viernes, 2 de octubre de 2015

El ángel guardián

   El ángel guardián o custodio sí existe, no es una doctrina fantasiosa sino un compañero que Dios ha puesto a cada uno en el camino de la vida. 
   Las lecturas del día presentan dos imágenes: la del ángel y la del niño. Dios ha puesto a nuestro lado a un ángel para custodiarnos. Si alguno de nosotros creyera que puede caminar solo, se equivocaría tanto, que caería en esa equivocación tan fea que es la soberbia, o sea creer que se es grande, autosuficiente.
   Mientras Jesús enseña a los apóstoles que hay que ser como los niños. Los discípulos discutían acerca de quién era el más grande entre ellos: había una disputa interna… el afán de hacer carrera, ¡eh! Estos que son los primeros obispos tenían esa tentación de hacer carrera. ‘Eh, yo quiero llegar a ser más grande que tú…’.
   No es un buen ejemplo lo que hacían los primeros obispos, pero es la realidad. Y Jesús les enseña la verdadera actitud, la de los niños: la docilidad, la necesidad del consejo, la necesidad de la ayuda, porque el niño es, precisamente, el signo de la necesidad de ayuda, de docilidad para ir hacia adelante… Éste es el camino. No quien es más grande.
   Los que se acercan a la actitud de un niño están más cerca de la contemplación del Padre, porque escuchan con el corazón abierto y dócil al ángel custodio.
   Todos nosotros, según la tradición de la Iglesia, tenemos un ángel con nosotros, que nos custodia, nos hace sentir las cosas. Cuántas veces hemos escuchado: ‘Pero… esto… debería ser así, esto no va, debes estar atento…’: ¡tantas veces! Es la voz de nuestro compañero de viaje. Estar seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida con sus consejos, y por eso dar escucha a su voz, no rebelarnos … Porque la rebelión, las ganas de ser independiente, es una cosa que todos nosotros tenemos; es la soberbia, la que tuvo nuestro padre Adán en el Paraíso terrenal: la misma. No te rebeles: sigue sus consejos.
   Nadie camina solo y ninguno de nosotros debe pensar que está solo porque este compañero está siempre.
   Y cuando nosotros no queremos escuchar su consejo, escuchar su voz, es como decirle: ‘¡Pero, vete, vete!’. Echar al compañero del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso tenemos necesidad. Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es realidad. Lo que Jesús, lo que Dios, ha dicho: ‘Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques’”.
   Hoy, haría la pregunta: ¿cómo es mi relación con el ángel custodio? ¿Lo escucho? ¿Le digo buen día, a la mañana? ¿Le digo: ‘custódiame durante el sueño?’.¿Hablo con él? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. Esta pregunta podemos responderla hoy, cada uno de nosotros: ¿Cómo es mi relación con este ángel que el Señor ha enviado para custodiarme y acompañarme en el camino, y que ve siempre el rostro del Padre que está en los cielos?.
Papa Francisco, 2 octubre 2014

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