La cosa que salta a la vista, hizo notar Francisco, es que Jesús en esa confusión, con «las mujeres que gritaban y lloraban», se preocupa de decir «al papá y a la mamá “¡dadla de comer”!». Es la atención al «pequeño», es «la mirada de Jesús sobre el pequeño. ¿Pero no tenía otras cosas de las que preocuparse? No, de esto».
Según las «estadísticas que habrían podido decir: “sigue el descenso de la popularidad del Rabino Jesús”, «el Señor predicaba durante horas y la gente le escuchaba, Él hablaba a cada uno». Y «¿cómo sabemos que hablaba a cada uno? Se preguntó el Pontífice. Porque se dio cuenta, observó, que la niña «tenía hambre» y dijo: «¡dadla de comer!».

El Pontífice continuó con los ejemplos citando el episodio de Naím. También ahí «había una muchedumbre que le seguía». Y Jesús «ve que sale un cortejo fúnebre: un chico, hijo único de madre viuda». Una vez más el Señor se da cuenta del «pequeño». En medio de tanta gente «va, para el cortejo, resucita al chico y se lo entrega a la mamá».
Y aún más, en Jericó. Cuando Jesús entra en la ciudad, está la gente que «grita: ¡Viva el Señor! ¡Viva Jesús! “¡Viva el Mesías!”. Hay mucho ruido... También un ciego se pone a gritar; y Él, Jesús, aun con todo el ruido que había allí, oye al ciego». El Señor, subrayó el Papa, «se fijó en el pequeño, en el ciego».
Todo esto para decir que «la mirada de Jesús va al grande y al pequeño». Él, dijo el Pontífice, «nos mira a todos nosotros, pero nos mira a cada uno de nosotros. Mira nuestros grandes problemas, nuestras grandes alegrías; y mira también nuestras pequeñas cosas, porque está cerca. Así nos mira Jesús».
Retomando en este punto el hilo de la meditación, el Papa recordó cómo el autor de la carta a los Hebreos sugiere «correr con perseverancia, teniendo la mirada fija en Jesús». Pero, se preguntó, «¿qué nos ocurrirá, a nosotros, si hacemos esto; si tenemos la mirada fija en Jesús?». Nos ocurrirá, respondió, lo que le ocurrió a la gente después de la resurrección de la niña: «ellos se quedaron con gran estupor». Ocurre efectivamente que «yo voy, miro a Jesús, camino delante, fijo la mirada en Jesús y ¿qué encuentro? Que Él tiene la mirada fija sobre mí. Y esto me hace sentir «gran estupor. Es el estupor del encuentro con Jesús». Pero para experimentarlo, no hay que tener miedo, «como no tuvo miedo esa viejecita para ir a tocar el bajo del manto». De aquí la exhortación final del Papa: «¡no tengamos miedo! Corramos por este camino, con la mirada siempre fija sobre Jesús. Y tendremos esta bonita sorpresa: nos llenará de estupor. El mismo Jesús tiene la mirada fija sobre mí».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 5, viernes 3 de febrero de 2017