domingo, 31 de agosto de 2014

El reto del testamento de Jesús

  Cada vez que renovamos nuestra profesión de fe recitando el "Credo", afirmamos que la Iglesia es "una" y "santa". Es una, porque tiene su origen en Dios Trinidad, misterio de unidad y de plena comunión. La Iglesia también es santa, en cuanto que está fundada en Jesucristo, animada por su Espíritu Santo, colmada de su amor y de su salvación. Al mismo tiempo, sin embargo, está compuesta de pecadores, todos nosotros, pecadores que cada día experimentan las propias fragilidades y las propias miserias. Entonces, esta fe que profesamos nos empuja a la conversión, a tener la valentía de vivir cotidianamente la unidad y la santidad y si nosotros no estamos unidos, si no somos santos, ¡es porque no somos fieles a Jesús! Pero Él, Jesús, no nos deja solos, no abandona a su Iglesia. Él camina con nosotros, Él nos entiende. Entiende nuestras debilidades, nuestros pecados, nos perdona, siempre que nosotros nos dejemos perdonar. Él está siempre con nosotros, ayudándonos a ser menos pecadores, más santos, más unidos.

  El primer consuelo nos viene del hecho que Jesús ha rezado mucho por la unidad de los discípulos. Es la oración de la Última Cena, Jesús ha pedido mucho: 'Padre, que sean una sola cosa'. Ha rezado por la unidad y lo ha hecho en la inminencia de la Pasión, cuando iba a ofrecer toda su vida por nosotros. Es eso a lo que estamos enviados continuamente a releer y meditar, en una de las páginas más intensas y conmovedoras del Evangelio de Juan, el capítulo diecisiete. ¡Que bonito es saber que el Señor, justo antes de morir, no se preocupó de sí mismo, sino que pensó en  nosotros! Y en su diálogo sincero con el Padre, ha rezado precisamente para que podamos ser una sola cosa con Él y entre nosotros. Con estas palabras, Jesús se ha hecho nuestro intercesor ante el Padre, para que podamos entrar también nosotros en la plena comunión de amor con Él; al mismo tiempo, nos confía a Él como su testamento espiritual, para que la unidad pueda convertirse cada vez más en la nota distintiva de nuestras comunidades cristianas y la respuesta más bella a quien nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros.
"Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste". La Iglesia ha buscado desde el principio realizar este propósito que está tan en el corazón de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan que los primeros cristianos se distinguían por el hecho de tener "un solo corazón y una sola alma"; el apóstol Pablo, después, exhortaba a sus comunidades a no olvidar que son  "un solo cuerpo". La experiencia, sin embargo, nos dice que son muchos los pecados contra la unidad. Y no pensamos solo a las grandes herejías, los cismas, pensamos a faltas muy comunes en nuestras comunidades, en pecados "parroquiales", a esos pecados en las parroquias. A veces, de hecho, nuestras parroquias, llamadas a ser lugares de compartir y de comunión, están tristemente marcadas por envidias, celos, antipatías... Y el chismorreo está a mano de todos. ¡Cuánto se chismorrea en las parroquias! Esto no es bueno. Por ejemplo, cuando alguien es elegido presidente de tal asociación, se chismorrea contra él. Y si otra es elegida presidenta de la catequesis, las otras chismorrean contra ella. Pero, esta no es la Iglesia. Esto no se debe hacer, ¡no debemos hacerlo! No os digo que os cortéis la lenga, tanto no. Pero pedid a Dios que dé la gracia de no hacerlo.
  ¡Esto es humano, sí, pero no es cristiano! Esto sucede cuando apuntamos hacia los primeros puestos; cuando nos ponemos a nosotros mismos en el centro, con nuestras ambiciones personales y nuestras formas de ver las cosas, y juzgamos a los otros; cuando miramos a los defectos de los hermanos, en vez de a sus dones; cuando damos más peso a lo que nos divide, en vez de a lo que nos reúne.

   Una vez, en la otra diócesis que tenía antes, escuché un comentario interesante y bonito. Se hablaba de una anciana que toda la vida había trabajado en la parroquia, y una persona que la conocía bien, dijo: 'Esta mujer no ha hablado nunca mal, nunca ha chismorreado, siempre era una sonrisa'. ¡Una mujer así puede ser canonizada mañana! Este es un bonito ejemplo. Y si miramos a la historia de la Iglesia, cuántas divisiones entre nosotros cristianos. También ahora estamos divididos.

  También en la historia, los cristianos hemos hecho la guerra entre nosotros por divisiones teológicas. Pensemos en la de los 30 años. Pero, esto no es cristiano. Debemos trabajar también por la unidad de todos los cristianos, ir por el camino de la unidad que es el que Jesús quiere y por el que ha rezado.

  Frente a todo esto, debemos hacer seriamente un examen de conciencia. En una comunidad cristiana, la división es uno de los pecados más graves, porque la hace signo no de la obra de Dios, sino de la del diablo, el cual es por definición el que separa, que rompe las relaciones, que insinúa prejuicios... La división en una comunidad cristiana, ya sea una escuela, una parroquia o una asociación, es un pecado gravísimo, porque es obra del demonio. Dios, sin embargo, quiere que crezcamos en nuestra capacidad de acogernos, de perdonarnos, de querernos, para parecernos cada vez más a Él que es comunión y amor.  En esto está la santidad de la Iglesia: en el reconocer a imagen de Dios, colmada de su misericordia y de su gracia.

  Queridos amigos, hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Pidamos sinceramente perdón por todas las veces en la que hemos sido ocasión de división o de incomprensión dentro de nuestras comunidades, aún sabiendo que no se llega a la comunión sino a través de una continua conversión. ¿Qué es la conversión? Es pedir al Señor la gracia de no hablar mal, de no criticar, de no chismorrear, de querer a todos. Es una gracia que el Señor nos da. Esto es convertir el corazón.  Y pidamos que el tejido cotidiano de nuestras relaciones pueda convertirse en un reflejo cada vez más bonito y feliz de la relación entre Jesús y el Padre.
Papa Francisco, Audiencia general del 27 de agosto 2014

martes, 26 de agosto de 2014

Testimonio de Ejercicios

 
La semana pasada concluímos una tanda de Ejercicios Espirituales para hombres. Os compartimos los testimonios que algunos nos dejaron escritos para el blog  
Cuando el Señor te busca y tú le  dejas, te encuentra y cuando eres tú el que busca al Señor Él es el primero en dejarse encontrar.

Esto es lo que me ha sucedido en estos días de Ejercicios Espirituales en la Casa Mare de Déu de Montserrat en Caldes de Montbui. Tenía ganas de hacer el camino de Santiago y finalmente tuve que optar por venir a descansar, pues los planes del Señor eran distintos de los míos

Aunque conozcamos a Dios y le tengamos presente en nuestras vidas ha sido en estos días en el silencio, en las meditaciones, en la oración y ante el Sagrario y la Eucaristía donde he podido conocerle mucho más a Él.

Se ha mostrado como un Padre amoroso que desea la salvación de sus hijos a cualquier precio. Por eso dio su vida por todos nosotros. A la vez desea que sepamos vivir con calidad humana los hechos y las vivencias de cada día, entre hermanos, como hijos suyos que somos, para nuestra felicidad ya aquí en la tierra. 
Los Ejercicios en esta intimidad que te permiten con Dios, siempre son diferentes, nunca iguales. Puedes sintonizar con El, porque tienes todos tus sentidos aplicados íntimamente a Él, tú le hablas y El te habla en tu interior de una manera silenciosa, casi imperceptible y lo sabes porque salen deseos y propuestas buenas, notas un cierto cambio en tu interior, Dios está presente, está vivo en ti y te da una fuerza intensa que hace que lo irradies a los demás. En estos días he comprendido verdaderamente que lo más importante en la vida es conocer a Jesús

domingo, 24 de agosto de 2014

“¿A quién enviaré?”


No lo escuchaste porque estabas en el ordenador distraído, mirabas el televisor o estabas concentrado en tu trabajo.
 

Hoy Dios te ha llamado.
 

Te pide que lo dejes todo por Él, que le des tu vida, que la gastes en algo grande, más grande de lo que puedas imaginar.

Quiere que seas Su enviado, Su mensajero y le muestres al mundo Su amor de Padre. Lo Misericordioso que es con nosotros.

Desea que te conviertas en un faro que guíe a los demás, e ilumines la oscuridad del mundo.

Desde que naciste crece en tu interior una semilla que Él sembró en ti. El amor Divino que te irá inundando el corazón hasta que no haya espacio más que para Dios.

Te llenarás de Dios para llevarlo a los demás. Podrás abrazar al enfermo, al débil, al necesitado, al que está solo. Te acercarás mostrándoles el rostro del Padre.

Una sola palabra bastará para llenar sus esperanzas: “Dios”.

Sencillamente les dirás: “Dios te ama” y cambiarás sus vidas con la certeza de saberse amados.

Dios quiere que seas diferente, y te atrevas a vivir el Evangelio.

“¿A quién enviaré?” te preguntó hace un momento. “¿Quién irá en mi nombre?”

Muchos han respondido: “Aquí estoy. Envíame a mí”. Y son nuestros religiosos, sacerdotes, religiosas. También están los que decidieron seguirlo y formar un matrimonio y tener hijos. O los que descubrieron que los llamaba a un apostolado.

Su llamado es para todos. Pero hoy, te ha llamado a ti.

Dios te ha llamado al amor, para que perdones y lleves Su palabra.

No permitas que te quiten esa ilusión, la de la vez primera, cuando lo sentiste en tu interior con una fuerza impresionante y el mundo fue diferente. Lo viste nuevo, hermoso, increíblemente bello. Y todo te recordaba a Dios.

Cuando te llenaste de “algo” que no comprendiste. Como un súbito sentimiento de gozo, que te movía al amor. Un fuego que te quemaba por dentro y brotaba en tu interior la necesidad de estar a solas con Dios.

Cuando fuiste feliz a contracorriente.
Cuando te atreviste a denunciar y anunciar.
Cuando la caridad surgió como un manantial dentro de ti.
Cuando te fue fácil orar, porque era estar en Su presencia.

Hoy Dios te ha llamado. ¿Qué le responderás?

Aleteia

sábado, 23 de agosto de 2014

Evangelizar en el verano

 “Construir la Nueva Ciudad” es el objetivo de un grupo de jóvenes valencianos que intentaron hacer como los primeros discípulos: “sin alforja, sin bastón ni sandalias de repuesto, sin dinero, ya que deseo que esta experiencia sea pagada por el Señor", explicaba el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro animando a los jóvenes. Los jóvenes, durante una semana, desde el domingo 20 al 27 de julio fueron por las ciudades transmitiendo la alegría del Evangelio por todos los lugares. Desde el barrio de La Coma de Paterna, así como a las parroquias de la Anunciación de Nuestra Señora de Aldaia, de Grao de Gandia, y de los Santos Patronos de Alzira.

Colaboraron con la animación litúrgica en las misas, visitaron enfermos, ancianos o religiosas, colaboraron con Cáritas parroquiales, animaron los economatos y ayudaron a familias con problemas.
También la playa fue protagonista de estos días. En Aldaia y en la playa de Gandía se celebró el viernes 25 de julio el “Nightfever” una noche para invitar a los jóvenes a entrar a los templos y hacer oración frente al Santísimo.
“Sois más de 4.000 jóvenes cristianos los que habéis realizado ese compromiso de vivir siendo “misioneros de la fe”, explica mediante una carta pastoral monseñor Carlos Osoro: “Habéis entendido muy bien que ningún bautizado puede evadirse del compromiso misionero. Ayudad a estos jóvenes donde los encontréis, su trabajo es profecía y realidad que se va haciendo, ellos nos dicen que hay que “construir la nueva ciudad” con la fuerza, la gracia, la vida y el amor de Jesucristo”.
Con este motivo, el arzobispo de Valencia les recuerda a los jóvenes el llamamiento del Papa Francisco a salir en misión y cómo esta misión solamente se puede adquirir desde un profundo diálogo con Jesucristo: “No habrá misioneros mientras no existan hombres y mujeres que, como Pedro, Santiago y Juan, se dejen tomar por Jesucristo, descubran de verdad quién es el Señor y establezcan un diálogo abierto y sincero con Él”.

viernes, 22 de agosto de 2014

Dio su vida intentando mostrar al mundo el sufrimiento del pueblo sirio

  James Foley, el periodista americano cuya decapitación exhibieron los yihadistas del Estado Islámico este martes, era un hombre nacido en una familia católica de Boston que sabía rezar, y experimentó en momentos difíciles el bálsamo de la oración
  En 2011 fue prisionero de las fuerzas partidarias del gobierno libio. Detenido en Trípoli y liberado tras 45 días de cárcel, escribió una carta para la revista de la universidad católica Marquette de Milwaukee, frecuentada por él.
  En ella, Foley relataba: “Mis colegas y yo fuimos capturados y detenidos en un centro militar de Trípoli”. Cada día, explicaba el periodista, “aumentaba la preocupación por el hecho de que nuestras madres se desesperaran”.
  Aunque “no sabía a ciencia cierta que mi madre supiera lo que me había pasado”, Foley decía a sus colegas que “su madre tenía mucha fe” y que él mismo “rezaba para que supiese que estaba bien. Rezaba para poder comunicarme con ella”.
  El periodista contaba que comenzó a rezar el rosario, porque “era como mi madre y mi abuela rezaban (…). Claire y yo [una colega, ndr], comenzamos a rezar en voz alta. Me sentía consolado al confesar mi debilidad y mi esperanza con ella y conversando con Dios, más que estando en silencio”.
  En aquel momento, los periodistas fueron trasladados a otra prisión donde se encontraban los presos políticos, “por los que fui acogido y tratado bien”.
  Tras 18 días sucedió un hecho que Foley no se supo explicar: fue liberado de la celda por los guardias y llevado a una oficina “donde un hombre distinto y bien vestido me dijo: ‘Hemos pensado que quizás querías llamar a tu familia’”.
  Dijo una oración y marcó el número. La línea funcionaba y la madre del periodista fue quien respondió: “Mamá, mamá, soy yo, Jim”, dijo el joven. “Estoy en Libia, mamá. Siento esto. Perdóname”.
  La mujer, incrédula, respondió al hijo que no lo sintiera y que le dijese cómo estaba: “Le dije que me alimentaba, que tenía la mejor cama y que me trataban como a un huésped”.
  Foley añadió: “Recé para que supieses que estaba bien ¿recibiste mis oraciones?”. La mujer respondió: ‘Jimmy, hay muchas personas rezando por ti. Todos tus amigos: Donnie, Michael Joyce, Dan Hanrahan, Suree, Tom Durkin, Sarah Fang, que ha llamado; tu hermano Michael, que te quiere mucho’. Después el guardia me hizo una seña y tuve que despedirme de ella”.
  La familia del periodista, que informó del secuestro del joven en Siria el 22 de noviembre de 2012, ha pedido que, por respeto, se evite ver el vídeo en el que aparece la ejecución del joven estadounidense.
 "Nunca hemos estado más orgullosos de nuestro hijo Jim -escribió su madre, Diane Foley, en Facebook-. Dio su vida intentando mostrar al mundo el sufrimiento del pueblo sirio. Imploramos a los secuestradores que perdonen la vida del resto de rehenes. Como Jim, son inocentes y no tienen control sobre la política del Gobierno estadounidense en Iraq, Siria ni en ningún lugar del mundo”.

jueves, 21 de agosto de 2014

Misión en Argentina y Uruguay



Quisiera compartir con vosotros, lo que he vivido estas vacaciones.

¡Ha sido una experiencia inolvidable!


Todo empezó, cuando recibí por email, una invitación del P. Enrique Martín Baena CPCR, para ir de misiones a Uruguay y Argentina.

Mi nombre es Mª Ángeles Borrell. Soy enfermera. Natural de Barcelona. Tengo 54 años y soy madre cuatro hijas ya mayores.

 El tema de las misiones, siempre me había llamado la atención desde pequeña, pero lo veía como algo lejano para mí. Mira por donde, se me presentaba la ocasión. Nunca es tarde!

Obtuve permiso en el trabajo, para poder coger vacaciones, una semana antes de lo que me correspondía. Ósea que ahí ya vi la voluntad de Dios.


El grupo estaba compuesto por ocho personas, cuatro varones, incluyendo al P. Enrique, y cuatro mujeres.

Debíamos reunirnos previamente, al menos dos fines de semana, para prepararnos. Tuvimos un encuentro en Madrid y otro en Barcelona. Los madrileños eran P. Enrique, Isabel, Maite, Jesús y Pablo. Mi hermano Andrés y yo de Barcelona, y Chacha de Argentina.

Durante los fines de semana de formación, estuvimos preparando el temario de la Doctrina Social de la Iglesia, y también la última encíclica del Papa Francisco: Evangelium Gaudium (La alegría del evangelio), la cual tomábamos como guía.

 Además, contamos con la presencia de 2 sacerdotes: uno de Uruguay y otro de Argentina. El Padre Pancho y P. Walter CPCR, respectivamente. Ellos nos acercaron un poco, a los países que íbamos a visitar.

También tuvimos la oportunidad de celebrar por skype una reunión conjunta, con el obispo de Melo (Uruguay) y los sacerdotes de Federal (Argentina), con los que íbamos a colaborar y nos habían encargado los temas a tratar.

Después, estuvimos viendo temas de logística y la agenda que tendríamos allí. Aunque se nos preparó para los imprevistos. Esta iba a ser una misión itinerante, de 3 localizaciones diferentes y eso representaba una mayor complejidad.
 Todo me parecía muy emocionante ¡

Pero el mayor reto, era preparar el tema, que el P. Enrique nos había encargado a cada uno de nosotros, según su profesión. ¡Qué nervios¡

Aunque había algún docente, no estábamos acostumbrados a  hablar en público. Además, había que hacer un power point e ilustrarlo con imágenes.

Total, que los fines de semana previos, estábamos muy aplicados estudiando, como si tuviésemos un examen.

Ahí ya empezó nuestro aprendizaje.


Otro momento emocionante fue, el encontrarnos el día 28 de julio, en el aeropuerto de Madrid, para salir. ¡ Tachan ¡  . Llegó el día de hora “H”. Ya estábamos de camino a la aventura.

 Habíamos salido con un calor horroroso de España, y llegábamos al aeropuerto de Montevideo, con un frío invernal.

El primer día 29, tuvimos una jornada turística por Montevideo, para descansar del viaje. Al día siguiente, por la noche, disfrutamos del primer encuentro con Monseñor Beto, con una cena en el seminario.

El 30 de julio al llegar a Melo, cenamos con Álvaro y Silvia, el ecónomo del obispado y su mujer. Son un matrimonio encantador. Parecía como si ya nos conociésemos.
 Misión

1)- Al día siguiente 31, viajamos a Rio Branco-Uruguay, en dos coches alquilados. Ahí empezaba nuestra  primera misión. Nos recibió el P. Nacho. Un hombre de pueblo,  muy cercano y entrañable. Su efusivo recibimiento, no dejó a nadie indiferente. Nos instalamos en un centro parroquial llamado Tribuna Popular. Aunque preparado con mucho cariño, era un local muy sencillo, que nos daba la sensación de estar de campamentos.  No había armarios para colgar la ropa, y la cocina contaba con un hornillo, una fregadera, un armario desvencijado.

Allí estuvimos nueve días. Fuimos recibidos con todos los honores por parte de la gente del pueblo y de la parroquia. Nos agasajaban con comidas abundantes y postres deliciosos. Parecíamos el Portal de Belén, con tanta empanada y  torta que nos llegaba cada día.

Fuimos varias veces convocados para ser entrevistados en la radio y TV local.

Cada día visitábamos cuatro capillas, donde impartíamos un tema de formación religiosa que previamente nos habían solicitado. Por ejemplo: el Bautismo, el pecado y el perdón, María como modelo y  la Misericordia.

Los temas los preparábamos con la ayuda del P. Enrique y luego los impartíamos en  equipos de dos en dos, siempre acompañados con un power point con imágenes y música, que les sirviese de motivación. También hacíamos participar a la gente, dividiéndolos por grupos.

El día era intenso, pues lo iniciábamos con la oración comunitaria, de las ocho de la mañana.

Después de desayunar, nos poníamos a trabajar en el temario. A medio día éramos invitados a comer de dos en dos, por diferentes familias. La mañana pasaba volando,  pues allí el almuerzo es a las 12.30h.

De  las 14h a las 16 h, teníamos la primera exposición del tema a tratar. De las 19 a las 21h la segunda. Entre medio, a las 17 h, la misa. Después de la cena, a veces, todavía teníamos alguna actividad nuestra, de tipo testimonial, que nos enriquecía a todos. 
 Acabamos la etapa de Rio Branco, con una bonita despedida, compartiendo misa de bautismo con la presencia del obispo, además de almuerzo a la canasta (entre todos) y danza folklórica. Nosotros tuvimos que improvisar unas sevillanas. Allí recibimos un baño de lágrimas, besos y abrazos.

2)- Nuestra segunda etapa fue Federal en Argentina.

Allí fue diferente, empezando porque nos dejaron una casa privilegiada, mucho más confortable. Además, los sacerdotes eran de una escuela más parecida a la nuestra y el público, un poco más culto.

Si en Río Branco habíamos tenido que hablar de temas doctrinales, en Federal, si cabe, el reto era mayor, pues teníamos que dar temas profesionales, desde el punto de vista ético.

Tocamos el tema de la sanidad, el laboral, el de empresa y de la educación.

¡Qué enriquecedor era todo aquello ¡Aunque no sé si el P. Enrique nos había sobrevalorado….

Allí el formato era diferente, pues las sesiones de formación eran únicas, a última hora del día, a las 8:30h, en diferentes locales municipales. Cenábamos después, con lo cual nos acostábamos tarde.

Por  la mañana, además de preparar temas, nos dividíamos para visitar colegios y también acudir a  la  radio.

Pero a  medio día, siempre disfrutábamos de deliciosos asados y ricas tartas de dulce de leche, tanto por parte de familias cercanas a la parroquia, como de la propia parroquia.

El grupo parroquial formado por 3 sacerdotes P. Gabriel, P. Christian, P. Martin y Natalia, se merecen una mención especial. Eso es trabajo en equipo.

Al finalizar nuestra misión allá, nuestra sorpresa fue ver como habían preparado nuestra despedida, en un bonito local de banquetes, invitándonos a una cena con cordero asado, además de deleitarnos con orquesta y danza del chamamés - el baile típico-. Y por supuesto, fuimos invitados a bailarlo.

 No faltó el reparto de obsequios: Un par de chuchillos de fabricación propia, a cada uno de nosotros. El intendente (alcalde del pueblo,) presidía aquel  homenaje.
 3)- Llegaríamos a la tercera y última etapa. Salto-Uruguay.

 Como cuartel general, teníamos nuestra querida casa de S. José CPCR. Aquello era como estar en casa. Allí pudimos disfrutar del cariño de las hermanas, sus cuidados, sus comidas tan completas. La compañía de los padres y hermanos, tan acogedores, que uno no puede evitar sentirse en familia. Además contamos con la presencia del superior. P. Philipe Barbier, recién llegado del Congo. Yo personalmente, disfruté mucho de las escenas familiares, por su gran calidad humana. Me encantaba ver como todo un superior de la casa, se ponía a hacer ” la fregada de platos” y la superiora, estaba gran parte del día, con el delantal de cocina, puesto.

En la casa, todo el mundo estuvo pendiente de nosotros, durante nuestra estancia.

Una de nuestras actividades fue  acudir a la Asamblea de Laicos CPCR, en Concordia (Argentina). Allí de nuevo, se disfrutó del buen ambiente de fraternidad que hay entre los dos sectores religioso y laical. Fue una jornada alegre y distendida, con cantos, testimonios y hasta trabajo en equipos.
 
Otro día, estuvimos misionando por las casas de un barrio sencillo, el de la capilla del Camino, invitando a una conferencia del P. Enrique sobre “La familia”. Después compartimos misa y chocolate. Como pueden comprobar, después de este viaje, contra todo pronóstico,  todos tenemos que ponernos a dieta.

No faltó nuestra visita a la radio. También la prensa se hizo eco de nuestra presencia. El diario “el Pueblo”.

Como despedida, fuimos invitados a comer al obispado de Salto por el obispo Monseñor Pablo Galimberti. Conjuntamente con los sacerdotes de la zona. La casa es preciosa, de estilo colonial.
 Aquella misma tarde, tuvo lugar en la universidad católica, nuestra última charla sobre “La ética en la Empresa”.

Esa misma tarde llegaba toda la comunidad CPCR de Latinoamérica: religiosas, hermanos y sacerdotes- unos cuarenta-  para iniciar los ejercicios espirituales de 8 días, predicados por el P. Barbier.

Que gozo daba verlos a todos juntos ¡

Pero nuestra misión estaba llegando a su fin. Qué penita nos daba….

Esa misma noche, ya salíamos en ómnibus para Montevideo, y al día siguiente tomábamos el avión rumbo a Madrid.


Por supuesto que estábamos cansados, pero mucho más felices que cansados.

No hay duda, en que hemos aprendido más de lo que hemos enseñado.

Y hemos recibido más de lo que hemos dado.

La misión, ha sido una doble misión. La de puertas a dentro y la de puertas a fuera. Y de las dos hemos recibido:

 La primera, por la convivencia del grupo, que ha hecho que aprendamos unos de otros.

La segunda, por la sencillez, generosidad y cariño con que la gente nos ha acogido.

Yo recomiendo con entusiasmo, a que se haga esta experiencia misionera. Además de poder  compartir la fe con otras personas que piensan como nosotros, uno se olvida de sí mismo y se percata de las necesidades de otros mas desfavorecidos.

martes, 19 de agosto de 2014

Evangelizar con arena

 La Natividad contada con arena. Es lo que puede hacer el “Sand Art”: el arte de manipular y transformar en figuras humanas y animadas la arena, con un particular uso de la luz y en armonía con la música y el canto.

Las imágenes son creadas en vivo y proyectadas en una gran pantalla para ayudar a crear una atmósfera envolvente y sugestiva.

sábado, 16 de agosto de 2014

Oraciones que parecen “no escuchadas”



  Hoy ponemos el foco en la mujer cananea y vemos cómo el evangelio nos la propone como modelo de la oración de petición. Los modelos son para mirarlos y aprender de ellos. Pues, hoy el evangelio nos presenta en la mujer cananea un modelo de oración.
  Dicen que una de las causas más profundas de sufrimiento por un creyente, son las oraciones que parecen “no escuchadas”. Todos, pienso que tenemos oraciones que parecen “no escuchadas”. Hoy la actitud de la mujer cananea puede iluminar nuestra vida de oración. 
Expongo cinco actitudes que vemos en la mujer cananea y hago un pequeño comentario de cada una:
1) Se acerca a Jesús con fe. ¿Nos acercamos a Jesús? ¿Lo hacemos con fe? ¡Revisémonos! ¡Que la rutina, el ir haciendo, no mate la novedad radical que Jesús quiere aportar a nuestra vida!
2) Le hace su petición. Jesús nos dijo “Pedid y se os dará”. ¡¡Pidamos!! ¡Atrevámonos a pedir! Tengamos la esperanza de pedir. ¿Por qué pedir si Dios ya sabe lo que necesito?: Tres motivos (hay más):
• Jesús mismo nos lo dice (“pedid...”, nos enseña el padrenuestro (siete peticiones)).
 Cuando pido por mí, me predispongo a acoger aquello que estoy pidiendo. Estoy trabajando la tierra para poder acoger su semilla.
 • Cuando pido por otra persona, esto es un pequeño acto de amor. Y todo pequeño acto de amor da fruto. Vale la pena recordar el punto 279 de Evangelii Gaudium. no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida”.
 A mí me hace mucho bien rezar con el salmo 106, es para mí, el salmo que invita más poéticamente a pedir aquello que necesitamos al Señor.
3) Continúa pidiendo, a pesar que parece que Jesús no le hace caso. Y persevera y persevera en su petición, hasta el punto de que los discípulos se quejan.  Rezar, rezamos, pero va pasando el tiempo y la perseverancia en nuestras peticiones se debilita. Muchos y muchas de vosotros, tenéis hijos e hijas, nietos y nietas que no se han encontrado con Jesús. En su tiempo, rezabais por ellos, pero ¿continuáis  perseverando en esta petición? Otro ejemplo:  Todos vemos que el sistema económico no funciona; descarta a mucha gente, esclaviza muchas personas, empobrece países enteros. ¿Hacemos una oración confiada y perseverante para que se transforme? La URSS y el muro de Berlín, parecía que durarían mil años. Y  cayeron. Hace falta tener esperanza. El Papa Francisco, a los jóvenes de Corea del Sud, les ha dicho, este viernes: “Jesús puede dar nueva vida al corazón del hombre y transformar toda situación, incluso la que parece sin esperanza”.
      Es la perseverancia en la petición, la que provoca la alabanza de Jesús. “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.”  ¡No desesperemos nunca, no nos desanimemos nunca! Confiemos en Él, “con Él podemos caminar sobre el agua”, cosas imposibles se pueden volver perfectamente realizables. Nos puede motivar el tener una memoria agradecida. Cuando miro hacia atrás y descubro su acción en mí, me motivo para continuar rezando y pidiendo.
 4) Se prosternó ante Jesús y le dijo “Señor, socórreme”. Hemos de aprender a decir: “Señor, socórreme”, “compadécete de mí”. Nos hemos de reconocer necesitados de Él. Pienso que demasiadas veces queremos vivir nuestro cristianismo con  nuestras propias fuerzas y olvidamos que solos, nada  podemos. Como dice el salmo: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas…“. En el Evangelio de Juan, Jesús nos dice: “sin mí no podéis hacer nada”. Hemos de aprender a pedir ayuda al Señor, y perseverar en esta petición…
5) La mujer cananea dialoga con Jesús. Todo lo que hemos dicho hasta ahora, nace del diálogo con Él. Dialogar con Jesús, hablar con Él, como con un amigo, esto es la oración. Y este diálogo nos llevará a crecer en la fe y ver como Jesús transforma aquello que parecía intransformable. Que así sea...