lunes, 31 de marzo de 2014

El pecado es una "carga pesada” que desaparece con el sacramento.

  El confesionario no es ni una "lavandería" que elimina las manchas de los pecados, ni una "sesión de tortura", donde se infligen golpes.
  La confesión es, más bien, un encuentro con Jesús donde se toca de cerca su ternura. Pero hay que acercarse al sacramento sin trucos o verdades a medias, con mansedumbre y con alegría, confiados y armados con aquella "bendita vergüenza", la "virtud del humilde" que nos hace reconocer como pecadores.
  Así se ha expresado el papa Francisco sobre la reconciliación.
  "¿Qué quiere decir -preguntó el papa--, caminar en la oscuridad? Porque todos tenemos oscuridad en nuestras vidas, incluso momentos en los que todo, incluso en la propia conciencia, es oscuro, ¿no? Caminar en la oscuridad significa estar satisfecho consigo mismo. Estar convencidos de no necesitar salvación. ¡Esas son las tinieblas!".
  Y, continuó, "cuando uno avanza en este camino de la oscuridad, no es fácil volver atrás. Por lo tanto Juan continúa, tal vez esta manera de pensar lo ha hecho reflexionar: "Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros". Miren sus pecados, nuestros pecados: todos somos pecadores, todos. Este es el punto de partida".
  "Si confesamos nuestros pecados --dijo el papa--, Él es fiel, es justo tanto para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Y se presenta a nosotros, ¿no es así?, este Señor tan bueno, tan fiel, tan justo que nos perdona. Cuando el Señor nos perdona hace justicia. Sí, hace justicia primero a sí mismo, porque Él ha venido a salvar, y cuando nos perdona hace justicia a sí mismo. «Soy tu salvador» y nos acoge".
  Lo hace en el espíritu del Salmo 102: "Como un padre es tierno con sus hijos, así es el Señor, y tierno con los que le temen", con los que vienen a Él. La ternura del Señor. Siempre nos entiende, pero no nos deja hablar: Él lo sabe todo. «No te preocupes, vete en paz», la paz que sólo Él da".
  Esto es lo que "sucede en el sacramento de la reconciliación. Tantas veces --dijo el papa--, pensamos que ir a la confesión es como ir a la lavandería. Pero Jesús en el confesionario no es una lavandería".
  La confesión «es un encuentro con Jesús que nos espera como somos. "Pero, Señor, mira, yo soy así". Estamos avergonzados de decir la verdad: hice esto, pensé en aquello. Pero la vergüenza es una verdadera virtud cristiana, e incluso humana. La capacidad de avergonzarse: no sé si en italiano se dice así, pero en nuestra tierra a los que no pueden avergonzarse le dicen "sinvergüenza". Este es uno sin "vergüenza", porque no tiene la capacidad de avergonzarse. Y avergonzarse es una virtud del humilde».
  Seguido a esto, el papa Francisco retomó la carta de san Juan. Estas palabras, dijo, que nos invitan a confiar: "El Paráclito está de nuestro lado y nos sostiene ante el Padre. Él sostiene nuestra vida débil, nuestro pecado. Nos perdona. Él es nuestra defensa, porque nos sostiene. Ahora, ¿cómo debemos ir hasta el Señor, así, con nuestra realidad de pecadores? Con confianza, incluso con alegría, sin maquillaje. ¡Nunca debemos maquillarnos delante de Dios! Con la verdad. ¿Con vergüenza? Bendita vergüenza, esta es una virtud".
  «Jesús nos espera a cada uno de nosotros, reiteró citando el evangelio de Mateo (11, 25-30): "Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados", incluso del pecado, "y yo les daré descanso. Lleven sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón". Esta es la virtud que Jesús nos pide: la humildad y la mansedumbre».
  "La humildad y la mansedumbre --prosiguió el papa--, son como el marco de una vida cristiana. Un cristiano siempre va así, en la humildad y en la mansedumbre. Y Jesús nos espera para perdonarnos. ¿Puedo hacerles una pregunta?: ¿ir ahora a confesarse, no es ir a una sesión de tortura? ¡No! Es ir a alabar a Dios, porque yo pecador he sido salvado por Él. ¿Y Él me espera para golpearme? No, sino con ternura para perdonarme. ¿Y si mañana hago lo mismo? Vas de nuevo, y vas, y vas, y vas... Él siempre nos espera. Esta ternura del Señor, esta humildad, esta mansedumbre".
  El papa invitó a confiar en las palabras del apóstol Juan: "Si alguno ha pecado, tenemos un Paráclito ante el Padre".
  Y concluyó: "Esto nos da aliento. Es bello, ¿no? ¿Y si tenemos vergüenza? Bendita vergüenza porque eso es una virtud. Que el Señor nos dé esta gracia, este valor de ir siempre a Él con la verdad, porque la verdad es la luz. Y no con la oscuridad de las verdades a medias o de las mentiras delante de Dios”.

domingo, 30 de marzo de 2014

Domingo laetare



 
 Estamos ya en el IV domingo de cuaresma. Domingo laetare, domingo de la alegría. Alegría porque empezamos a intuir la cercanía de la pascua, en la que esperamos vivir un renacer en nuestra vida cristiana con Jesucristo. ¡Y por esto estamos alegres!
 Estamos en un punto de la cuaresma en el que es conveniente examinar si realmente nos sentimos urgidos, interpelados, por la llamada de Dios Padre, que nos llama a la conversión. ¡Examinémoslo! Se trata de una llamada que no puedo eludir, no puedo hacerme el desentendido. Es una llamada a morir durante la cuaresma al pecado, para resucitar en pascua a la vida nueva de Cristo.
 Como la Samaritana, el ciego de nacimiento hace un proceso de fe, y lo hace dialogando con Jesús. Nuestra fe avanza en el diálogo con Jesús.
 El ciego comienza hablando de Jesús como “Ese hombre”, más adelante dirá: “Que es un profeta”, y finalmente, acaba confesando su fe en el Hijo del hombre y adora a Jesús. Es el proceso que de una manera o de otra, tendríamos que hacer todos nosotros:
.    Reconocemos a Jesús como un gran hombre, excepcional por su vida y su mensaje.
.    Lo descubrimos como profeta, que habla y actúa en nombre de Dios.
.   Lo confesamos como Hijo de Dios cuando lo dejamos entrar en nuestra vida. Y nos relacionamos con Él, y tenemos con Él un trato de amistad.
 Este itinerario de encuentro que hace el ciego de nacimiento es tremendamente pedagógico. Y es un itinerario que nos hace falta hacer, y que quizás, no lo hemos hecho y explico el motivo: cuando éramos pequeños y nos educaron cristianamente, nos enseñaron qué teníamos que cumplir; teníamos que ir a misa, teníamos que seguir unas normas, unos mandamientos, una moral, y esto era ser cristiano. Y así nos han subido a todos, no a los más jóvenes. Pero esto en muchos casos no funciona, porque falta lo que da solidez a todo esto, que es el encuentro personal con Jesucristo.
 Por esto los tres últimos papas han insistido tanto en el encuentro personal, de cada uno, con Cristo. Pensadlo: ¿de pequeños, de qué os hablaban de cumplir o de encontrarse con Cristo? A mí de cumplir.

Y el ciego de nacimiento es modelo de este encuentro con Jesús como hombre sabio, con Jesús como profeta que habla en nombre de Dios, con Jesús como Hijo de Dios, que entra en mi historia. ¿Cómo encontrarnos con Él si no leemos el evangelio? ¿Cómo encontrarnos con Él si no hacemos diálogo, oración, a partir del evangelio, donde Él nos está hablando? ¿Cómo?
 Este encuentro/amistad es un proceso que nos dura toda la vida, y que por tanto, siempre estamos a tiempo de encontrarnos con Él. Este encuentro nos enamora de Jesús, y desde el amor haces mucho más que lo que pide “la ley”, mucho más que el mero cumplimiento.
En castellano, decimos “cumplimiento”: “cumplo” y “miento”. Que nuestra vida no sea “cumplo y miento” sino “encuentro personal”.
 Hemos puesto el foco sobre el ciego, pongámoslo ahora sobre los fariseos. En ellos se nos presenta el pecado del hombre religioso, nuestro pecado. Fijémonos en lo que ha pasado. Ante un milagro evidente, la reacción de los fariseos ha sido:
  Convierten en argumento a favor suyo que Jesús cure en sábado. “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”.
  Intentan que el ciego acepte sus argumentos.
  No se creen la historia del ciego, hablan con los padres.
  No se creen a los padres del ciego.
  Vuelven a hablar con el que era ciego, y ante el lógico razonamiento del ciego, lo acusan de pecador y lo expulsan de la sinagoga.

 ¿Qué pasa aquí? Aquí está el “meollo” de este evangelio: Lo que pasa es que los fariseos no quieren ver. Estan tan aferrados a su “montaje” que están ciegos para descubrir que Jesús es ¡la luz! No quieren ver que Jesús es luz para sus vidas. El que sólo cumple, tampoco ha descubierto a Jesús como luz para su vida.
 Y así se produce una situación curiosa: el ciego que se reconoce ciego (deseoso de ver), es el que ve, y los fariseos que se piensan que ven, están ciegos.
 Lo dice Jesús al final del evangelio, “…para que los que no ven, vean” el que se reconoce ciego, es el que ve: Y “y los que ven queden ciegos”, quien dice que ve, es el ciego.
La conclusión de todo ello: tamos ciegos, somos ciegos, y sólo Jesús nos puede iluminar, dar luz. Y si nos pensamos que vemos, malo. Que buena la frase de la primera lectura: “Aquello que el hombre ve, no es aquello que vale”
 Dice Jesús: “Pero como decís que veis, vuestro pecado persiste”, ¿cuál es el origen de su problema?: dicen que  ven. Es el pecado de la autosuficiencia, de la soberbia, del orgullo, del hacer la mía, es el “yo ya sé”. Nos ponemos nosotros en un pedestal y así apartamos a Jesús de nuestra vida. 
 A todos, con más o menos intensidad, nos está pasando todo esto. Y de aquí sólo salimos, encontrándonos verdaderamente con Jesús en el evangelio...   


sábado, 29 de marzo de 2014

Virgen de Coromoto intercede por Venezuela


El Santo Padre ha lanzado una llamada para que todos los cristianos en este ´sabado de marzo encomienden a la Virgen de Coromoto la situción del país venezolano. Como Madre y Patrono de ese país son muchos los que sólo ponen su esperanza en su intercesión.
Nuestro amigo, ejercitamte y colaborador Jonathan, venezolano, nos cuenta que Coromoto es el nombre del indígena al cual se le apareció la Virgen.
Unamos nuestra oración y particularmente esta tarde a las 18.30 para rezar por la paz en Venezuela

miércoles, 26 de marzo de 2014

Caminar a tu lado


No quiero ir delante de ti,

por si te pierdo.

No quiero caminar detrás,

por si no me ves.

No deseo estar lejos,

por si te cansas.

No quiero hablarte

cuando estás agobiado.

Solo quiero caminar contigo.

Solo quiero darte mi mano.

Solo quiero que me sientas cercano.

Sólo quiero que sepas que me importas.

Sólo quiero que sepas que estoy aquí,

como amigo, como hermano…

Quiero caminar a tu lado

cuando llega la noche

y es invierno,

cuando se cierran

todas las puertas y ventanas,

cuanto todo nos sale mal y hace frío.

Quiero caminar a tu lado,

y complicarme la vida por ti,

porque eres verdaderamente

mi hermano.
Monseñor Francisco Cerro, Obispo de Coria Cáceres

lunes, 24 de marzo de 2014

Testimonios de una Parroquia en Ejercicios





  ¿Es posible que en el plan pastoral de una Parroquia salga adelante la iniciativa de unos Ejercicicos Espirituales especiales para la Parroquia? La posibilidad ha quedado más que probada, y con el empeño de Mossén Francesc Jordana y el vivo deseo de acercarse más al Señor de algunos de sus fieles tuvimos esta hermosa tanda de Ejercicios con 19 participantes. Unos días en familia, silenciosamente pero intensamente en la Presencia de Cristo Vivo. Aquí os compartimos algunos ecos.

  El Padre nos había anunciado que sería como un camarero que nos iría sirviendo varios manjares. He encontrado que esto ha sido más bien un Garden Center con todas las semillas que me llevo: ¡es imposible asimilarlo todo! Pero las llevo en el corazón recordando las palabras de Jesús que “el Espíritu Santo nos recordará todo”.


  Nos habéis comunicado tanto, tanto. Ha sido como una bomba que dispara por todas partes. Bomba de amor del Señor. He vivido estos días con mucha paz y con la impresión de llevarme una mochila llena y necesito tiempo para que todo vaya calando. El Señor me ha dado también una luz concreta sobre un punto preciso de mi vida.

  
  Pretendía ir a un retiro mucho más lejos de aquí. No sabía bien qué era esto, donde caía. Venía muy revuelta y aún me voy más pero esta vez para bien. Me llevo la alegría que me habéis transmitido.
 Han sido mis primeros Ejercicios de san Ignacio y me han desbordado. Es tremendo cómo en este condensado de un mes que ofrecéis en un fin de semana se puede experimentar tanta gracia. Es como abrir una ventana y descubrir un panorama increíble. Me llevo muchas cosas. Es una sensación de que Dios te está hablando permanentemente a ti.


  Me han levantado el ánimo porque venía con grandes mochilas de sufrimiento. ¡Qué debe ser esto en una semana o en un mes! ¡Es tan denso! Me llevo deberes que espero poder utilizar. Me ha calado mucho el tema del perdón.


   He de agradecer mucho a Dios por estos días. He de confesar que el silenciador interior me ha fallado. Estaba acostumbrada a Ejercicios de una semana y me ha faltado tiempo de preparación. He ido abriendo la puerta poco a poco. He comprendido más el valor del sufrimiento.


  Venía con mucho ruído y también me ha costado hacer silencio. También me llevo muchas semillas. Quizás no venía muy predispuesto (nunca suelo venir predispuesto a estas cosas), porque en el fondo no me gusta que el Señor me desinstale. He tenido la sensación de vivir de manera incipiente algo de lo que Madre Teresa llamaba su segunda llamada. He decidido cambiar mi lema del whatsApp, “duc in altum” por “descubriendo que Dios trabaja”. No me daba cuenta hasta que punto me llega la búsqueda de Dios que tiene la gente. Me he sentido muy en familia y estoy contento de esta iniciativa parroquial.

 He gozado del silencio y me he sentido muy acompañada. He hecho muchas veces Ejercicios y de estos me llevo mucho. Necesitaba un encuentro más profundo con el Señor.

Me gusta mucho la soledad en compañía. Soy muy feliz. Dios me habla aunque suelo estar fuera de cobertura. Necesito estos encuentros porque estoy algo sorda. Me ha sorprendido todo: palabras, gestos, comidas, paisajes… Gracias

  Desde hace muchos años hago Ejercicios con la Obra de Ejercicios de los jesuitas. Buscaba unos días de descanso y soledad. Me marcho muy contenta

  Hice mis primeros Ejercicios de San Ignacio en la santa Cueva. Me hice amiga de San Ignacio. Siempre que alguien me habla de Ejercicios voy la mar de a gusto. Cuando vine aquí no sabía que eran ignacianos y me ha encantado la pedagogía. He disfrutado de estarme con el Señor, de escuchar, de ver a la gente rezar, de las charlas.


  Venía para descansar, airearme de los problemas laborales y de familia. Había hecho Ejercicios de San Ignacio cuando tenía veinte años pero eran de otro estilo más austero, más rígidos. Nos llevamos muchos deberes para seguir meditando. Agradezco mucho la alegría con la que transmitís cosas tan importantes y profundas. Han sido también un toque de alerta, porque uno se deja llevar por la rutina y me he dado cuenta que había cosas que mejorar.

  He venido con mi marido empujada por nuestros hijos. Creía que era incapaz de entrar en el silencio. Me voy contentísima.


  He entrado superbién en estos mis segundos Ejercicios. Venía en busca de paz, de estar con el Amado pues soy más Marta que María. Hoy paseando me han llegado mucho la contemplación de los misterios del Rosario.

  Agradezco al Señor esta nueva oportunidad para venir. Los Ejercicios son como el pozo de Jacob y siempre salgo saciado de la Palabra del Señor , de su Amor que no me deja solo, y que se me manifiesta como mi Rey Eterno. Este año la experiencia ha sido más condensada pero la agradezco mucho.

   He apreciado la calma, el silencio, la paz que aquí se respira, ver una sonrisa en los rostros, la ilusión y la alegría con la que explicais las cosas. Me han dado un signo de buena experiencia. Creo que van a adar buen fruto.

   Seguimos rezando por vosotros y los que leéis esto aún hay plazas para los próximos el fin de semana que viene, y sobretodo la semana próxima del 31 al 5 de abril. ¡No lo dudéis! ¡Os esperamos!

viernes, 21 de marzo de 2014

El desierto:la seducción de Dios y la tentación del demonio

  El tiempo de Cuaresma es una invitación a adentrarnos en el desierto. Lo que impresiona siempre del desierto es su inmensidad. Allí no hay fronteras, ni límites. La vista se pierde en el horizonte queriendo detenerse en algún lugar. Silencio. Frío. Calor. Soledad. Infinitud. Miedo. En el desierto se encuentra Dios con el hombre. Allí se adentra el hombre que no encuentra a Dios. Allí nos lleva Dios para enamorarnos, para rescatarnos, para mostrarnos su rostro.
 Recordemos las palabras de Dios dirigidas a su pueblo Israel por boca del profeta Oseas: «Yo voy a seducirla; la llevaré al Desierto y le hablaré al corazón. Y ella me responderá allí como en los días de su juventud». Oseas 2, 14.
 El desierto y la seducción de Dios. El hombre que se ha alejado de Dios, porque ha pecado y olvidado; y Dios que no se olvida nunca del hombre, de su hijo, aunque se haya alejado y huido de su presencia.
 En el desierto Dios habla al corazón de su amada, de Israel. Allí nos habla a nosotros. El desierto es esa soledad en la que el hombre busca encontrarse consigo mismo y con Dios. Es la historia de Dios con el hombre que comienza una y otra vez.
 El desierto siempre ha sido un lugar propicio para tener una experiencia de encuentro con el Señor. Es un lugar para escuchar a Dios, que nos dice al oído palabras de amor, seduciendo dulcemente nuestro corazón. Es un lugar para darle a Dios la oportunidad de seducirnos y enamorarnos. En el desierto el hombre vuelve a recordar su primer amor, el de la juventud. La fascinación por la vida.
 Pero es verdad que también es el lugar de las tentaciones. Somos seducidos y tentados. Los Padres del desierto decían que uno va al desierto buscando a Dios y se acaba encontrando con el diablo.
 En el desierto, desprovistos de seguros, somos tentados. Porque allí, en la soledad y en el silencio, es imposible permanecer en la superficie, pasando por encima de la realidad.
 Allí nos adentramos en lo más hondo de nuestra historia, de nosotros mismos. Allí está Dios. Allí también somos tentados. El desierto es una invitación a despojarnos de todo lo que nos pesa y ata.
  El silencio es propio del desierto. Pero no siempre, al callarnos, logramos vivir el silencio. Decía una persona: «Me gustaría hacer un camino de silencio real, pero cuanto más silencio hago, más hierven las cosas en mi cabeza. Me pregunto entonces si ese silencio es de Dios o no».
 Nos cuesta mucho hacer silencio, volcarnos en nuestro interior. Todo bulle y mil preguntas y temas distintos se agolpan. Nos parece imposible hacer silencio. Todo aflora en esos momentos en los que callamos.
 Como decía una persona: «Uno de los problemas que tenemos en este tiempo es precisamente el de la falta de quietud. Tanto bombardeo de información, un ritmo de vida atropellado con coches, móviles, whatsapps, y mil planes, lleva a la dispersión. Y a no hacer nada bien. A no dedicar un tiempo en exclusiva para hacer una cosa centrando toda la atención en ello».
 Ir al desierto supone buscar, callar y caminar, mirar, contemplar y escuchar. Supone recorrer un camino de la mano de Dios. Hacer silencio, tratando de cuidar la intimidad con el Señor, es el camino hacia el desierto.
 Por eso hoy queremos aprender a desprendernos de tantas interferencias. No es fácil cuidar los momentos de intimidad con el Señor, aguardar, esperar. Como dice un poema de Antonio Machado: «Sabe esperar, aguarda/ que la marea fluya/ sin que el partir te inquiete/, todo el que aguarda sabe/ que la victoria es suya». El desierto es tiempo de paciencia, de saber estar, de aguardar con calma. Tiempo de intimidad. 

martes, 18 de marzo de 2014

El Santo patrón de los hombres

  Sí, es así. Como ya hemos tenido ocasión de afirmarlo, San José es el santo patrón de todos los hombres: de los hijos, de los padres, de los novios y de los esposos; de los seminaristas, sacerdotes, de los consagrados; de obreros, trabajadores, educadores; de los emigrantes... y hasta de los agonizantes. 
  Y cómo no de la Iglesia Universal como señalaba el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos)
  "¿Cómo ejerce José esta custodia?- preguntaba hace un año el Papa Francisco,- con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
 ¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio. José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
 En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación." Papa Francisco en la Misa inaugural de su Pontificado 2013
  A él confiamos no sólo a tantos cuantos queremos y conocemos y llevan su nombre en nuestra familia cpcr y entre nuestras fieles amistades, también a todos los hombres de cualquier condición y clase social, en cualquier situación en que se encuentren.
 

lunes, 17 de marzo de 2014

Las secuelas del aborto en los hombres

 Puede que ni lo sepan, que estén atados de pies y manos, que sean los inductores... pero los hombres también sufren las consecuencias de un aborto provocado

Cada año desde 1974 se celebra en Washington la “Marcha por la vida”, un acto reivindicativo en el que se pide la revocación de la ley Roe vs. Wade, por la que se legalizó el aborto en Estados Unidos en 1973.

Desde no hace mucho tiempo, Chris Aubert participa en esa marcha o en la marcha que se hace en su localidad. Lo hace consciente de lo que vale una vida después de darse cuenta de que, en lugar de los cinco hijos que le hacen inmensamente feliz, esa cifra podría ser de siete.

En 1985, su por entonces novia le dijo que estaba embarazada y que iba a abortar. Él le dio 200 dólares y se marchó a ver un partido de béisbol. En 1991, la historia se repitió con otra novia.

“Era totalmente irrelevante para mí”, cuenta en su blog. Él creía que aquello no repercutiría en su vida, pero, un día, en la consulta del ginecólogo, viendo, con su actual esposa, una ecografía de uno de sus hijos –esta vez sí deseado–, sintió una punzada en el pecho, un arrepentimiento profundo por lo que había hecho. “Si pudiera volver atrás, salvaría a esos niños”, confiesa; “hay una mancha que no se irá de mi alma”.
 
Sobreproteger o destruir

Vicky Thorn es activista provida desde antes de que existiera el movimiento como tal. Es la fundadora del Proyecto Raquel, que ayuda a las mujeres tras un aborto provocado. También a los hombres, aunque asegura a la revista Misión que las secuelas de esta práctica en ellos son aún “un tabú, porque se considera al aborto como un asunto de mujeres”.

Tras no permitir el nacimiento de un hijo, Thorn describe una doble reacción en los hombres: por un lado, están los que, al tener hijos deseados, se vuelven sobreprotectores y viven en constante angustia por que les suceda algo. Por otro, se encuentran los que han pasado por un infierno de alcohol, drogas, adicciones sexuales y autodestrucción.

La experiencia de
Thorn es que, tras la
pérdida, el varón pasa
por la ira, la rabia, la
frustración, el sufrimiento
profundo, el arrepentimiento
y la tristeza.

“Les cuesta aceptar que han mirado hacia otro lado”, afirma. A estos sentimientos se une la vergüenza por haber permitido que les arrebataran a sus hijos, a los que debían de haber protegido.

Otra de las ideas que apoya esta pretendida desvinculación del hombre de la paternidad es la de que “se trata del cuerpo de la mujer y por eso ella debe decidir”.
 
Cosa de dos

Un embarazo es cosa de dos y hay que hablarlo, más incluso si es inesperado. No se puede dejar al hombre de lado”, asegura Samuel, que, dentro de apenas cuatro meses, se convertirá en padre a los 20 años de edad.

Ni sus padres, ni los padres de su novia, ni su novia, ni él trabajan. “Aun así, estamos todos muy contentos. En mi familia, nos gustan mucho los niños, y yo quería tener hijos, aunque no tan pronto”, concluye.

Les preocupa el futuro, y por eso acudieron a Red Madre. Desde esta organización les procurarán todo lo necesario para que a su pequeño no le falte de nada.

Pero la mentira sobre el papel del hombre en la procreación se extiende como una mancha de aceite. En ese pilar se apoyan muchos de los abortorios para esgrimir sus argumentos, cimentados desde una profunda visión feminista.

Sin ir más lejos, una visita a la página web de la clínica Dator nos da la respuesta. En su apartado “Hombre y aborto”, la primera frase reza así: “Es la mujer quien debe tomar la decisión final sobre tener o no un aborto”.

Ondina Vélez, médica y miembro del Instituto CEU de Estudios de la Familia, afirma que los hombres se sienten muy heridos tras el aborto, de tal forma que, en muchos casos, incluso pueden no volver a retomar la relación con su pareja.

“En muchos matrimonios y parejas, la actitud más frecuente es que los hombres se encuentren expectantes y aceptan la decisión de ellas, precisamente porque sienten que ‘el aborto es cosa de mujeres’ y que ellos no tienen derecho a opinar”.

Por ejemplo, dos de los varones que ha atendido Ondina en su consulta no estaban de acuerdo con deshacerse del hijo que venía en camino. “Al poco tiempo, rompieron la relación con sus parejas”, apostilla Vélez.

Son los que, o miran para otro lado, o inducen a la mujer a cometer un aborto. Parece que no se pueden desvincular de esa “mala prensa”. Sin embargo, también son víctimas de un entorno que muchas veces les presiona. Como dice Thorn, “fueron animados a permitir que ella eligiera, cuando en realidad ellos querían ser padres”.

domingo, 16 de marzo de 2014

La terapia del silencio para encontrar una Presencia



 En la primera lectura hemos contemplado como Abrán escucha la llamada de Dios “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre” y Abrán se pone en camino. Un camino de fe. Lo deja todo, deja su país, su clan, la casa de su padre, y se pone en camino sin saber hacia dónde va... De Abrán decimos que es nuestro padre en la fe.
 Esta lectura aparece en el segundo domingo de cuaresma, porque también nosotros estamos haciendo un camino de fe. Y si hay fe, hay camino, y si no hay fe, no hay camino, estamos siempre en el mismo lugar, ¡qué triste! ¿No? Estamos haciendo un camino y es un camino donde la fe es indispensable... Un camino que responde a la llamada de Dios: “¡convertíos!”. Si hay fe, acojo la llamada de Dios, la rezo, y hago camino. Un camino donde Dios me presenta, para recorrerlo, las prácticas cuaresmales. Si hay fe miro de avanzar por el camino, concretando cómo vivir estas prácticas que se me proponen.
 Recuerdo lo que decía el otro día: la finalidad, el compromiso de la cuaresma es buscar la conversión. Y las prácticas cuaresmales que nos fijamos son para ayudarnos, y las hemos de vivir, como ir sedientos,  a una fuente de donde mana la gracia y la salvación.    
 Por tanto, hoy, la liturgia nos presenta Abrán como modelo de escucha a Dios, modelo de confianza en Dios, modelo en hacer vida lo que el Señor le indica, modelo de ponerse en camino. Y todo por la fe... Abrán nos confirma algo importantísimo: la fe no son ideas teóricas, no son creencias abstractas, no son credulidades varias, la fe se plasma en la vida, se concreta en la vida, en un camino de vida. ¡Y cuánta luz nos da la fe, cuando es una fe viva!
 Pasemos al evangelio que nos presenta un acontecimiento de oración: la transfiguración. Haré un paralelismo entre la transfiguración y los ejercicios espirituales que he vivido esta semana.
 •   Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano JuanSiento que Jesús me llama a hacer Ejercicios Espirituales. No voy porque toca. Siento que me llama. Desde mi conversión, en el año 1991, cada año he ido de Ejercicios Espirituales. Es más, la segunda conversión, la viví en los primeros Ejercicios Espirituales que hice.
 •   Y se los llevó aparte a una montaña alta”. La montaña es  lugar de silencio. Siempre que vamos a la montaña nos sorprende el silencio. En el día a día, nos cuesta hacer silencio, podemos hacer pequeños silencios, pero cuando vamos de Ejercicios Espirituales, entramos en el silencio en mayúsculas. Es otro silencio. Qué acertado el título de la película que quería reflejar la vida de los monjes cartujos: “El gran silencio”. En el día a día, pequeños silencios, en los Ejercicios Espirituales, el gran silencio. Los subtítulos de la película son: “Sólo en el silencio más absoluto se empieza a oír”, “Sólo al prescindir del lenguaje se empieza a ver”.
 ¡Qué terapéutico es el silencio, cuánto bien nos hace! ¡Cuánta paz he vivido en estos Ejercicios Espirituales! ¡Gracias Señor!
 •   Se transfiguró delante de ellos”. En el silencio, en la oración prolongada, descubrimos un nuevo Jesús. Lo vemos como nunca lo habíamos visto antes. Pasa algo sorprendente: conocemos Jesús, sí, desde hace muchos años, pero allá se produce una nueva relación: más divina, más interior, más interpeladora, más amorosa, más experiencial.
 Recuerdo que en el seminario, vino un psicólogo a hacernos una charla sobre el celibato: la charla duraba cuarenta minutos, llevábamos treinta minutos, y el hombre sólo nos había hablado de lo que comportaba la ausencia de la mujer en nuestra vida, cosa bastante evidente... Nos íbamos mirando unos a otros, y un seminarista levantó la mano y le dice: escuche, nosotros no vivimos una ausencia..., nosotros, antes que nada, vivimos una presencia, una presencia que nos da plenitud. ¡¡Nos levantamos y nos fuimos...!!
 En los Ejercicios Espirituales palpamos de una manera nueva esta presencia que nos da plenitud. Por esto Pedro dice lo que dice...
 •   Señor, ¡qué bien se está aquí!”. Qué bien que se está en el silencio, que bien se está con Jesús y oyendo hablar de Jesús. Cuesta volver, siempre me cuesta volver de los Ejercicios Espirituales... se está tan bien allá...
 •   “…y una voz desde la nube decía. Allá oyes hablar a Dios. No cómo me sentís a mí, pero oyes una voz más clara que la mía. Una voz que te da intuiciones de hacia  donde... Una voz que te comunica el cómo... Una voz que clarifica enredos... Una voz que te dice lo que necesitas escuchar... porque Dios sabe lo que necesitas. Cuánto bien, sacerdotalmente hablando, me han hecho estos Ejercicios Espirituales, qué claro me ha hablado Dios de mi sacerdocio.  
 •   Levantaos...Mateo utiliza aquí el verbo en griego “egeire” que es el mismo que hará servir para hablar de la resurrección de Jesús. ¿Qué nos quiere decir con esto? Que este acontecimiento de oración es un acontecimiento que nos resucita. ¡¡La experiencia de oración nos hace participar de la vida nueva del Cristo!! ¿Qué bonito, eh? ¡Cómo cuadra todo!
 •   No temáisCuántas veces, Jesús en el evangelio, nos dice “no temáis”. ¡Sorprende!. En la oración Dios nos comunica esta gracia, la paz, no tener miedo. Es, quizás, la primera experiencia de quien reza... no tener miedo a nada... ¡qué gran don!  
 Que la gracia de Dios nos ayude a vivir el camino de la Cuaresma con fe.
Mossén Francesc Jordana