domingo, 22 de enero de 2017

¿TIENES DESEO DE CONVERSIÓN? VEN CONMIGO...


Dos mensajes claros y contundentes nos lanza hoy Jesús. ¿¿Cómo los acogeremos?? ¿Qué resonancia tendrán en nosotros? Cada uno  sabrá...

Primer mensaje de Jesús, hoy, para ti y para mí: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Primeras palabras públicas de Jesús en el evangelio de Mateo. Todos los evangelistas cuidan mucho cuáles son las primeras palabras que ponen en boca de Jesús.

¡¡“Conviértete”, expresión mil veces escuchada!! Que quiere decir en el sentido originario, girarse, cambio de orientación, cambio de sentido.  Casi siempre se interpreta esta expresión como cosas que he de cambiar, comportamientos, acciones, hacer las cosas de otras maneras,... Pero, pienso que el sentido etimológico de la palabra, también nos permite darle otro enfoque. Convertirse sería pasar de estar centrados en las cosas exteriores a centrados en las cosas interiores. Convertirse sería girarse hacia uno mismo, orientarse hacia nuestro interior, ¡porque allí mora Dios!.

Nuestra cultura, con los medios de comunicación, móviles, internet, está diseñada para que vivamos fuera de nosotros, llenos de ruidos, de imágenes, y de deseos de cosas materiales, y contemplamos una explosión del egoísmo como nunca antes habíamos visto: lo que me importa es que yo esté bien.

El Papa Francisco en Laudato Si dice que la causa última de todo el problema ecológico es que falta la fraternidad (no me importa el otro, mientras yo esté bien).

El estar centrado en cosas exteriores, el deseo de bienes materiales, nos acaba haciendo egoístas. La conversión será pasar de las cosas exteriores a nuestro mundo interior. Descubrir que miro demasiado fuera, y poco dentro de mí mismo. Esto me despersonaliza, me deshumaniza. La verdadera felicidad la encontraremos desde dentro, nunca fuera de nosotros. ¿Dónde estamos buscando la felicidad, fuera o dentro? Por esto, nos hace falta la conversión.

Una pregunta: ¿el último mes, cuántas veces en tu  oración has entrado en contacto con el Dios que habita en ti? ¡Sí, Dios habita en nosotros! ¡Sí, somos templos del Dios uno y trino! Entonces, cómo puede ser que no hayas entrado en contacto con el Dios que te habita.

En nuestra oración tendrían que haber como dos momentos diferentes, o dos maneras diferentes de hacer oración.

Momento 1, o manera 1: La oración que es diálogo con Jesús, o meditación de las escenas del evangelio. Es una oración discursiva.

Momento 2, o manera 2: oración contemplativa, ya no hay discurso, ya no hay ideas,  no hay reflexión, no hay pensamientos. Lo que hay es encontrarnos con Dios que nos habita. ¡¡Entrar en nuestro interior!! Apartar ideas, reflexiones, y encontrar a Dios.

Dice Santa Isabel de la Trinidad: “He hallado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí esta verdad todo se iluminó en mi.”

Somos uno con Dios. Como el sarmiento es uno, con la vid. Lo diremos después en el prefacio: “en ti somos, vivimos y existimos”. La estación final de nuestro viaje al interior es esta contemplación: Dios en nosotros.

Y el segundo mensaje de Jesús, hoy para ti y para mí, es: “Venid y seguidme”. Al poner la llamada de los discípulos en un contexto de llamada a la conversión, Mateo nos está diciendo una cosa importantísima: ¡cuando hay deseo de conversión puede haber seguimiento del Cristo! Si no hay deseo de conversión no hay seguimiento. La conversión y el seguimiento de Jesús son dos caras de la misma moneda. Si hay conversión hay seguimiento. Si hay seguimiento (real), hay conversión.


Acabo con las palabras que Jesús nos dirige hoy a cada uno de nosotros: conviértete y ven conmigo...

Francesc Jordana




sábado, 21 de enero de 2017

ABRÁZAME (POEMA A MARÍA)




ABRÁZAME

Abrázame tú María;
Tus gozos sean mi consuelo,
Llegue mi llanto hasta el Cielo
Hasta que aparezca el día. 

Bendice mi pensamiento,
Imprégname con tu amor,
Alivia mi cruel dolor
Y mi duro abatimiento 

En tu seno virginal, 
Como con Jesús hiciste
Y al enemigo abatiste, 
Líbrame de todo mal. 

Protégeme de las cosas 
Que me separan de Cristo,
Para estar siempre provisto 
En sus manos amorosas. 

Dame tu virtud que ostenta 
Toda la fuerza de Dios,
Que en hermosa unión los dos
Capearemos la tormenta.



Rafael Marañón

1988


miércoles, 18 de enero de 2017

QUE HAYA LA VALENTÍA PARA DIFUNDIR LO BUENO DE LOS SACERDOTES...



Carta de SACERDOTE CATÓLICO AL NEW YORK TIMES 

Querido hermano y hermana  periodista:

Soy un simple sacerdote católico.  Me  siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo  en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en  vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa,  investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así  aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…  Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones  periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas  de preconceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique  tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del  lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las  medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la  dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por  millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en  los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de  información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde  Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas  de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han  retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con  la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de  110.000 niños...


No es de interés que con otros sacerdotes  hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su  rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.  

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las  noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la  calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen  de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros  sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un  refugio.
Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa  por casa confortando los enfermos y desesperados. 

No es noticia que  más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería,  en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados  de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en  escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias  y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por  salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya  transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco  señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más  recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo  están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la  región… Ninguno pasa los 40 años. 


No es noticia acompañar la vida  de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que  sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido  comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que  un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la  Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a  Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada  criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas  ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento  ofendido.
periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.Sólo le pido amigo 

En  Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

"Mi pasado Señor, lo confio a tu Misericordia; Mi presente a tu Amor; Mi futuro a tu Providencia"



domingo, 15 de enero de 2017

TE NECESITO, RESCATAME NUEVAMENTE





Empezamos un nuevo tiempo litúrgico. El tiempo ordinario, en el que vamos contemplando la vida de Jesús, su predicación, sus milagros. La finalidad de este tiempo litúrgico se conocer más a Jesús, enamorarnos más de su persona, de sus criterios, de sus modos de hacer, de sus actitudes.

El Papa Francisco en la extraordinaria exhortación EG nos dice: "Invito a cada cristiano, ..., a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo .... (esta es la pretensión del tiempo ordinario" renovar ... "). Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, ​​y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Este es el momento para decir a Jesucristo: "Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy de nuevo para renovar mi pacto contigo. Te necesito. Rescatame nuevamente, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores ». Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!. "(Pto 3)
Con este deseo de renovar nuestro encuentro personal con Jesucristo empieza el tiempo ordinario.
Estamos en el comienzo del evangelio de Juan, y en él sale la profesión de fe de Juan Bautista que da sentido a todo el Evangelio: "Yo ... doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios". Esta confesión es como un encabezamiento, el tema central, de toda la obra de Juan. 
Nos ayuda a profundizar su identidad las dos acciones que atribuye a Jesús: "quita el pecado del mundo", "es el que bautiza con Espíritu Santo". Jesús nos libera del pecado y nos comunica el Espíritu Santo. Síntesis perfecta del cristianismo.
Tradicionalmente en occidente hemos puesto más el acento en la primera dimensión: Jesús liberador de la esclavitud del pecado. Y oriente ha puesto más el acento en la segunda dimensión: Jesús comunicador del SE. Las dos  se complementan y enriquecen nuestra vivencia.

Resumiendo: empezamos un nuevo tiempo litúrgico, se nos invita a un nuevo encuentro con Jesús que nos libera de todo aquello que no nos deja ser felices y que nos comunica su principio vital, nos comunica la Vida.

El otro día vi una peli, La gran apuesta, comenzaba con una cita de Mark Twain: "No es lo que no sabes lo que te mete en problemas, es lo que sabes con certeza y no es así ". La traducción cristiana sería: si tienes certezas que guían tu vida y están equivocadas, tienes un gran problema. Y esto, de diversas maneras, nos pasa a todos !!

Al comenzar un tiempo litúrgico donde iremos contemplando a Jesús nos pide a nosotros mucha humildad, mucha atención a lo que nos dice Jesús, mucho deseo de cambiar aquello que no encaja con los valores que Jesús nos vaya proponiendo, nos pide está dispuestos a desintalarnos, a hacer caminos nuevos, a hacer cambios en nuestras vidas, porque el que nos habla es Dios mismo, y con él no podemos hacer juegos de manos, no podemos engañarle, no podemos hacer una escucha pasiva de lo que dice.!

Al comenzar el tiempo ordinario ¿seremos dóciles a lo que Jesús nos dirá? ¿Estaremos dispuestos a cambiar cosas en nuestra vida? ¿Comportamientos, maneras de hacer, gastos, opciones personales?
Es más, lo que más nos interpela, que más nos choca, que más nos cuesta aceptar o de entender, es lo que con más atención deberíamos escuchar y rezar.
Al comenzar el tiempo ordinario: "yo y Jesús qué? ¿Qué hay en nuestro corazón?

Termino con la oración que el Papa nos animaba a hacer a Jesús: "Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy de nuevo para renovar mi pacto contigo. Te necesito, rescatame nuevamente ".

Francesc Jordana


sábado, 14 de enero de 2017

¡GRACIAS MARÍA, PORQUE ERES UNA ESCUELA DE VIDA PARA MI!


Existe un camino cuyo recorrido es muy corto. Va del corazón al corazón. Es verdad que muchas veces se utilizan atajos para evitarlo porque se considera un camino lleno de dificultades, peligros e incertezas. Pero en este segundo sábado del año te fijas en la figura de la Virgen y comprendes que Ella no tuvo nunca miedo a recorrerlo. Cada uno de sus pasos, lentos pero seguros, se guarnecían con la sombra del Espíritu Santo y se acompasaban con el susurro melodioso de la voluntad de Dios.


En su primer viaje —porque luego vendrán otros repletos de dificultades como el del camino a Belén, la huída a Egipto o el de Jerusalén en la fiesta de la Pascua—, cuando María visita a su prima tras el anuncio del ángel, Cristo tarareaba en su seno las hermosuras de la humanidad que iba a venir a redimir. María va al encuentro de Isabel para compartir el gozo de la espera. Es el viaje que ha avivado en cada uno de nosotros la espera del Señor hasta el día de Navidad. Un tiempo que vivenciamos hace unas semanas como una manifestación de la ternura de Dios que nos permite reflexionar sobre la paz y el amor que nos trae el nacimiento de Jesús. El año 2017 va dando sus pasos y siento que mi obligación como cristiano es llevar esa ternura a los corazones de los que se crucen en mi camino porque he visto nacer a Cristo en el portal de Belén y todavía siento su presencia viva en mi corazón.
Existe un camino que transita de los ojos misericordiosos del Padre a los ojos sencillos de los seres humanos. Y es la Virgen, la Madre del Dios hecho Hombre, quien lo va abriendo para permitir que Jesús camine a nuestro lado. Lo hace con una maleta repleta de amor, de un amor lleno de cariño, de entrega, de delicadeza, de sencillez, de generosidad, de humildad…
María es la mujer que nos ha traído a Dios y nos lleva hacia el corazón de Dios. Y es a Ella en quien quiero mirarme en este año para seguir su ejemplo de docilidad, de reverencia, de fidelidad, de sencillez, de capacidad de escucha, de sobriedad, de humildad, de pureza y de todas aquellas virtudes que rivalizan entre sí en el corazón de María para llevarlas al corazón del hombre. ¡Gracias, María, porque eres una escuela de vida para mí!

¡Gracias, María, porque eres una escuela de vida para mí! ¡Gracias, Madre, por tus bondades, porque nos abres el corazón para llevarnos hacia tu Hijo! ¡Gracias, María, por tu ternura, por tu mirada maternal, por tus auxilios, por tus consejos, por tus orientaciones, por tu ejemplo! ¡Gracias porque me enseñas como abrirme a la gracia y a la escucha de la Palabra! ¡Gracias, María, porque me enseñas a mantener el “Sí” en todos los acontecimientos de mi existencia suceda lo que suceda! ¡Gracias, María, porque habiéndote abierto a la gracia me permites a mi también abrirme cada día! ¡Gracias, María, Madre buena y misericordiosa, que con tu “Si” engendastre al Hijo de Dios que ha venido a mi corazón esta Navidad pasada y das Vida y Amor a nuestra existencia a través de Cristo! ¡Gracias, María, porque eres un espejo puro y limpio en el que mirarse cada día! ¡Gracias, María, porque intercedes por mí con mis pobres y egoístas súplicas! ¡Gracias, Madre Celestial, porque cogerme entre tus brazos y protegerme a mí a y los míos cada día! ¡Gracias, María, porque tus gestos son un luz que ilumina mi vida! ¡Y en este sábado, Señora y Madre mía yo me ofrezco del todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día: mi cuerpo, mi alma, mi mente, mi espíritu y mi corazón, en una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya!

Fuente: Orar con el corazón abierto (Blog)
https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/








viernes, 13 de enero de 2017

EN LA CRUZ NO HABÍA NADA....




En la cruz no había nada: ni belleza humana, ni poder, ni riqueza, ni fama. Sólo había amor. Un amor despojado de todo atractivo humano, revestido de fracaso, de abandono y de mucha desnudez. Y así, en ese amor crucificado, vivía el Señor el mayor despojo de sí mismo y la mayor entrega al Padre. Y a la cruz sigue la sepultura, el desaparecer de toda figura y rostro humano en esa tiniebla y oscuridad en la que se hace fecundo el grano enterrado.

Has de tener la valentía y el coraje de no ser nada, de no ver o entender lo que Dios permite en tu vida, de querer enterrarte en el anonimato y el olvido de los hombres, de pasar desapercibido a los ojos de muchos, de no ambicionar esa honra humana, tan efímera como voluble, que infla el orgullo y hace estéril tantos apostolados. Que no te asuste vivir tu fe en el rincón de los pequeños, de los que no son importantes a los ojos de los hombres, de aquellos con los que nadie cuenta, de los que nunca son consultados, valorados o aplaudidos. Y no con una actitud de victimismo egocéntrico sino con la conciencia viva y alegre de que te estás crucificando con Cristo.
Despojarse de uno mismo es el camino para gustar el amor de los íntimos de Dios, ese que anida en el corazón de la cruz y que hace creíble tu vida cristiana. No pretendas vivir tu fe cristiana sin mucha renuncia y negación de ti mismo, porque te enredarás en la maraña de un continuo flirteo con la santidad y con la mediocridad, sin llegar nunca a la auténtica entrega a Dios.



domingo, 8 de enero de 2017

SIN EL ESPÍRITU SANTO....


Realmente sorprende un poco el cambio que nos propone la liturgia: viernes celebrábamos la Epifanía, contemplábamos como los magos de oriente adoraban al niño Jesús, y hoy celebramos el bautismo del Señor.

Sorprende, pero, hace falta recordar que esta fiesta forma parte del tiempo de Navidad, con esta fiesta se acaba el tiempo de Navidad. Y, ante esto, es inevitable preguntarnos, ¿por qué la liturgia quiere vincular la Navidad y la fiesta del bautismo del Señor?

La respuesta es clara: esta fiesta nos ayuda a cerrar con coherencia el Tiempo Litúrgico de la Navidad. Esta fiesta ilumina, da luz, a todo lo que hemos vivido y celebrado estos días. Me explico...

En la homilía del día de Navidad, hablábamos de la admiración ante un Dios que se hace un niño. Decíamos que era algo inimaginable, sorprendente, impensable. Y después de unos días contemplando este acontecimiento, surge la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué Dios se hace hombre? Y la respuesta la tenemos hoy, en esta fiesta del Bautismo del Señor: Dios se hace hombre para comunicarnos su Espíritu. Dios se hace hombre para que Jesús nos pueda bautizar con el Espíritu Santo.
Así, con una clara referencia al Espíritu Santo, acaba estos tiempos fuertes de Adviento y Navidad. Si miramos qué pasa con el otro tiempo fuerte: Cuaresma y la Pascua, veremos que culminan con Pentecostés, donde Jesús  nos comunica su Espíritu.

Es bastante significativo: los dos grandes tiempos litúrgicamente fuertes acaban con una referencia clarísima al Espíritu Santo. Esto es porque la vida cristiana se desarrolla en el Espíritu Santo y por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el gran desconocido, lo tenemos poco presente. En cambio, es determinante para vivir  nuestro cristianismo. ¡La liturgia nos lo deja muy claro!

Sin el Espíritu Santo no entendemos qué celebramos en la Navidad, porque es Él quien da la sabiduría...

Sin el Espíritu Santo, de lo contemplado y vivido estos días, no surge ningún propósito, porque es Él quien fortalece nuestra voluntad.

 Sin el Espíritu Santo, todo continúa igual, porque es Él la fuente de la creatividad cristiana. 
La liturgia nos quiere llevar a descubrir y dar relieve e importancia en nuestra vida al Espíritu Santo.
El papa Francisco en la homilía anterior del día de hoy, decía:”no olvidéis invocar a menudo al Espíritu Santo, todos los días. Podéis hacerlo, por ejemplo, con esta sencilla oración: «Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

Hoy, en el evangelio, vemos que Jesús está lleno del Espíritu Santo, y ¡es este espíritu que Jesús nos quiere comunicar! Es una realidad digna de ser pensada, rezada, contemplada: estamos habitados por el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús. En nosotros habita el Espíritu Santo. Pero, esta presencia será más fuerte e intensa en la medida que nosotros seamos más conscientes de ello. Por esto, es una pena que el Espíritu Santo, sea el gran desconocido.


Y, todo esto, da un nuevo sentido a una expresión muy repetida durante el Adviento y la Navidad: “Dios con nosotros”. Esta expresión referida, en principio, a la Navidad, ahora coge un nuevo sentido: “Dios con nosotros”, se refiere a esta presencia del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, en nosotros. Ahora el “Dios con nosotros”, que antes nos hacía mirar la cueva de Belén, ahora, nos lleva a mirar nuestro interior. “Dios con nosotros”, por obra y gracia del Espíritu Santo. ¡Invoquémoslo! ¡¡Hagámonoslo cercano!!

Francesc Jordana