EJERCICIOS ESPIRITUALES

 CINCO SIGLOS DE DISCERNIMIENTO Y PSICOLOGÍA

De San Ignacio…

En el siglo XVI, un convertido de 30 años, Iñigo de Loyola, vasco, se consagra a la oración, a la penitencia y a la atención de los pobres y enfermos.
Dios le concede entonces grandes luces sobre el sentido de la creación, de la vida del hombre y sobre Cristo y su misión. De estas experiencias espirituales, Iñigo, que se llamará desde entonces Ignacio, va a sacar sus “Ejercicios Espirituales”
Los dará hasta la muerte a hombres deseosos de encontrar la voluntad de Dios sobre su vida.
… al P. Vallet

Hoy todavía, los jesuitas y numerosos sacerdotes proponen esta herencia irremplazable de espiritualidad y de psicología, para ofrecer paz, serenidad, esperanza y vigor espiritual.
Al comienzo del siglo XX, un universitario de Barcelona, Francisco de Paula Vallet, en plena crisis existencial busca silencio para reflexionar. Se va diez días para seguir los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: su conversión es profunda y siente la llamada a seguir a Cristo para instaurar su Reino.
Ya sacerdote, decide ayudar al mayor número posible de hombres a dar un sentido a su vida.
Propone a todos un acompañamiento de los Ejercicios en 5 días y funda los Cooperadores (1928)y las Cooperatrices(1943) Parroquiales de Cristo Rey (CPCR) para ayudarle en esta empresa.
¿Qué son los Ejercicios Espirituales?

«Los Ejercicios Espirituales son una fuerte experiencia de Dios, suscitada por la escucha de su Palabra, comprendida y acogida en la propia vida personal, bajo la acción del Espíritu Santo, que, en un clima de silencio, de oración, y con la mediación de un guía espiritual, ofrece capacidad de discernimiento para purificar el corazón, convertir la vida, seguir a Cristo y cumplir la propia misión en la Iglesia y en el mundo». Benedicto XVI.


Los Ejercicios espirituales de San Ignacio son el fruto de la experiencia espiritual de San Ignacio durante los diez meses de su permanencia en Manresa poco después de su conversión. Los estructuró en cuatro semanas para ser vividos durante un mes.


En ellos hace descubrir al ejercitante ante todo el sentido de su vida y la presencia del amor de Dios en ella. Después le hará hacer experiencia de la Misericordia infinita del Señor para con él, pecador. La vida de Cristo recorrida paso a paso hará el objeto de las restantes contemplaciones, mientras le hace pedir el conocimiento interno de Cristo para amarle más y seguirle mejor.


Concretamente…

Cada jornada se compone de cuatro tiempos de oración precedidos de una charla introductoria, dos por la mañana, dos por la tarde.
La Eucaristía cotidiana y la oración en comunidad completan los Ejercicios.

¿Por qué hacer los Ejercicios Espirituales?


“Es en el silencio de la oración en donde Dios me responde…”
Los beneficios de unos Ejercicios no dependen de nuestras propias fuerzas, sino ante todo de la acción del Espíritu de Dios.
Es la razón por la cual el silencio y la oración son inseparables de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.
El silencio preserva mejor el cara a cara del alma con su Creador cuando entra progresivamente en sí misma.   La oración apunta a que todo ejercitante se apropie verdaderamente de la Palabra de Dios que no se dirige a una multitud, sino a cada uno en particular, en el momento preciso de nuestra historia.
“No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el gustar de las cosas internamente…” San Ignacio de Loyola.

 
“No estoy solo…”
No llegamos solos a Dios.
Si los Ejercicios son un encuentro con Cristo, son al mismo tiempo un encuentro con la Iglesia por medio de la cual El desea revelársenos.
La oración cotidiana en comunidad, la gracia de los sacramentos (Eucaristía, Reconciliación) ofrecen al ejercitante una verdadera renovación espiritual.
La posibilidad de abrirse a un sacerdote es igualmente un fruto de la comunidad: vivido en la libertad y en la confianza, el acompañamiento individual es fuente de grandes liberaciones.
La sabiduría universal nos enseña que nadie es buen juez en causa propia. Esto es igualmente verdadero en el plan espiritual.

 “Si el ejercitante entra en los Ejercicios con un corazón generoso, si acoge todas las luces y gracias que el Señor no faltará de darle, si abre su alma al director de los Ejercicios, no cabe duda que hará una experiencia espiritual muy profunda. Al final de la Ejercicios podrá decir: El Señor me ha llamado por mi nombre y me ha colmado de su amor” P. Alfredo Droneau, CPCR

“Tenía que tomar distancia…”
¡Lo cotidiano nos puede!
Nos es difícil en efecto, en las múltiples solicitaciones diarias y el peso de las costumbres, discernir lo que en el fondo, es lo más importante en nuestras vidas. ¿Quién de nosotros no aspira a tomar aliento de vez en cuando, contemplar el camino recorrido,… y hacer un balance?
Pero, ¿bajo qué perspectiva puedo pensar el pasado con lucidez y decidir del futuro con confianza?
El punto de vista de Dios, que proyecta sobre cada uno de nosotros una mirada de amor y de esperanza.
Para esto basta sencillamente dar tiempo a Dios.   
Tiempo para que nos hable, tiempo para que le escuchemos… Es toda la razón de ser de unos Ejercicios Espirituales.
“Le llevaré al desierto y le hablaré al corazón…”