jueves, 31 de marzo de 2016

SEMEJANTES A JESÚS PARA NO EQUIVOCARNOS

Hoy publicamos  una pequeña meditación  de Charles de Foucauld (1858-1916) sacerdote y místico de referencia. 



<<Cuando deseamos seguir a Jesús, no nos extrañemos si El no nos lo permite enseguida, o incluso si no nos lo permite jamás. En efecto, su mirada va mucho más lejos que la nuestra, y quiere no tan sólo nuestro bien, sino el de todos. Con toda seguridad compartir su vida, con y como los apóstoles, es un bien y una gracia, y debemos siempre esforzarnos para ser más y mejor imitadores de su vida. Pero la verdadera, la única perfección no es vivir de tal o cual manera, sino hacer la voluntad de Dios, llevar el género de vida que Dios quiere, donde quiere, y llevarla tal como el mismo la hubiera llevado.


Cuando nos deja escoger, entonces si, busquemos seguir sus pasos lo más exactamente posible. Cuando su voluntad sea que marchemos a otra parte, vayamos a donde El quiera, llevemos el género de vida que su voluntad nos señale;  mas en todas partes acerquémonos a El  con todas nuestras fuerzas y seamos en todo momento y condición, como el mismo sería si hubiera estado allí y si la voluntad del Padre le hubiera puesto allí tal como nos pone a nosotros>>.

Aparentemente un texto sencillo en una primera lectura, pero encierra una gran enseñanza, asemejarnos a Jesús en nuestra vida diaria siguiendo en cada momento su voluntad. 
Pensemos en lo que a El le agradaría que hiciéramos en cada situación, seguro que acertamos en nuestras decisiones.




miércoles, 30 de marzo de 2016

EXPERIENCIAS EJERCICIOS ESPIRITUALES (TRIDUO PASCUAL)


Hace 10 años, Jesús tocó mi corazón y decidí seguirlo. Hice mis primeros Ejercicios aquí, a punto de entrar en el seminario. No fraguó la vocación. Cada año, intentó ir 2 o 3 días a un lugar retirado, en silencio, y luego vuelvo al mundo donde hay muchas redes. En estos Ejercicios me sentí como acogido por el Señor, cómo si él me diese la bienvenida, al encontrar la tarjeta de bienvenida en mi habitación. Encontré mucha armonía en estos Ejercicios. Fueron una sorpresa: tenía una idea diferente de los Ejercicios. Me han sorprendido. Me han gustado mucho. Quería vivir la Pascua de manera más profunda y así fue. Hubo un momento de tribulación que pasó.


 Ya he hecho Ejercicios antes. Pero necesitaba cambiar de estilo de Ejercicios. Mi director me recomendó estos de Triduo Pascual. Me han ido muy bien. En estos, he podido meditar el misterio Pascual: las meditaciones acompañaban los oficios de Semana Santa, en armonía con ellos, y permitían vivirlos sin presión, e intensamente. El Padre tiene una gracia especial para la composición de lugar: te hace vivir las escenas de la Biblia. Además una gracia de estos Ejercicios ha sido tener un vivo encuentro personal con Cristo




martes, 29 de marzo de 2016

SED FUERTES EN LA FE

Transcribo parte de un mensaje del año 1904, realizado por San Pío X a unos jóvenes Franceses, dándoles unos consejos que, en mi modesta opinión, tendrían plena vigencia hoy en día, no solo para los jóvenes si no para cualquiera que siga o quiera seguir a Cristo.

«Sed fuertes para custodiar y defender vuestra fe, cuando tantos la pierden; sed fuertes para conservaros hijos devotos de la Iglesia, cuando tantos le son rebeldes; sed fuertes para mantener en vosotros la palabra de Dios y manifestarla con las obras cuando tantos la han expulsado del alma; sed fuertes para vencer todos los obstáculos que encontrareis en el ejercicio de la acción católica, para vuestro mérito y para ventaja de vuestros hermanos.
No tengáis miedo de que la Iglesia con estos consejos quiera imponeros grandes sacrificios o prohibiros los lícitos recreos; solamente quiere haceros notar el valor de vuestra edad, que es la edad de las bellas esperanzas y de los santos entusiasmos; de manera que en el otoño de vuestra vida podáis coger copiosos frutos, de cuyas flores estuvo llena vuestra primavera; y por esto sólo os recomiendo que pongáis como fundamento de todas vuestras obras el santo temor de Dios y la cristiana piedad. La piedad os es necesaria, porque debiendo ejercitar sobre vuestros compañeros un apostolado, necesitáis la ayuda que el Señor no otorga ordinariamente más que a los buenos que se la piden. La piedad os es necesaria para alcanzar el fin de vuestras obras con el buen ejemplo, porque dice el poeta: son más lentas en excitar los ánimos las cosas que entran por los oídos que las que se presentan a los ojos. A lo que añade el filósofo: el camino largo que se recorre con los preceptos se vuelve breve con los ejemplos. Que no se pueda aplicar a vosotros el conocido proverbio: predica bien, pero razona mal. 

La piedad os es necesaria no sólo para conservaros buenos cristianos, si no también para no degradar vuestra naturaleza de hombres. Estoy bien lejos de juzgar con severidad el tiempo presente, porque hay hombres óptimos en cada clase, en cada condición, en cada edad; pero sangra el corazón al ver a tantos jóvenes que habiendo olvidado ser cristianos, tienen por lo menos disminuida la dignidad humana. Alguien podrá decir que es exagerada esta proposición porque, si todos reconocen en muchos la indiferencia por la religión, y una casi total inobservancia de las prácticas cristianas, no todos consideran que se haya socavado la dignidad humana. ¿Quizás se encuentren, a pesar de todo, en muchos de estos indiferentes e inobservantes por lo menos las virtudes naturales? ¿Dónde está la razonable obediencia, el respeto a la autoridad, la justicia severa e independiente, el patriotismo desinteresado, la libertad respetada y, con estos principios insertados por Dios en nuestros corazones, aquél fundamental de no hacer a los otros lo que no quisiéramos que nos hicieran a nosotros mismos?
¡Oh! Persuadiros, queridos jóvenes, que sin una buena base religiosa aun la simple honestidad natural se desvanece; y por lo tanto os aconsejo nuevamente que améis la piedad, que practiquéis la religión, y entonces estaréis fuertes también para vencer los respetos humanos, para no avergonzaros de ser cristianos católicos no solo de palabra sino con obras, y de este modo conservando en vosotros la palabra de Dios: es decir, siempre viva la fe recibida en el Santo Bautismo, volveréis fructífero vuestro apostolado porque vuestros mismos adversarios, que aparentemente os escarnecen, para sus adentros harán homenaje a vuestra virtud, y vosotros sin casi daros cuenta obtendréis en su conversión el más espléndido de los triunfos».


lunes, 28 de marzo de 2016

EL CAMBIO DE LA PASCUA

¿Qué cambió a causa de la Pascua? Los no creyentes se burlan de la Resurrección. Los teólogos debaten la tumba vacía. Nadie puede “comprobar” la Pascua. No obstante, una cosa queda claro: la primera Pascua transformó a un grupo variopinto de discípulos temerosos y confundidos, en testigos exultantes del Jesús resucitado. Su experiencia de Jesús como el Cristo, los convirtió en heraldos intrépidos de las Buenas Nuevas, a pesar de la persecución y hasta los límites del mundo conocido.


¿Qué cambia en nuestras vidas a causa de la Pascua? El mundo es todavía un desastre. Mira Siria, Ucrania, la República Centroafricana, el Sudán Meridional. El sufrimiento no se ha desaparecido; la muerte todavía llega a cada uno. Como individuos o como tribus, grupos étnicos o partidos políticos o naciones, infligimos dolor los unos a los otros. Pero el Cristo resucitado está muy cerca de quienes sufren: “Ven, y pon tus dedos en las marcas de mis palmas y tu mano en la herida de mi costado.”
Algunos de nosotros evitamos el sufrimiento, creyendo que eso traerá la felicidad; al contrario, Dios está con los deprimidos. Cuando apoyamos a la gente que sufre, encontramos al Dios misericordioso. La Pascua nos obliga a buscar a otros dondequiera que sufran, especialmente cuando el sufrimiento es de gran escala. Cuando uno sabe estas cosas, será bendecido si las pone en práctica.

Esto es el camino hacia adelante: creer que compartimos un planeta, que dependemos los unos de los otros para sobrevivir, y que podemos aliviar el camino de otros. La vida no se trata de darle seguimiento a nuestros avances o fallas de virtud; se trata de mantener los ojos fijados en Dios. Se trata de que Dios nos invita a bajar nuestras defensas y a dirigirnos hacia una nueva manera de amar. Cuando el amor sostiene las balanzas, como dice el poeta Kabir, éstas dejan de funcionar. No se necesita medir, comparar, imponer justicia, o dar a cada uno su merecido; ninguno de nosotros merece lo que Dios ya nos está regalando.


Reconciliación, compasión, perdón y comunidad, todos se hacen posibles cuando experimentamos la Pascua. Dios anhela nuestros corazones y quiere que nos acerquemos a él, pero también que nos acerquemos a nuestros vecinos, tanto los cercanos como los lejanos. La pascua es una llamada a la solidaridad.
La Pascua en el mundo real, implica volverse más y más amorosos. No importa nuestra vocación, nuestro trabajo verdadero es llevar este amor para reconfortar a todos que anhelen a Dios; ir a donde vaya Dios, que es siempre hacia fuera al desconocido, al extranjero, al pobre y olvidado—a los ‘dones nadie’ de este mundo. Eso es la fuente de la alegría de la Pascua.


                                                                                                 Hna. Marilyn Lacey 



sábado, 26 de marzo de 2016

HOMILIA VIGILIA PASCUAL Y DOMINGO DE RESURECCION

Queridos hermanos y hermanas,

¡¡Cristo ha resucitado!! Es el grito, es la Buena Nueva, que nos lanza esta vigilia pascual (celebración) y todo el tiempo de Pascua.

Cuando vemos una buena película, pero, esta no tiene un final feliz, nos queda una sensación agridulce.

Nuestra película, nuestra Buena Nueva, que es Cristo, tiene un gran final, inmejorable. Toda la belleza que hemos ido relatando culmina con la resurrección de Cristo, culmina con su victoria sobre el pecado y la muerte, cuánta belleza, cuánta esperanza.

Qué queréis que os diga: Cristo crucificado tiene una gran belleza, pero, sin la resurrección, pienso que sería ¡la tristeza más grande! El bien, vencido por el mal. La luz, derrotada por la oscuridad. Entonces, ya no hablaríamos de Buena Nueva. No tendríamos una buena noticia a comunicar. Entonces, la Iglesia ya no tendría sentido. ¿Para qué hace falta una Iglesia? Si lo que se ha de comunicar es una derrota, un fracaso. Entonces, no habría sacramentos. ¿Para qué los sacramentos? Si la salvación quedó parada en la cruz. Fijaros si es importante la resurrección de Jesucristo.

De su resurrección nace nuestra alegría, porqué nos permite ver las cosas de una manera diferente. Nuestra pequeñez la vemos diferente, con esperanza. La manera de ser de los demás, la vemos diferente, con caridad. Los problemas de la vida, los vemos diferentes, relativizados y acompañados por el buen pastor. Todo es diferente. Si Él es vivo, todo es diferente. De aquí nace nuestra alegría.


Ha empezado diciendo San Pablo, en su carta: “Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte”. ¿Qué quiere decir? A aquello que Él ha muerto, también nosotros, unidos a Él morimos. Él en la cruz ha muerto al egoísmo, al orgullo, a la soberbia, a la venganza,... Unidos a Él en  su muerte, también nosotros morimos a todo esto. De aquí la importancia de lo que San Pablo nos decía el viernes: “configurarnos en la muerte de Cristo”, “compartir su pasión”. Por tanto, morir a aquello que Él ha muerto.


Y, al hacerlo, ¡¡podemos resucitar con Él!! El dinamismo que se nos plantea es morir con Cristo (porqué su pasión da forma a nuestra vida) para poder resucitar con Él, y, así hacemos como dice san Pablo “así también nosotros andemos en una vida nueva”. Más adelante, en la misma carta San Pablo dice;“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él”.




Comentemos un poco el evangelio de hoy, es interesante ver lo qué pasa. Unas mujeres van al sepulcro, se encuentran con el sepulcro vacío. Se les presentan dos hombres con vestidos resplandecientes. Les anuncian la resurrección de Jesús. Volvieron a explicarlo a los discípulos, “Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron”.

¡Qué fuerte! ¿No? ¡No se las creen! ¿Por qué? Porqué necesitan hacer la experiencia personal. No les sirve que otro haya dicho no sé qué... ¡¡Necesitan hacer experiencia!!

Hasta Pedro que ha visto algunos signos (sepulcro vacío y “las vendas por el suelo”), no cree... Necesita la experiencia personal. Y, más tarde, Jesús resucitado se aparece a Pedro, y, a partir de aquí creerá. Y, después, vendrán los dos de Emaús, y explicarán lo que les ha pasado. Y, entonces, ¡Jesús se aparece a todos!

¿I nosotros? No se nos ha aparecido. ¿Qué pasa con nosotros? Los discípulos hicieron una experiencia exterior e interior de la resurrección de Jesús. Nosotros, sólo la hacemos interior. Experimentamos no tanto que Jesús ha resucitado, sino que Jesucristo nos resucita a nosotros. ¡Con Él pasamos de muerte a vida!

¿Cómo sé que Jesucristo está vivo? Porqué a mí, me ha resucitado, me ha transformado. ¡Con Él he pasado de muerte a vida! ¿Es así? ¿Tenemos esta experiencia? Llevémoslo a la oración personal...
Que la Pascua genere en nosotros, deseos de morir con Él para resucitar con Él. ¡Tenemos cincuenta días para hacerlo!

Francesc Jordana




SÁBADO SANTO



Hoy es día de silencio, de espera, de recordar cómo el Señor ha cambiado nuestras vidas. De no entender qué ha pasado y de no saber lo que se puede hacer.


Entre todos los seguidores de Jesús surgen, como siempre, las mujeres. Su madre María, María Magdalena, sus amigas… en definitiva, aparecen las personas que siempre están ahí, que siempre aguantan a los pies de la cruz, que siempre tienen fuerzas para salir de casa e ir a los sepulcros, perfumar los cuerpos rotos por el dolor y quitar la losa de la muerte.

Quizás son estas mujeres la imagen del sábado santo, la imagen de quien sabe esperar y sabe ver vida, luz, donde los demás solo ven muerte, oscuridad.


viernes, 25 de marzo de 2016

HOMILIA VIERNES SANTO

Queridos hermanos y hermanas,

 Como hemos hecho estos días santos, hoy seguimos contemplando la belleza, la belleza de un Dios que se da, que se entrega, que hace un don de sí a favor de cada uno de nosotros.



De entrada, parece, una belleza silenciosa. Cristo muerto en cruz, no habla, no dice nada, queda silencioso. Pero, si tenemos abiertos los oídos de la fe, descubrimos que sí, que habla y  mucho.

En esta imagen está todo. Es un resumen perfecto de la Buena Nueva. Una síntesis perfecta del cristianismo. Es el icono de nuestra fe. Por esto, la cruz la hemos cogido como nuestro distintivo. ¡Porqué allá está todo!                                                                                                                     Si habíamos dicho, cómo no quedar seducidos por la belleza del Dios hecho hombre, cómo no quedar seducidos por la belleza de su mensaje, cómo no quedar seducidos de sus gestos (lavar los pies), hoy quedamos seducidos por la belleza de su entrega, de su muerte en cruz. Si contemplamos tanta belleza nos convertiremos. La belleza nos llevará a la conversión.
En medio de tanta fealdad, de tanta oscuridad como tenemos en nuestra sociedad (atentados, refugiados, una economía que mata,...) brilla una belleza, una luz. Una belleza y una luz que salvan. Que conectan con lo más profundo de nosotros y nos salvan.
Quizás, alguien se pregunte: vale, miro al crucificado y ¿qué?, lo vuelvo a mirar y ¿qué?, paso un rato contemplándolo y después ¿qué?
¡Es una imagen que habla! San Pablo, hace dos domingos, nos daba unas pistas muy interesantes de cara a por donde ha de ir esta contemplación de la belleza. Dice él en la carta a los cristianos de Filipos: “…para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, conformándome a Él en su muerte por si logro alcanzar la resurrección de los muertos”. (3, 8-14)

“Participación en sus padecimientos”, quiere decir, lo que vive Él, lo viva yo también. Todo aquello que lo ha llevado a la cruz, lo viva yo también.

“Conformándome a Él en su muerte”, quiere decir, que la muerte de Cristo, su cruz, dé forma, modele, configure, mi vida, mis comportamientos, mis actitudes, mis opciones de vida.

Si contemplo su amor, tendré deseos de amar como Él.
Si contemplo como se ha dado a favor de los demás, tendré deseos de darme como Él.
Si contemplo su humildad, tendré deseos de ser humilde como Él.
Si contemplo su valentía, tendré deseos de ser valiente como Él.
Si contemplo como Él perdona, tendré deseos de perdonar como Él.

Y estos deseos serán la puerta por donde entrará en nosotros la gracia de Dios. Gracia de Dios que nos configurará en la muerte de Cristo.
Pero esto no pasa en un día. Pasa en 40 días. Esto ocurre gracias a la cuaresma y a las prácticas cuaresmales. Per eso al inicio de la cuaresma hablamos de coger el tren de la cuaresma para poder entrar en sintonía con el acontecimiento pascual, con la entrega total de Jesús y su resurrección.
En el día de hoy y de mañana os animo a pasar todas las horas que podáis con Cristo crucificado que él configure vuestras vidas.

Francesc Jordana




     

LA CÁTEDRA DE DIOS

La humillación que sufre Jesús llega al extremo en la Pasión: es vendido por treinta monedas y traicionado por un beso de un discípulo que él había elegido y llamado amigo. Casi todos los otros huyen y lo abandonan; Pedro lo niega tres veces en el patio del templo. Humillado en el espíritu con burlas, insultos y salivazos; sufre en el cuerpo violencias atroces, los golpes, los latigazos y la corona de espinas desfiguran su aspecto haciéndolo irreconocible. Sufre también la infamia y la condena inicua de las autoridades, religiosas y políticas: es hecho pecado y reconocido injusto.
Pilato lo envía posteriormente a Herodes, y este lo devuelve al gobernador romano; mientras le es negada toda justicia, Jesús experimenta en su propia piel también la indiferencia, pues nadie quiere asumir la responsabilidad de su destino. Y pienso en mucha gente, en muchos marginados, en muchos prófugos, en muchos refugiados… a los que les digo que muchos no quieren asumir la responsabilidad de su destino. El gentío que apenas unos días antes lo aclamaba, transforma las alabanzas en un grito de acusación, prefiriendo incluso que en lugar de él sea liberado un homicida. Llega de este modo a la muerte en cruz, dolorosa e infamante, reservada a los traidores, a los esclavos y a los peores criminales. La soledad, la difamación y el dolor no son todavía el culmen de su anonadamiento. Para ser en todo solidario con nosotros, experimenta también en la cruz el misterioso abandono del Padre. Sin embargo, en el abandono, ora y confía: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).
Suspendido en el patíbulo, además del escarnio, afronta también la última tentación: la provocación a bajar de la cruz, a vencer el mal con la fuerza, y a mostrar el rostro de un Dios potente e invencible. Jesús en cambio, precisamente aquí, en el culmen del anonadamiento, revela el rostro auténtico de Dios, que es misericordia. Perdona a sus verdugos, abre las puertas del paraíso al ladrón arrepentido y toca el corazón del centurión. Si el misterio del mal es abismal, infinita es la realidad del Amor que lo ha atravesado, llegando hasta el sepulcro y los infiernos, asumiendo todo nuestro dolor para redimirlo, llevando luz donde hay tinieblas, vida donde hay muerte, amor donde hay odio.
Nos puede parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha anonadado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil olvidarnos un poco de nosotros mismos. Él viene a salvarnos, estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos emprender este camino deteniéndonos en estos días a mirar el Crucifijo, es la “cátedra de Dios”. 

Os invito en esta semana a mirar a menudo a esta “cátedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino. Volvamos a él la mirada, pidamos la gracia de entender algo de este misterio de su anonadamiento por nosotros; y así, en silencio, contemplemos el misterio de esta Semana.

Papa Francisco
Extracto de la homilía del Domingo de Ramos


jueves, 24 de marzo de 2016

AMOR, LO ÚNICO QUE IMPORTA

·  Será para ustedes un memorial. Estas palabras, si la liturgia nos las presenta hoy, si se cumplen hoy en el Sacramento de la Eucaristía, entonces cabe que nos preguntemos si efectivamente hacemos memoria de este día. Cada domingo repetimos las palabras del mismo Jesús “haced esto en memoria mía”. Pero, ¿se trata sólo de hacer memoria? ¿Se trata solamente de un bello recuerdo de lo que hizo Jesús con sus apóstoles? ¿O hay algo más? De hecho San Pablo afirma que cada vez que comemos este pan y bebemos de este cáliz proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. Lo que hacemos no es la representación de un hecho pasado, sino que proclamamos la actualidad de un sacramento que nos pone en situación de “espera”; esperamos al Señor hasta que vuelva.

 ·  Eucaristía y vida eterna. ¿Por qué celebrar la Eucaristía? ¿Por qué recurrir al sacerdocio? ¿Por qué ser buenos? ¿Por qué hacer obras de caridad? En el fondo, ¿para qué ser cristianos? Ninguna de estas preguntas encontraría una respuesta, sino estuviéramos esperando algo. Vivimos en actitud de “espera”; y si no es así, entonces hay algo que no encaja, hay una incoherencia profunda, porque lo que hacemos no tiene sentido. ¿Para qué hacer todas estas cosas si ellas no conducen a nada? ¿Sólo para hacer memoria? San Pablo nos da una clave: cada vez que lo hacemos proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. He allí el sentido de todo: de nuestro ser personas, de haber sido bautizados, de buscar ser buenos cristianos: Cristo ha de venir, aún para los que no lo esperan, ha de venir inexorablemente, tarde o temprano, aunque lo más probable es que muramos antes y nos encontremos con él ya. ¿Hacemos memoria de esto?
·  El amor es lo único que importa. El juicio final será un juicio sobre el amor, decía San Agustín. Seremos examinados en el amor. Tal vez por esto el último testamento de Jesús fue el gesto del lavatorio de los pies, y por ello su última exhortación fue: “lo que he hecho con ustedes, háganlo ustedes también”. Si nuestra vida no está centrada en el amor y no gira en torno al amor, entonces nuestra vida está a la deriva, aunque nos sintamos seguros y contentos con lo que tenemos. Pero el amor, que se hace concreto privilegiadamente en el servicio al prójimo, en los actos de generosidad y de perdón, en las obras de caridad, se debe en primer lugar a Dios. Y he ahí el sentido de cualquier acto religioso; he ahí también el sentido de cualquier acto moral. Se trata de vivir el primero de los mandamientos, ante todo; y de él deriva claramente el segundo.


El arte de predicar

      


miércoles, 23 de marzo de 2016

ORACION POR BRUSELAS

La terrible amenaza del terrorismo encuentra un antídoto que todo lo puede: la oración.
Presente en numerosos países azotados por la violencia y los atentados, la guerra y la persecución, la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) invita a realizar “lo mejor que los cristianos podemos hacer para ayudar a estas víctimas: recemos por cada uno de los fallecidos, por los que permanecen más o menos graves, por tantos familiares desolados detrás de cada fallecido, de cada herido… Pidamos también a Dios por la conversión de los que odian y utilizan la violencia. El mal nunca tendrá la última palabra”.

Dios todopoderoso y eterno,
de infinita misericordia y bondad,
con el corazón apesadumbrado, acudimos a Ti.
Escucha nuestra oración, ten misericordia de nosotros,
atiende las súplicas de quienes te invocan
en esta hora de tribulación y de prueba.
Te pedimos, Dios de la vida,
por las víctimas mortales del ataque terrorista.
Son hijos tuyos; son hermanos nuestros.
Nunca debían haber muerto en estas circunstancias.
Padre nuestro, acógelos en tu seno.
Atiende nuestra oración, Dios de la salud,
por los heridos de esta masacre.
Sana sus heridas, fortalece sus corazones,
llénalos de tu gracia y de tu paz.
Visita, Dios consolador, a los familiares de las víctimas.
Reviste con tu manto de misericordia y de amor
las llagas de su corazón y de su alma.
Te pedimos por la conversión
de los que odian y utilizan la violencia.
Príncipe de la Paz, Señor Crucificado, Jesucristo Resucitado, compadécete de nosotros, intercede por nosotros.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
Salud de los enfermos, consoladora de los afligidos,
reina de la Paz y de la familias. Ruega por nosotros.
Amén.

TEXTO: Publicado en Aleteia





martes, 22 de marzo de 2016

ADORACION

Señor, desde mi niñez mis padres me han enseñado a rezar, a orar, a recitar el Padre Nuestro y el Avemaría y ha sido mi sustento espiritual hasta estos días.
También he participado en grupos de la Parroquia, en cursos sobre Oración y todo ello me ha enriquecido mi dimensión espiritual. He aprendido a leer tu palabra, a comprenderla y a escudriñarla, gracias a las enseñanzas que recibí de muchas personas, sacerdotes a quienes todavía hoy sigo recordando por su dedicación y disponibilidad, pero también a laicos, quienes con su ministerio me han brindado su tiempo y su conocimiento para ahondar en tu Palabra.

Luego, en la realidad de la vida, en las dificultades y pruebas que fui experimentando, empecé a sentir la división que tenía en mi interior, entre lo que sabía de tu Palabra y “vivir” tu Palabra con mis hermanos, familiares y con el ambiente que me rodeaba.
Sinceramente, entré en un conflicto muy grande, porque comenzaron a aparecer por doquier mis contradicciones e inconsistencias. Me vi reflejado en San Pablo, sujeto a otra ley, la del pecado, haciendo lo que no quería y no haciendo lo que deseaba. Ahora que estoy hablando contigo, te digo que esto me deja preocupado. Cuando por diversas circunstancias, he dejado de leer y cumplir tu Palabra, he perdido la referencia: comencé a deslizarme cada vez más hacia abajo. Cuando sin darme cuenta permití que se diluyera el sentido del pecado, lo cometí y volví a cometerlo y aún mas: no he quedado perturbado! Pero, seguí deslizándome más abajo. Cuando las necesidades de las personas y sus llamadas de auxilio comenzaron a serme indiferentes, un día, lo recuerdo bien, me sentí realmente vacío y acobardado.
Ayer, me prestaron un libro, el cual sostiene que la solución a estos problemas es simplemente saber adorar. Señor, asísteme e instrúyeme. Dime que significa la adoración.

Hijo, cuando me encontré con la mujer Cananea, ella estaba muy sedienta y Yo le ofrecí un manantial inagotable para calmar su sed. Le dije: Adora al Padre en Espíritu y en Verdad, porque Él se complace y busca adoradores que lo hagan de esa manera.
No es nada difícil, simplemente escucha. Ahora estás en el piso de un gran fondo oscuro. Si miras a los costados, sientes que te aprisionan las paredes que se achican segundo a segundo. Te sientes como atrapado y sin ninguna salida, te falta la luz, y no puedes huir ni correr. Estás quieto, sin movimiento y muy rígido. No temas. Comienza a adorar. Inclina tu cabeza hacia arriba, y verás lo único que puedes percibir: un tenue rayo de sol. Este es el inicio. Esta luz te alcanza.
No preguntes nada, calla por un pequeño tiempo. Sólo mira hacia arriba. Mira y fija tu mirada a lo invisible, pero con fe y mucha confianza. El sol te alumbrará un poco más y así verás grandes cosas, aún mayores de lo que han visto otras personas. Siéntelo, Él está ahí, no busques su rostro porque es inescrutable. Escucha su murmullo, abre tu corazón ahora para que disfrutes su dulzura y misericordia. 
   
Tiéndele la mano porque ha venido a estrechar su mano con la tuya y luego déjate llevar. Él te alzará como en un soplo, vendará tus heridas y se sentará junto a ti sobre una roca.
Temblarás ante su presencia, tus emociones se colmarán de plenitud por su cercanía, tus lágrimas caerán a borbotones por la inmensa alegría que experimentarás en su nube de gozo y felicidad. Ahora estás con Él. Míralo, escúchalo, pero no hables. Él te entiende y te responderá tus interrogantes. Sólo disfruta en calma y quietud. Ensancha tu corazón y observa a tu alrededor. Percibe los colores, la nueva dimensión de las cosas, las flores que crecen, el agua que fecunda el desierto seco de lo que pisabas y entonces sólo di: Gracias Padre! Nada más.
La adoración es extasiarse con gozo y gratitud simplemente ante su Presencia, el silencio del lenguaje del Amor. Si por algún motivo tu alma se entristece, vuelve a la adoración. Él te necesita así, humilde y confiado en creer que de nuevo vendrá cuando lo llames. No busques su rostro. Lo encontrarás; en todas las cosas y personas que te rodean. Y cuando lo encuentres y tu amor se plasme en una oración de alabanza, estarás adorando. Y porque Él así lo prefiere, te volverá a buscar. Pero no lo olvides: déjate hallar.



lunes, 21 de marzo de 2016

OFRECE ALGO AL PADRE CUETO, ANIMATE, EL SE LO MERECE!!!


Como sabes, el día 17, el P José M Fernández-Cueto cumplió 60 años de sacerdote y lo celebraremos en la Fiesta familiar del 3 de abril.

Él no quiere otro regalo que nuestra intercesión. Por eso, quisiéramos ofrecerle, durante la Fiesta Familiar de este día, un libro de oro, donde queden apuntados todas las oraciones, rosarios, Misas, días de trabajo, etc… ofrecidos por él.

¿Quieres participar? Puedes rezar un rosario por el P Cueto y sus intenciones, o ofrecer una Misa por él, o ofrecer las fatigas del día, etc, y comunicárnoslo (o bien en este blog, o por facebook, o al correo: cpcrcaldes@gmail.com
para que lo apuntemos en el libro. También se puede enviar un mensaje de felicitación para el Padre.

¡Gracias por tu colaboración!


SANTUARIO DE LA MADRE TRES VECES ADMIRABLE DE SCHÖENSTATT

 

QUIERO SER …



Quiero ser tu Magdalena

y bañar tus pies en lágrimas.

Quiero ser siempre beso

con qué ungir los pies del Maestro.


Quiero ser oro, incienso y mirra
con que perfuman los pies
de tu Niño en la cuna
tres sabios besos del Oriente.

Pues Él mismo descalza
y lava los pies de sus hermanos.
Pues Él mismo se entrega
al madero de los esclavos.


 Quiero unir mi mirada a la tuya
oh María, amantísima Esposa,
y juntas soportar el peso
del camino del Nazareno.



Quiero ser vinagre de esponja
que un venablo acercó a la boca
clavada y seca del Jesús.
Quiero ser vinagre de la hora nona.

¡Ay, ay, suspiro del Amor Nazareno!
Locura del amor,
Amor infinito y eterno.
¡Ay, espada de la Redención!

.....................................

Mi mano solícita
sólo sabe de ungüentos
con qué perfumar
los pies del Cristo muerto.

Quiero unir mi mano a tu mano
oh Madre, fiel servidora del Maestro,
y juntas sostener esa mano muerta
abandonada en tu inmenso regazo.

 ¡Ay, regazo solitario!
¡Ay, Tumba del Amor Nazareno!
 Quiero unir mis llamas a las tuyas
oh Fuente de sangre pura,
con qué arder la boca
de tanta piedra fría y dura.

Quiero unir mi sangre y mi agua
a la tuya, oh Fuente pura,
con qué saciar la sed
de tantas gemas tuyas.

¡Ay, Tumba del Amor Nazareno!

Quiero yo también fajar tu cuerpo
divino con bandas y aromas,
y ungirlo con mirra y áloe de Nicodemo,
con el cariño, lágrimas vivas, de tus hermanos.

Yo también quiero darte de mi ungüento
-          tu ungüento, oh Cristo -:
que el olor de tu Sepulcro Santo,
Señor, empape hasta el cielo.

...................................................


Hija de Pedro Madruga soy
y antes que el gallo cantara
al pie del Monumento estoy.

¡Mas ... oh Sepulcro vacío!
Tumba del Amor, ¿dónde le has puesto?
¿Dónde, dónde se lo han llevado,
que yo lo quiero?

¿Dónde, dónde,
que yo lo quiero?

¿Dónde ... dónde?

-          “ Mujer, ¿por qué lloras ”



 ¿Dónde, dónde, dónde le han puesto,
que yo lo quiero?

-          “Mujer,¿a quién buscas? ¿por qué lloras?“

-          “Señor, si has sido tú,
dime sólo dónde le has puesto
que yo le tomaré.”


- “ María, despierta ”

-          “ ..... ¡Rabboni!.....!

 Quiero ser tu Magdalena
y bañar tus pies en lágrimas.
Quiero ser siempre beso
con qué ungir los pies del Maestro.



                                                                          Maria Brunet