jueves, 8 de diciembre de 2016

ACTO DE VENERACIÓN A LA INMACULADA (PAPA FRANCISCO)


Virgen María,
en este día de fiesta por tu Inmaculada Concepción
vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.
Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas;
de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida;
de los ancianos, llenos de años y de experiencia;
de modo especial vengo ante ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.
Como Pastor vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.
Bajo tu manto hay lugar para todos, porque tú eres la Madre de la Misericordia.
Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos:
la ternura de Dios, que en ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer.
Mirándote, Madre nuestra Inmaculada, reconocemos la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias;
y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.
Hoy, aquí, en el corazón de Roma, sentimos tu voz de madre
que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.
Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia;
no tened miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.
Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, Madre Inmaculada, porque en este camino de reconciliación tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.
Que tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.


Verdaderamente el Señor está contigo

 
¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo, por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!
Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. 
 Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y mismo el Hijo de Dios y de María. 
Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. 
Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. 
Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. 
El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.
Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración.
 Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. 
Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.
¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!
(S. Anselmo. Obispo)

martes, 6 de diciembre de 2016

SOLO Y A PIE


Y empezó a andar un camino,en parte viejo, en parte personal y nuevo, parecido a esos tenues senderos, y casi imperceptibles, que abrían las bestias de su tierra y que en su lengua nativa se llaman con el dulce nombre de bidatxa (caminito). Con fe ciega en el futuro, como otro Abrahán, salió de su tierra y siguió aquel camino, incierto pero firme, sin saber su destino. Fue obstinado, tal como lo define H.Hesse, obediente sólo a la ley de su propio sentido, aunque jamás entendió tal sentido como algo que se posee, sino algo por lo que se es poseído, o más explícitamente, como alguien que nos lleva no sabemos a dónde.

Inicialmente no tenía más fuerza que su tosca palabra, y no convirtiéndola en grito estentóreo ni en recia voz de mando, sino susurrándola a cada alma. Conquistaba por contagio.

Ya lo dijo Lucrecio:
<<Una antorcha enciende otra antorcha>>



<<El nombre nos queda de cristianos>> la frase es de Loyola, pero pudieran suscribirla Erasmo o Lutero. Los tres sintieron vivamente el quebranto de la cristiandad, pero Ignacio no se entregó a la crítica o al lamento, y eso por pudor y por hombría. Por pudor, por que no se deben sacar al balcón los trapos sucios de la família: los de los Loyola o los de esa família más ancha que es la iglesia. Y por hombría, porque lo que procede y corresponde a un hombre cabal no es
llorar o mostrar cansancio, sino limpiar las manchas, esto es, actuar: primero en sí, luego en el entorno inmediato y concreto, y, por fin, en el tiempo y espacio que podemos alcanzar con nuestra acción, siempre mayor del que pensamos o abarcamos.
No se nos pide más que estar ante cada hombre singular, ante el entorno determinado que se va dilatando, resignándonos a que la realizaciones se impregnen de la dimensión histórica inevitable y hasta que degeneren en ellos los deseos imposibles de absoluta pureza.

Del libro: Ignacio de Loyola  "Solo y a Pie"








lunes, 5 de diciembre de 2016

5 ADVERTENCIAS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO





A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco ha hecho diversas y claras advertencias sobre la ideología de género, una corriente que considera que el sexo no es una realidad biológica sino una construcción socio-cultural que diversos gobiernos intentan imponer a través de la educación de los niños y jóvenes.

A continuación, 5 claras advertencias que ha hecho el Santo Padre sobre este polémico tema:

1.- Es una colonización ideológica
A finales de julio de 2016 y dirigiéndose a los obispos de Polonia, el Pontífice afirmó que “en Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas –lo digo claramente con nombre y apellido– ¡es la ideología de género!”.
“Hoy a los niños –¡a los niños!–, en la escuela se les enseña esto: que el sexo cada uno lo puede elegir. ¿Y por qué enseñan esto? Porque los libros son de las personas e instituciones que te dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Esto es terrible”.

2.- Vacía el fundamento antropológico de la familia
En la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia publicada en marzo de 2016, el Santo Padre explica en el numeral 86 que la ideología de género “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia”, además procura una identidad humana que puede determinarse de forma individual y ser cambiada en el tiempo.
“Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”, denuncia el Santo Padre.

3.- Es una equivocación de la mente humana
En marzo de 2015, el Papa Francisco se refirió a las “colonizaciones ideológicas” que afectan seriamente a la familia, ya que son “modalidades y propuestas que existen en Europa y llegan también de la otra orilla del Océano. Y luego esa equivocación de la mente humana que es la teoría de género, que crea tanta confusión”.


4.- Es un paso atrás
En abril de 2015, el Papa dirigió una catequesis sobre el ser humano creado por Dios como hombre y mujer, en la que dijo: “la cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertades y nuevas profundidades para el enriquecimiento de la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo. Por ejemplo, yo me pregunto si la así llamada teoría del género no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Sí, corremos el riesgo de dar un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia, en efecto, es el problema, no la solución”.

5.- Adoctrinar a los niños en ideología de género es una maldad
En la habitual conferencia de prensa que concede en el retorno de sus viajes internacionales, específicamente en el vuelo de Azerbaiyán a Roma, el Papa señaló que “las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega hasta Jesús, Jesús no le dirá seguramente vete porque eres homosexual. No. Lo que yo he dicho, es esa maldad que hoy se hace en el adoctrinamiento de la teoría del género.
Me contaba un papá francés que en la mesa hablaba con los hijos, católicos ellos y la esposa, católicos no tan comprometidos, pero católicos; y le preguntaba al niño de 10 años, ‘¿Tú qué quieres ser cuando seas grande?’ ‘Una muchacha’.
El papá se acordó que el libro del colegio enseñaba la teoría del género, y esto va contra las cosas naturales. Una cosa es que una persona tenga esta tendencia, esta opción, e incluso que cambie de sexo, y otra cosa es hacer la enseñanza en la escuela en esta línea para cambiar la mentalidad. A esto yo llamo colonizaciones ideológicas”.



domingo, 4 de diciembre de 2016

"ESTA EN NUESTRAS MANOS"


 Tan tranquilos que estábamos nosotros, más pendientes del Barça – Madrid que del tiempo de Adviento, cuando, de repente, nos aparece el profeta Juan Bautista con  sus palabras ardientes y viscerales.

Y lo que nos viene a decir el profeta es algo que ya nos suena: conversión, “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Y un poco más adelante pone el dedo allí donde duele, diciendo: “Dad el fruto que pide la conversión”.

Ante estas palabras se pueden dar diversas reacciones:
•  Pueden molestar. ¡¡Con lo bien que estábamos!!... y, ahora ¿nos hemos de convertir...? pero, si esto es muy difícil...
•  Pueden sorprender, no es Cuaresma, qué dice, ahora, éste de conversión...
•  Pueden generar indiferencia, total es un profeta que nos lo dice... si no me convierto cuando  me lo dice Jesús, imaginaros cuando me lo dice el profeta este, “que llevaba un vestido de piel de camello”. Qué aspecto debía hacer, ¿no?
•  Pero, las palabras del profeta pueden generar esperanza en nuestros corazones.
Esperanza, porque refleja un optimismo antropológico. Me explico: cuando nos llama a la conversión, lo hace ¡¡porque cree que es posible cambiar!! ¡¡Está en  nuestras manos!!

¡¡Seamos realistas!! ¡¡Nos hace falta la conversión!! ¡¡A todos!! ¡A mí, el primero! Y a cada uno de una manera diferente, pero, ¡nos hace falta!

Y el Tiempo de Adviento, nos dice que nos hace falta la conversión para poder vivir la Navidad de una manera diferente. Para vivir las fiestas navideñas como Dios quiere, nos es necesario hacer algunos cambios.

Si no nos convertimos, viviremos lo de siempre, como siempre, sin novedades. Y éste no es el dinamismo que Dios quiere. Para hacer una nueva experiencia en esta Navidad, para descubrir nuevas luces, para conseguir nuevos compromisos, nos es precisa ahora la conversión...

Frances Jordana


martes, 29 de noviembre de 2016

PARA ENTENDER EL AÑO LITURGICO



El Año Litúrgico puede decirse que se compone de tiempos “fuertes” (Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua) en los cuales se celebra un misterio concreto de la historia de la Salvación y otro tiempo llamado Tiempo Ordinario en el cual no se celebra ningún aspecto concreto sino más bien el mismo misterio de Cristo en su plenitud, especialmente en los domingos. Este Tiempo Ordinario transcurre partido y dura treinta y tres o treinta y cuatro semanas.



TIEMPO DE ADVIENTO: El año litúrgico comienza en las vísperas del primer domingo de Adviento, que es siempre el domingo más cercano al día 30 de noviembre, festividad de San Andrés. Dura cuatro semanas con sus respectivos domingos.


TIEMPO DE NAVIDAD: Abarca desde el veinticinco de diciembre hasta el domingo posterior a la Epifanía (6 de enero). Ese domingo celebramos el bautismo del Señor.
TIEMPO ORDINARIO: PRIMERA PARTE. Abarca desde el lunes posterior a la fiesta del Bautismo del Señor hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.


TIEMPO DE CUARESMA: La Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua de Cristo, es un tiempo claramente penitencial. "Actualmente, el cómputo matemático hace de nuestra Cuaresma un período de cuarenta y cuatro días, incluidos el miércoles de Ceniza y el Jueves Santo". Incluye cuarenta días de penitencia, excluyendo los cinco domingos de Cuaresma y el de Ramos (el domingo siempre es día festivo) y añadiendo los días del Viernes y Sábado Santo, ya en pleno Triduo Pascual. En sentido estricto, la Cuaresma abarca desde el miércoles de Ceniza hasta la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo (NUALC 29).


SEMANA SANTA: Es la semana que abarca desde el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Incluye al Triduo Pascual, que comienza con la Misa vespertina en la Cena del Señor, del Jueves Santo y se prolonga Viernes, Sábado Santo y el Domingo de Resurreción. Triduo del Señor muerto, enterrado y resucitado. Es un error muy extendido hoy día seguir llamando Domingo de Pasión al domingo anterior al de Ramos (V de Cuaresma) cuando hoy día el domingo de Pasión es el mismo del de Ramos ya que se denomina Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.


TIEMPO PASCUAL: Abarca los cincuenta días posteriores a Pascua de Resurrección (cincuentena pascual), incluyendo el domingo pascual, y se distinguen tres períodos:
v          Octava de Pascua: son los ocho días posteriores y deben considerarse como un solo día festivo. Termina en las Vísperas del II Domingo de Pascua.
v          Tiempo Pascual hasta la Ascensión
v           Tiempo Pascual después de la Ascensión.
El Domingo de Pentecostés, que se celebra a los cincuenta días de Pascua, es el colofón del ciclo pascual, no debe pues considerarse como una nueva Pascua.


TIEMPO ORDINARIO: (SEGUNDA PARTE). Abarca desde el lunes posterior a Pentecostés hasta las Vísperas del primer domingo de Adviento. El domingo anterior al primero de Adviento, último del Año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey.

Los días que no son domingos de cualquier tiempo se llaman ferias. Según la costumbre latina, el lunes recibe el nombre de "feria segunda" y así sucesivamente hasta la feria sexta (viernes). Recuérdese el nombre tan clásico y venerable de "feria V in CoenaDomini" al Jueves Santo y el de "feria VI in Passione Domini" al Viernes Santo. El sábado tiene su nombre propio heredado de los judíos (Sabbat que significa descanso). El dies domínica, (kyriaké emera) es el domingo, el día del Señor. Ese día fue el de la resurrección de Cristo. Así nos lo cuentan los evangelistas (Mateo 28.1-7; Marcos 16. 1-8; Lucas 24.1-12; Juan 20. 1-10). Es también ese día el elegido por Jesús Resucitado para aparecerse a sus discípulos en el camino de Emaús y en el Cenáculo. También al domingo se la ha llamado el “octavo día” por los Padres de la Iglesia, haciendo referencia al tiempo nuevo que abre la resurrección y en otro sentido se le ha llamado el “tercer día” si se mira desde la perspectiva de la Cruz. De los simbolismos expuestos considerarlo como primer día de la semana será el más importante.
Terminamos con las palabras que la Constitución Litúrgica del Vaticano II (S.C.) nos dice sobre el año litúrgico:
"La Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana en el día que llaman del Señor, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra, junto con su santa pasión, en la solemnidad de la Pascua. Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación.


En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo... Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los demás santos que, llegado a la perfección por la multiforme gracia de Dios, y habiendo ya alcanzado la salvación eterna, cantan la perfecta alabanza de Dios en el cielo e interceden por nosotros" (SC. 102, 103, 104).

Fuente: Caminando con Jesús


domingo, 27 de noviembre de 2016

¿¿LO VES O NO LO VES??



Con el primer domingo de Adviento empieza el año litúrgico. No deja de ser sorprendente que al empezar el tiempo litúrgico, los textos bíblicos nos hablen del final de los tiempos. En qué quedamos: ¿empezamos o acabamos? 

Hemos de entender una cosa, fundamental a mi parecer, si queremos entresacar la trama de todo ello: así como el nacimiento de un hijo es un punto de inflexión en la vida de una pareja, el nacimiento del Mesías es un punto de inflexión en la vida de la humanidad.

La irrupción de Dios en la historia de la humanidad hace que el tiempo no sea: “ir haciendo”, o “carpe diem”, el tiempo ya no es una suma indefinida de instantes, el tiempo ya no es rutina. La irrupción de Dios en la historia hace que el tiempo sea momento supremo, que sea gracia, porque Dios ha venido, continúa viniendo, y volverá a venir. Esto lo hace todo diferente: ¡Dios ha venido, continúa viniendo, y volverá a venir! Esto lo determina todo, lo condiciona todo... qué lejos ha de estar nuestro vivir del vivir de los paganos.
Por esto Jesús se expresa con palabras como: “Estad en vela”, “no sabéis qué día vendrá”, “estad  … preparados”. Quieren expresar la importancia del tiempo. Tu vida está en tus manos... ¿qué haces con ella?... ¿Qué estás haciendo con el tiempo que Dios te ha dado? Cuando marches y mires atrás ¿qué encontrarás? Jesús nos lanza un grito para despertarnos, porque la rutina tiene mucha fuerza. La rutina es el hábito de dejar de pensar. La rutina es la clave para que la vida pierda su sentido, su gracia, es como una manera de morir. La rutina es mortal...


Por esto el grito de Jesús...: “Estad en vela”, “Estad preparados”.

“Dios ha venido”, hablaremos de ello, más adelante, en la cuarta semana de adviento y durante la Navidad. Venida histórica.

“Dios vendrá”, lo hemos hablado al final del año litúrgico, por Todos los Santos, el día de difuntos. La parusía.

“Dios viene”, es un presente continuo, una acción que se realiza siempre, pero, que ahora queremos hacerlo especialmente presente. El nuestro es el Dios que viene.

Por esto, “estad en vela”, “no sabéis qué día vendrá”, “estad … preparados”. No hay tristeza mayor que no ver Dios en tu vida. ¿Lo vemos o no lo vemos? En personas, en acontecimientos, en el silencio de la oración, en las cruces, en los éxitos, en los que nos necesitan, en el Libro, en la eucaristía, en lo imprevisto,... ¡¡Él no para de venir!! De mil maneras.
¿Lo ves o no lo ves?... ¡¡Me atrevo a decir que ser cristiano es saber verlo!!

Con la encarnación, Dios que se ha hecho carne, Dios que ha entrado en la historia, ha hecho que todo pueda ser sagrado. Ha hecho que todo pueda ser vehículo para venir a nosotros, para darse a nosotros. ¡Todo!

Si no lo vemos tenemos un problema... Tendremos que limpiar las gafas que, quizás, están sucias (sacramento de la reconciliación, viernes nueve de diciembre), o no llevamos gafas  (no rezamos, o lo hacemos poco, sin ganas, de manera tan inconstante, que es como si no lo hicieramos), o las llevamos y están mal graduadas (nos hace falta hacer cambios serios en nuestra vida, estamos desenfocados).
Si no le vemos tenemos un problema, y lo que es peor, ¡¡la vida es triste!! En cambio, cuando lo ves, cuando sabes verlo ¡¡todo es diferente!! ¡Todo tiene otro color!


Hagamos ahora unos momentos de silencio y pidamos al Señor que nos ayude a verlo, a descubrirlo en nuestra vida.

Francesc Jordana