sábado, 30 de abril de 2016

MARÍA, LLÉVAME TRAS DE TI


Llévame tras de ti, ¡oh Virgen María!, para que yo corra al olor de tus perfumes. Llévame, por que estoy atado por el peso de mis pecados y la malicia de mis enemigos.

¡Oh María!, con tus santas oraciones, Tú enseñas la verdadera sabiduría, Tú alcanzas la gracia a los pecadores;  Tú eres su abogada,  Tú prometes la gloria a quién te honra, por que eres la tesorera de las gracias.

Tú encontraste gracia ante los ojos del Señor,                       
¡oh dulcísima  Virgen!;  Tú, que fuiste preservada de la mancha original; Tú que estabas llena del Espíritu Santo y que concebiste al hijo de Dios.
¡Oh humilde María!, no has recibido todas estas gracias solamente para ti, sino también para nosotros, para que nos asistas en todas nuestras necesidades.

R. Jordan


viernes, 29 de abril de 2016

CUANDO UN HOMBRE SE VE POR LOS SUELOS



«Levántate»: es la invitación que el Señor le hace a Saulo, caído en tierra en el camino hacia Damasco, y a Ananías, enviado a bautizar al perseguidor convertido. 

«Levántate y vete», dijo el Papa, es una invitación también para cada uno de nosotros, porque un cristiano «debe estar de pie y con la cabeza erguida», mientras que «un hombre con el corazón cerrado es un hombre que está por los suelos». Con una meditación sobre el pasaje bíblico de la conversión de Saulo, tomado de los Hechos de los apóstoles (9, 1-20), en la misa celebrada en Santa Marta el viernes 15 de abril Francisco volvió a hablar de la importancia de la docilidad a la acción del Espíritu Santo y a reflexionar «sobre la actitud de las personas que tienen el corazón cerrado, el corazón duro, el corazón soberbio».

La liturgia del jueves 14 había puesto de relieve «cómo tanto el apóstol Felipe como el ministro de la reina tenían un corazón abierto a la voz del Espíritu». El viernes de la tercera semana de Pascua, en cambio, nos invita a confrontarnos con la historia de Saulo, «historia de un hombre que deja que Dios le cambie el corazón: la transformación de un hombre de corazón cerrado, duro, torcido, en un hombre de corazón dócil al Espíritu Santo».

Saulo, explicó el Pontífice, «estuvo presente en el martirio de Esteban» y «estuvo de acuerdo». Era «un hombre joven, fuerte, valiente, celoso de su fe, pero con el corazón cerrado»: en efecto, no sólo «no quería escuchar hablar de Jesucristo» sino que fue más allá y comenzó «a perseguir a los cristianos». Por ello, seguro de sí mismo, pidió el permiso para «hacer lo mismo» en Damasco.
Mientras iba de camino, continuó el Papa resumiendo el episodio, «de repente le rodeó una luz venida del cielo», y «al caer en tierra oyó una voz». Precisamente él, «Saulo el fuerte, el seguro, estaba caído por tierra», mostrando así a todos «la imagen de un hombre con el corazón cerrado», o bien «un hombre caído en tierra». Y allí en lo bajo, continuó Francisco, él «comprende su verdad; comprende que no era un hombre como lo quería Dios, porque Dios nos ha creado, a todos nosotros, para estar de pie, con la cabeza erguida».

Ante esta situación el Señor pronuncia «una palabra clave, la misma que había dicho a Felipe para darle la misión de ir al encuentro del prosélito etíope: “¡Tú, levántate y ponte en camino!”. No sólo, también a Saulo, hombre seguro, que lo sabía todo, se le dice: «Entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer». Como si se le dijese: «Tú aún debes aprender». Una humillación. Y no era todo.
Al levantarse, Saulo «se dio cuenta de que estaba ciego» y es así que «se dejó llevar de la mano». Precisamente aquí, acotó el Papa, «el corazón comenzó a abrirse», obligado a ser llevado de la mano hacia Damasco. «Este hombre había caído en tierra» y «comprendió inmediatamente que tenía que aceptar esta humillación». Al respecto el Pontífice explicó que «la humillación» es «precisamente el camino para abrir el corazón». En efecto, «cuando el Señor nos envía humillaciones o permite que lleguen las humillaciones, es precisamente para esto: para que se abra el corazón, para que sea dócil» y «se convierta al Señor Jesús».

El relato se desplaza luego a la figura de Ananías. También a él el Señor le dice: «Levántate y vete... Vete». Así, el discípulo «fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: “Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús.... para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo”». Una frase que contiene un detalle fundamental: «el protagonista de estas historias —hizo notar Francisco— no son ni los doctores de la Ley, ni Esteban, ni Felipe, ni el eunuco, ni Saulo... es el Espíritu Santo. Protagonista de la Iglesia es el Espíritu Santo que conduce el pueblo de Dios».
En este punto, en los Hechos de los apóstoles se lee que a Saúl le «cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado»: su «dureza de corazón», con el paso de la humillación, se había convertido en «docilidad al Espíritu Santo». Él, «que se creía ser quien tenía la verdad y perseguía a los cristianos, recibe la gracia del Señor de ver y comprender su verdad: “¡Tú eres un hombre caído en tierra y debes levantarte!”».

Es una lección para todos: «es hermoso —dijo el Papa— ver cómo el Señor es capaz de cambiar el corazón y hacer que un corazón duro y terco se convierta en un corazón dócil al Espíritu». Es necesario, añadió, que «no olvidemos aquellas palabras clave». Sobre todo: «Levántate», porque «un cristiano debe estar en pie y con la cabeza erguida». También: «Vete», porque «un cristiano debe ir, no permanecer cerrado en sí mismo». En conclusión: «Déjate guiar», así como Pablo, que «se dejó guiar como un niño; confió en las manos de otro, que no conocía». En todo esto, explicó el Pontífice, está «la obra del Espíritu Santo».
Este mensaje es para todos, porque todos «tenemos durezas en el corazón»: quien «no las tiene», añadió el Papa, «que, por favor, levante la mano». Por ello, sugirió Francisco, «pidamos al Señor que nos haga ver que estas durezas nos tiran por tierra; que nos dé la gracia y también —si fuese necesario— las humillaciones para no permanecer caídos en tierra y levantarnos, con la dignidad con la que nos ha creado Dios, y, también, la gracia de un corazón abierto y dócil al Espíritu Santo».

PAPA FRANCISCO


Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 16, viernes 22 de abril de 2016


jueves, 28 de abril de 2016

TU Y YO


Ayer me detuve en medio del camino,
ayer me detuve por que necesitaba respirar.

Por primera vez en muchos años abrí los ojos y te volví a ver.
Siempre habías estado a mi lado, protegiéndome, observándome,
pero yo te había dejado aparcado en lo más profundo de mi corazón.

Ayer, cuando ya no podía más, te volví a buscar, seguías allí,
como siempre.
Abrazaste todo mi ser,
Me hiciste sentir como en casa,
lloré lágrimas de felicidad, pues sabía que ya nunca más
me permitiría perderte.

Ayer me detuve en medio del camino, sola,
pero hoy, he vuelto a caminar de tu mano,
ya nunca más  sentiré la  soledad, pues tú, Padre, 
siempre me guiarás.


R.M.


miércoles, 27 de abril de 2016

A LA VERGE DE MONTSERRAT




Déu vos salve Maria
Reina i Mare
Dolçura i vida
I esperança nostra!...
A Vós preguem
els desterrats fills d'Eva!
Misericòrdia.

A Vós Senyora la Sacra Verge
l'amoroseta la llum del cel
la Moreneta de la muntanya
Reina dels àngels, Mare de Déu,
A Vós Senyora mon cor, mos somnis,
mes esperances, mons pensaments,
tot quant ma vida ne té de vida,
tot quant mon ànima ne té de fe.

Quan per mi vinga l'hora suprema
Reina dels àngels, Mare de Déu
feu que aleshores, santa Madona
ans els ulls clogui per sempre més,
feu que jo us vegi voltats de glòria
en mig de núvols, d'or i d'encens,
els tres grans àngels que de ma vida
sigueren sempre companys fidels:
l'amor dolcíssim, la mare pàtria, la santa fe.



                                PATRONA DE LA  NOSTRE CASA





martes, 26 de abril de 2016

SEÑOR.....

Señor, en mis silencios oigo tus palabras, 
o son la mías?
quizás es mi voz la que escucho? 
o eres Tú que me hablas?
serán mis deseos de oirte?
o es que deseas hablarme?


Creer que en mi,  tan pequeño, insignificante
tu mirada quiera fijarse, 
que tu habla quiera penetrar mis oídos
 y  transformar mi sedienta alma, 
que voltear mi mundo quieras, 
arrancar mis miedos con palabras,
tomar mis penas y miserias con tu gesto
y en tu cruz suavemente posarlas.
Esa cruz, cruz de madera,
roja en sangre, negra, oscura, 
recia y plana, 
llena de muerte, de vida llena
tu cruz, dónde la mía reposa y 
con la tuya sana.

Yo, tan pequeño...


Todo el mal, todo el bien,
todo lo que quiero y lo que desprecio,
la mentira y lo cierto,
el gozo y el dolor, 
el amor y el odio
el llanto, del mundo entero el llanto
posado sobre el madero.













En mis silencios te oigo, 
es mi cabeza y la tuya,
tu voluntad y la mía
por que así lo quieres, así lo acepto,
por que quiero que mis pasos anden con los tuyos,  
que sean de madera mis caminos.
Señor, con tus palabras  y silencios
ser tu hijo.

Cada cosa que vea, cada sentir que sienta,
lo que haga y deshaga y en lo que crea.
Que te oiga Señor,  que en mis silencios te oiga,
que no me engañe el  deseo, 
saber que es a Ti a quien escucho,
por que el oírte es rezo,
y el rezarte alivio.
Ahora soy yo el que habla y digo...
los dos somos uno
yo siempre Tuyo,
Tu siempre mío.

Pere M.










lunes, 25 de abril de 2016

DESEAR EL CIELO


Desear frecuentemente estar ya en el Paraíso, lejos de ser una actitud egoísta o escapista es algo que agrada mucho a Dios.
Explica San Alfonso María de Ligorio que en el Purgatorio la pena de privación de Dios será un tormento especialmente duro sobretodo para aquellas almas que tuvieron pocos deseos de ir al cielo. Este tormento esta especialmente relacionado con la frialdad en desear el Paraíso, más que por los pecados cometidos.

Los santos, dice San Alfonso, siempre estaban suspirando por estar en la Gloria. Santa Teresa de Jesús decía: “vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”.
San Francisco de Asís decía: “tan grande es el bien que espero, que se me troca en dulzura todo el tormento”. Desear fervientemente estar en el Reino de Dios es un acto de perfecta caridad por sí mismo. Como la vida eterna es un bien tan grande que Jesucristo nos hizo posible con su muerte es justo que las almas que lo desearon poco reciban su castigo.

Enseña San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, que en el momento de entrar en el Cielo, un alma contempla con la luz de la Gloria, sin velos, la infinita belleza de Dios. Se siente inmediatamente sumergida en el amor divino, se olvida de sí misma y no piensa más que en amarlo, experimentando una felicidad total. Dios se unirá a cada alma, según sus merecimientos. No perderemos nuestra personalidad, pero nos sentiremos sumergidos en un mar de amor y nuestro gozo será total.

Naturalmente cualquier explicación de los misterios de la Dicha Eterna será siempre absolutamente incapaz de hacernos entender más que en una parte infinitesimal, la maravilla que es la vivencia plena en Dios. Nuestro limitado entendimiento humano no puede entender ahora lo que será aquella felicidad.
Pero entonces si que podremos y nos daremos cuenta de que todos nuestros sufrimientos físicos o espirituales, tristezas y angustias aquí en la tierra valieron la pena y aún nos parecerán poco en relación con tanta alegría interminable. Así pues, deseemos con intensidad hallarnos en el Cielo en compañía de Dios, Nuestro Señor y de la Santísima Virgen y de todos los santos.
Decía Santa Teresita de Lisieaux que Dios pone en el corazón aquello que quiere conceder.


Rafael María Molina Sánchez (Fuente: "En Cristo y María")


domingo, 24 de abril de 2016

T.P. DOMINGO V (HOMILIA) FRANCESC JORDANA


Queridos hermanos y hermanas,

“Todo lo hago nuevo”. ¡¡Qué frase!! Una frase que pronuncia Dios en la segunda lectura. “Todo lo hago nuevo”.

La palabra “nuevo” es como una palabra mágica, siempre evoca significados positivos. “Ropa nueva”, “coche nuevo”, “año nuevo”, “vida nueva”, “trabajo nuevo”... ¿Por qué nos gusta tanto aquello que es nuevo? El motivo profundo, es que la novedad, aquello que no es aún conocido y no ha sido experimentado, deja espacio a la expectativa, a la sorpresa, a la esperanza, a soñar. Y la felicidad es hija de todas estas cosas...

Y nosotros, con sorpresa, con esperanza, soñando, hemos de entrar en el camino de la novedad que Dios nos ofrece. Una novedad total “todo lo hago nuevo”, no es una novedad parcial (un trabajo, un coche,...). Es una novedad total... Me da miedo, a veces, que no entendamos la magnitud de lo que se nos propone... “novedad total”.

Esta novedad nos es iluminada por el evangelio. Donde Jesús nos dice: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros”.

¿Qué hace que todo sea nuevo? El amor... El amor lo hace todo nuevo... pero, el amor no existe... Es verdad, el amor no existe, existen personas que se aman... Las personas que se aman lo hacen todo nuevo, cuando las personas se aman todo llega a ser nuevo... Ellas se convierten en nuevas personas y sus ambientes se transforman en nuevos... El amor es una fuerza que lo hace todo nuevo...

Miremos de amar más en casa... hijos a los padres, padres a los hijos, todos a amar más a los abuelos,... ¡¡ya veréis cómo todo se convierte en nuevo!!

Dios nos ofrece cada día entrar en el camino de esta novedad total... que es para nosotros un signo distintivo, aquello que nos identifica... ¿Por qué aspecto nos han de reconocer como a cristianos, como a seguidores de Cristo?... no por ir a misa, sino porqué amamos “la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.

El amor es nuestra bandera, nuestro estandarte. Es  nuestra moneda de cambio. Es la reacción y la opción siempre primera.

San Agustín dice con mucha rotundidad: “Es la caridad la que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo. Podrán todos signarse con el signo de la cruz de Cristo, responder todos ´Amén´, cantar todos ´aleluya´, hacerse bautizar, entrar en las iglesias, edificar basílicas: los hijos de Dios no se distinguen de los hijos del diablo más que por la caridad. Si te falta esto, todo el resto no te sirve para nada."

La caridad, signo distintivo. Las obras de misericordia, signo distintivo. Amar a los enemigos, signo distintivo. Devolver bien por mal, signo distintivo. Atender al que está en el borde del camino, signo distintivo. No hacer acepción de personas, signo distintivo. Amar como él, dando la vida, signo distintivo.

¡¡Es que es muy difícil esto!! Por nosotros solos, ¡¡imposible!! Pero, con Dios en nosotros, posible. Vayamos a la primera lectura que nos ilumina esta cuestión.

“Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe”. (Hechos 14, 26).

El autor principal de la acción es Dios (“Dios había hecho”, “Dios había abierto”) y Pablo y Bernabé son colaboradores de este obrar de Dios. La fe de Pablo y Bernabé crea un espacio donde Dios puede actuar. Lo vemos constantemente en el evangelio: Jesús para actuar pide la fe, y cuando no hay fe no puede actuar.

Nuestra fe ha de crear un espacio donde Dios pueda inundarnos con su amor...

Ante cada pequeña interpelación, reclamación de amor, que la vida nos haga, respondamos con una jaculatoria: “dame caridad para amar y decir sí”. Amén...

Francesc Jordana




sábado, 23 de abril de 2016

VISITA DE MARÍA A UN RELIGIOSO MORIBUNDO


Refiere el P. Engelgrave que un religioso vivía tan atormentado por los escrúpulos, que a veces estaba casi al borde de la desesperación; pero como era devotísimo de la Virgen de los Dolores, recurría siempre a ella en sus luchas espirituales y contemplando sus dolores se sentía reconfortado.

Le llegó la hora de la muerte y, entonces, el demonio le acosaba más que nunca con sus escrúpulos y lo tentaba de desesperación.

Cuando he aquí que la piadosa Madre, viendo a su pobre hijo tan angustiado, se le apareció y le dijo: ¿Y tú hijo mío, te consumes de angustias cuando en mis dolores tantas 
veces me has consolado? Hijo mío, ¿por qué te entristeces tanto y estás lleno de temor,  que no has hecho más que consolarme con tu compasión de mis dolores? 
Jesús me manda para que te consuele; así que ánimo, llénate de alegría y ven conmigo al paraíso.

Y al decir esto el devoto religioso, lleno de consuelo y confianza, plácidamente expiró.



viernes, 22 de abril de 2016


RUDYAR KIPLING (POEMA)


Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan
y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan.
Si esperas en tu puesto sin fatiga en la espera;

Si engañado no engañas.
Si no buscas más odio que el odio que te tengan.
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres.
Si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres.


Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota
y a los dos impostores los tratas de igual forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado
a pesar del sofisma del Orbe encanallado.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.


Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día,
y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea
si decir nada a nadie de lo que es y lo que era.
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan
aún después de su fuga de tu cuerpo en fatiga
y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tú lo deseas, y lo quieres y mandas.


Si hablas con el pueblo y guardas su virtud.
Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si llenas el minuto inolvidable y cierto
de sesenta segundos que te lleven al cielo…
Todo lo de esta tierra será de tu dominio,
y mucho más aún: serás Hombre, hijo mío.


jueves, 21 de abril de 2016

VEN A MI



Dime te ruego, ¿cuál es la causa que impide al Espíritu Santo cumplir su obra entera en mi alma? Tu me dices que el primer impedimento  es la malicia, otro la propia voluntad por la que queremos servirte, pero a nuestro modo.

Queremos, si, tu Espíritu, pero lo queremos como nos gusta y en cuanto nos gusta, haciéndonos incapaces de recibirlo.

Otras veces el impedimento es la tibieza; y creemos servirte, y no advertimos que nos servimos a nosotros mismos. Y tu, Señor, quieres ser servido sin amor propio, con sinceridad y humildad. Por eso tu Espíritu no mora sino en el alma que vive en el centro de su humildad.

Pero, querría saber lo que puedo hacer contra estos impedimentos, pues ¿que me valdría conocerlos si no los remedio? El remedio contra la malicia es la intención sencilla y recta;  el remedio contra la voluntad propia es una voluntad muerta que no quiera sino lo que Tu quieres; el remedio contra la tibieza es el fervor de la caridad como el fuego penetra los corazones y abrasa toda tibieza.


                                           Santa María Magdalena de Pazzi  (abril 1566- mayo 1607)






miércoles, 20 de abril de 2016

COMO CREO A LOS 16 AÑOS

Que piensa la juventud acerca de Dios? Como lo ven? Son creyentes?
Hemos pedido a una joven de 16 años, hija de un cooperante, intentara darnos, en pocas palabras, su visión sobre el tema con total libertad. Mi conclusión, después de la lectura, es que, las personas llevamos grabada dentro de nosotros, la huella de algo más grande y que solo necesitamos buscar y querer conocer/lo.

"Nadie es capaz de afirmar la existencia de un Dios, esto no quiere decir que la gente no pueda creer en él o que no exista. Hay etapas en la vida de una persona, donde todo puede parecer que está perdido, puedes llegar a pensar que ya no tienes fuerzas para seguir adelante, y yo pienso, que Dios es la figura a la que esta gente se dirige en busca de una respuesta. Yo, es verdad,  pienso que Dios existe, pero no como la mayoría del  mundo cree.
Hablando desde mi experiencia, crecer en una familia creyente te hace madurar siendo creyente, sin una opción clara en decir que no. Recuerdo una época en mi vida donde para mí, Dios lo era todo, hice la comunión, y después de eso me involucré más que nunca con la iglesia. Aunque después de una temporada esta afición fue decayendo, yo seguía siendo creyente, pero ya no quería ir a misa cada domingo y no quería tener que rezar para conseguir mis objetivos. Me empecé a plantear la palabra "Dios" y qué sentido tenía para mí. Llegué a la  conclusión en la creo actualmente.
Existe Dios? Sí. Debe ser el centro de mi mundo? No. He llegado al punto de pensar que creer en Dios a veces ayuda a seguir adelante, pero en mi caso, tengo la sensación de que Dios es una figura en la que dirigirme en momentos de máxima oscuridad o desesperación. Pero al sólo tener una vida en este mundo, quiero vivirla al máximo consiguiendo mis objetivos, pero conseguirlos sin ayuda de nadie. Si que es verdad que a veces, en momentos puntuales, hay gente que pasa por cosas inexplicables e inhumanas. Muchas veces me he planteado que si realmente Dios existe, ¿cuál es el motivo por el que deja que pasen cosas horribles en el mundo, como por ejemplo las guerras, donde mueren miles de inocentes, no creo que su destino fuera morir por culpa de los intereses de los  poderosos.
Mi creencia más fuerte es el destino, creo firmemente en el destino y sé que todo el mundo tiene un sentido y una misión en este mundo, a veces más importante y en ocasiones menos, pero todas igual de necesarias. Cuando la gente ha perdido a un ser querido y preguntan que por que a ellos, yo siempre pienso en lo mismo: Quizá era su destino, tal vez esta persona ya había cumplido su misión en este mundo sin darse cuenta, aunque esto no justifique su muerte.

Por eso cuando me preguntan si soy creyente, yo digo que sí. Yo creo en el destino, y también creo que las cosas que creemos algunas no tienen sentido o incluso  hacen más mal que bien. Tal vez estas cosas son el paso previo a un destino mejor, por muy difícil que sea verlo, llamemosle Dios, universo o como cada uno considere, y son estas cosas y estos momentos que estás atravesando los que te llevarán hacia tu destino".

Alexandra









martes, 19 de abril de 2016

"QUE TODOS SEAN UNO"



Promovemos la Alianza del Amor para cooperar a las ansias de unión de los fieles, manifestadas por el Corazón de Jesús en los últimos momentos de intimidad con los apóstoles.
Tengámonos todos por obligados los que deseamos realizar los ideales, los ensueños del Corazón de Jesús e imitarle en todo, a poner todos los medios a nuestro alcance, de oración, penitencia, esfuerzos personales (..) para cooperar lo más eficazmente posible a la unión.   
Que, por lo menos en los últimos tiempos del mundo, Jesús logre ver a los suyos unidos, formando un solo Corazón con El y un solo espíritu y una sola alma con Él
¡Cómo hemos de saber despreciar cualquier cosa que pueda dividir!. 
P. Francisco de Paula Vallet, cpcr  

CALENDARIO 2016


El mal tiene una respuesta


   La noche ha dado paso al amanecer más hermoso de la Historia. Cristo vive es la noticia que recorre el universo como un reguero de pólvora. Es el tiempo de la Vida, del Amor, de la alegría. Cristo resucitado es la permanente respuesta del Padre al mal del mundo, al pecado, al dolor. Cuando creíamos que todo acabaría mal, cuando se agota nuestra esperanza, cuando parece que el triunfo ha sido la muerte, entonces, el Padre responde con Cristo resucitado, como nos recuerda la Vigilia Pascual. Es nuestra fuerza y la respuesta de Dios contra todas las tentaciones de fracaso. No es verdad que la última palabra la tenga la muerte, ni la injusticia, ni el dolor, ni el fracaso de una Humanidad sumergida en el dolor terrible, desde siempre. No, la última palabra la tiene el Camino de la Vida verdadera que se llama Jesús.
San Pablo lo afirma sin titubeos: «Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe». El teólogo Manaranche, en un precioso libro, titulado Un Amor llamado Jesús, explica a los jóvenes que, si Cristo no estuviera vivo, le llevarían flores, por algún tiempo, sus incondicionales, pero aquello fue otra cosa. No podían tener por mucho tiempo secuestrado en la muerte al que es la Vida. Ésta es la noche más luminosa del año. Éste es el día en el que la Iglesia se llena de alegría, de un gozo inusitado, al escuchar el Pregón, la Buena Noticia: «No busquéis entre los muertos al que vive»; y sigue proclamando: «Feliz culpa que mereció tal Redentor», que nos recuerda a san Pablo clamando que, «para los que aman a Dios, todo les sirve para su bien».
La alegría de la Resurrección que la Iglesia nos convoca a vivir en la cincuentena pascual es para que nos enteremos de la fiesta. En el fondo es siempre el centro y lo que da sentido a nuestra fe.
Un filósofo alemán que se confesaba no creyente estuvo unos días en una hospedería de un convento de carmelitas. Al finalizar su estancia, agradecido por el trato recibido, quiso despedirse de la superiora, y ésta, en un momento de la despedida, le preguntó si algo especial le había llamado la atención, en el transcurso de su estancia. Este hombre le dijo que sí, que había unos momentos del día en que se escuchaban, dentro del convento, cantos y risas. La madre, le dijo: «Son los momentos del recreo porque estamos en Pascua, y es, ni más ni menos, la alegría que nos da Jesús». -«¡Pero si Jesús murió hace 2000 años!», le contestó este hombre. Y, con una sonrisa en los labios, la superiora le respondió: «¿Pero a usted no le dijeron que está vivo, que ha resucitado?»
Es verdad que murió, pero vive para siempre. Vive siempre para nosotros. Así, quienes comulgamos cuando nos acercamos a la Eucaristía, es la carne de Cristo vivo lo que recibimos. Se perdonan los pecados porque ha triunfado con la Resurrección, y, con ella, toda la Iglesia. Sólo en la medida en que tenemos una profunda relación y vivimos con el gozo del Resucitado, nuestra vida se convierte en Fiesta de Pascua, el paso de la muerte a la vida. La noche se disipa y descubrimos el latido del Corazón de Cristo resucitado en todas las circunstancias de la vida. Él vive para siempre.
+ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

lunes, 18 de abril de 2016

TENER MIEDO

Hay una sutil manera de no creer, de no confiar en el Señor: tener miedo. Sutil porque no parece un rechazo, pero debemos ver las cosas con mayor profundidad.
Si hay fe no hay miedo. Las duras condiciones en que viven los pobres del mundo, las diferentes violencias presentes en él, el desánimo que todo esto produce, son serios desafíos a la tarea evangelizadora de la Iglesia y por consiguiente a la de cada uno de nosotros. 
Ante eso algunos se cubren de razones para no ver la realidad tal cual es, pretenden esquivar así los compromisos que una actitud realmente evangélica exige. Tienen miedo de perder sus actuales seguridades —cuando no sus privilegios—, se niegan a asumir una plena disponibilidad a la voluntad del Señor.
Ocurre que lo nuevo nos asusta, nos sentimos cómodos con nuestras mediocridades, preferimos transitar por caminos conocidos en los que la gente que encontramos nos saluda y no nos interpela, tenemos tendencia a arropar con lo viejo un mensaje que es siempre vida y novedad. 
Estar en Cristo supone imaginación y creatividad, puestas al servicio de los demás. El cristiano es aquel que inventa constantemente las formas de amar no en función de cumplir formalmente con un deber, sino con una persona concreta, con el prójimo, en particular el que más lo necesita, el pobre y oprimido de hoy. Pero esto implica no distraerse mezquinamente con problemas que inventamos para evitar mirar cara a cara una inhumana realidad y para permanecer en terrenos que no nos cuestionan. «Nos apremia el amor de Cristo» (v. 14), dice Pablo. Sintamos ese requerimiento.
El amor gratuito de Dios está allí en el quicio del mundo. El da sentido a todo. Ese amor es la fuente más honda de nuestra alegría. Pero es también una permanente exigencia de apertura hacia Dios y la vida de nuestros hermanos. Si hay fe no hay miedo frente a las dificultades y amenazas. No hay reposo, pero sí una paz profunda.



domingo, 17 de abril de 2016

T.P. IV DOMINGO (Francesc Jordana)

Queridos hermanos y hermanos,

En el IV domingo de Pascua, siempre contemplamos la figura del “Buen pastor”. Parece que la Iglesia nos quiera decir: “Jesús ha resucitado, está sentado a la derecha del Padre, pero,... continúa presente entre nosotros como Buen Pastor.”
Cómo no quedar seducidos por la belleza de un Dios que se presenta a sí mismo con la imagen del Buen Pastor. El logo de este Año Santo de la Misericordia, es la figura del buen pastor, y quisiera explicar el logo, porque nos ayuda a profundizar la figura del buen pastor y el sentido del año santo de la misericordia.

El logo es obra del sacerdote jesuita P. Marko I. Rupnik, y es un pequeño compendio teológico sobre la misericordia. 

El logo muestra al Jesucristo que se carga sobre su espalda, el hombre extraviado, el hombre perdido a causa del pecado, nosotros somos este hombre perdido...

Recupera así una imagen muy de la iglesia primitiva y de toda la historia de la Iglesia que es la imagen del Buen Pastor. Una imagen muy misericordiosa...
El Buen Pastor que, como nos dice hoy el evangelio y la segunda lectura;

.  conoce sus ovejas
.  les da la vida eterna
.  las protege con su presencia
.  no pasarán hambre
.  no pasarán sed
.  las guiará
.  y las conducirá a las fuentes de donde mana el agua de la          vida

Cuando rezamos, pienso que es bueno hacernos presentes todas estas dimensiones del Buen Pastor.

El Buen Pastor, Jesús, aparece representado con las cinco llagas, que nos recuerdan su pasión y muerte. Nos recuerdan, por tanto, su amor hasta el extremo, hasta  darlo todo, hasta quedar extenuado, hasta no poder dar nada más. Un amor, una misericordia, que lo hemos de vivir, dirigido a cada uno de nosotros… Somos el que el lleva encima de sus hombros …

Los rostros de Jesús y del hombre (que representa la humanidad) se están tocando y comparten un mismo ojo. Esto nos habla de dos misterios; el misterio de la encarnación. Dios en Jesús “ha tocado” (“ha asumido”)  nuestra carne, se ha hecho uno de nosotros y mira como nosotros. Cuánta misericordia descubrimos en este gesto, en este abajamiento... Y el otro misterio, es el de  nuestra divinización; nosotros, la Humanidad, por Cristo, en contacto con Cristo (sacramentos, Palabra) participamos de Dios y aprendemos a mirar como Dios.

La conjunción de los rostros y de los ojos, también es signo del encuentro personal entre Cristo y cada uno de nosotros.

La imagen está dentro de lo que se llama una “mandorla”, que tiene forma de almendra. Es una figura importante en la iconografía de la edad antigua y media, que evoca la presencia de las dos naturalezas de Cristo, la humana y la divina.

Los tres óvalos concéntricos de color, progresivamente, más claro, sugieren a Cristo que saca al hombre fuera de la noche del pecado y la muerte. Es un Buen Pastor resucitado, las llagas nos lo recuerdan, que como vencedor del pecado y de la muerte, comunica a la humanidad su victoria. Nos saca de la oscuridad!!

Por otro lado, el color negro donde Jesús tiene puestos los pies sugiere el misterio de Dios, el misterio de este amor que no somos capaces ni de imaginar...


El Buen pastor está como en movimiento. Para hacer evidente que continúa hoy actuando en nosotros. Contemplemos y pidamos al Buen Pastor que nos guie y nos bendiga.

FRANCESC JORDANA