martes, 31 de mayo de 2016

EL HOMBRE Y EL SERMÓN DE LA MONTAÑA



Si un ángel, descendido hasta nosotros de un mundo superior, nos pidiese lo mejor y de más alto precio que tuviésemos en nuestras casas, la prueba de nuestra certidumbre, la obra maestra del espíritu en lo más alto de su poder, no le llevaríamos ante las grandes máquinas engrasadas, ante los prodigios mecánicos de los que estúpidamente nos envanecemos, siendo así que han hecho la vida más esclava, más afanosa, más corta; sino que le ofreceríamos el sermón de la montaña y, después, únicamente después, un centenar de páginas arrancadas de los poetas de todos los tiempos. Pero el sermón sería siempre el diamante único, refulgente en su limpio esplendor de luz deslumbrante.


Y si un día fuesen llamados los hombres ante un tribunal sobrehumano, en el que hubiesen de dar a los jueces cuenta de todos los errores cometidos y de toda la sangre salida de las venas de nuestros hermanos, y de todas las lágrimas vertidas  por los ojos de los hijos de los hombres y de nuestra dureza de corazón y de nuestra perfidia, que solamente con nuestra imbecilidad es comparable, no llevaríamos como atenuante, como compensación de tanto mal, como descargo de sesenta siglos de atroz historia, ni las razones de los filósofos, por sabias y bien hiladas que estén; ni llevaríamos las ciencias, sistemas efímeros de símbolos y recetas, ni llevaríamos nuestras leyes, turbias componendas entre la ferocidad y el miedo. No, mostraríamos como único atenuante de todas las acusaciones únicamente los pocos versículos del sermón de la montaña y los frutos que ha producido.

Porque el sermón de la montaña es el titulo más grande de la existencia de los hombres, la justificación de nuestro vivir, la patente de nuestra dignidad de seres provistos de alma, la prenda de que podemos elevarnos sobre nosotros mismos y ser más que hombres.
                                  

                                           Giovanni Papini (1981-1956)


lunes, 30 de mayo de 2016

DE PEQUEÑO CORRIA POR NUESTRA CASA....


Esta mañana, un joven sacerdote: Mossén Agustín Villalba celebró su primera Misa en nuestra capilla. En su homilía, recordaba cuando venía con sus padres a los retiros familiares en la antigua casa. 


Mientras los papas tenían las charlas y dinámicas, los niños tenía su catequesis y sus juegos. Lo pasaban muy bien, recuerda. 
Más tarde, con 16 años, el Señor comenzó a llamarle al sacerdocio, a través de la lectura de la vida de San Rafael Arnaiz, trapense. Y así, fue ordenado sacerdote Mn Agustín en octubre de 2015.

¡Fue una gozada participar en la primera Misa de este Mossén conocido desde niño!! La casulla que llevaba fue bordada por su hermana Mª José, carmelita.


Compartimos luego el almuerzo y le regalamos un "historiograma" del Padre Hernán Pereda, muy útil para las catequesis.


domingo, 29 de mayo de 2016

" DESPIDE A LA GENTE "

Queridos hermanos y hermanas,

Para los discípulos era un día como muchos de los que vivían con Jesús. Jesús había hablado del Reino de Dios, había curado a muchos, empezaba a hacerse tarde y los discípulos ya estaban cansados y dicen a Jesús: “Despide a la gente”. Ya estaban cansados de la gente, todo el día rodeados de gente, querían estar un poco tranquilos.


Su actitud es también un reflejo de la nuestra. Hoy en día pasa una cosa parecida: estamos rodeados de personas necesitadas  (vecinos, familiares, gente que llama a nuestras puertas, etc.) y rodeados de situaciones complejas que nos abruman (refugiados, cristianos perseguidos, las víctimas de desastres naturales, etc.).

Al final todo esto cansa, y podemos tener la tentación de los discípulos... “despídelos... que marchen... no los quiero ver más... ya estoy cansado...”

Si esto nos ocurre debemos pedir perdón: por los egoísmos, por las indiferencias, porque nos miramos el ombligo, y no les miramos a ellos.

Y aunque nos sintamos cansados, Jesús nos dice a nosotros, hoy, como dijo a los discípulos: “Dadles vosotros de comer”. “¡Dales tú de comer!”.



Jesús, en aquel momento, sabe perfectamente que  sus discípulos no pueden dar de comer a más de cinco mil personas. ¿Por qué se lo dice? Para que esta frase pase a la historia, y desde aquel día todo cristiano pueda sentir que Jesús mismo, le dice: “¡dales tú de comer!”. Jesús no quiere que nadie quede fuera, hay lugar para todos, ¡¡el pan es para todos!! ¿Somos generosos? ¿Hemos entrado en un camino de desprendimiento? ¿De compartir?

Y los discípulos ponen una excusa... “no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Ponen su pobreza como un pretexto para no responder a lo que la gente necesitaba. ¡No valen las excusas! ¡¡Aunque sea poco siempre se puede compartir!! Unos pocos bienes, cinco panes y dos peces, salen de la esfera de la posesión particular y entran en la esfera de los bienes a compartir, y se multiplican. No fijemos la mirada en nuestras pobrezas, sino en la abundancia del Padre de quien lo recibimos todo. ¡¡Él multiplicará!! No pongamos excusas. ¡¡Aunque sea poco, siempre se puede compartir!!

En el relato de los discípulos de Emaús, ellos reconocen a Jesús cuando parte el pan. Utilizando esta imagen podemos decir que sólo al partir el pan, nos podrán reconocer como seguidores suyos. Sólo cuando compartimos el pan, cuando lo partimos a favor de los demás, somos reconocidos como discípulos suyos. Somos familia en la fracción del pan. Llegamos a ser una familia cuando somos capaces de compartir, de partir el pan.

Todo esto se convierte inalcanzable si no nos alimentamos del pan de Dios, ¡Dios se ha hecho pan, se ha hecho alimento! ¡¡Qué gran misterio el que hoy celebramos!!
Todo esto se convierte inalcanzable si Dios que es amor no habita en nosotros.
Todo esto se convierte inalcanzable si no sentimos como nuestras las carencias de nuestros hermanos.
Todo esto se convierte inalcanzable si no abrimos las manos de una vez para siempre, sin miedos...


Todo esto se convierte imposible si no amamos la eucaristía como aquello que es: la presencia de Dios que quiere cambiar nuestra vida para que amemos cada dia mas. 

Francesc Jordana



sábado, 28 de mayo de 2016

SABER ESTAR

Aprendamos siempre a saber <<estar>> en todo lugar. El cristiano tiene que estar presente en todas las actividades humanas. Tenemos un excelente modelo en nuestra Madre, María.


Qué hace María en Caná de Galilea? Participa en una fiesta social. El cristiano es un hombre que vive en el mundo.
El hombre es social por naturaleza. El hecho de ser cristiano no lo aísla de la sociedad; vive en ella; tiene que relacionarse con los demás hombres. Cristo en la gran oración sacerdotal no pide que saque a los suyos del mundo, sino que se santifiquen en el mundo. 
María nos lo enseña a vivir en esta escena evangélica con discreción, naturalidad, sencillez. Una invitada más, sin insignia especial. Sin ser notada, pero actuando sin ruido.


No hay que apoyarse en nuestra condición de católicos para influir; hay que vivir discretamente nuestra vida sobrenatural para ser eficaces. María hace oración en medio del banquete:
<<No tienen vino>>. Una oración de ocasión, sin alardes, sin gestos llamativos.




viernes, 27 de mayo de 2016

LA ENVIDIA DEL DIABLO (PAPA FRANCISCO)



El Papa se preguntó cómo entran «las divisiones en la Iglesia». Y la respuesta fue una invitación a olvidar por el momento «esta gran división entre las Iglesias cristianas» e ir directamente, por ejemplo, a «nuestras parroquias». El problema, advirtió Francisco, es que «el diablo ha entrado en el mundo por envidia, dice la Biblia, ha sido la envidia del diablo la que hace entrar el pecado en el mundo». Así, «existe el egoísmo porque yo quiero ser más que el otro y muchas veces –diría que es casi habitual en nuestras comunidades, parroquias, instituciones, obispados– nos encontramos con divisiones fuertes que comienzan precisamente de los celos, la envidia, y esto lleva a murmurar uno del otro, se murmura tanto».

 Y refiriéndose a un modo de sentir difundido en las parroquias, «en mi tierra es muy común», el Papa confió: «Una vez oí decir algo en un barrio: ‘Yo no voy a la iglesia porque mira esta, va todas las mañanas a misa, recibe la comunión y después va murmurando de casa en casa: para ser cristiano así, prefiero no ir, como va esta chismosa’». Y prosiguió: «En mi tierra, a estas personas se las llama ‘cizañeras’: siembran cizaña, dividen, y las divisiones comienzan con la lengua por envidia, celos y también por cerrazón». Esa «cerrazón» que lleva a sentenciar: «No, la doctrina es esta, y bla, bla, bla».

Al respecto, el Papa recordó que el apóstol Santiago, en el tercer capítulo de su carta, dice: «Somos capaces de poner el freno en la boca al caballo. También una nave, con un pequeño timón, puede ser guiada, y nosotros, ¿no podemos dominar la lengua?». Porque la lengua, escribe Santiago, «es un miembro pequeño, pero se gloría de hacer grandes cosas». Y «es verdad», confirmó Francisco: la lengua «es capaz de destruir una familia, una comunidad, una sociedad; de sembrar odio y guerras, envidia». Y volvió a proponer las palabras de la oración de Jesús: «Padre, pido por los que creerán en mí, para que todos sea uno, como tú y yo». Pero «cuánta distancia» hay entre la oración de Jesús y la vida de «una comunidad cristiana que está habituada a murmurar». Y «por esto Jesús pide al Padre por nosotros».

De ahí la invitación a «pedir al Señor la gracia de que nos dé la fuerza para que en nuestras comunidades no haya estas cosas». Pero, sugirió el Pontífice, «Jesús nos dice cómo debemos ir adelante cuando no estamos de acuerdo o algo del otro no nos gusta: ‘¡Llámalo, habla!’». Y si tu interlocutor «no entiende o no quiere, llama a un testigo y haz que sea mediador». Jesús «nos enseñó» este estilo. Pero «es más cómodo murmurar y destruir la fama del otro».

Para hacer aún más concreta e intensa su meditación, Francisco contó un episodio de la vida de san Felipe Neri: «Una mujer fue a confesarse, y confesó que había murmurado». Pero «el santo, que era alegre, bueno y también de manga ancha, le dice: ‘Señora, como penitencia, antes de darle la absolución, vaya a su casa, agarre una gallina, desplume la gallina y después vaya por el barrio y siembre el barrio con las plumas de la gallina, y luego vuelva’». Al día siguiente, prosiguió Francisco su relato, «volvió la señora: ‘Hice eso, padre, ¿me da la absolución?’». Elocuente la respuesta de san Felipe Neri: «No, falta otra cosa, señora, vaya por el barrio y recoja todas las plumas», porque «murmurar es así: ensucia al otro». En efecto, añadió el Papa, «el que murmura, ensucia, destruye la fama, destruye la vida, y muchas veces sin motivo, contra la verdad».


Por eso «Jesús pidió por nosotros, por todos nosotros que estamos aquí, y por nuestras comunidades, por nuestras parroquias, por nuestras diócesis, ‘que sean uno’».
En conclusión, Francisco exhortó a pedir «al Señor que nos dé la gracia», porque «es tanta, tanta la fuerza del diablo, del pecado que nos impulsa a las divisiones, siempre». En efecto, es necesario dirigirse al Señor para que «nos dé la gracia, nos dé el don que realiza la unidad: el Espíritu Santo», prosiguió el Papa deseando «que nos dé este don que realiza la armonía, porque él es la armonía, la gloria en nuestras comunidades». Y que «nos dé la paz, pero con unidad».
Por eso «pedimos la gracia de la unidad para todos los cristianos, la gran gracia y la pequeña gracia de cada día para nuestras comunidades, nuestras familias».
Y también «la gracia de poner el freno en la lengua».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 20




jueves, 26 de mayo de 2016

ESCOGIENDO MI CRUZ

"Venid, no para rendir cuentas... No temáis al oir hablar del yugo, porque es suave; no temáis si hablo de carga, porque es ligera"
San Juan Crisóstomo
Homilías sobre San Mateo.



Cuentan que un hombre un día le dijo a Jesús:
- "Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en mi hombro, es muy pesada y muy grande para mi estatura".
Jesús amablemente le dijo:
- "Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti"
El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada que se le encajaba en el hombro y le lastimaba, buscó otra pero era muy grande y muy liviana y le hacía estorbo, tomó otra pero era de un material que raspaba, buscó otra, y otra, y otra.... hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo:
- "Señor, he encontrado la que más se adapta a mi, muchas gracias por el cambio que me permitiste".
Jesús le mira sonriendo y le dice:
- "No tienes nada que agradecer, has tomado exactamente la misma cruz que traías, tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida"


Muchas veces nos quejamos por las dificultades que hay en nuestra vida y hasta cuestionamos la voluntad de Dios, pero El permite lo que nos suceda porque es para nuestro bien y algo nos enseña a través de eso. Dios no nos da nada más grande de lo que no podamos soportar, y recordemos que después de la tormenta viene la calma y un día esplendoroso en el que vemos la Gloria de Dios.
Ánimo en los brazos de Jesús y María..




miércoles, 25 de mayo de 2016

LA URGENCIA Y EL FINAL DE LOS TIEMPOS (ESTRACTO)


Es muy fácil, y muy frecuente, desviar las palabras de Jesús hacia especulaciones falsamente teológicas, y así evitar su exigencia concreta. Estas parábolas de la urgencia a menudo se aplican al ámbito escatológico, es decir, al "final de los tiempos". Pero es un truco maligno, una trampa. A nadie nos interesa cómo ni cuándo será el fin de los tiempos. La urgencia es otra, mucho menos espectacular y mucho más apremiante.

La urgencia es que millones de hermanos míos se mueren hoy de hambre. La urgencia es que millones de niños son prostituidos. La urgencia es que millones personas no pueden creer en Abbá porque no ven nada de hermandad, ni han tenido nunca cariño.


La urgencia es que nosotros la iglesia nos preocupamos mucho más de nuestros ritos y nuestra ortodoxia que de la angustia de millones de hermanos. La urgencia es que en nosotros no ven el amor y la solidaridad, que no damos soluciones a los problemas del mundo, que nos preocupamos más de la integridad de la liturgia que de dar soluciones a los separados, nos preocupamos más de asegurar nuestras inversiones que de dar de comer al hambriento, dedicamos más tiempo a la especulación ortodoxa que a la explotación de los miserables.
La urgencia es que, por todo eso y mucho más, no creen en nosotros la iglesia, y no pueden creer en el mensaje de Jesús: que Dios les quiere. La urgencia es que va para nosotros la frase terrible de Jesús a los escribas y fariseos "ay de vosotros que ni entráis ni dejáis entrar".


Hay muchas personas, seguidores de Jesús, que por todo el mundo hacen presente el amor del Padre trabajando heroicamente por sus hijos. Pero entre nosotros, la magnífica Iglesia del primer mundo, somos más los que dormimos, con las lámparas apagadas. Y ésa es nuestra propia y personal urgencia. Nosotros nos estamos perdiendo la Fiesta, nosotros no esperamos al Novio, nosotros tenemos poco que ver con el Reino. Esa es nuestra urgencia personal. Como buscamos ante todo nuestra vida, la estamos echando a perder.


José Enrique Galarreta. Fuente: Fe adulta



martes, 24 de mayo de 2016

NO HAGAS ESPERAR A JESÚS


Seguir a Jesús exige entrega, compromiso, perseverancia y sobre todo, fidelidad… el camino hacia Jesús es el camino de la fe y de la confianza. Este camino hay que recorrerlo con la seguridad de que, aunque Él envíe pruebas amargas, su Voluntad ha planeado solo lo mejor para nosotros… Podemos tener la certeza de que Jesús, por encima de todo, quiere nuestra salvación.
Para seguir a Jesús necesitamos transformar nuestras actitudes, convertirnos… Conversión, contrario a la idea de algunos, no significa creer en Dios, “También los demonios lo creen y tiemblan”, nos dice Santiago (2, 19). Conversión significa volver el corazón a Dios y poner todo nuestro empeño para vivir como Él espera que vivamos. Seguir a Jesús es amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas… es hacernos sus testigos, y como los Apóstoles, llevarlo a quienes aún no le conocen.

Hace unos días conversaba con un amigo muy querido sobre la necesidad de testimonios en nuestra Iglesia. Decía mi amigo que algo debíamos reconocer de nuestros hermanos protestantes, con solo una chispa del Espíritu Santo, se afanan por difundir la Palabra de Dios: viven evangelizando. Sin embargo, nosotros los católicos, con toda la llama, no somos capaces siquiera de reavivar el fuego en nuestros corazones.
La falta de testimonios no representa una falta de conversiones, más bien señala el miedo a mostrar públicamente lo que se siente profundamente en el corazón. 
Durante este último año he visto con alegría y admiración como mi esposa emprendió su viaje de descubrimiento al catolicismo. Nacida luterana y criada en la iglesia Asamblea de Dios, sentía que le faltaba “algo”. Ella nunca se apartó de Dios, sino que se dejó guiar por Él en una búsqueda de muchos años y que finalmente la trajo a las puertas de la única Iglesia fundada por Cristo sobre Pedro y los Apóstoles: la Iglesia Católica. Lo más hermoso es que María Santísima es quien le ha ayudado a comprender el inmenso amor que Dios le tiene… ¡La Virgen María siempre nos guía hacia Jesús!

Como en toda religión, hay católicos que nunca se han preocupado por conocer sobre la riqueza teológica de su Iglesia y algunos se han dejado seducir por las promesas de una salvación fácil y colectiva. Son estos quienes luego reclaman conocer nuestra Fe y difunden errores que laceran nuestra Iglesia.
Como católicos, necesitamos abrirnos a Jesús y convertirnos en sus testigos… Jesús nos llama a la santidad cuando nos dice, “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48)… Aspiremos a la santidad y demos testimonio de su amor con nuestras palabras… con nuestras actitudes… y con nuestras acciones… Demos testimonio en nuestras familias… a nuestros amigos… y en nuestros trabajos… Veremos nuestra vida transformarse con la fuerza del Espíritu Santo…

Puedes estar seguro que Jesús también se ha fijado en ti y te está llamando en este momento… no importa quien seas… no importa tu edad… no importa tu condición de salud o enfermedad… si eres justo o pecador… Él te llama ahora, como lo ha hecho cada día de tu vida… Solamente espera por ti…


lunes, 23 de mayo de 2016

RETIRO EN NUESTRA CASA

ESTE DOMINGO PASADO HEMOS TENIDO LA ALEGRÍA DE ACOGER EN NUESTRA CASA, A UN GRUPO DE FIELES, PERTENECIENTES A LOS  CARISMATICOS  DE LA PARROQUIA DEL SAGRAT COR DE SABADELL, QUE SE DESPLAZARON HASTA CALDES PARA CELEBRAR UN RETIRO.

                                                                          SESIÓN DE TRABAJO

 
                                             DISFRUTANDO DEL AIRE LIBRE EN NUESTRO JARDÍN


LOS NIÑOS NOS LLENARON DE ALEGRÍA LA CASA 

UNA ORACIÓN PARA QUE EL RETIRO DE MUCHOS FRUTOS

DESPUÉS DE ALIMENTAR EL ESPÍRITU, TOCABA ALIMENTAR EL CUERPO



HA SIDO UN VERDADERO PLACER TENEROS ENTRE NOSOTROS, Y ESPERAMOS VEROS DE NUEVO EN ESTA VUESTRA CASA.

¡¡¡HASTA PRONTO¡¡¡


domingo, 22 de mayo de 2016

SE HAN REÍDO DE TI POR VENIR A CATEQUESIS??


Queridos hijos e hijas de Dios,

En esta sociedad tan descreída, seguro que en algún momento, hemos mirado nuestra propia fe, desde una cierta distancia, y casi seguro, que provoca en nosotros una cierta sorpresa: ¿cómo es que tengo fe? ¿cómo es que creo en Dios? ¿en esta sociedad que parece lejos de Dios, cómo es que yo me siento tan cerca? Cuando nos observamos a nosotros mismos desde una cierta distancia, podemos pensar: ¡qué curioso que crea en Dios!

Tiene un cierto punto curioso, poético, pero, no podemos olvidar que nuestro creer tiene una fuerte fundamentación: Dios se ha revelado. Nosotros no creemos en un Dios escondido detrás de una galaxia, creemos en un Dios que se ha revelado. Un Dios que se ha revelado trinitariamente. Un Dios que nos ha sido revelado por Jesucristo. Él nos habla de su Padre. Él se presenta como el Hijo, y nos promete el Espíritu Santo que habitará en nuestros corazones... La Santísima Trinidad, un solo Dios, tres personas divinas.

La Solemnidad de la Santísima Trinidad es como un resumen (recapitulación) del misterio pascual que hemos celebrado: muerte y resurrección de Cristo, ascensión a la derecha del Padre y efusión del Espíritu Santo.  


   
En esta sociedad tan descreída, el hecho religioso, tener fe, creer en Dios, es demasiadas veces atacado. Hace poco les pregunté a los niños de comunión, primero y segundo, si ¿se les habían reído por el hecho de venir a catequesis? Respuesta casi generalizada: Sí. Y les pregunté qué les decían. Las respuestas a mí y a las catequistas nos dejaron muy sorprendidos, cito textualmente:

•    Los que creen en Dios son tontos
•    Creer en Dios es para los que están mal de la cabeza
•    Jesús no existe
•    La catequesis es una m… (lo dijeron cuatro)
•    Ir a catequesis es perder el tiempo, este rollo lo hacen para tener dinero
•    Todo esto de la resurrección es una m…
•    Ir a catequesis es un timo total
•    Los sacerdotes sólo dicen mentiras (profe)
•    La catequesis es perder el tiempo
•    Es imposible resucitar

¡¡Qué virulencia!! ¡Qué sociedad tan poco respetuosa con el hecho religioso! Ante esto, elaboré para los niños un catecismo de preguntas y respuestas que tenían que aprender y, así, pudiesen dialogar con los otros niños. Me parece que nos pueden ayudar a iluminar la cuestión de Dios, las siete primeras preguntas eran sobre Dios:

1.   ¿Podemos demostrar científicamente que Dios existe?
             
      ¡¡No!! No podemos demostrar científicamente que Dios existe.

2.   ¿Por qué no podemos demostrar científicamente que Dios existe?

      Porque Dios no es una cosa material que se pueda analizar en un laboratorio.

3.   ¿Sólo podemos creer aquellas cosas que se pueden analizar en un laboratorio?

      ¡¡No!! El amor, la libertad, la justicia, tampoco se pueden analizar en un laboratorio y creemos en ellas.

4.   ¿Se puede creer una cosa que nadie la ha visto nunca?

      ¡¡Sí!! El viento tampoco lo vemos, y sabemos que existe. Dios es como el viento, lo notamos, pero, no lo vemos.

7.   ¿Creer en Dios es de tontos?

      ¡¡No!! Hay personas muy inteligentes que creen que Dios existe. Por ejemplo, más de setenta premios Nobel de física, química, medicina, Nobel de la paz, y de literatura.
        
      También hay miles de profesores universitarios y catedráticos que creen en Dios.

5.   ¿Podemos mostrar que Dios existe?
      ¡¡Sí!! Podemos mostrar que Dios existe. Podemos mostrar que  su existencia es razonable.


 6.   ¿Cómo podemos mostrar que Dios existe?

      Dos caminos: 1. La razón nos dice que todas las cosas tienen un inicio. Antes del Big-Bang no había nada. Y de la nada no sale nada. Dios creó y provocó el Big-Bang. 2. Dios se  reveló en el Antiguo Testamento, y llegada la plenitud de los tiempos lo hizo plenamente en la persona de Jesús.

Pienso que a todos nos hace bien recordar estas nociones básicas que nos permiten dialogar con el mundo. Que necesita de Dios, aunque muchas veces no se dé cuenta.

Jesús nos revela la trinidad, y sólo desde Jesús,  viendo como se relaciona con el Padre y escuchando lo que dice del Espíritu Santo, podemos llegar a tener una espiritualidad trinitaria.

P. Francesc Jordana







sábado, 21 de mayo de 2016

LETANÍAS, UN PIROPO A LA VIRGEN


De todos es sabida la primordial importancia que tiene en orden a conseguir la salvación eterna, el rezo diario del Santo Rosario. La Santísima Virgen prometió a Santo Domingo de Guzmán y a otros santos la salvación a quien rece el Rosario diariamente. Si algún día por motivos de trabajo, cansancio o enfermedad no podemos rezarlo entero la Virgen valorará si al menos le ofrecemos un misterio, que será para ellas una decena de rosas, perfumadas con nuestro esfuerzo.
En esta excelsa oración pedimos a la Santísima Virgen que ruegue por nosotros 50 veces, en el momento presente y sobre todo en el momento de la muerte. La Virgen atenderá esta súplica cuando llegue el momento como Madre amorosísima que es.

Pero además de las Avemarías son también especialmente importantes las invocaciones de las Letanías. Cada una de ellos es como un piropo a la Virgen. Cuando nos dirigimos a Ella como “Santa Madre de Dios”, “Madre de la Divina Gracia”, “Santa Virgen de las Vírgenes”, “Madre Purísima”, “Virgen prudentísima”, “Puerta del Cielo”, “Casa de Oro”, “Trono de la Sabiduría” o “Refugio de pecadores” etc…podemos estar seguros de que la hacemos muy feliz en ese momento.

La Virgen se complace en estos piropos no por sí misma sino porque estas facetas que ensalzamos en las letanías son gracias que ha recibido de Dios. También de paso el rezar las letanías a diario tiene una función contemplativa, pues vamos meditando en los grandísimos dones con los que ha colmado el Altísimo a su Madre. Todo ello nos envuelve en una atmósfera mariana de pureza y de fervor que nos aparta del pecado y nos hace, dentro de nuestra pobreza, ser imitadores de María.
Además a cada invocación sigue la súplica “ruega por nosotros”. La Virgen ruega a Dios por nosotros tantas veces cómo lo pidamos. La única oración que se pierde es la que no se hace. Y dado que Dios concede todo lo que su Madre le pide, esa será la mejor forma de obtener todas las gracias que necesitamos durante la vida. Y también nos aseguraremos la intervención decisiva de nuestra Madre para garantizar nuestra salvación eterna. Ella nunca olvidará a quienes la han amado y honrado.


Así pues, recemos diariamente el Santo Rosario y un día, cuando seamos inmensamente felices en las mansiones celestiales nos felicitaremos por haberlo rezado muchas veces, incluso aunque muchos días no nos apeteciera. Nunca un pequeño sacrificio de 20 minutos más o menos habrá sido tan rentable, pues nos conseguirá una eternidad de alegría sin fin. Si lo rezamos en familia tiene mucho más valor aún y si lo hacemos con la intención sincera de no pecar más obtenemos la indulgencia plenaria.

Fuente: " En Cristo y María"   Autor: Rafaél María Molina Sánchez







viernes, 20 de mayo de 2016

ESPÍRITU SANTO, PRISIONERO DE LUJO


Un perfecto desconocido o incluso «un prisionero de lujo»: esto es el Espíritu Santo para los muchos cristianos que desconocen que es él quien «mueve a la Iglesia», llevándonos a Jesús, haciéndonos «reales» y «no virtuales». El aliento a reflexionar sobre el papel central que tiene el Espíritu Santo en la vida de los creyentes, precisamente en la semana anterior a Pentecostés, fue el tema de la homilía del Papa Francisco en la misa del lunes 9 de mayo, por la mañana, en Santa Marta.

Al inicio de la celebración el Papa, indicando la imagen de santa Luisa de Marillac ubicada junto al altar, recordó su memoria litúrgica. Y es la primera vez que se celebra en esta fecha: desde la canonización, en 1934, hasta hoy se celebraba el 15 de marzo. Además, es hoy el aniversario de su beatificación, celebrada el 9 de mayo de 1920. Una jornada particularmente importante, explicó el Pontífice, porque Luisa de Marillac es la fundadora de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, «las hermanas que trabajan y llevan adelante» la Casa Santa Marta. Por ello, dijo Francisco, «ofreceré la misa por las hermanas de la casa».
Para la homilía, el Papa se inspiró en el pasaje tomado de los Hechos de los apóstoles (19, 1-8). Pablo encuentra en Éfeso a algunos discípulos que creían en Jesús y les pregunta: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?». Y ellos, después de mirarse un poco asombrados, le respondieron: «Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el Espíritu Santo».

Pablo retoma inmediatamente el diálogo preguntando qué bautismo habían recibido, a lo que los discípulos dijeron: «El bautismo de Juan». Así, Pablo les explica que «ese era un bautismo de penitencia, de preparación». Escuchando a Pablo, los discípulos de Éfeso «se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús». Así, pues, explicó el Papa, «es un camino: el camino de conversión, pero faltaba el bautismo y luego la imposición de las manos, para que viniera el Espíritu Santo».


«También hoy sucede lo mismo» afirmó el Pontífice. «La mayor parte de los cristianos» sabe poco o nada sobre el Espíritu Santo, así que pueden hacer propia la respuesta de los discípulos de Éfeso a Pablo: «No hemos oído decir siquiera que exista el Espíritu Santo». Y si preguntamos a muchas buenas personas: «¿quién es el Espíritu Santo para ti?» y «¿qué hace y dónde está el Espíritu Santo?», la única respuesta será que es «la tercera persona de la Trinidad». Exactamente como lo aprendieron en el catecismo. Pero si le preguntas: «¿qué hace?», te responden que «está allí». Y «allí se quedan nuestros cristianos».

«El Espíritu Santo —explicó Francisco— es el que mueve la Iglesia; quien trabaja en la Iglesia, en nuestro corazón; es quien hace de cada cristiano una persona distinta de la otra, pero de todos juntos hace la unidad».
Al inicio de la misa, recordó el Pontífice, en la antífona de entrada se dijo: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y hasta los confines del mundo». He aquí que «el Espíritu Santo es quien nos mueve para alabar a Dios, nos impulsa a rezar: “Ora, en nosotros”». El Espíritu Santo «es quien está en nosotros y nos enseña a mirar al Padre y decirle: “Padre”». Y, así, «nos libera de esa condición de huérfano a la que el espíritu del mundo quiere llevarnos». Por todas estas razones, explicó, el Espíritu Santo «es tan importante: es el protagonista de la Iglesia viva: es quien trabaja en la Iglesia».
Y el Pontífice alertó acerca de un peligro: «Cuando no estamos a la altura de esta misión del Espíritu Santo y no lo recibimos así», se acaba por «reducir la fe a una moral, a una ética». Y se piensa que cumplir con todos los mandamientos sea suficiente, «pero nada más». Y, así, nos decimos: «esto se puede hacer, esto no se puede hacer; hasta aquí sí, hasta allí no», cayendo en la «casuística» y en «una moral fría». Pero, recordó el Papa, «la vida cristiana no es una ética: es un encuentro con Jesucristo». Y «quien me conduce a este encuentro con Jesucristo» es el Espíritu Santo.

De este modo, «tenemos en el corazón al Espíritu Santo como un “prisionero de lujo”: no permitimos que nos impulse, no dejamos que nos mueva». Sin embargo, «lo hace todo, lo sabe todo, sabe recordarnos lo que dijo Jesús, sabe explicarnos las cosas de Jesús». Hay sólo una cosa que «el Espíritu Santo no sabe hacer: cristianos de salón. ¡Esto no lo sabe hacer! No sabe hacer “cristianos virtuales”, no virtuosos». Al contrario, «hace cristianos reales: él toma la vida real así como es». Por esto «es el gran “prisionero de nuestro corazón” y nosotros decimos que es la tercera persona de la Trinidad y acabamos allí.

«Esta semana —sugirió Francisco— nos hará bien reflexionar acerca de lo que hace el Espíritu Santo en nuestra vida». Para ayudar en este examen de conciencia el Pontífice propuso algunas preguntas: «¿Me ha enseñado el camino de la libertad? ¿Lo he aprendido de él? ¿Cuál libertad? El Espíritu Santo, que está en mí, me impulsa a salir: ¿tengo miedo? ¿Cómo es mi valentía, la que me da el Espíritu Santo, para salir de mí mismo, para testimoniar a Jesús? ¿Cómo es mi paciencia en las pruebas? Porque también la paciencia la da el Espíritu Santo».


Precisamente «en esta semana de preparación para la solemnidad de Pentecostés», el Papa invitó a los cristianos a preguntarse si de verdad creen en el Espíritu Santo o si para ellos es sólo «una palabra». Y «tratemos —exhortó— de hablar con él y decir: “Yo sé que tú estás en mi corazón, que tú estás en el corazón de la Iglesia, que tú llevas adelante la Iglesia, que tú construyes la unidad entre todos nosotros, siendo diversos todos nosotros, en la diversidad de todos nosotros».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española 




jueves, 19 de mayo de 2016

TEMPORADA BBC (BODAS,BAUTIZOS,COMUNIONES)



Solo Dios sabe lo que se cuece en lo más profundo de nuestro corazón y por eso mismo, dejándole a Él ese conocimiento, no dejo de sorprenderme de la capacidad que tiene el ser humano de hacer difícil lo fácil y de andar centrando la preocupación en lo que no es lo principal.
Vamos a celebrar, en cualquiera de los tres eventos, un sacramento, donde lo principal es la fe; lo celebramos en el templo, en comunidad, en torno a la Eucaristía, escuchando la Palabra, orando, agradeciendo… Viviendo con alegría ser hija de Dios y celebrar, ante él, que llega un nuevo miembro a la comunidad eclesial, que alguien quiere ser más amiga o amigo de Jesús, que una pareja se compromete ante Dios…



Y luego viene todo lo demás… que no digo yo que no sea importante pero no es lo fundamental: ni los vestidos, ni las joyas, ni el banquete, ni los regalos… Y es aquí donde más nos ocupamos y preocupamos. Y no solo quienes son los protagonistas del día sino quienes acompañan… He oído resoplidos de gente que había sido invitada a una Primera Comunión, a gente que tenía que ir a una boda familiar y a quien había sido escogido como padrino no por su fe sino por su parentesco… Y luego quienes resoplan por los derroches en banquetes, regalos y vestidos a los que nos arrastra esta sociedad en la que vivimos.


Como lo de ser cristiana es ir contracorriente, yo (nosotros), en las celebraciones que hemos organizado en nuestra familia, me siento así, contracorriente. Este año celebramos una Primera Comunión en la familia y oír a nuestro peque decir cómo está (“nervioso y contento porque voy a tomar el pan de Jesús y así ser más amigo suyo y eso es un paso muy importante”) me hace sentir que sabe que vamos a celebrar lo importante. Celebraremos lo que vivimos, viviremos lo que celebramos.

Cristina Plaza (Publicado en Fe adulta)


miércoles, 18 de mayo de 2016

BABEL Y PENTECOSTÉS EXISTEN HOY

   La próxima Solemnidad de Pentecostés nos lleva a reflexionar en la fuerza del Espíritu para lograr la unión íntima y fraterna entre muchos, provenientes de muy diversos orígenes. Con frecuencia, para aclarar el sentido de esta unión en la iglesia, se recurre a la contraposición entre los constructores de la Torre de Babel y los humildes discípulos de Jesús en Jerusalén.
   Por lo que se refiere a los constructores de la Torre de Babel, el autor sagrado les atribuye la soberbia pretensión de «… edificar una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo», sin encubrir su propósito de «hacernos famosos».
   Dejando aparte los detalles arcaicos de este relato bíblico, notemos las actitudes de fondo que se repiten en situaciones diversas a lo largo de la historia. Una lectura pausada de estos textos nos permite percibir la oposición más o menos explícita entre el orgullo prepotente de quienes pretenden usurpar a Dios su poder universal, maquinando proyectos gigantescos y suntuosos, y los sencillos de corazón que  se someten al mandato divino, de aceptar con gozo el ser hijos amados y sumisos de Dios. En uno y otro caso se trata de una actitud en contra o a favor de la imagen de Dios como Padre, que quiere reflejarse y prolongarse en su hijos, amantes y cuidadosos de la vida.
    La revelación de Dios como Padre de todos, es el núcleo de la doctrina y del testimonio amoroso de Cristo. Sus primeras palabras recogidas en los Evangelios, cuando tenía 12 años, ya revelan su ejemplar veneración y filial sometimiento: «¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» (Lc 2, 50). Y a lo largo de todas sus enseñanzas nos va describiendo la ternura, la protección, el premio que su Padre tiene para todos nosotros.


    Centrándonos en las desviaciones que inciden más directamente en las actitudes de división o de unión, que corresponde a esta Alianza de Amor, notemos cómo Cristo se manifiesta como hermano de todos, superando estrechas categorías familiares: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.» (Lc 8, 21). Esta fraternidad universal se manifiesta más aún en los relatos de la apariciones, después de su resurrección. Benedicto XVI trató de esto en la homilía de la fiesta de Pentecostés del año pasado: “El relato de Pentecostés en el libro de los Hechos de los Apóstoles -lo hemos escuchado en la primera lectura (cf Hch 2,1-11) presenta el “nuevo rumbo” de la obra de Dios iniciada con la resurrección de Cristo, obra que implica al hombre, a la historia y al cosmos. Del Hijo de Dios muerto y resucitado y vuelto al Padre espira ahora sobre la humanidad, con inédita energía, el soplo divino, el Espíritu Santo. ¿Y qué produce esta nueva y potente auto-comunicación de Dios? Donde hay laceraciones y alienación, crea unidad y comprensión. Se desencadena un proceso de reunificación entre las partes de la familia humana, dividida y dispersa; las personas, a menudo reducidas a individuos en competición o en conflicto entre ellos, alcanzadas por el Espíritu de Cristo, se abren a la experiencia de la comunión, que puede implicarlas hasta el punto de hacer de ellas un nuevo organismo, un nuevo sujeto: la Iglesia. Éste es el efecto de la obra de Dios: la unidad; por eso la unidad es la señal de reconocimiento, el “tarjeta de visita” de la Iglesia a lo largo de su historia universal.”

   Este don que el Señor hizo a toda la humanidad en Pentecostés necesita ser acogido, agradecido, comunicado. Desde entonces vamos recibiendo luces y fuerzas que son consecuencia de la “donación” del Espíritu Santo que se nos comunicó en el Bautismo, y que se va repitiendo en la medida en que somos conscientes de su actuación en nosotros a través de sus Dones y de sus Frutos que debemos constatar y agradecer. Quizá sería bueno agradecerlos conscientemente cuando recemos esa doxología tan común y al mismo tiempo tan excelsa del “Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo”.


    El título que encabeza estas líneas hace referencia a la actualidad, no solo de Pentecostés, sino también de Babel. Y es que nuestro bautismo, nuestra incorporación a la Iglesia no nos hace inmunes a las pretensiones ni a los rechazos de los constructores de la torre, a que nos referíamos al principio. El agradecimiento al don de la Unión espiritual que nos otorga el Señor debe ir acompañado de la humilde petición para “no caer en la tentación”. Benedicto XVI, en la misma homilía citada más arriba lo dice de manera muy clara: “Hemos observado anteriormente que la llama del Espíritu Santo arde pero no quema. Y sin embargo obra una transformación, y por eso debe consumir algo en el hombre, las escorias que lo corrompen y le obstaculizan en sus relaciones con Dios y con el prójimo. Este efecto del fuego divino sin embargo nos asusta, tenemos miedo de “quemarnos”, preferimos quedarnos como estamos. Esto es porque muchas veces nuestra vida está configurada según la lógica del tener, del poseer y no del darse. Muchas personas creen en Dios y admiran la figura de Jesucristo, pero cuando se les pide perder algo de sí mismos, entonces se echan atrás, tienen miedo de las exigencias de la fe. Es el miedo a tener que renunciar a algo bueno, en el que somos atacados, el miedo a que seguir a Cristo nos prive de la libertad, de ciertas experiencias, de una parte de nosotros mismos. Por una parte queremos estar con Jesús, seguirlo de cerca, y por otra tenemos miedo de las consecuencias que eso comporta. Queridos hermanos y hermanas, siempre necesitamos oír decir del Señor Jesús lo que a menudo les repetía a sus amigos: “No tengáis miedo”.
    Algún lector se preguntará: “y los fenómenos contrapuestos de las lenguas en uno y otro caso, ¿son también actuales?”. Pues sí, y muy actuales. Por una parte está la unidad de entendimiento y respuesta que suscita el Espíritu santo en sus fieles, y por otra la descarada falsificación de las palabras y de los conceptos más importantes para la convivencia que, en aras del demoledor relativismo reinante, se quiere imponer no solo en los medios de comunicación social, sino incluso en los primeros años de la infancia, con unos proyectos de educación aberrantes.
   No tengamos miedo de “quemarnos”,  de entregarnos al Señor para una unidad más y más perfecta, con un asentimiento filial a las palabras de Dios. Llegaremos así a la donación tan deseada del  “que todos sean Uno como Tú y Yo somos uno” (Jn 17, 21)

      Hno Enrique Berenguer, cpcr