viernes, 27 de febrero de 2015

¡Le dijo que sí de verdad!

El pasado fin de semana falleció en accidente de moto Marcos Pou, seminarista en el seminario Conciliar de Barcelona.
No lo conocía personalmente, pero nos han ido llegando, como en cascada, distintos testimonios de las personas que le conocieron. 
Os paso el sermón del tío de Marcos, Iago Gallo durante el funeral . "Es uno de los sermones más bellos y verdaderos que yo he escuchado" comentada la persona que nos lo ha compartido.

"Algunos privilegiados -porque así lo había decidido él- unos poquitos (no sé cuantos, supongo que éramos dos o tres), sabíamos, hace ya tiempo (años incluso), que Marcos iba a sorprender (aunque a sorprender a medias, porque allí donde iba le preguntaban si era seminarista). Pero sabíamos que al término de su carrera de física Marcos iba a sorprender con la noticia de que ingresaba en el Seminario de la Diócesis de Barcelona.

Y así fue. Se cumplió su sueño de llegar ese día. Ese día precioso de poder comunicar a todos por qué estaba viviendo cómo estaba viviendo. Y por fin desvelaba la incógnita.

“¿Y ahora que terminas la carrera, qué vas a hacer?, y nos despistaba a unos y a otros con balones despejados”.

La noticia era “quiero ser sacerdote”. “Quiero entrar en el seminario”. Y fijáos, ha sido precioso poder acompañar a Marcos en estas semanas. Viendo cómo se cumplía este sueño tan atesorado por él, tan mimado, tan custodiado; tan absolutamente querido. Y se juntaba a los sacerdotes y miraba a los sacerdotes.  Pero quería ser sacerdote no por el quehacer sacerdotal, sino por el rostro de Jesucristo.
Nos ha explicado estas semanas -aunque lo hemos visto en cómo ha vivido estos últimos años de su vida-; nos ha explicado, ¡nos ha mostrado! casi, mejor dicho, cómo para él, en su experiencia, Jesucristo era algo tan absolutamente real, algo tan concreto, tan experimentable; como dice San Juan: “lo que mis ojos vieron, lo que mis oídos oyeron y lo que pude tocar con las manos”. Cristo era tan hermoso y estaba tan presente, que Marcos se atrevió a decirLe que sí. A decirle que sí para siempre.

Y se jugó sus amores humanos, se jugó su honra; se lo jugó todo.

“Me voy a hacer cura”.

En este momento histórico.

“Me voy a hacer cura”.

Es como si nos dijese (fijáos y me entendéis): “no es verdad que han pasado dos mil años. Cristo está vivo. Cristo está vivo. Cristo -como decimos en el ángelus todos los días- habita entre nosotros”.

Y el sacerdote, no es una descripción nada teológica, pero el sacerdote es aquél que, de la mano de Jesucristo, porque, esta manera de ser, este caminar entre los hombres así lo inventó Jesucristo; es aquél que estirando los brazos, estirando mucho los brazos; estirando los brazos todo lo que puede, con un brazo, con una mano, aferra a Dios, con la otra mano, aferra al hombre, y les lleva -al hombre y a Dios- a la comunión.

El sacerdote es aquél que a pesar de sus miserias humanas, y por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, consigue que el hombre y Dios se encuentren. Y fijaos: Marcos no ha pasado por el sacramento del Orden. No le ha hecho falta a nuestro Señor. Pero Marcos ya era sacerdote. Marcos, todo su hacer; todo su caminar; todo su hablar, era sacerdotal.

La mayoría de los que estáis aquí le conocéis. Habéis tratado con él.

Y era imposible. Era absolutamente imposible estar con Marcos más de media hora, sin que se acabase hablando de Jesucristo.

Era imposible seguir un poco la pista de sus viajes, del modo en el que empleaba su tiempo; era imposible ver cómo sonreía, ver cómo bromeaba, ver cómo chinchaba (especialmente a Mateo y a Juan - sus hermanos pequeños-) sin descubrir que ahí había algo grande. Era imposible estar con Marcos y no girar el cuello para intentar sorprender presente a Aquél que hacía a Marcos.

Y Marcos le dijo que sí:  Marcos al Señor le dijo que sí. Y le dijo que sí de verdad. ¡Le dijo que sí de verdad!

Marcos, -no nos habituemos a esto-, le dijo que sí a Dios. Y Dios, con ese designio suyo que ¡gracias a Dios nos supera!, gracias a Dios supera el nuestro; Dios acogió su sí. Y como era un sí gratuito, sin condiciones, Dios ha hecho con el Sí de Marcos lo que le ha dado la gana.

Porque Marcos le dio su sí a Dios. Le pertenecía a Dios. Y Dios dijo: yo con esto hago lo que quiero.

Y miramos al Señor y le decimos: “caramba Señor, parece que te sobran los sacerdotes. Porque pocos que somos, y este valía la pena, y te lo llevas”.

Y el Señor nos está diciendo: “Porque voy a bendeciros de otra manera; porque voy a cuidar la Diócesis de Barcelona y la Iglesia de otra manera.” “Porque lo puedo hacer yo también”.

Porque Marcos lo puede hacer desde el cielo. Porque Marcos puede acompañarnos desde el cielo. Marcos, de la mano de nuestro Señor, Marcos resucitado, puede hacerlo.

Pensaba yo anoche, cuando ya me metí en la cama, después de la jornada de ayer tan preciosa; pensaba en lo siguiente: ¡Si es que es verdad, caramba! ¡Si es que es verdad que Cristo y Marcos se querían; se quieren!, ¡es que es verdad! Y pensaba: ¿me voy a meter yo en esa relación? ¿voy a opinar yo sobre “cómo se quieren Cristo y Marcos”, ”cómo se quieren Marcos y Cristo”? ¿Voy yo a opinar que debería haber sido de otra manera? ¿Me voy a atrever yo a decirle a Marcos: no se quiere así al Señor, porque mira lo que te hace?

¿Me voy a atrever yo a decirle al Señor, con el sí de mi sobrino: “eso no es justo”? ¿Me voy a atrever?

Fijaos que, -es algo que he tenido presente ayer, porque ayer y hoy han sido un día precioso-, Dios, ¡nos ha hecho trampas!, ¡nos ha hecho trampas Dios! Pero no con la muerte de Marcos: nos ha hecho trampas ¡con la vida de Marcos! ¡Porque nos lo ha regalado! Nos lo ha puesto delante, ¡y nos ha enamorado! Y en el mirar a Marcos -y era normal, eh, Marcos era normal-; en el mirar a Marcos (salvo que uno fuese muy torpe, o muy ciego); en el mirar a Marcos uno decía: “es evidente que hay alguien que hace a este tío”. Es evidente que hay uno que hace que Marcos sea así de atractivo. ¡Es evidente! En el rostro, en el gesto, en la voz, en el abrazo de Marcos. ¡Es evidente! Y Dios nos ha hecho trampas ahí: porque en el mirar a mi sobrino, en el mirar a Marcos, ¡los ojos se te iban al cielo! Y pensaba yo ayer: ¿cómo me voy a enfadar yo con éste que me ha hecho trampas! ¿Cómo me voy a enfadar yo con el que me ha regalado a Marcos -fijaos-, a cambio de nada? ¡Porque nos lo ha regalado “a cambio de nada”!

¿Alguien ha pagado un precio por poder ser amigo de Marcos? ¿Alguien ha pagado un precio? ¡Si es gratis! Nos lo han regalado gratis. Y no nos lo han arrebatado. Nos lo han regalado gratis, y nos lo siguen regalando gratis.

Siempre digo, porque es así: Dios no da para luego quitar. Dios da para dar. Y a Marcos nos lo ha dado. Y nos lo ha dado para siempre. Ahora ciertamente, como hemos escuchado en la liturgia, de una manera distinta, pero para siempre.

Estos días le agradezco infinitamente a Marcos, con su vida y con su muerte, y agradezco infinitamente a nuestro Señor que me mostrase de una manera que yo pudiera entender, y ojalá podamos todos entender, esta frase que hemos trabajado en estos meses en Escuela de Comunidad: “la vida no es un quehacer: la vida es un afecto”. Y el afecto, en Marcos, se cumple. Marcos quería al Señor. Marcos quiere al Señor.

Fijaos: nosotros podemos seguir viviendo así. Podemos seguir viviendo en el afecto. No sé cuantos cientos de abrazos estamos recibiendo en estos días, pero son todos reales. Son todos de verdad. Todos de verdad. Son abrazos que vienen de lo alto.

Vamos a poner a Marcos en las manos de la Virgen para que lo acompañe hasta su casa. Hasta su nueva casa, donde le encontraremos el día que a nosotros también se nos llame. Así sea.
  

jueves, 26 de febrero de 2015

Ejercicios Espirituales: hablando con Jesús, de una forma distinta...

 Empezé los Ejercicios Espirituales con ganas. Era mi primera vez, pues otros años me habían invitado, pero nunca había dado el paso. Esta vez lo tenía claro.
  Quería que fuesen dos días sólo para el Señor, para aprender a estar con Él. Aunque a la hora de la verdad al empezar me encontré que sólo me venían a la cabeza temas presentes míos, preocupaciones, dudas...

  Recuerdo la primera meditación del Padre. Teníamos que formularnos preguntas para conocernos, para aprender a conocernos mejor. Y no me salía ninguna respuesta. No lo entendía, pero me era dificultoso poder autoresponderme en preguntas que hacían referencia a cosas importantes en mi vida. Y si, quizás me fui a dormir un tanto confuso. 

  El sábado todo cambió. Aún con mis preocupaciones a la cabeza, aún sin poder centrarme en el Señor, sentí la necesidad de ir a hablar con el Padre. No sabía que iba a decirle, fue un impulso, pero me levanté y estuvimos conversando. Y realmente fue una bendición, porque vaciar lo que me preocupaba me ayudó a centrarme en lo que había venido: en mi relación con Jesús.

  Y rezando junto a Él encontré paz. Era la mañana del sábado. Y sólo por esta primera sensación que me iba a acompañar durante el resto de ejercicio ya había valido la pena venir. El Señor me había regalado paz!

 Reconozco que me gusta hablar, con lo que estar en silencio dos días fue un reto. Pero tenía ganas de probarlo, y me lo tomé en serio. La primera cena fue muy curiosa: estabamos 5 chicos sentados, haciendo sonidos para pasarnos la comida o el agua... pero sin ninguna palabra. Lo encontré cómico, divertido y curioso. Como un juego. Pero también es cierto que la última cena aprecié este silencio: la comunicación era a base de servicio, a base de cuidar a los otros compañeros de mesa, a base de pequeñas complicidades, pero sin palabras. 
 Pero lo más bonito de hacer silencio durante los dos días fue adentrarme en un clima de oración al que podía acceder fácilmente durante el resto del día. 
  Quizás el  momento más impactante fue cuando, andando por el jardín en un rato libre, me encontré hablando con Jesús, pero de una forma distinta. Creo que por vez primera le hablaba como un amigo de forma espontánea, asumiendo su presencia real en mi, como si estuviera andando a mi lado. Fue emocionante.

 Jesús en estos Ejercicios me ha ayudado a comprender mejor el amor que nos tiene. A maravillarme de su misericordia. A querer confiar en su tiempo y su plan.
 Y he podido disfrutarlo junto a otros jóvenes que, aún sin conocernos ni  palabra alguna, sentí cercanos, hermanos, amigos. La comunión que da Cristo!
 Sin duda ha sido una de las experiencias de fe más importantes de mi vida. Repetiré sin duda, y quiero llevar a más amigos a disfrutar de ellos. 

 Porque quiero compartir la experiencia de sentir que Dios nos ama... y esto lo cambia todo!

miércoles, 25 de febrero de 2015

¡Hablar del diablo en el Siglo XXI!



Si en el pasado con demasiada frecuencia se había hablado del demonio y se le veía donde no estaba. Ahora hemos caído en el extremo opuesto; no lo vemos en ningún lugar. Este papa ha hablado, y habla, mucho del demonio, imagino que lo hace para contrarrestar la tendencia actual a no hacerlo. 
Dice   el papa en la homilía del once de octubre del 2013: “Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros (sobre expulsión de demonios, n.d.r.), dicen: “Jesús curó a una persona de una enfermedad psíquica”. No se lee esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión del demonio; ¡pero es también cierto que existía el demonio! Y no tenemos derecho a simplificar tanto las cosas, diciendo: “Todos estos no estaban endemoniados; eran enfermos psíquicos”. ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia acaba también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio”.
Buena aclaración, por el hecho de que no sabían distinguir una enfermedad mental de una posesión, no podemos concluir que tota curación de Jesús es sobre enfermos mentales. Y hoy en día también hay posesiones y muchas cosas de este estilo...
En otra homilía, treinta y uno de octubre del 2014, fue más allá: “a esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el diablo era un mito, una figura, una idea, la idea del mal ¡pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él! ¡Lo dice San Pablo, no lo digo yo! ¡Lo dice la Palabra de Dios!”.
Cuantos que van de expertos lo han dicho: “no es moderno hablar del diablo, hace falta hablar de la idea del mal”. En otra homilía, catorce de abril del 2014, dice: “‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.
Y “este luchar contra él”  lleva al papa a dar un paso más allá, cuando dice:”También nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús”.

 Cuando contemplamos escenas del evangelio sobre expulsión de malignos espíritus, pensemos en cómo el diablo nos tienta a nosotros, cómo nos quiere conquistar, cómo nos quiere adormecer en  nuestro seguimiento de Jesús, por qué camino se nos está introduciendo (no poseyendo, pero sí influyendo). 
Cuando contemplamos escenas de poseídos por el espíritu maligno, preguntémonos ¿y yo qué? y, ¿por dónde me ataca el maligno? ¿cuál es mi punto débil?
Por esto, esta lucha que hoy contemplamos entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo, es la lucha que también nosotros mantenemos. La vida cristiana es lucha, es combate, intentar vivir la palabra de Dios, lo que Jesús domingo tras domingo, nos va diciendo, implica lucha y combate por parte nuestra. 
Cuando no hay lucha y combate mala señal … Querer el evangelio, querer avanzar en nuestra vida cristiana implica lucha y combate.Hace falta que nos examinemos en esta lucha. Quizás, no avanzamos porque no luchamos. Y cuando hay esta lucha, este combato, oh milagro, aparece la alegría en nuestra vida, es la alegría del evangelio.
Francesc Jordana

martes, 24 de febrero de 2015

TESTIMONIOS DE EJERCICIOS PARA JÓVENES



 Tenía el objetivo de desconectar. Fue difícil dejar el móvil pero el Señor me ha dado fuerza. He redescubierto el amor de Dios.

He venido “chof”, el retiro me ha dado paz, tranquilidad. Me ha gustado mucho.

Me voy con mucha paz. Aun si no nos conocemos, después de esta experiencia vivida juntos, mañana os echaré de menos.

Venía sin saber lo que era esto. He tenido sentimientos durante la oración. Siento paz y alegría. Tengo que aplicarlo ahora a la vida diaria.

Es la experiencia mejor de mi vida. Siento amor por vosotros y por el Señor.

Estoy muy contento. Venía para una renovación. A veces no tengo tiempo para rezar, y venía para tomar tiempo. Es el mismo Padre que el año pasado que nos ha hablado, pero fue diferente, no ha hecho lo mismo.

Estoy notablemente satisfecho. Me llevo el silencio y que esté presente en mi vida.

Es la segunda vez que hago retiro y me ha gustado. He encontrado respuestas a lo que buscaba. Me llevo cosas que puedo empezar a hacer.

A veces tengo desolación, dudas, y quiero conocer más al Señor. He encontrado, en este retiro, solución a todo esto, y más. He tenido conciencia que el Señor está vivo.  Quiero tener más conciencia de su Presencia en mi vida. Gracias, os echaré de menos.

Tengo un corazón de piedra. Pensé al principio del retiro “calla, a ver qué pasa”. Resistí a la tentación de hablar. Dios entró en mí. Gracias al Padre Enrique por sus conversas. Tengo mucha paz.

Este año, tuve como una explosión de fe. Y he tenido más en este retiro. Encontré cómo tengo que vivir. Me servirá. Siento alegría de encontrarme con Cristo. Hubiera querido que dure más. Gracias.

Sin silencio, es complicado, no sientes a Dios. Tenía une paquete de información sin orden. El método de S Ignacio me ha ayuda a ordenarlo. Es un buen método.

Gracias. El retiro me ha dado paz. Me ha ido bien el silencio, te hace bien. Es increíble la simpatía que hay entre todos a pesar de no haber hablado nada, casi.

Tenía muchas ganas de hacer este retiro. Es mi primero. Como siempre, empiezo muy alto, y al final me canso. Hoy, no he hecho nada. Ayer, tomé apuntes, y me quedé en silencio. Hoy, he hablado un montón. Espero hacerlo otra vez, y mejor.

He buscado respuestas. Me llevo convicciones. Las charlas reafirman la convicción. Gracias.

Necesitaba rezar. Venía con el estrés de la faena. Recibí una publicidad de este retiro. Me ha ido muy bien. Estoy muy contento.

Quería 2 días con el Señor. Pero, como diácono, tuve que hacer muchos viajes. Al final me llevo el haber visto la acción de Dios en vosotros. Estoy muy contento.

Tenía ganas de acercarme a Dios. Me voy contento. Lo importante es tener a Dios en mi vida.
Era la primera vez. No sabía que se hacía silencio. He estado un poco desorientado. Luego, he hecho examen de mi mismo. Me llevo el silencio: no pensaba poder estar tantas veces en silencio

lunes, 23 de febrero de 2015

Momento providencial


Comenzando la Cuaresma

Hoy puede que para muchos de nosotros sea un día de imaginar propósitos, renuncias o promesas. 
Quizás esto tenga algo de inevitable ahora que nos vemos ya situados en el pórtico de la Cuaresma. Pero si no estamos atentos corremos el riesgo de perdernos y de enmarañarnos, alejándonos de Aquel que nos lleva suavamente a la Pascua. 
Pues frente a este peligro de despistarnos, Ignacio de Loyola nos invita a que cada uno “procure tener ante los ojos siempre primero a Dios”. 
Ojalá podamos vivir nuestra Cuaresma así:
Que podamos pensarte
y sentirte al mismo tiempo.
Que podamos creerte y saberte
con nosotros, en nosotros.
Que podamos inundarnos de ti
diluirnos en ti.
Que entremos en tu flujo
y tu movimiento sea el nuestro.
Y que tu gracia sea la fuente de nuestra virtud
y tu sabiduría guíe nuestras conciencias.
Que seas Tú,  el Amor, nuestra única divinidad.
M. G. I.

domingo, 22 de febrero de 2015

Testimonio de Ejercicios de un joven



 
Este fin de semana tenemos cerca de 20 jóvenes haciendo Ejercicios en nuestra casa. Esperando sus testimonios os compartimos uno que nos dejó desde su tanda del año pasado uno de nuestros actuales seminaristas 
 
"Recuerdo con mucha alegría los Ejercicios Espirituales que hice en Caldes en la Casa Mare de Déu de Montserat. Fueron una experiencia fantástica que no olvidaré nunca en mi vida. Y no lo digo como tópico y porque queda muy bien y todo eso, sino porque aquellos días fueron un punto y a parte en mi vida. Recuerdo especialmente al P. Enrique. ¡Qué suerte tuvimos con él!. Pocas veces encuentras a gente tan entregada, tan alegre, tan plena de Dios... ¡Y las Hermanas! Muchas gracias por vuestra alegría y servicio. Hicisteis de vuestra casa nuestra casa y un lugar muy acogedor y tranquilo para poder escuchar la voz del quien realmente importa. Sin vosotros no hubiese sido lo mismo.
Yo no acababa de sentirme feliz y en paz, a pesar de que podía parecer que todo iba bien. Oraba, iba a Misa cada día, ayudaba y participaba en grupos de la parroquia, estudiaba en la universidad y tenía  muchos proyectos personales...
 Me faltaba algo. Estaba agarrado a mis proyectos y a mis ideas y  no me dejaba llenar  plenamente por Dios. Ya hacía tiempo que sentía que el Señor me lo pedía todo, quería que me dejase llevar por Él, pero yo tenía miedo porque no quería que me pidiese aquello que yo sospechaba... El Señor quería tocar todas las teclas y yo no le dejaba tocar más que las que me interesaban a mí.
Precisamente durante aquel curso había crecido en mí la voluntad de llevar a Cristo allí a donde yo fuese, de anunciar su alegría y la buena nueva, de ser, en definitiva, santo. Este pensamiento me ha acompañado siempre. Es por eso por lo que yo tenía en lo hondo del corazón el deseo de hacer en todo su voluntad. Los Ejercicios espirituales de Caldes, bajo la inspiración de los de San Ignacio, fueron sobre el “desapego” y el abandonarme en manois del Señor. Vaya, que estan hechos a medida de lo que yo necesitaba.
Y el Señor me dio ese don. Abrirme. Dejar que entrase con fuerza, querer hacer su voluntad. Y qué paz, qué alegría... Qué diferente era la oración después de abandonarse a  sus manos. Cuánto froto sacaba de ello. Y claro, me sentía tan bien que mi tiempo de oración crecía exponencialmente. Aquello que sospechaba era cada vez más real y efectivamente el Señor me llamaba a una vida totalmente  entregada a Él, me llamaba al sacerdocio. Y le dije que sí. Su proyecto era mucho mejor que todos los otros proyectios que pudiese imaginar. Era tan grande la alegría que sentía que quería vivir para eso, trasmitirla a los otros y poder ayudar a la gente a encontrarse con Cristo. Ahora escribo este testimonio desde el seminario y cuando mira para atrás me doy cuenta de como el Señor me ha ido guiando a lo largo de toda mi vida y me maravillo.
Es fantástico encontrarse con Cristo y dejarse quiar por Él. Nos ama, jamás ningún otro nos amara tanto. El mejor proyecto que podemos encontrar para el mundo es el que nos propone Jesucristo: un mundo en el que reine la paz, el amor, la justicia, avanzando hacia el que nos espera em la Jerusalén celestial. ¡Aquello será demasiado!!! Y hoy la Iglesia necesita gente, sobretodo jóvenes, que se dejen llevar por Cristo, que no teman abandonarse y dejarse llevar por Él, porque Él está con nosotros y no nos abandona. Una parsona que se ha encontrado con Cristo transforma  su entorno. A eso estamos llamados todos los cirstanos, a hacer del mundo un trozo de cielo".